El Jinete polaco de Antonio Muñoz Molina

historia de cuatro generaciones en Mágina

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Qué placer volver a este libro; hace años me lo prestaron y fue con este libro que descubrí a Antonio Muñoz Molina con esta historia apasionante y sobre todo intima, como siempre lo hace este escritor, desde entonces le leo muy a menudo.

Todo lo que he leído de él me ha encantado, tengo que decir que es mi escritor preferido, me hace sentir todo lo que escribe, me hace partícipe de sus desvelos y sobre todo es tan creíble lo que cuenta que es fácil caer en sus redes.

Él vino al mundo en una noche tempestuosa de invierno y a la luz de una vela, crecido en las huertas y en los olivares de Mágina, destinado a dejar la escuela a los catorce o a los quince años y a trabajar en la tierra al lado de su padre y de sus abuelos y llegada a una cierta edad a buscarse una novia a quien sin duda habría conocido desde la infancia y a llevarla al altar vestida de blanco, después de un noviazgo extenuador de siete u ocho años, él torpe, enconado, silencioso, rebelde, escribiendo diarios de furiosa desdicha en cuadernos de apuntes y odiando la ciudad donde vivía.

El otro día en el mercadillo de La Poblachuela, a unos kilómetros de mi ciudad, encontré un puesto con libros a un euro, sí, sí, un euro, allí estaba “El jinete polaco” no lo pensé y me lo traje, una edición preciosa, yo creo que ni lo han leído, así que aquí lo tengo de nuevo para ojearlo.

Señalaban  hacia aquellas montañas y decían que al otro lado estuvo el frente de la guerra, y que el viento del sur traía algunas veces los truenos retardados de una batalla remota. Sobre ese horizonte volaban de vez en cuando aviones enemigos que casi nunca se acercaban a Mágina.

Antonio Muñoz Molina va relatando a través de cuatro generaciones, desde su bisabuelo hasta él, desde 1970 a la guerra del Golfo, el transcurso de la vida en un pequeño pueblo, Mágina, donde pasa su infancia rodeado de la familia, estudiando y trabajando en el campo.

Aunque no quiero estoy volviendo, aunque habite en idiomas extraños y me esconda en ellos como en una falsa identidad y camine por ciudades cuyos nombres ellos sólo han leído en las bandas iluminadas de aquella radio donde oíamos  las novelas y las canciones de Antonio Molina y Juanito Valderrama, aunque Nadia no esté tendida a mi lado y me estreche por la espalda y me diga al oído, cuéntame cómo vivían, y cómo se imaginaban la forma del mundo, cómo pudieron entender y aceptar que tú te marcharas.

Su abuelo, que terminó en un campo de concentración, sus padres unos campesinos con una vida humilde, los maquis, gente sencilla que luchó por la libertad, personajes del pueblo que son observados por el escritor y que a forma de un mosaico nos los va presentando con su habitual precisión.

Miro sus caras y tengo la sensación de que nunca los he conocido verdaderamente, de que nunca he sabido como eran, quienes son fuera y lejos de mí, de que se acuerdan, que saben, cómo vivían en las edades oscuras del hambre y del terror, no hace siglos, sino años, no muchos, un poco antes de que yo naciera, cuando mi  padre y mi madre se casaron y apenas tenían para pagar el alquiler de una buhardilla donde se fueron a vivir.

En la lectura de este precioso libro yo me encontré muchas veces como un personaje de la novela, cuántos momentos descritos en esas páginas hemos vivido los niños y las niñas de esa época en pueblos parecidos a Mágina. Yo al menos me he sentido identificada en multitud de momentos.

La novela está repleta de recuerdos, de vivencias que conformaron la forma de ser y de entender el mundo de Antonio Muñoz Molina.

Me revelaba en silencio contra ellos, bajaba la cabeza, procuraba no mirar a sus ojos, no ver sus caras endurecidas por la obstinación del trabajo y de la voluntad, por el estupor de no entender y la decisión de no aceptar lo que no comprendían y les daba miedo. El mundo había cambiado a su alrededor, había en la casa televisión y frigorífico y cocina de gas y hasta un grifo de agua corriente en el patio, había tractores en el campo y máquinas de cavar y segadoras, pero en ellos la única novedad era el asombro, porque el recelo que ahora sentían no era sino la derivación del miedo de siempre…

Recibió el premio Planeta en el año 1991 y el escritor tenía 35 años. Está considerada como una obra imprescindible de la literatura española del siglo XX.

2 thoughts on “El Jinete polaco de Antonio Muñoz Molina

  1. Está muy interesante, la mezcla histórica. Me parece genial, espero conocer el libro algún día, aunque por el momento tengo varios pendientes.

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