Cien años de soledad de Gabriel García Marquez

La historia de Macondo, la aldea imaginaria de Gabriel García Márquez

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Este verano nos hemos propuesto, mi hija Fátima y yo, leernos “Cien años de soledad”; yo lo había leído hace más de treinta años, pero esta lectura sosegada durante este largo y caluroso verano me ha descubierto un libro nuevo.

¿Cómo resumir esta novela tan fantástica, tan increíble y con esa mezcla de humor y dureza que te relata los pormenores de la vida de ese mítico pueblo que es Macondo?.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas en la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas,  blancas y enormes como huevos prehistóricos.

Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía, se  casan y huyen de los fantasmas que persiguen a José Arcadio a la pequeña aldea de Macondo, situada a orillas de una ciénaga. Allí empiezan sus vidas, allí nacen sus hijos y solamente tienen noticias del exterior cuando llega una pandilla de gitanos con Melquiades, una especie de brujo que sabe sánscrito y le enseña a José Arcadio el hielo y el imán, además de dejarle mapas y un astrolabio para que pudiera viajar con la imaginación.

La tierra es redonda como una naranja.

Úrsula perdió la paciencia. “Si has de volverte loco, vuélvete tú solo, gritó. Pero no trates de inculcar a los niños tus ideas de gitano”. José Arcadio Buendía, impasible, no se dejó amedrentar por la desesperación de su mujer, que en un rapto de cólera le destrozó el astrolabio contra el suelo. Construyó otro, reunió en un cuartito a los hombres del pueblo y les demostró, con teorías que para todos resultaban comprensibles, la posibilidad de regresar al punto de partida navegando siempre hacia Oriente.

La historia de estos dos personajes se dilata en el tiempo, pues la novela abarca la historia de esta familia durante seis generaciones. Algunas veces echa la vista atrás para remontarse al principio de esta familia, que empieza con los antepasados y siempre se van mezclando con casamientos.

Al principio, José ,Arcadio Buendía era una especie de patriarca juvenil, que daba instrucciones para la siembra y consejos para la crianza de niños y animales, y colaboraba con todos, aun en el trabajo físico, para la buena marcha de la comunidad.

Los casamientos, los nacimientos de hijos, los muertos, los acontecimientos de la aldea son observados por Úrsula que no quiere que sus hijos se casen con familiares por el miedo a tener nietos con cola de animales.

La laboriosidad de Úrsula andaba a la par con la de su marido. Activa, menuda, severa, aquella mujer de nervios inquebrantables, a quien en ningún momento de su vida se oyó cantar, parecía estar en todas partes, desde el amanecer hasta muy entrada la noche, siempre perseguida por el suave susurro de sus pollerines de olán. Gracias a ella los pisos de tierra golpeada, los muros de barro sin encalar, los rústicos muebles de madera construidos por ellos mismos estaban siempre limpios, y los viejos arcones donde se guardaban la ropa exhalaban un tibio olor de albahaca.

Es casi imposible ir relatando la vida de estas seis generaciones de “arcadios” ya que este nombre se va repitiendo a lo largo de los años. Macondo sigue creciendo, el tren llega y es todo un acontecimiento, como la luz eléctrica. Y sus habitantes siguen viviendo esas vidas imaginarias que el escritor las describe con una potencia increíble.

En poco tiempo incrementó la producción de hielo, que rebasó el mercado local y Aureliano el Triste tuvo que pensar en la posibilidad de extender el negocio a otras poblaciones de la ciénaga. Fue entonces cuando concibió el paso decisivo, no sólo para la modernización de su industria, sino para vincular la población con el resto del mundo.

Hay que traer el ferrocarril, dijo.

Fue la primera vez que se oyó esa palabra en Macondo.

Dicen que esta novela es la historia de toda Latinoamérica, yo creo que el escritor nos cuenta la historia de un pueblo imaginario Macondo, y una familia a lo largo de los años, la historia de Macondo, su crecimiento y su final, y el lector no da a basto en interpretar lo que nos cuenta, es casi inabarcable. Pero su lectura te hace reír, y te espanta en muchas ocasiones, como la vida misma.

… y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Esta novela la publicó en 1967.

 

Si quieres escuchar el comentario del libro en el programa “Libros en el aire” pulsa este enlace.

 

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