Camino de Santiago. Negreira-Santa Mariña

Camino de Santiago

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Bosques de camino a Santa Mariña
Bosques de camino a Santa Mariña

Nuestra segunda etapa fue un poquito más corta. Salimos de Negreira con un tiempo estupendo, fresquito por las mañanas, conforme iba entrando el día la temperatura subía, pero nada de calor. Caminar con calor es muy duro, así que nosotras salimos descansadas y dispuestas a subir y bajar por los caminos gallegos.

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Unos 19 km de recorrido, de subida continuada, hasta que llegamos a Villaserio, la etapa fue dura, pero preciosa, bosques de robles, hayas, y riachuelos y algún cruceiro en el camino. Serían las tres de la tarde y ya íbamos un poco destrozadas de tantas subidas, y teníamos ganas de parar a comer y descansar un ratito.

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Encontramos un pequeño bar a pie de carretera con una bonita parra como techo y no lo pensamos ni un  minuto, allí llegamos y allí comimos. No sabéis que comidas en Galicia, esta fue de lo más sencilla pero los ingredientes son inmejorables.

Marisa en un momento de cansancio dijo, “cómo me apetecería comer patatas fritas con huevos”, no se nos fue de la cabeza en mucho tiempo, así que cuando vimos el restaurante, no lo pensamos, llegamos y pedimos ese plato, algunas añadieron, con chorizo, lomo o carne, exageradas ellas porque el plato era tremendo.

Huevos con patatas debajo de una parra
Huevos con patatas debajo de una parra

Terminamos de comer y nos pusimos a caminar el último tramo a Santa Mariña. El paisaje va cambiando poco a poco y entramos en una zona donde las vacas son protagonistas. Es la zona agrícola y ganadera de Galicia y así vamos pasando por esta zona que tiene su belleza, prados verdes, vacas pastando, hasta que llegamos al río Maroñas. Aguas cristalinas y mucha vegetación, para cuatro manchegas es una delicia poder ver esos ríos por cualquier lugar por donde caminamos.

Descansando al pie de un cruceiro
Descansando al pie de un cruceiro

Ya nos faltaba poco, pero estábamos cansadas y la llegada a Santa Mariñas se nos hizo un poco larga. Por fin llegamos al albergue “Casa Pepa”, allí estaban sentados al fresco peregrinos que esa noche  dormían allí como nosotras. Un pequeño albergue, donde los dueños como en casi todos los lugares que hemos dormido, son amables y hacen que el peregrino se sienta en su casa.

Conectándonos con el mundo
Conectándonos con el mundo. Casa Pepa

Como la comida fue copiosa, algunas nos tomamos un yogur, otras cenaron lentejas cocinadas con muy buena pinta.

Un detalle curioso, al frente de nuestro albergue, estaba el cementerio de Santa Mariña, la muerte y la vida juntas.

Con el dueño del hórreo
Con el dueño del hórreo

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