Como la sombra que se va de Antonio Muñoz Molina

Siempre me sorprende Antonio Muñoz Molina, siempre me emociona y siempre es una delicia leer sus libros. El tema de esta novela no me sugería demasiado entusiasmo; qué pasó con el asesino de Martin  Luther King, la verdad es que no era demasiado interesante, pero como siempre, Muñoz Molina, indaga en la vida de este hombre blanco, racista furibundo, y ese bucear en su vida no nos deja indiferentes.

Oiría en la oscuridad los ronquidos de borrachos de su padre y de su madre, echados el uno sobre el otro como fardos en el colchón sin mantas ni sábanas, tapados con harapos y chaquetones viejos. En los jergones tirados sobre el suelo de tablas medio arrancadas dormían arracimados sus hermanos como una camada numerosa, comidos de piojos.

James Earl Ray llegó a Lisboa después del asesinato, el 4 de abril de 1968, pasó unos días allí con la intención de volar a Angola, pero no pudo hacerlo porque fue apresado en el aeropuerto de Londres, diez días después de matar al líder negro.

La sorpresa de esta novela es que el escritor introduce su propia historia y ahí es donde a mí me conquista.

Sin duda hubo trances de felicidad que no agradecí y en los que no reparé mientras me sucedían y se me han olvidado, o de los que ahora, tantos años después, me daría pudor acordarme. En los espacios en blanco permanece alojado el remordimiento casi con la misma intensidad que en el recuerdo cierto del daño que hice.

Va entrelazando estas dos historias, la vida del asesino que llega a Lisboa y la vida del funcionario granadino que en 1987, con dos hijos pequeños y unas obsesiones por escribir, viaja a Lisboa para ubicar los lugares de su novela “Invierno en Lisboa”, esos tres días que él pasa en la ciudad de los fados le sirven para hacer una reflexión de su vida en aquellos años.

Me acosté en el cuarto en el que solía dormir en la adolescencia, muy mareado al apagar la luz, con nauseas, sintiendo que la cama se movía en la oscuridad, como si estuviera de nuevo en la litera del tren que me traía de Lisboa, sin rastro del estado de gracia que había conocido allí, desbaratado por una sórdida sensación de calamidad y de ultraje. Eso no se me ha olvidado

Su forma de escribir tan verdadera, tan despojada de artificios, con las emociones del recuerdo de un joven perdido en su trabajo en el ayuntamiento de Granada, perdido en su matrimonio y perdido como padre de dos hijos pequeños, que encuentra en la escritura ese flotador que le hace sobrevivir a esos años.

Quizás sería posible vivir conformándose con lo que uno tenía, dentro de los límites que uno mismo se había trazado con sus actos y con sus indecisiones, en una quietud sin drama, volcando en la literatura los impulsos pasionales que tan poco fruto habían dado en la realidad. No mentir, no hacer daño y no sufrir.

A mi me sigue conquistando, es mi escritor preferido y me parece que le seguiré fiel,pues cada vez que leo sus libros despierta en mí emociones que pocos escritores lo hacen.

Le digo a mi hijo que es tarde, durante mi paseo a solas, viendo las sombras de la gente en la PraÇa de Figueira y luego en la calle larga y estrecha de la Baixa, me he acordado de algo que leí en un libro sobre el asesinato de Martin Luther King, algo que me hizo mucha impresión y que me llevó a escribir un arranque, un esbozo de un relato, aunque en el libro no se le concedía mucho espacio, ni se le daba importancia: que su asesino, James Earl Ray, cuando estaba huyendo, pasó diez días en Lisboa.

En Manzanares, una población de mi provincia, Ramón Orozco, un periodista jubilado que volvió a su ciudad, mantiene un viernes al mes una fantástica “Escuela de Ciudadanos”, todo un lujo. Allí recaban los intelectuales más conocidos del panorama español, así como periodistas políticos, cantantes, todos los que tienen algo que decir en nuestra sociedad. Bueno pues cerró este curso con la visita de Antonio Muñoz Molina con una conferencia brillante “La educación en democracia”. Después nos firmó los libros que cada uno llevamos. Yo llevé este  y me lo dedicó, además de haceerme, mi hija Fátima,  esta bonita foto.

Antonio Muñoz Molina dedicándome el libro
Antonio Muñoz Molina dedicándome el libro

 

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3 thoughts on “Como la sombra que se va de Antonio Muñoz Molina

  1. Hola Teresa!!!!!! Espero te encuentres bien. ¿Cuánto tiempo sin leer lo que publicas aquí? Después de mucho tiempo, me he dado el gusto de volver a recrearme con todas tus anécdotas y sugerencias. ¿Cómo olvidar el verano en Ciudad Real?? Muchísimo calor!!!! pero mi estancia en tu hermosa Ciudad, ha sido de las cosas más maravillosas de mi vida. Y cómo olvidar tu gusto por la lectura!!!! Tengo una lista interminable de todas tus sugerencias. Sé que aquí no podré obtener todos los libros, pero bendita tecnología, accederé a ellos vía red.
    Espero no perderme mucho,pero el trabajo ha estado bastante pesado. Eso es bueno, la mente se mantiene activa y ocupada.
    Saludos y un enorme abrazo!!!!!!

  2. Querida Olivia, siempre es un sorpresa verte por aquí. ya veo que sigue gustándote leer y eso me alegra.
    Estamos pasando un calor fuerte, ahora parece que va mejorando el tiempo y mis nietos van viniendo por aquí.
    Bueno guapa, nos seguimos viendo
    Un abrazo
    Teresa

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