Los derechos de los hombres y otras utopías de Anníe Denton Cridge

Las desigualdades entre hombres y mujeres

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Hace unos meses, Blanca me trajo un libro escrito por el padre de  Berta Lázaro, “El diario del Alcalde de Trévago”. Me lo leí, me encantó y lo puse en mi blog.

En Navidad Berta Lázaro me regalo y me lo dedicó, este pequeño libro que ha traducido junto con Isabel Alquézar. Traducido por primera vez en España.

Un curioso libro publicado en 1870 en Estados Unidos. Un análisis agudo, lúcido y crítico de la situación de las mujeres en la sociedad del siglo XIX.

Berta hace una interesante introducción, “Tras los pasos de Anníe Denton Cridge”, donde cuenta su llegada a Nueva York, la búsqueda y rastreo de los escritos de Annie en la Biblioteca Pública de Nueva York.

Anníe Denton imagina en sus sueños una sociedad en la que los papeles de hombres y mujeres están invertidos. Son ellas las que son educadas, dirigen los negocios y ejercen todos los oficios, mientras los hombres, privados de instrucción y expectativas, se encargan de las tareas domésticas, el cuidado de los niños y de muchos trabajos que esclavizan. Las mujeres se dedican a la ciencia, la literatura, las leyes y las profesiones liberales, mientras que  que la máxima aspiración de los limitados varones, a los que les preocupara en exceso la moda, los vestidos y las apariencias, es encontrar un buen partido, una mujer con la que casarse, que les mantenga y les proteja.

El libro tiene nueve capítulos que ella los llama “Sueños”, y en esos sueños la escritora nos hace ver a los hombres como si fueran mujeres. Me ha sorprendido que una mujer en el siglo XIX se plantease esta historia, cuando aún era incipiente los movimientos feministas.

Conforme observaba a estos hombres-criados y señores-amos de casa me dije a mí misma: Qué extraño estos hombres tan encorvados y con esas voces débiles y quejumbrosas, carecen de todo atractivo. Descubrí que no solo la cocina era territorio exclusivo de los hombres, sino también el cuidado de los niños.

Era el día de la colada. Primero en el lavadero, mientras los niños dormían, luego lavando al mismo tiempo que mecía la cuna, después preparando la comida y corriendo de acá para allá, sin dejar de dar vueltas en su aturullada cabeza a la costura todavía pendiente y de que también se ocuparían sus manos.

Es tan patético ver este cambio de rol, pero tan real que duele leerlo. La escritora lo hace con humor y a veces raya lo ridículo de las situaciones. Hay un movimiento de hombres a favor del sufragio, pero también hay hombres que se oponen con ridículas ideas:

Por que la extensión de ese derecho sería igualmente lesiva para la institución del matrimonio, ya que habría dos cabezas de familia en lugar de una, y aquellos que nunca se habría casado, salvo por razones de conveniencia, ahora exigirían la disolución de esa unión sagrada.

Habla de la prostitución, del trabajo alienante del hogar, de la no colaboración en las tareas domésticas, del sometimiento, en este caso de los hombres,  de la educación y deja muy claro que la única solución a estos problemas de desigualdades es la educación.

Lo he disfrutado, el tema de la igualdad entre hombres y mujeres siempre está encima de la mesa, pasan lo siglos y aún no lo tenemos solucionado del todo. Pienso que la educación es el arma letal contra las desigualdades.

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