El factor humano de John Carlin

 

Qué placer volver a leer este libro, qué tarde he pasado sin poder dejarlo. Ya lo había leído hace años pero en esta segunda lectura lo he disfrutado mucho. Qué gran lección de vida nos dio Nelson Mandela. Qué altura de miras y qué manera de hacer política con letras mayúsculas.

Quizás, por estos turbios momentos que se viven a lo largo y ancho del mundo, estos hombres que hicieron una labor ingente en un país complicadísimo y con miles de problemas, nos emociona tanto leer una parte de su vida.

Así explica John Carlin como empezó a escribir este libro.

Pero lo que faltaba en mi opinión, era un libro sobre el factor humano, sobre lo milagroso del milagro. Lo que yo tenía en mente era una historia positiva que mostrase los mejores aspectos del animal humano; un libro con un héroe de carne y hueso; un libro sobre un país cuya mayoría negra debería haber exigido a gritos la venganza y, sin embargo, siguiendo el ejemplo de Mandela, dio al mundo una lección de inteligencia y capacidad de perdonar.

Mandela pasó 30 años de su vida en dos cárceles, la primera en una isla frente a las costas de Sudáfrica; durante 18 años permaneció en un pequeña celda, sin casi comunicación. Ahí empezó a trazar su plan de ir conquistando uno a uno de sus carceleros para poder explicar lo que el quería hacer en su país.

Su celda, su casa, durante 18 años, era más pequeña que un cuarto de baño, tenía una pequeña ventana con barrotes, que daba a un patio de cemento en el que los presos se sentaban durante horas a romper piedras. Mandela dormía sobre un colchón de paja, con tres mantas muy finas, que eran la única protección contra el frío viento de los inviernos del Cabo.

En 1990 salió de la cárcel, tenía 71 años. En ese tiempo se ocupó de estudiar otros idiomas de su país para poder entender a los africakaners. Explicó a sus adversarios que él no quería venganza, que él lo que quería era que en su país todos los ciudadanos tuvieran las mismas posibilidades. El apartheid que venía implantado desde 1948, era considerado como la ley más dura que se conocía.

En Sudáfrica había un distrito negro junto a cada ciudad blanca. Pero, aunque los distritos negros siempre tenían muchos más habitantes, en los mapas solo aparecían las ciudades blancas. Los distritos eran las sombras negras de las ciudades.

En 1990 ya en la calle, empezó a recorrerse todas las ciudades de su país, sus pueblos y sus barrios, quería conocer a fondo como estaba todo. Su único empeño era no pagar con la misma moneda. Tuvo problemas con la población negra, que no entendían esa manera de actuar, cuando eran tratados, perseguidos y encarcelados en su propio país.

Vivían en la misma órbita general de la gente más privilegiada del mundo occidental. Sus vidas consistian en su hogar y su trabajo, en disfrutar de una existencia tranquila y confortable. La política no solía interesarles. La diferencia estaba en que vivían al lado de unas personas que estaban entre las más pobres y peor tratadas del mundo , y en que su buena suerte, la razón por la que los sudafricanos blancos tenían seguramente el mayor nivel de vida del mundo y, desde luego, la mejor calidad de vida, dependía de la desgracia de sus vecinos negros.

Mandela es presidente en el año 1994, el país estaba al borde de una guerra civil, los problemas se multiplicaban, los negros porque querían que todo se arreglase más rápido y los blancos porque tenían miedo de lo que podría pasar.

Y sucedió lo increible, hizo que los blanco y los negros se unieran en un solo país. Es emocionante leer esa parte del libro. Mandela implica a los jugadores del rugby, los Springboks, para que el partido de la final del mundo que jugarán contra los All Blacks  de Australia, sea el punto de unión de los sudafricanos.

Le salió redondo, ganaron y todo el país se unió a sus jugadores, que siempre fueron el brazo más popular del apartheid. El libro está lleno de curiosidades, lleno de humanidad, lleno de emoción.

En la cárcel leía siempre un poema de William Ernest, “Invictus”

INVICTUS

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.

mandela invictus

En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.

Ante las puñaladas del azar,
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.

No obstante, la amenaza de los años me halla,
y me hallará, sin temor.

Ya no importa cuan recto halla sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda:

Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma.

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2 thoughts on “El factor humano de John Carlin

  1. Hola Teresa!!! siempre es un placer leer tus reseñas, y ésta sin duda, invita a la reflexión, a llenarnos de emociones y sensaciones innatas ante la intolerancia de estos tiempos. Algún día lo leeré.
    Saludos y un enorme abrazo por tu próximo cumpleaños!!!! creías que lo había olvidado? Con mucho cariño desde México

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