Las patrias lejanas de Pacho O´Donnell

Intelectuales españoles en Buenos Aires

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A través de la historia de un joven, Rodomiro, que en la guerra civil española sobrevivió en un colegio de curas; cuando pudo escapó y se fue al frente republicano, de allí pasó por el campo de concentración al sur de Francia  Argelés-sur-Mer y  llegó a Argentina en el barco Mendoza con un puñado de intelectuales españoles.

Radomiro fue uno de los dos mil recluidos en los campos de concentración franceses que habían sido seleccionados para viajar a Chile, cuyo presidente, Aguirre Cerdá, junto con Cárdenas de México, fueron los únicos mandatarios latinoamericanos que acogieron a los derrotados de la Guerra Civil.

Es la historia de esos españoles intentando sobrevivir lejos de su patria. En Buenos Aires se reunían en un café en la Avenida de Mayo con el nombre de Café Iberia. Allí esperaban el final de la guerra y la vuelta a España.

El bar era Iberia en la Avenida de Mayo y Salta. Allí se reunían republicanos que hacía ya años que estaban fuera de España, corridos por la miseria, que habían vivido la guerra pegando la oreja a la radio y comprando”Crítica”, a los que se sumaron los que llegaban huyendo de los fusilamientos de Franco y de la guerra mundial. 

Alberti, su mujer Maria Teresa León, Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Margaritu Xirgu, Rosa Chacel, por citar a algunos que Pacho O´Donnell los recrea en esta interesante novela. Entre la ficción y la realidad nos sitúa en Buenos Aires y en el lejano Madrid, con un océano inmenso que separa las dos ciudades

Rafael Alberti y Mª Teresa León

Los Alberti se reponían en la pampa argentina del azaroso periplo que los había llevado hasta allí: primero el milagroso salvamento en un avión que los recogió en Elda y los condujo a Orán, en Marruecos, con la última gota de combustible, luego algunos meses en París viviendo penosamente como locutores nocturnos en una radio, y por fin la travesía oceánica en el Mendoza amenazada por los submarinos alemanes. Ahora en El Totoral, el campo de Aráoz Alfaro, un aristócrata argentino que se declaraba comunista, lamían las heridas mientras esperaban que sus amigos les consiguieran los papees para poder circular.

El libro está lleno de anécdotas. La relación de estos intelectuales españoles con Borges o Victoria Ocampo. La nostalgia era un síntoma que todos  sufrían. El río de la Plata les servía de balcón para otear el infinito mar y allá su patria lejana.

Victoria Ocampo contó, ante un grupo de invitados a su casa de San Isidro, los avatares iniciales de su relación con Ortega y Gasset.

Fue al final de su primera estadía en Buenos Aires, creo que era 1916. Yo no había asistido a sus conferencias, no me interesaron, estaba en otra cosa. En ese entonces, debo confesarlo, no sentía afición por la literatura española. Los franceses e ingleses me acaparaban, no olviden que soy argentina.

Mi encuentro con Ortega y Gasset, escribía Doña Victoria, tuvo las dimensiones de una revelación. En él descubrí a España. Una España deslumbradora.

Un testimonio muy particular de ese momento y de un puñado de españoles perdidos en Buenos Aires.

 

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