Felices Fiestas y buenas lecturas

Lista de libros

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Cada año, cuando llegan estas fechas, me gusta poner una lista de libros leídos últimamente o hace tiempo, esos forman parte de mis libros preferidos.

Son tiempos de regalos, de encuentros familiares, de excesos en comidas y bebidas, para mí un poco exagerado, pero las fiestas son las fiestas y yo voy a daros un listado de libros que, creo, no os van a decepcionar. Y entre tanto barullo, un buen libro cambia el jaleo por el recogimiento y el disfrute de una buena lectura.

Libros recomendados para este nuevo año

 

Los pacientes del Doctor García de Almudena Grandes

Patría de Fernando Uramburu

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

El último encuentro de Sándor Marai

Tú no eres como otras madres de Amgelika Schrobsdorff

Viento del Este, viento del Oeste de Pearl S. Buck

Distintas formas de mirar el agua de  Julio Llamazares

Último tango de Savador Allende de Roberto Ampuero

Sidra con Rosie de Laurien Lee

Una letra femenina azul pálido de Franz Werfel

Paseos por Londres de Virginia Woolf

Mis Viajes con Herodoto de Ryzard Zapuscinski

 

Los pacientes del doctor García, Almudena Grandes

Nuevo episodio de la Guerra Civil española

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Creo que este es el tercer libro que me leo de esta serie que, sobre la Guerra Civil, está tejiendo Almudena Grandes. Me encanta como escribe, y me encanta lo que nos cuenta. Cada uno de estos libros te abre una puerta a historias relacionadas con nuestra contienda, pero siempre desde un punto de vista muy cotidiano, familias, parientes que dejan de verse y luego se reencuentran, momentos muy importantes que sucedieron en esos años; en fin un mosaico muy interesante y tan amplio que cada libro es un episodio a descubrir.

Y aquí sobre todo, con Ángel Viñas, a quien me atrevo a llamar mi maestro, aunque nunca haya sido su alumna, hasta tal punto soy deudora de su monumental obra sobre la diplomacia republicana, las implicaciones internacionales de la presidencia de Negrín y la labor de Pablo Azcárate ante el Comité  de Londres.

En esta novela, de más de mil páginas, el tema central es  la red que se organiza en Madrid para ayudar a los criminales del Tercer Reich, en la Segunda Guerra Mundial, a salir de Alemania. En Madrid la gran organizadora fue, Clara Stauffer, una española-alemana, muy cercana a Pilar Primo de Rivera.

El régimen franquista jamás reconoció oficialmente su relación con la obra de Clara, quien por supuesto tampoco hizo público, en ningún momento, documento alguno relacionado con su misión. La clandestinidad  en la que su red permanece hasta hoy incrementa el mérito de los autores que le han estudiado.

El Doctor  Guillermo García, es médico en Madrid en el momento que la capital de España está sitiada por las tropas de Franco, él aprendió de un médico a hacer transfusiones de sangre y lo practica con los heridos de guerra, salvando así la vida de muchos soldados, entre ellos, un diplomático republicano llamado Manuel Arroyo.

Manuel Arroyo Benítez ya había visto demasiadas lágrimas temblando en los ojos de los asesinos de la República Española. Había escuchado demasiad palabras de amor y promesas fervientes y solemnes compromisos que al cabo no habían resultado más que las reglas de un juego cruel, etapas progresivamente dolorosas de una interminable impostura.

Guillermo García y Manuel Arroyo, se hacen amigos y serán el hilo conductor de esta intensa historia, que al final se transforma en un thriller emocionante, a la vez que el lector va descubriendo esa red de apoyo a los criminales más terribles, con dinero, documentos falsos, y todo lo que necesitaban en esa España, donde los perdedores de nuestra guerra pasaban calamidades tremendas, y estos nazis disfrutaban de la alta sociedad de la capital.

Rodolfo Freude no sólo era el hombre más poderoso y el gran protector de la nazis y colaboracionistas que llegaban al país a través del SARE. Era además, un anfitrión espléndido y por eso, aunque Manuel Arroyo Benítez procuraba coincidir con él lo menos posible, Adrián Gallardo no pudo negarle a Clara ese favor.

