Sofía o el origen de todas las historias de Rafik Schami

Salman vuelve a Siria después de cuarenta años exiliado

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Este verano un amigo me comentó que estaba leyendo este libro y que lo estaba disfrutando mucho. Aprovechando una visita de mis hijos, Cesar y Sonia, que me regalaron un libro y, claro, yo elegí éste.

La paciencia y el humor son dos camellos con los que se puede atravesar cualquier desierto.

Me encantan los escritores árabes, ellos tienen una forma de narrar que a mí me gusta mucho; cuentan historias como si fueran pequeños cuentos, con un lenguaje sencillo pero muy poético, la nostalgia se mezcla con la historia, los amores sublimes, la amistad, la familia, las tradiciones, la política, las religiones, todo eso y más está dentro de este precioso libro.

Escrito en pequeños capítulos que son como pequeñas historias, que se remontan a cuando Salman vivía en Damasco allá por 1970 o vuelve al 2010 a su vida en Roma, y vuelve otra vez al momento del exilio. Cada capítulo empieza con una frase, muchas de ellas de escritores como Cervantes, Antoine de Saint-Exupéry, Oscar Wilde…

Montar en bicicleta. Era mi sueño de niña. Envidiaba a mis hermanos, a sus amigos y a todos los chicos del barrio por flotar  ligeros como plumas, pero cuando se me ocurrió contárselo a mi madre, se puso a gritar, enfadada, como siempre que tenía miedo. Ya podía quitarme esa idea de la cabeza. Las mujeres se quedaban en casa y ahí no necesitaban ninguna bicicleta.  

Salman, nacido en una familia cristiana, se exilió a Alemania, allí comienza su nueva vida, es donde estudia filosofía, y conoce a una estudiante italiana, Stella,  después de un noviazgo se casan y se van a vivir a Roma. La vida de los dos es armoniosa y llena de éxitos personales tanto en el trabajo como en sus vidas personales. Todo parece que funciona. Tienen un hijo después de muchos años y eso colma la felicidad de los dos.

Sin embargo, Salman tenía una importante razón para volver a Damasco, aunque sólo fuera de visita. Pero no se la confío a nadie, ni a sus padres ni a Stella. Se trataba de la humillación que había supuesto para él estar exiliado de su ciudad. Era una herida que no podía curar pese a sus éxitos en el extranjero, y siempre que recibía invitados de Damasco o conocidos que viajaban hacia allí, la cicatriz se abría y volvía a sangrar.

Ya han pasado 40 años desde que Salman salió de su país y empieza a pensar en su regreso como turista para ver su ciudad, Damasco, visitar a sus padres ya mayores y volver a pasear por las calles de su ciudad, poder chalar con sus amigos y tomarse un café en los muchos lugares que salpican sus calles.

Sus callejuelas ya no llevaban el nombre de Misk, que significaba “almizcle”, sino de un escritor libanés. “Las dictaduras no destacan por sus grandes ideas”, pensó y siguió avanzando por el pasaje hasta la calle principal, Bab Tuma. Desde allí paseó lentamente por el barrio cristiano. En éste las calles casi no habían cambiado, pero todo era más ruidoso y colorido.

Sus padres  le piden a un sobrino, Elías,  que trabaja en el gobierno, para que les diga sí su hijo ya puede volver, sin peligro de que cuando llegue al aeropuerto lo puedan meter en la cárcel. Estamos en el 2010 un poco antes del comienzo de esta guerra civil que está aniquilando Siria.

Delante del mostrador de control de pasaportes ya se había formado una larga cola de espera. Salman sonrió. Hacer cola contradecía desde cualquier punto de vista la mentalidad del árabe, pero, tras tantos años de dictaduras, las colas de espera sirias parecían tan ordenadas.

Por todas partes se veían retratos del superpadre El Asad y del hijo Bashar, por todos sitios había soldados armados de rostros pétreos. 

Puede volver y así lo hace, llega a Damasco y ahí empieza esta bonita historia del hijo pródigo, que llega a su ciudad y se da cuenta de lo lejano que él se encuentra de todo lo que le rodea, a pesar de todo, son días felices de reencuentros, de volver a ver a sus padres mayores y envejecidos, de conocer historias, y de pasear y enseñarnos a los lectores, Damasco. Hasta que una mañana tomando un café ve su foto en un periódico con el titular de “se busca”. Aquí el escritor nos describe el estado policial asfixiante que existe en su país. La novela empieza a ser una novela con mucha intriga.

Todo aquello le resultaba rematadamente absurdo, pero los últimos acontecimientos le habían demostrado que ya no conocía aquella sociedad. Quizá el estado funcionaba de tal manera que distintos centros de poder disponían de de diversas áreas de protección. Cuarenta años de dictadura habían creado, como en una película de ciencia ficción, un nuevo país. Los sirios estaban dirigidos por varias organizaciones secretas. Los ministros y los funcionarios importantes sólo servían de tapadera. La gente seguía hablando árabe por la calle, pero no comprendían su lengua, y el ya no entendía la suya. 

Sudeil  Fadei es el nombre verdadero de este escritor, Rafik Sachmí, su seudónimo, significa “amigo de Damasco”, nació en 1946, el mismo año que Siria  se independizó de Francia. Escribe desde los 19 años. Es un escritor muy reconocido en Alemania.

Damasco

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