Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz

Tenía este libro en casa hacía unos cuantos años, y ahí permanecía, un día lo saqué de la estantería y lo dejé cerca de mi mesa para en cuanto tuviera un rato, empezarlo. Me encanta este escritor tanto por sus libros como por esos mensajes de paz que siempre nos transmite.

Más viejo que el Islam, el cristianismo y el judaísmo, más que cualquier credo o Estado, el fanatismo, dice el escritor israelí Amos Oz, sigue envenenando el mundo. Sí, raro es el día que no nos asalta la noticia de un atentado, ya sea en Palestina, India, Colombia o Irak… Vivimos rodeados por mil fanatismos opuestos, pero idénticos en la base.

Esto lo dice en su libro, Contra el fanatismo.

Nació en Jerusalén en 1939 y allí vivió toda su infancia con sus padres, hasta que marchó a un Kibbutz a los quince años.

La historia que nos cuenta a lo largo de más de 600 páginas, abarca la vida de sus abuelos, tanto de parte de padre como de parte de madre. Amos estuvo siempre rodeado de libros, de escritores, de gente culta y sensible, toda su infancia estuvo cruzada por ese amor a los libros.

Lo único abundante en casa era los libros: había libros de pared a pared, en los pasillos, en la cocina, en la entrada. Miles de libros en cada rincón de la casa.

Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro. aunque se le elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería  olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reikiavik, Valladolid o Vancouver.

Pero esa vida feliz de este único hijo de la pareja formada por su padre, un hombre aficionado al estudio de la filosofía, trabajador en un biblioteca y siempre alegre y vitalista, chocaba con una madre melancólica, siempre metida en un mundo solitario, pero a la vez le enseñó siempre a contar cuentos e historias y le enseñaba a amar los libros y las palabras.

Una vez, cuando tenía siete u ocho años, mientra íbamos sentados en la última fila del autobús, mi madre me dijo que es cierto que los libros pueden cambiar con los años, igual que las personas cambian con el tiempo, pero que la diferencia pero que la diferencia está en que las personas al final te abandonan a tu suerte, mientras que los libros jamás te abandonan. Tú los abandonas a ellos a veces, pero ellos, los libros aunque los hayas traicionado, jamas  te dan la espalda, durante años te esperan en la estantería.

Esta vida llena de cultura por todos los rincones de la casa se rompe con el final del mandato  británico y la creación de dos estados nuevos, uno judío y otro árabe. Tiempos de incertidumbres, las bombas, la muerte y el desasosiego llena la pequeña casa donde vive la familia. Refugiados que pernoctan por todos sitios, la escasez de alimentos y el racionamiento, llenan los días de la juventud de Amos.

Mi madre, mi padre y yo, dormíamos durante los meses del asedio en un colchón al final del pasillo. A cada rato, con la caída de las bombas, temblaba toda la montaña y con ella se estremecía los edificios de piedra. Mi madre me abrazaba apoyando su cabeza en mi pecho. Esa noche por primera vez, que también yo moriría. Que todos moriríamos. Y nada en el mundo , ni siquiera mi madre, podría salvarme.

Pero lo más dramático que marcará al joven es la enfermedad de su madre, que día a día se va aislando de la vida de todos ellos, de ese mutismo que la llevó durante años a pasar los días en silencio y las noches eternas de insomnio. Algo que, en el libro lo va contando con amor a su madre y el no entender porque los dejaba. Verdaderamente esas páginas están llenas de dulzura, de dolor, de incomprensión, de odio, de todos los sentimientos que un joven de doce años puede sentir ante una madre ausente.

Por las noches, mi padre seguía atento a que la luz de mi habitación se apagara a las nueve en punto. Luego entraba de puntillas en la otra habitación y cubría con un chal los hombros de mi madre, pues el otoño ya estaba en las puertas y las noches empezaban a ser frescas, se sentaba a su lado, le cogía la mano fría con su mano siempre caliente e intentaba despertarla para charlar al menos un rato. Como el príncipe azul de los cuentos intentaba, mi cansado padre, despertar a la bella durmiente. Pero aunque la besara no conseguía despertarla: el hechizo de la manzana no desaparecía. o el beso no era verdadero. o ella, en sus sueños, no esperaba a un charlatán con gafas de intelectual bromeando sin descanso, sino a un príncipe totalmente distinto.

Una biografía completa de su familia, de judíos en la segunda Guerra Mundial, de conflictos políticos, pero sobre todo del amor a los libros y de la desgarradora historia de la muerte de su madre.

Me ha gustado mucho, me ha costado leerla bastante tiempo, pues la escritura de Amos Oz es prolija, detallista, llena de anotaciones de libros, de poesía, en fin un libro para no olvidar.

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