El último encuentro de Sándor Márai

Historia de una amistad

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Leí hace tiempo “La mujer justa” de Sándor Márai, y me impresionó la forma tan exacta de colocar palabra tras palabra para construir una historia maravillosa, llena de matices y de puntos de vista sobre el tema de ese libro.

Ahora acabo de leerme este otro y me ha vuelto a fascinar esa forma de escribir. No es un libro muy extenso, pero lleno de reflexiones sobre la verdad, la amistad, la infidelidad, temas recurrentes en este escritor.

Henrik y Konrád, se conocen cuando eran jóvenes en la academia donde estudiaban, allí se fragua una gran amistad que duraría en el tiempo hasta que una circunstancia la rompe .

La amistad entre los dos muchachos era tan seria y tan callada como cualquier sentimiento importante que dura toda la vida.  Y como todos los sentimientos grandiosos, también contenían elementos de pudor y de culpa. Uno no puede apropiarse de una persona y alejarla de todos los demás sin tener remordimientos.

Los dos amigos de diferentes capas sociales, Henrik, hijo único de una familia acaudalada, vive en un castillo a los pies de los Cárpatos. Konrád, de familia más humilde pero dedicado a la música, su familia tenía amistad con Chopin. Estos dos amigos, crecen y a pesar de las diferencias, la amistad es una de las claves de esa vida feliz que disfrutan los dos.

Henrik y Konrád, no se permitían broma alguna sobre su relación. Había algo en ella, ternura, seriedad, entrega, algo de fatalidad y todo este resplandor desarmaba hasta a los más bromistas. En toda comunidad humana se tienen celos de este tipo de relaciones. La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada.

Cuarenta años esperó Henrik a Konrád, para que a su vuelta de Oriente, venga a cenar con él y allí, en esa cena hablen sobre las circunstancias que les hicieron perder su amistad.

¿Qué quieres decir con todo eso?, dice Konrad. Me fui, y tenía derecho a hacerlo. Quizás haya tenido además mis razones. Es cierto que me fui muy de repente, sin despedirme. Seguramente pensaste y supiste que no había podido hacer otra cosa, que me sentí obligado a obrar así.

¿Qué no pudiste hacer otra cosa?. Mira a su invitado, con ojos penetrantes, como si el otro fuera un objeto. De eso se trata exactamente. Eso es lo que me ha dado que pensar, desde hace mucho tiempo. Desde hace cuarenta y un años, si no me equivoco.

La cena discurre en el comedor del castillo, donde años antes cenaban amigablemente los dos y la mujer de Henrik, Krisztina. Y allí se desarrolla todo. Henrik quiere saber qué pasó el día que fueron a cazar  los dos amigos, por qué Konrád lo apuntó con su fusil y casi lo mata.

Es lo que siente el leopardo cuando se prepara a saltar, la serpiente cuando se yergue entre las rocas, el cóndor cuando desciende de las alturas, y el hombre cuando contempla su presa. Esto mismo sentiste tú, quizás por primera vez en tu vida, cuando en aquel bosque, en aquel punto de acecho, levantaste el arma y apuntaste para matarme

Esa cena, se desarrolla en casi un monólogo, donde Henrik quiere saber todo lo que pasó, y a través de esas preguntas que va desgranando Enrik, vamos conociendo toda esta historia de engaño, infidelidades, y amores.

Éramos amigos, no compañeros, compinches, ni camaradas. Éramos amigos, y no hay nada en el mundo que pueda compensar una amistad. Ni siquiera una pasión devoradora puede brindar tanta satisfacción como una amistad silenciosa y discreta, para los que tienen la suerte de haber sido tocados por su fuerza.

Enrik pregunta y repregunta pero Konrad escucha y no contesta, que pasó con Krisztina, por qué huyó sin despedirse de nadie,  y por qué ha vuelto cuarenta años después para encontrarse con esos lugares que para él fueron toda su vida.

¿Quieres que leamos el mensaje de Krisztina juntos?… pregunta el general.

No, responde Konrád.

¿No quieres, o no e atreves?

Se miran fijamente durante largos minutos, por encima del diario que el general ofrece a Konrád, sin que sus manos tiemblen.

Con un movimiento lento, arroja el libro a las brasas. Las brasas empiezan a arder, acogen a su víctima, absorben lentamente la materia del cuaderno, y unas pequeñas llamas se alzan entre las cenizas oscuras.

Muy intenso todo, yo aconsejo leer a este escritor, que en algo se parece a Stefan Zweig. Escritor húngaro que nació en 1900 y muere en California en 1989, y como Stefan Zweig, se suicidó.

2 thoughts on “El último encuentro de Sándor Márai

  1. Yo leí primero este libro y después “La mujer justa”, y en ambos me pareció maravillosa la narración del autor.
    Me gusta esa comparación que has hecho con Zweig. Es cierto que su estilo es parecido.
    Un abrazo

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