Ángulo de reposo de Wallace Stegner

La vida en el Oeste americano

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Siempre comento que cuando doy con una buena historia, que no siempre es fácil, la lectura se transforma en algo mágico, pero si esa buena historia está escrita con primor, con detalle, basada en una realidad, la lectura se transforma en un gran placer. Lo comento porque a mi me pasó eso con esta preciosa historia. Un libro que te cuenta de forma muy precisa la historia de Susan Burlines y Oliver Ward.

En 1970 Lyman Ward, nieto de Susan y Oliver, se retira a la casa de sus abuelos, él es historiador y vive atado a una silla de ruedas por una enfermedad degenerativa, a pesar de ello vive solo, ayudado por una vecina y su hija que le ayuda a recopilar las cartas y papeles que le sirven para rastrear la vida de sus abuelos.

Bueno, abuela, déjame salir de este escritorio y darme la vuelta y contemplarte allá en tu marco de nogal junto a las cartas de personas que te escribían como  su respetada contemporánea. ¿ Debo interesarme por ti  aun cuando hayas  sido histórica, blanca,mujer y abuela mía? ¿Todos tus talentos y los del abuelo, y todos los esfuerzos de una vida larga y esforzada se quedan solamente en producirnos a Rodman y a mí: un sociólogo y un invalido? ¿Nada hay en tu vida o en tu arte que pueda enseñarle algo a un hombre moderno y a uno con una sola pierna?

Susan es escritora e ilustradora muy conocida en Nueva York donde vivía a mitad del siglo XIX. Ella era conocida en la alta sociedad de esa ciudad. Oliver un ingeniero de minas, muy dedicado a su profesión y con muchas ganas de descubrir minas por cualquier lugar de América.

Esta pareja se casa y ahí empieza esta mágica historia llena de viajes al lejano Oeste, a California cuando California casi no estaba habitada. La vida de esta pareja va de un lugar a otro. Oliver trabajando de la mañana a la noche y Susan viviendo precariamente en pequeñas casas, en mitad del campo y sin casi vida social.

Susan vino al Oeste no para unirse a una sociedad nueva, sino para soportarla, no para construir algo, sino para disfrutar una experiencia temporal y extraer de ella cuantas enseñanzas pudiera ocultar. Esperaba su vida en New Almadén igual que había contemplado las expectativas de viaje en tren  a través de todo el continente: como una excursión por el campo bastante agotadora.

La belleza de los paisajes, el nacimiento de sus tres hijos, la nostalgia de Susan de su anterior vida, la soledad que, ella, llena pintando esos lugares, y la convivencia de estas dos personas peculiares, conforman esta historia maravillosa y llena de conflictos, como la vida misma.

Este es un lugar para ser muy feliz, los somos, los seremos, pero hay un pensamiento común que no expresamos a menudo, sino que es como el trasfondo de nuestra vida aquí; que esto no es nuestro verdadero hogar, que nosotros no somos de este lugar salvo en lo que las circunstancias nos obligan.

Después de recorrer  New Almadén, Santa Cruz, Leadville, el ingeniero de minas es trasladado a Michoacan, México, para ella es un nuevo mundo lleno de color y de alegría.

Un poco más tarde salieron al balcón a contemplar la ciudad silenciosa. Dos farolas amarillas limón unían sus luces y sombras sobre las ásperas  piedras de la calle. Detrás de unos árboles a oscuras se insinuaban los fantasmas de unos campanarios. En uno de ellos una campana grande lanzó una sola voz, un sonido tan único e intenso como el sonido de una gota que cae de una hoja demasiado cargada. Recuperó sus fuerzas y lanzó su voz otra vez, volvió a recuperarse y sonó por tercera vez.

Susan se estremeció y se refugió bajo el brazo de Oliver.

¡Oh! ,dijo, Hasta ahora no había estado de verdad en ningún sitio.

La historia de Susan y Oliver corre paralela a la historia del mismo Lyman, que en su soledad va desgranando e investigando la vida de sus abuelos encontrando de vez en cuando alguna sorpresa que otra.

Lo que a mí me interesa de todos esos papeles no es la novelista e ilustradora Susan Burling Ward, ni Oliver Ward, el ingeniero, ni tampoco el Oeste donde pasaron sus vidas. Lo que realmente me interesa es cómo dos partículas tan distintas pudieron fundirse, y con cuánta presión, para rodar cuesta abajo hacia el futuro y hasta alcanzar el ángulo de reposo en que yo los conocí. Ahí es donde está el interés. Ahí es donde estará el sentido si encuentro alguno.

Wallace Stenger fue premiado con el Pulizzer en 1972. Basada en la correspondencia de una escritora norteamericana Mary Hallock Foote, una de las primeras artistas en ocuparse de la vida en el Oeste Americano.

 

 

3 thoughts on “Ángulo de reposo de Wallace Stegner

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