El aljibe de la memoria de Román Serrano López

Historia de una familia en la Guerra civil española

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El otro día, me invitaron a la presentación de este libro, escrito por un amigo que llevaba muchos años rastreando la historia de su familia;como siempre que te enfrentas a leer un libro de un amigo tienes ese sentimiento de duda o de qué me voy a encontrar; en este caso la duda desapareció en las primeras páginas y lo que me encontré fue un emocionante relato de una familia que vivió entre Puertollano y Valencia, que sufrió los rigores de la guerra y los sufrimientos que derivaron en la posguerra.

Contemplar el mismo paisaje que un día vieron mi madre y mis abuelos maternos me llenó de emoción. Aunque no ignoraba que era un deseo irrealizable, tuve la sensación, al encontrarme en el mismo lugar en el que ellos estuvieron un día, de que era posible encontrármelos, romper la infinita frontera de ausencia que nos separa de aquellos que amamos y que hemos perdido para siempre.

Román Serrano,el autor del libro, ha hecho un merecido homenaje a su abuelo, José Antonio López, y a varios tíos que, sin haber hecho nada execrable, como muchos españoles, fueron fusilados sin juicio y sin el perdón que después de ganar una guerra, se esperaba de los ganadores.

Todos sabían que era un hombre comprometido y muchos recordaban su larga trayectoria  de luchador en el seno del movimiento obrero de Puertollano desde los años en los que se  constituyó la Asociación de Mineros “La Precisa” de la que fue uno de los fundadores y miembro de varias juntas, incluso llegó a ser presidente.

Me ha gustado su relato, me ha interesado el devenir de esa familia que intentaba sobrevivir en un pueblo de La Mancha, donde todos se conocían y era casi imposible poder levantar la cabeza con dignidad para poder restituir la maltrecha vida de todos ellos.

De los pocos trabajos que no necesitan recomendaciones, era el de la mina. Esto hizo posible que Tomás, el mayor de los hermanos, volviera al oficio de minero, pero casado y con un hijo pequeño poca era la ayuda económica que podía aportar a su madre y hermanos. A María y Justa, con veinticuatro y diecisiete años, no se les caían los anillos a la hora de trabajar y aprovechaban  cualquier oportunidad que permitiera ganar unas pesetas: en los meses de cosecha iban a recoger chícharos, por lo que pagaban un pan moreno y cinco pesetas a cada una.

Siempre que leo un libro sobre la guerra civil, quedo impresionada por ese terror que se extendió por todos los pueblos, esas acusaciones de unos a otros, por miedo o por venganzas, ese aire irrespirable que se extendía casa a casa y calle a calle. Román lo describe muy bien con una escritura sin odios ni nada que se le parezca, es un relato hurgando en la verdad y en la investigación seria y machacona durante años, y sobre todo en largas charlas con su madre y un tío que le relataron todo lo que pasó en su familia y cómo a edad avanzada tenían claro todos los acontecimientos vividos en esa casa.

Confiábamos en que los vencedores serían justos, pues mi padre y mis hermanos no habían hecho otra cosa que luchar en defensa de la República, pero teniendo en cuenta lo que estaba pasando fue una ingenuidad esperar justicia de los franquistas. Todavía no me explico cómo pudimos creer en sus promesas de paz y perdón.

En mi casa se respiraba un aire triste y melancólico, como si el dolor anidara en cada uno de los rincones. Mi madre una mujer rota, más muerta que viva, que adolecía del mal de las ausencias.

Me lo leí de una tirada, me enteré de hechos acaecidos que no conocía, como la matanza de seminaristas en la estación de Fernán Caballero, me emocioné leyendo la carta de su tío días antes de su ejecución, viví la vida intensa de una ciudad minera y de sus sindicatos, la lucha de las familias por comer o por buscar trabajo en una España gris, llena de odios donde los perdedores sufrieron doblemente.

Desde la cárcel

Suponiendo mi última hora.

Recuerdo

Querida madre y hermanos: os dirijo mis últimas palabras y letras en la agonía de la muerte, que son arrancadas del corazón ya que la inocencia me obliga porque soy inocente del rencor que me lleva a ella. No puedo deciros más porque la pena me ahoga. Así que muero sin culpa, sépalo VD.

Santiago López.

Una historia más, una historia familiar en un pueblo de La Mancha, como tantas y tantas a lo largo de España, esta es más especial porque lo escribe el nieto, Román Serrano que tuvo la curiosidad de preguntar e informarse de los hechos que sufrieron su familia.

Recuérdalo tú  y recuérdalo a otros.

Luis Cernuda

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