El doctor, Guillermo García tiene que ocultarse para no ser fusilado, su amigo Manuel Arroyo le ayuda con una identidad falsa, para poder seguir trabajando en cualquier sitio y por la noche ayudando a enfermos. Hasta que un día Manuel le propone infiltrarse en esa red madrileña para saber todo lo que se cuece en la gran evasión de nazis hacia Buenos Aires.

A las once de la noche, Madrid  era una ciudad desierta, con todas las luces apagadas, todas las ventanas cerradas y todas las persianas echadas. En diciembre del 37, ningún visitante de buena voluntad llamaba a la puerta a esas horas para pedir un poco de sal o invitarse  a la última copa. La noche era  el territorio de los enemigos. 

Impresionante lectura, difícil de resumir, como siempre Almudena Grandes no se queda en medias tintas; nombres, direcciones, gente implicada en ese asunto tan turbio, que el franquismo, la iglesia y el Estado estuvieron involucrados para salvar a los nazis más criminales del Tercer Reich.

En el año 1938, Hans Lazar se acredita ante el gobierno de Burgos como corresponsal de la agencia de noticias Transocean, fundada pocos años antes para propagar los ideales de la nueva Alemania en España y Latinoamérica. Tras la victoria de Franco, ocupa el cargo de prensa de la embajada, en la que, a juzgar por los comentarios que circulan por la ciudad, pronto llega a tener más poder que el propio Embajador. 

Si interesante es este episodio, no menos es lo que nos regala Almudena de como fue hilando y buscando información sobre toda esta gente que formaban la red de ayuda a los nazis, y sus conexiones con la Argentina de Perón.

Siempre estaré en deuda con los historiadores españoles que han devuelto a nuestro país a la normalidad al reescribir el relato de la guerra y de la dictadura franquista desde una perspectiva rigurosamente democrática, porque sin ellos jamás habría podido avanzar.

 

 

Patria de Fernando Uramburu

Relato sobre los cuarenta años de ETA

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Cuando un libro es tan alabado, siempre espero algo de tiempo para atreverme a leerlo. Me lo recomendaron por todos lados y ya este verano me puse a ello. Tengo que decir que no me decepcionó nada, me gustó la forma sencilla en que Uramburu nos cuenta esta tremenda historia. Sencillez en todo el relato, cosa que no debe ser fácil pues nos cuenta nada más ni nada menos que cuarenta años de ETA, resumido en un pequeño pueblo y en dos familias.

A Bittori le han matado a su marido Txato y busca respuestas a esa muerte que no encuentra. Así empieza esta historia que realmente terminará sin respuestas, el terrorismo es lo que tiene, que no es comprensible para nadie, menos para los que sufren esa lacra.

Bittori y su marido viven en un pequeño pueblo cerca de San Sebastián, allí vive con su familia, una vida tranquila, donde conviven con sus vecinos, visitan la iglesia, los bares del pueblo, son unos buenos vecinos; su marido, Txato, que tiene una pequeña empresa de transporte, forma parte del club de ciclistas del pueblo.

La otra familia vecina e íntimos amigos de toda la vida, Miren y Joxian. Ellas una tarde a la semana se iban a San Sebastián a pasar la tarde, ellos compartían el ciclismo como deporte, los hijos se conocían desde siempre, la vida cotidiana de un pueblo, rota de vez en cuando por las manifestaciones a favor de ETA en la plaza. Quien no se dejaba ver por esas manifestaciones era fichado, así que todo el mundo acudía a ellas.

El día en que ETA anunció el abandono de las armas, Bittori se dirigió al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txaso, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿ Podrá convivir con quienes le acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia?

La iglesia también fichaba a la gente cuando no iban al entierro de un etarra, el cura tenía buen conocimiento de todos los vecinos y vecinas. Y por último las tabernas, también hacían su labor. Osea que se vivía observados y en los pueblos pequeños era muy fácil que eso se convirtiera en un ambiente asfixiante.

Esta vida cotidiana se rompe cuando el hijo de su amiga Miren, Joxe Mari, desaparece y nadie sabe donde está, aunque se supone que anda por el monte y luchando por la “patria”, pero de eso no se habla. Su madre lo disculpa y lo apoya, en una palabra, entiende que su hijo luche porque Euskal Herria sea libre.

¿ Y Miren? Pues verás, ahora que me lo preguntas, te diré lo que pienso. En el fondo, y que me perdone el Txato, la comprendo. Comprendo su transformación, aunque no la apruebo. Entre la merienda aquella en la cafetería de la Avenida y la siguiente en la churrería de la Parte Vieja, mi amiga Miren cambió. De repente era otra persona. En una palabra, había tomado partido por su hijo. No tengo la menor duda de que se fanatizó por instinto materno.

