Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg

Leyendo el blog de Juan Cruz, encontré una entrada donde el escritor hablaba de este pequeño libro, lo hacía con tal entusiasmo que yo, como siempre, apunté el título y en la primera ocasión que tuve me lo compré. Todo lo que contaba Juan Cruz era cierto, es una recopilación de artículos que Natalia escribió en un diario. Así dice la editorial en su contra portada.

A medio camino entre el ensayo y la autobiografía, “Las pequeñas virtudes” reúnen once textos de temas diversos que comparten una escritura instintiva, radical, una mirada comprometida llana y  conclusivamente humana.

La guerra y su mordedura atroz de miedo y pobreza, el recuerdo estremecedor y bellamente sostenido de Cesare Pavese y la experiencia intrincada de ser mujer y madre son algunas de las historias.

En retrato de un amigo, ella recuerda a su querido poeta Cesare Pavese que se suicidó en un hotel de Turín y cortó de raíz la amistad y ese cariño que sentía por él.

Por otra parte, conversar con él nunca era fácil, ni siquiera cuando se mostraba alegre; pero un encuentro con él, aunque hecho de pocas palabras, podía resultar tónico y estimulante como ningún otro. En su compañía nos volvíamos mucho mas inteligentes, nos sentíamos inclinados a poner en nuestras palabras lo mejor y lo más serio que llevábamos dentro, descartábamos los lugares comunes, los pensamientos imprecisos, las incoherencias.

En otro escrito “Invierno en los Abruzos” Allí huyeron la familia al completo huyendo de la persecución nazi. Allí vivieron un tiempo pero al final,su marido de familia judía fue ejecutado con los nazis en 1844.

Mi marido murió en Roma en la cárcel de Regina Coeli, pocos meses después de dejar el pueblo. Ante el horror de la muerte solitaria, ante las angustias alternativas que precedieron a su muerte, yo me pregunto, si esto nos ocurrió a nosotros, a nosotros que comprábamos las naranjas en la tienda de Giró y nos paseábamos por la nieve. Entonces yo tenía fe en un porvenir fácil y alegre, lleno de deseos satisfechos, de experiencias y de empresas comunes. Pero aquella fue la mejor época de mi vida, y solo ahora que ha pasado para siempre, sólo ahora lo sé.

Así reflexiona sobre la educación de los hijos.

Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; No a la prudencia, sino al coraje y al desprecio por el peligro; no a la astucia, sino a la franqueza y el amor por la verdad, no la diplomacia, sino el amor al prójimo y a la abnegación; no al deseo del éxito, sino al deseo de ser y de saber.

Es un libro maravilloso, si lo regalas estoy segura que no falla. Natalia Ginzburg, está considerada una de las mejores escritoras del pasado siglo en Italia.

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3 thoughts on “Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg

  1. ¡¡¡Hola Teté!!! Soy Laura, la nuera de Esteban y Julia.
    En mi nueva trayectoria (corta) como bibliotecaria me han encargado que monte un blog donde poder ir cargando las sesiones de los talleres de lectura de la biblioteca y trabajando en ello he llegado hasta tu blog. Bonito rincón digital. Un beso

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