OTRA VIDA POR VIVIR. THEODOR KALLIFATIDES

Otra vida por vivir

Ha sido un bonito regalo que me ha hecho una amiga, y una bonita sorpresa leer este libro. Pequeño de tamaño y grande en sus reflexiones, nada pomposas y si muy creíbles, además de todo esto, me gusta descubrir nuevos escritores y este ha sido toda una novedad.

THEODOR KALLIFATIDES, griego de nacimiento, afincado en Suecia hace cincuenta años, escribe en sueco, su vida está planteada en ese país. Cuando cumple setenta y cinco años empieza una reflexión sobre la vida; deja su pequeño estudio donde se refugiaba a escribir y con horas libre, tiene tiempo de pasear, de reflexionar y de darse cuenta de mucha cosas que antes no veía.

También yo lo sentí. Lo que quiero decir que, tras haber superado grandes escollos, escribía en sueco como había escrito en griego desde el principio. Simplemente había conseguido seguir el consejo de mi padre: “ No te olvides de quien eres”.

“ Esto no es, por supuesto, del todo verdad. Nadie atraviesa un ancho río sin mojarse los pies, como decían los antiguos. Yo había recibido influjos e influencias, mis opiniones y mis convicciones habían variado, lo que a decir de Nietzsche es un derecho de todo ser humano.

Su pensamiento se dirige mucho a Grecia, es la época de la gran crisis económica que sufrimos en Europa fuertemente y él quiere hacer un viaje a su país. Quiere pasear, ver a sus familiares y constatar cómo están pasando los griegos esa crisis. Él y su mujer hacen las maletas y se marchan.

La Acropolis

A veces, en el momento de decir o hacer algo, me he sorprendido deseoso de tener un espejo para ver si lo que he dicho o hecho es correcto. Quizá finalmente ese sí sea el precio más alto de la emigración. Está siempre ahí. Pero te coge desprevenido, te alcanza como una bala perdida. En cualquier momento. Puede ser cuando te inclinas a besar a tu hijo, o cuando estás tendiendo tu cama y de pronto te llega el susurro de las moreras de la plaza Gyzi en Atenas.

La emigración es un tema recurrente y sus pensamientos van por la pérdida de la identidad.

La emigración es una especie de suicidio parcial. No mueres, pero muchas cosas mueren dentro de ti. Entre otras cosas tu lengua.

Por eso me siento más orgulloso de no haber perdido mi griego, después de haber vivido cincuenta y cinco años en Suecia, que de haber aprendido el sueco tan bien como lo he aprendido. Lo segundo fue obra de la necesidad, pero lo primero es un acto de amor. Una victoria contra el olvido y la indiferencia.”

Su estancia en Grecia observando cómo si fuera extranjero en su propia tierra, después de hablar con gente y de ver los estragos de la crisis económica que estaba dejando a media Europa y a Grecia al límite, llegó al hotel y su mujer le preguntó de donde venía, él le contestó, “ Aprendiendo que la gente no se rinde”.

El olvido, la nostalgia, la lengua propia que siempre están ahí, la adaptación a una nueva vida, pero siempre presente tu país, lejos de donde vives, la familia, el lenguaje, las palabras. De todo esto habla sencillamente Theodor Kallifatides.

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