Y empiezan las pintadas en el pueblo, contra Txato, al principio Bittori las tapa, pero cada vez son más grandes y más insultantes. Txato paga religiosamente su cuota que le exigen desde ETA, sin rechistar, no quiere problemas, hasta que la extorsión es grande y no puede ni quiere hacer esos pagos.

Una figura joven, ágil, borrosa, surgió de entro dos coches aparcados junto a la acera de enfrente. La  capucha impidió al Txato verle los ojos. Venía hacia él, pero no directamente. ¿Quién? Un individuo de algo más de veinte años, algún chaval del pueblo que se protegía del chaparrón agachando la cara. De un salto alcanzó la acera por detrás de Txato. El Txato siguió su camino y ya le faltaba poco para llegar a la esquina.

Entonces, a su espalda, muy cerca sonó el disparo.

Y después otro

Y otro

Y otro

Una tarde lluviosa, saliendo de su casa, se encuentra con Joxe Mari y le dispara. La vida de toda la familia cambia, se van del pueblo y al cabo de un año, Bittori quiere volver a su casa, y eso es un calvario para ella, nadie la saluda, no la miran, nadie se atreve a hablar con la mujer de un asesinado por ETA.

Salía hasta la calle el típico rumor de voces punteado por  por alguna que otra risotada. ¿Entro o no entro? Entró. Al punto se hizo el silencio. Habría como una docena de clientes. No los contó. Se callaron todos a una, desviando la mirada ¿hacia dónde? Pues hacia donde no estaba ella. Y el chaval que pasaba el trapo entre los platillos  de los pinchos tampoco miraba. Un silencio ¿agresivo, hostil? No, más bien de interrogación, de extrañeza.

En medio de todo esto están los hijos e hijas de las dos familias, cada uno con su visión sobre este tema que tanto les duele y que de alguna manera marca sus vidas.

Ahora todo es hablar del proceso de paz y de que hay que pedir perdón a las víctimas. Perdón ni leches. ¿O es que nosotros no somos víctimas? Cada vez contamos menos, nos han dejado solos. Y si abres la boca, vienen y te llevan por apología del terrorismo.

Tumbado en la cama Joxe Mari miraba el trozo de cielo comprendido en el cuadro de la ventana. Cielo azul de atardecer. Noto que me hundo. Horrible perspectiva: morir aquí de cáncer, sin volver nunca más al pueblo

Muy recomendable, una gran novela sobre un momento en el País Vasco que toda España vivió durante mas de cuarenta años.

 

 

Otro verano en casa de la abuela, 2017

Veranos en casa de la abuela

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Otro verano más disfrutando de mi familia y viendo crecer a mis nietos, todo un lujo que disfruto a lo largo de estos meses con todos ellos.

Un verano caluroso, muy, pero que muy caluroso, empezó temprano, ya en mayo sufrimos olas de calor y así ha seguido sin darnos tregua; en  estos meses no hemos visto ni una nube, ni una gota de lluvia, solamente un calor insufrible. Hoy ya mitad de septiembre, tengo que decir, que parece, que el tiempo baja sus humos y los termómetros bajan sus temperaturas, ¡menos mal! porque ya estábamos bastante preocupados con la sequía, en algunos lugares, o los ciclones que azotan las costas de EE.UU, de India o de cualquier lugar del mundo, pienso que la naturaleza nos está mandando mensajes a un mundo de oídos sordos.

Y el verano se paralizó, porque se nos heló la sangre, con el atentado en Las Ramblas de Barcelona, ese día, tantas preguntas sin respuestas, tanto dolor causado en unos minutos, tanta gente joven con tanto odio, en fin, el verano parece que se oscureció a partir de esa noticia.

Pero como la vida sigue, y así debe ser, en mi casa empezaba a ir y venir mi familia y como la vida tiene estos momentos terribles también tiene otros momentos maravillosos; mi hija María espera su segundo hijo, Darío, que nacerá en el mes de octubre, así que ha pasado varios días por casa, donde ha descansado y ha disfrutado con su familia del patio y de la piscina.

