En un lugar de la Mancha, Argamasilla de Alba

Viaje a Argamasilla de Alba

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Asisto desde hace dos cursos a la Universidad de Mayores “José Saramago” de mi ciudad, donde por un módico precio podemos asistir los mayores de 60 años, tres días por semana, a las clases de estos cursos. Historia, Literatura, Música, Derecho, Economía y algunas asignaturas más.

Además de esto programamos de vez en cuando unas excursiones o visitas guiadas a lugares de nuestra provincia, siempre es un placer poder conocer algún lugar que no conocemos o que un profesor, dedicándonos su tiempo, nos acompañe a explicarnos el lugar que hayamos elegido.

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Este viernes lluvioso, nos hemos montado en el autobús, unos cuarenta alumnos y alumnas, y nos hemos marchado a conocer la Cooperativa más grande de Europa “Virgen de la Viñas” en Tomelloso. La señora que nos ha acompañado nos decía que el volumen de kilos de uvas que recogen en una cosecha es de 200 millones de kilos. Así te explicas esas llanuras inmensas llenas de viñedos y salpicadas por casitas blancas o “bombos” que a lo largo de muchos kilómetros nos encontramos antes de llegar a Tomelloso.

Después de comer nos hemos ido a Argamasilla de Alba, donde según dicen Cervantes estuvo preso en una celda y allí, en su soledad, fraguó en su cabeza la novela más importante en lengua castellana. D. Quijote de La Mancha.

“¿Qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?”.

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Este año estamos celebrando los cuatro siglos de la muerte de Miguel de Cervantes, todos los manchegos deberíamos conocer en profundidad este libro, que yo quedé prendada cuando lo pude leer de principio a fin, algo importante para mí, es como haber hecho algo que estaba pendiente en mi cabeza y que tenía que realizarlo. Es lo mejor que he leído en mi vida.

Y yo permanezco silencioso un rato, sin saber que decir ni cómo justificar mi audacia; mas D. Luis añade al momento que yo estoy convencido de que D. Quijote vivió en Argamasilla de Alba, y todos entonces me miran con una profunda gratitud, con un intenso reconocimiento. Y todos charlamos como viejos amigos. ¿No os agradaría a vosotros esto? Don Carlos lee y relee a todas horas el Quijote. Don Juan Alonso, tan parco, tan mesurado, de tan sólido juicio, ha escudriñado, en busca de datos sobre Cervantes, los más diminutos papeles del archivo; Don Luis cita, con menudos detalles,  los más insignificantes parajes que recorría el caballero insigne. Y Don Candido y Don Francisco traen a cada momento a colación largos párrafos del gran libro. Un hálito de arte, de patriotismo, se cierne en esta clara estancia en esta hora, entre estas viajas figuras de hidalgos castellanos. Fuera, allí cerca, a dos pasos de la ventana, a flor de tierra, el noble Guadiana se desliza manso, callado, transparente…

(Azorín de su libro “La ruta de D. Quijote”)

Así que acercarnos a Argamasilla de Alba ha sido todo un placer, a pesar de esa lluvia insistente que ha dejado  los campos regados, qué falta hacía.

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La Botica de los Académicos, una pequeña puerta en una esquina de la plaza, esconde una pequeña botica y su rebotica donde los académicos se reunían a charlar del libro de Cervantes, del ingenioso hidalgo, allí iba Azorín a principio del siglo XX para escribir sobre La Ruta del Quijote.

Yo no he conocido jamás hombres más discretos, más amables, más sencillos que estos buenos hidalgos don Cándido, don Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos. Cervantes, al final de la primera parte de su libro, habla de los académicos de Argamasilla; don Cándido, D. Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos pueden ser considerados como los actuales académicos de Argamasilla. Son las diez de la mañana; yo me voy a casa de don Cándido. Don Cándido es clérigo; don Cándido tiene una casa amplia, clara, nueva y limpia; en el centro hay un patio con un zócalo de relucientes azulejos; todo corre en torno a la galería. Y cuando he subido por unas escaleras fregadas y refregadas por la aljofifa, yo entro en el comedor.

( La ruta de D. Quijote, Azorín)

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Nuestra tierra es el escenario vivo de ese inmenso libro, aquí está la esencia de los paisajes que recorrían sin denuedo D. Quijote y Sancho Panza su fiel escudero; aquí están los personajes, tantos Sanchos y tantos Quijotes y Dulcineas; aquí una venta y allí unos molinos. Maravillosos lugares que cuando se descubren no se olvidan.

Yo tengo una ruta que la enseño a todos los amigos cuando vienen a mi casa. Más de veinte años que la hago y siempre es diferente. Me viene a la memoria lo que me decía mi madre, cuando leían el Quijote, ella en voz alta y mi padre la escuchaba, una y otra vez, yo les pregunté por qué lo leían tantas veces y la respuesta era que cada vez que lo leían era un libro nuevo. Pues eso pasa con esta ruta, siempre es diferente: Puerto Lápice y su Venta, Campo de Criptana y sus molinos, El Toboso y su “sosegado silencio”, esta ruta es para mí un lujo y teniéndola al alcance de la mano no la visitamos las veces que se merece.

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Ayer en Argamasilla de Alba yo respiré ese ambiente cervantino, el cuadro de D. Rodrigo de Pacheco,  la cueva de Medrano, esa cueva desprovista de todo, una simple mesa y una silla, las paredes blancas y sin embargo desprenden una magia especial.

Cuando llegué a casa me encontré con este precioso artículo en el diario Lanza.

Rubén Darío en La Mancha

El 6 de febrero de 1916, con sólo 49 años, murió Rubén Darío. Hace pues unos días que se conmemoró el Primer Centenario de su muerte. El autor de Azul fue un ilustre manchego en el sentido al que se refería Carlos Fuentes :”somos habitantes de La Mancha los que hablamos el idioma de Cervantes a uno u otro lado de la mar océano. Somos los escuderos de Don Quijote”.
 En 1905, el año en el que el autor  modernista publicó Cantos de vida y esperanza, el poeta nicaragüense, diplomático al servicio de su patria, viajó a España con motivo de una disputa territorial con Honduras. Esta estancia en Madrid coincidió con la celebración en  nuestro país del III Centenario de la publicación de El Quijote.

Alguien dijo que la vida sin ensueños y sin imaginación no es vida.

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