DÍA DE LAS LIBRERÍAS

11 de noviembre

Josefina leyendo. Antonio López

Recuerdo que en mi pueblo no había librerías cuando yo era una niña, de eso hace muchos años. Nos surtíamos de cuentos y TBOs en un pequeño quiosco que había en la plaza, allí acudíamos los niños y las niñas con un montón de cuentos y los cambiábamos por otros, igual de viejos, y por una pequeña cantidad de dinero.

Pasaron unos años y en el parque construyeron una pequeña biblioteca. Fuimos mi madre y yo, ella también era una gran lectora, y al entrar solamente vi muchos libros en una sala, ese día me llevé uno que me llamó la atención por su título, «Viento del este, viento del oeste», de Pearl S. Buck. Ese libro me llevó a tierras lejanas, costumbres que, para mí, eran aún más extrañas, no olvidé esa historia en muchos años. Ahora, que lo he vuelto a comprar y a leérmelo, sigue fascinándome.

Los libros han sido en mi vida algo fundamental, compañeros en viajes, en momentos de soledad, en momentos difíciles, en momento alegres, en las esperas del Centro de Salud, en los viajes en tren o en avión, en cualquier momento han sido y siguen siendo una buena compañía.

Con mis nietos, Frida, Valentina y Darío. Feria del libro. Madrid

Cuando viajo a cualquier lugar me encanta visitar librerías, es algo que siempre va dentro del recorrido turístico que hago.

En México, que tantas y tantas librerías tienen a cual más bonitas, me dediqué con mis amigas a visitar algunas de ellas. Recuerdo la librería El árbol, llena de encanto y libros. Otro día visitamos la librería Porrúa en el parque Chapultepec, con una bonita terraza a un lago, donde puedes disfrutar un buen batido de frutas y comprar libros. Y no puedo olvidar en mi primer viaje a México la librería Gandi, allí compré el libro de Héctor Abad Faciolince, «El olvido que seremos».

Librería El Árbol, México DF

En un viaje que hice con mi hermana Ana a París, yo me había leído el libro de Ernest Hemingway, «París era una fiesta» y con ese libro debajo del brazo recorrimos por el barrio latino lugares que Hemingway y sus compañeros visitaban; entre esos lugares había una librería que la regentaba una mujer americana, Sylvia Beach, en la primera quincena del siglo pasado, se llamaba «Shakespeare and Company», no la encontramos en la calle Odeón, pero encontramos otra librería con el mismo nombre en una placita al lado de la Catedral de Notre Dame,

Librería en París

Librerías míticas a lo largo y ancho del mundo, y otras veces librerías de viejo o pequeñas librerías que te encuentras en cualquier barrio y que despiertan mi curiosidad, es como un imán para mí, no puedo pasar a una librería sin comprarme algún libro.

Hace muchos años vivimos en Argentina, en una ciudad del norte, Santiago del Estero. Allí vivimos durante tres años y para sentirnos en casa y ubicarnos en nuestra nueva vida; íbamos a una librería, que ahora no recuerdo su nombre, creo que estaba en la calle Libertad, y allí íbamos mis hijos y yo a comprar los cuentos y libros que nos hacían falta. También visitaba la Biblioteca que estaba a unas cuadras de mi domicilio, Bibloteca 9 de Julio, regentada por una mujer, Clara, que con el paso del tiempo nos hicimos amigas, ella era una estudiosa del Quijote, libro que yo le regalé.

Biblioteca 9 de Julio, Santiago del Estero. Argentina

Así voy recordando esos lugares que han conformado mi vida, me han llenado de bonitos recuerdos que a lo largo de los años no olvido.

En mi tierra, La Mancha, me encanta visitar una pequeña biblioteca, en El Toboso, cuna del gran amor de D. Quijote. Allí se guardan cientos de «Quijotes» en todas las lenguas, en todos los tamaños, y firmados por mandatarios de todo el mundo. Es verdaderamente un tesoro recorrer sus pequeñas salas y que la bibliotecaria te vaya contando detalles y curiosidades que guardan entre estas paredes.

Biblioteca de «El Toboso»

Sería interminable contar las bibliotecas, las librerías que he recorrido, pero no puedo dejar de nombrar una muy especial; fue en un viaje que hice con unas amigas a Oporto y no podíamos dejar de visitar la preciosa librería Lello, estaba en obras y había colas interminables, pero un día antes de marcharnos volvimos y pudimos pasar, es una leyenda esa librería, pequeña, pero llena de encanto. Tenía una frase escrita en la fachada que me llamó la atención, decía así: Tanto que leer, y tan poca vida», estoy de acuerdo.

Librería Lello, Oporto. Portugal

Y termino con mis visitas a Madrid y sus librerías. Con mis nietas Frida y Valentina, nos gusta ir a la feria del libro, pasear el Retiro y acompañarlas a comprar sus libros preferidos; a ultima hora y ya cansadas bajar por la Cuesta de Moyano y revisar esas mesas llenas de libros, es el final de un día precioso. También nos encanta pasarnos por una librería en la plaza de Callao, La Central, sentarnos a disfrutar de un té y pasear esa casa antigua, comprando novedades.

Me dejo muchos recuerdos de estos lugares que tanto me gustan y que recorro en cuanto puedo. En mi ciudad lo hago muy a menudo, compro libros, para mis hijos, para mí, para mis nietos, y para mis amigos, es el mejor regalo que puedo hacer.

Un comentario sobre “DÍA DE LAS LIBRERÍAS

  1. Con los libros bajo el brazo tus palabras nos llevan a encontrar los reinos del saber, del palpitar con humanas historias, del descubrir la.poesia que habita en las palabras, del gozo de casi poseer el mundo. Gracias por tu entusiasmo y amor a nuestros amigos, los libros.

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