Camino de Santiago. Soto de Luiña- Cadavedo

Camino de Santiago

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Cadavedo. foto tomada de Internet

Tercera etapa; la verdad que en este día las agujetas son totales, es como que el cuerpo ha llegado a un límite y la caminata se hace pesada; cada cuesta, cuesta más esfuerzo, nunca mejor dicho, teníamos que hacer estiramientos cada rato, algunas, porque otras como si no pasaran los kilómetros por ellas. La fruta y los frutos secos nos ayudaban a seguir y las conversaciones sobre películas, o libros nos hacían olvidar los kilómetros que nos esperaban por delante.

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Así íbamos haciendo la etapa, menos mal que el paisaje de Asturias es como un bálsamo maravilloso; las casas que íbamos viendo eran tan bonitas que no parábamos de hacerles fotos. Nos dimos cuenta que muchas de esas casas diseminadas por todos los pueblitos y algunas en el campo, eran las casas llamadas de “Indianos”. Una historia que nos acompañará todo el camino hasta llegar a Ribadeo.

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Paramos a tomar un café y nos encontramos con una señora mayor en la carretera que nos contó la historia de su casa; en tiempos se la quitaron y fue sede del cuartel de la Guardia Civil, cuando la recuperó, su mirada se iluminaba, se dedico a restaurarla, detrás de ella estaba su preciosa casa azul, toda reconstruida y preciosa.

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La gente asturiana, amable y maravillosa. En otro tramo de la carretera, nos habíamos quedado sin agua, paramos en una casa en  el campo y una señora mayor, con andares muy lentos y pesados, salió  y nos preguntó si necesitábamos algo: – agua, le dijimos. En ese momento tenía una avería en su casa y no tenía ni una gota, pero pasó dentro a por las llaves de un precioso chalet que había enfrente, el de su hija, nos abrió la cancela y nos dio agua fresca.  El agradecimiento fue  completo. La señora reía continuamente y con ese buen humor nos deseó un buen camino y “no os preocupéis ya no os queda casi nada”, nos comentó sonriendo.

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Así íbamos pasando la tercera jornada, sin saber qué nos esperaba al final, un gran premio .

A cinco km de Cadavedo paramos a comer, en un pueblo que se llama Ballota en “Casa Fernando”, ya llovía al llegar y pensamos que si no dejaba tendríamos que llamar a un taxi. Comimos divinamente, los menús del peregrino, a lo largo de todo el camino, son inmejorables, comida reconstituyente, casera y abundante, con dos menús pueden comer cinco personas y a precios estupendos.

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Al final decidimos coger un taxi, eran cinco km y entre el cansancio, la buena comida y la lluvia decidimos que nos llevasen. Consu, la más valiente lo hizo a pie.

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La taxista y alcaldesa de Cadavedo, una mujer joven y dinámica, nos llevo a su pueblo,  pero antes de dejarnos en el Hotel Astur Regal, nos dio un paseo por todas las calles, por su cuenta,  mientras nos iba explicando la historia de esas casas indianas que íbamos viendo a lo largo del camino y, no conforme con eso, nos llevó al acantilado: “no veréis nada tan bonito en todo el camino” nos dijo con entusiasmo; cuando llegamos a una pradera maravillosa con una pequeña ermita en el centro, dedicada a la virgen de La Regalina, extraño nombre, y un impresionante acantilado, nos quedamos sin habla.  La alcaldesa seguía contándonos las fiestas de su pueblo, sacó su móvil y nos enseñó un vídeo con los bailes que se hacen allí en honor de la patrona, se le caían las lágrimas de la emoción y nosotras pensamos que habíamos llegado al paraíso. Nos olvidamos del cansancio y de la dureza del camino.

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Nos fuimos al hotel a dejar los bastones y refrescarnos un poco y sin descansar, Concha y yo, nos fuimos a esa pradera; nos sentábamos en cada banco para contemplar las magníficas vistas que la naturaleza nos estaba brindando, no exagero, creo que fue lo más bonito que hemos visto a lo largo del camino y mira que hemos visto paisajes y acantilados increíbles, pero Cadavedo ha quedado en nuestros corazones.

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Después de un buen rato allí haciendo fotos, llegaron las chicas en el momento que lloviznaba y un inmenso arco iris salió encima del acantilado, nos parecía increíble tanta belleza en ese lugar.

Javier, el dueño del hotel nos acogió como si fuéramos de la familia,  nosotras veníamos impactadas de lo que habíamos visto pero a él no le parecía nada extraordinario, casi todos los días ven esos paisajes verdes, que unas manchegas admiran tanto.

Después de este día intenso, cenamos en el hotel, precioso y acogedor, con una charla muy agradable con Javier, y ya muertas nos fuimos a dormir.

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Al día siguiente nos esperaba una nueva caminata, el cuerpo ya iba acostumbrándose y las agujetas se suavizaban. Ya habíamos pasado el ecuador de nuestros días. Con nostalgia empezamos a ver que el Camino se nos terminaba.

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2 thoughts on “Camino de Santiago. Soto de Luiña- Cadavedo

  1. Wow!!!! qué envidia!!! y de la buena. Que hermosos paisajes!!! Me da gusto que sigas disfrutando y haciendo lo que te gusta Teresa.
    Un saludo enorme!!!

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