Inés del alma mía de Isabel Allende

 

Este libro lo vi  en casa de mi amiga Patty en uno de mis viajes a México, me lo regaló. Yo soy muy aficionada a todas las historias que nos relatan  el descubrimiento de America y si la historia habla de alguna mujer, mi interés se duplica.

Es rarísimo que en las crónicas de esa época hablen de alguna mujer, a no ser que sea la esposa de alguien o de una forma muy lateral. En este libro, Isabel Allende relata la historia de Inés  Suárez, nacida en Plasencia en 1507 y muere en Santiago de Chile en 1580.

Participó en la conquista de Chile y la fundación de la ciudad de Santiago. Tuvo gran influencia política y poder económico. Las hazañas de Inés  Suárez mencionadas por los cronistas de la época,  fueron casi olvidadas por los historiadores durante más de cuatrocientos años. 

Inés Suárez

Isabel Allende novela esta historia y nos cuenta como una joven de treinta años, modista en su pueblo, decide ir en busca de su esposo, Juan de Málaga, que había marchado en uno de tantos viajes que se hacían en aquellos años, para hacer las Américas, y no había vuelto a saber nada de él. Sin pensárselo mucho, se embarcó hacía Perú, porque ella pensaba que él andaba por allí.

En 1537 me despedí de mi familia, a quien no volvería a ver, y viajé con mi sobrina Constanza a la hermosa Sevilla, perfumada de azahar y jazmín, y de allí, navegando por las claras aguas del Guadalquivir llegamos al bullicioso puerto de Cádiz. Nos embarcamos en la nave del maestro Manuel Martín, de tres mástiles y doscientas cuarenta toneladas, lenta y pesada, pero segura. Vigilé que mis bultos, bien amarrados, fuesen dispuestos en el espacio que el maestro Martín me asignó. Lo primero que hice al instalarme con mi sobrina en nuestra pequeña cabina fue disponer un altar para Nuestra Señora del Socorro.  

Pedro Valdivia

El viaje fue una gran odisea, hambre, tormentas, mareos, el mar era infinito y estas dos mujeres, Ines y su sobrina Constanza, de tierra adentro, no se imaginaban que el viaje iba a ser tan duro y tan largo. Alguna veces se tuvieron que defender de algunos hombres que se querían sobrepasar con ellas, a base de sartenazos. Al fin después de tres largos meses, llegaron a tierra firme.

A la sazón yo me hallaba en Panamá, donde varias personas  me dijeron que habían visto a Juan de Málaga, aguardando noticias de mi marido. Un día hablando con la tripulación me dijeron que Juan había embarcado hacia Perú, como lo hicieron otros españoles al oír las riquezas descubiertas por Pizarro. Volví a vestirme de negro como viuda que busca a su marido y me dejaron embarcarme a Perú.

En la ciudad de Cuzco se entera que su marido había muerto en la batalla de Salinas junto a Hernando Pizarro. Cuando Francisco Pizarro se enteró de que la viuda de Juan andaba por Cuzco quiso conocerla.

Pizarro vestía de terciopelo negro, jubón ajustado, con mangas acuchilladas, una gruesa cadena de oro en el pecho, hebillas también de oro en el calzado y una capa de marta sobre los hombros.

Eso fue todo. Comprendí que si deseaba quedarme en Cuzco más valía que dejara de hacer preguntas. Juan de Málaga bien muerto estaba, y yo era libre. Puedo decir con certeza que ese día empezaba mi vida los años anteriores fueron de entrenamiento para lo que habría de venir.

Allí conoció a Pedro de Valdivia y con él se marcho a la conquista de Chile. Aunque la historia oculta casi siempre estas historias de las mujeres, ella fue una de las personas que ayudó a Pedro de Valdivia en todo ese viaje hasta Chile, defendiéndole, como un hombre, en ese camino lleno de peligros.

Al llegar a Chile nada sabíamos de los mapuches, pensábamos que sería difícil someterlos, como hicimos con pueblos mucho más civilizados, los aztecas y los incas. Nos demoramos muchos años en comprender cuan errados estábamos. A esta guerra no se vislumbraba el fin.

Inés vivía con Pedro de Valdivia, ya fundada la ciudad de Santiago de Chile y asentados en la ciudad, el obispo no veía bien que Valdivia, casado, mantuviera amores con Inés y obligó a que Inés se casara con Rodrigo de Quiroga.  La conquista de Chile fue durísima duró, más de cuatro años, donde los mapuches fueron casi aniquilados, y la ciudad de Santiago sufrió acosos permanentes, padecieron hambre y todas las calamidades.

Al verse perdido, Valdivia quiso negociar con el enemigo, prometiendo que abandonaría las ciudades fundadas en el sur, los españoles se irían a la Araucania para siempre y además les daría ovejas y otros bienes. Los indios se le echaron encima y lo mataron. Entonces ahí empezó el martirio de Valdivia, el más odiado enemigo. 

Nunca encontraron los restos de Valdivia, dicen que los indios devoraron su cuerpo en una ceremonia improvisada.

En mi delirio oía con claridad los alaridos de Pedro Valdivia y su voz despidiéndose de mí por última vez: ” Adiós, Inés del alma mía…”

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s