Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

Historia de un periodista en la época del dictador Salazar en Portugal

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Hace años me regalaron este pequeño libro, y el otro día limpiando mi estantería lo encontré, andaba escondido entre libros más grandes, lo ojeé y  volví a releer algunos párrafos de este precioso libro, que para nada, me dejó indiferente, se ve claramente por la cantidad de subrayados que tengo en sus páginas.

En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte.

Antonio Tabucchi publicó esta joya en 1995 y ese mismo año se hicieron 5 ediciones y al año siguiente otras tantas, se tradujo a más de 20 idiomas, un gran éxito que le valieron varios premios, el Capiello, Vieraggio y el Premio Europeo Jean Monnet.

Se dirigió al café Orquídea, que estaba allí a dos pasos, pasada la carnicería judía, y se sentó en la mesa, pero dentro del local, porque por lo menos tenían ventiladores, visto que fuera no se podía estar a causa del bochorno. Manuel, el camarero le trajo su limonada y precisamente el periódico el Lisboa.

Pereira es un periodista que lleva la sección de cultura del periódico, El Lisboa, en el año 1938, cuando la dictadura de Salazar hacía estragos en el país vecino. Él no quería saber nada de política, era un viejo viudo, que hablaba con la fotografía de su mujer y paseaba por la Lisboa de esos años.

¿En que mundo vivo? Se pregunta. Y se le ocurrió la extravagante idea de que él, quizá, no vivía, si no que era como si estuviese ya muerto. Desde que había muerto su mujer, el vivía como si estuviera muerto. O, más bien, no hacía nada más que pensar en la muerte, en la resurrección de la carne, en la que no creía, y en la tontería de esa clase, la suya era sólo una supervivencia, una ficción de vida.

De la mano de Pereira recorremos Lisboa y paseamos desde el número 66 de la Rua Rodrigo da Fonseca, donde se encuentra la redacción del suplemento, hasta su casa, en la Rua da Saudade. Seguimos recorriendo esa preciosa ciudad por  Avenida Liberdade, con sus hermosos edificios, después un paseo por do Praço y de allí al castillo. Seguimos paseando con Pereira hasta llegar a su café favorito, El Orquídea, un café literario al que acude casi todos los días y donde  un solícito camarero, Manuel, le informa puntualmente de la actualidad, los rumores y los tejemanejes de las autoridades.

Él se puso a pasear tranquilamente por la acera central y en ese momento, sostiene, comenzó a oír la música. Era una música dulce y melancólica, de guitarras de Coimbra y encontró extraña esa conjunción de música y policía. Pensó que venía de la Praca da Alegría, y efectivamente así era, porque a medida que se acercaba, la música aumentaba de volumen. 

Hasta que un día, un joven periodista, Monteiro Rossi , que escribe necrológicas, entra en la vida de este viejo, obsesionado por la muerte y le hará ver a través de sus ojos, todo lo que la ciudad  está viviendo en esos momentos con la férrea dictadura  y la dramática guerra en el país vecino, España.

Ese chico tiene la política metida en la cabeza y  plantea todo desde el punto de vista político, a decir verdad creo que es su novia la que le mete todas esas ideas, ya sabe, fascismo, socialismo, la guerra civil española y cosas parecidas.

Y ahora me ha surgido una duda, ¿y si esos dos chicos tuvieran razón?. Si ellos tuvieran razón, mi vida no tendría sentido, no tendría sentido haber estudiado Letras en Coimbra y haber creído siempre que la literatura era la cosa más importante del mundo.

Sus reflexiones dan un gran giro, cuando conoce a Cardoso, un médico que, además de cuidarle la salud,  le hace reflexionar sobre su vida anclada en el pasado y a tomar conciencia política de la vida. Pereira escribió un artículo contra la represión que estaban sufriendo en Portugal y tuvo que exiliarse.

“Asesinato de un periodista”. Se llamaba Franceso Monteiro Rossi, era de origen italiano y colaboraba en nuestro periódico con artículos y necrológicas. Escribió textos sobre grandes escritores de nuestra época. Era un muchacho alegre, que amaba la vida pero que se le había encargado escribir sobre la muerte, labor a la que no se negó. Y esta noche la muerte ha venido a buscarle…

 

Deliciosa novela, Tabucchi escribe al final que conoció a un periodista y le contó su historia, la historia que acabamos de leer.

Se hizo una película sobre este libro como  protagonista el gran Marcelo Mastroniani.

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