Andar, una filosofía de Fréderic Gros

Se hace el camino al andar

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Para ir más despacio no se ha encontrado nada mejor que andar. Para andar hacen falta ante todo dos piernas. Todo lo demás es superfluo. ¿Quieren ir más rápido?Entonces no caminen, hagan otra cosa; rueden deslícense, vuelen. No anden. Caminando sólo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes. Andar no es un deporte.

El libro, que me lo dejó Consuelo, una andarina de muchos años y de muchos kilómetros, está lleno de filosofía de esto que llamamos caminar o andar. A mí particularmente me gusta mucho la palabra caminar, me da la impresión que deambulas por caminos, por campos, por paisajes a descubrir y esa sensación es la que nos impulsa a tanta gente a coger las zapatillas y salir.

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Frédéric Gros nos hace un recorrido muy interesante por personajes de la cultura y su afición a caminar. Por ejemplo Nietzsche, que sufría de migrañas.

Exceptuando algunas líneas, todo ha sido pensado y esbozado a lápiz en seis pequeños cuadernos, mientras caminaba.

Me ha encantado descubrir a Thoreau, escritor americano que entre otros libros escribió “Caminar” o un “Paseo de invierno”.

Caminando no se hace nada más que caminar. Pero no tener nada que hacer más que caminar permite recuperar el puro sentimiento de ser, redescubrir la simple alegría de  existir, la que constituye la esencia de la infancia. Así, la marcha, al liberarnos de carga, al arrancarnos la obsesión del hacer.

Quiero decir que caminar es un juego de niños. Maravillarse del día que hace, del brillo del sol, de la grandeza de los árboles o del azul del cielo.

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En otro momento del libro nos habla de peregrinar, los grandes lugares como Roma, Jerusalén o Santiago de Compostela. O la curiosa historia de un peregrinaje en México.

Inherente a la peregrinación es también la utopía de un renacimiento cósmico. Esto es cierto en la gran marcha del peyote, que lleva a cabo el pueblo de los huicholes, en México. Esta comunidad que vive en ciertas regiones montañosas de Sierra Madre, recorren todos los años después de la recogida del maíz, en pequeños grupos más de cuatrocientos km por caminos pedregosos y pistas polvorientas, hasta el desierto de San Luis de Potosí, donde crece el peyote, un pequeño cactus sin espinas que conjuga virtudes medicinales y poderes alucinógenos. Lo recogen en grandes cestos de mimbre y vuelven a casa cantando.

Los filósofos griegos que siempre se les representan caminando, caminar y pensar es todo una forma de vida. El libro termina con Gandhi.

En diciembre de 1920, Gandhi anuncia la independencia de la India “para el año siguiente” si todos siguen el camino que ha trazado para liberarse de la tutela inglesa.

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Un delicioso libro que te habla de una vida más serena, elogia la tranquilidad, la reflexión y sobre todo la vida en el campo. Termino con una frase que me gusta.

Andar no exige aprendizaje, ni técnica, ni dinero. Sólo requiere de un cuerpo, de espacio y de tiempo. Cada día son más los aficionados a caminar y todos ellos obtienen los beneficios de esa propensión: sosiego, comunicación con la naturaleza y plenitud.

Como decía Machado; se hace camino al andar

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