Cuando se juntas los primos y así ha sido en algunos momentos de este verano, es lo mejor, porque ellos se reencuentran y los días no tienen horas para jugar, disfrazarse, inventar y sobre todo pasar horas en la piscina.

Frida se pasó por aquí una semana, ella sola, que es lo que más le gusta, así podemos hacer las dos lo que queremos; por las mañanas aprovechábamos para irnos al centro y ver tiendas, en esta época del año hay muchas rebajas y se puede comprar a buen precio, ir a tomar un helado o aprovechar para ir al cine, así hemos pasado estos días y por la tarde en la piscina. Siempre aprovechamos esos ratos para leer, este año yo le dejé “Juan Salvador Gaviota”.

Arturo, el hermano de Frida se vino este año por primera vez, solo a pasar una semana conmigo; la verdad es que se portó muy bien y como compartió unos días con su prima Valentina, lo pasaron genial. Una de las cosas que les gustan a todos ellos es que les compre unos sobres sorpresas que venden en los quioscos, no es nada especial, pero a ellos abrir esos sobres les parece fascinante, así que una mañana con un sol de justicia sobre nuestras cabezas, nos fuimos de quioscos, al paso de los riegos en los jardines se iban refrescando hasta quedar empapados, así el paseo fue más llevadero.

Los fines de semana coincidimos todos, varias veces, esos días son de un jaleo extraordinario, pero Fátima que nos organiza fenomenal, y sus hermanas son las encargadas de que todo funcione. Es raro coincidir todos, así que cuando eso pasa, los primos conviven y los hermanos se reencuentran.

Va pasando el mes de julio y ya todos se van de vacaciones a diferentes lugares, hasta que a mitad de agosto vuelve María y su familia, unos días más para descansar y disfrutar de esta ciudad pequeña, donde parte de sus vidas transcurrieron aquí, se ven con amigos y disfrutan de una vida sin ajetreos. Como empezaba la feria, una noche nos fuimos a disfrutar con Valentina, ella era la primera vez que iba ¡y como lo disfrutó! y nosotros con ella, se montó en los cacharritos, todo le gustaba, ya al finalizar la noche le compré una barita mágica llena de luces,me recordaba cuando yo y mis hermanas éramos pequeñas y mis padres nos llevaban a la feria, ¡qué recuerdos!

Así, entre calores, y diversión la vida pasa en mi casa, nunca somos ajenos al dolor que sabemos y sentimos que nos rodea, pero los niños son la magia de esta vida y yo quiero disfrutarla año a año. 

Finalmente nos fuimos todos a Madrid, mi nieto Leo se marcha a Canadá todo este curso y su padre y Sonia le hicieron una fiesta sorpresa con sus amigos y su familia; está tan mayor… él fue el primero que vino a pasar unos días en el verano a mi casa, aquí aprendió a nadar, hizo amigos y amigas, jugaban todo el día en el patio y disfrutaba enormemente esos  días en casa de la abuela, ahora ya se marcha a vivir una gran experiencia, un año entero fuera de su familia, realmente una gran aventura.

Y como siempre, cuando estamos en Madrid aprovechamos para hacer algo, no nos dio mucho tiempo, pero antes de coger el tren de vuelta a casa, nos fuimos a pasear al Retiro, un paseo estupendo con buenas temperaturas y disfrutando de esos jardines preciosos.

Y ya de vuelta a casa, ahora sí parece que el verano termina, cada uno de mis nietos se preparan para el colegio y de nuevo a empezar un nuevo curso lleno de novedades para todos ellos. Yo espero hasta el verano que viene para revivir estos momentos familiares y veraniegos.

El aljibe de la memoria de Román Serrano López

Historia de una familia en la Guerra civil española

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El otro día, me invitaron a la presentación de este libro, escrito por un amigo que llevaba muchos años rastreando la historia de su familia;como siempre que te enfrentas a leer un libro de un amigo tienes ese sentimiento de duda o de qué me voy a encontrar; en este caso la duda desapareció en las primeras páginas y lo que me encontré fue un emocionante relato de una familia que vivió entre Puertollano y Valencia, que sufrió los rigores de la guerra y los sufrimientos que derivaron en la posguerra.

Contemplar el mismo paisaje que un día vieron mi madre y mis abuelos maternos me llenó de emoción. Aunque no ignoraba que era un deseo irrealizable, tuve la sensación, al encontrarme en el mismo lugar en el que ellos estuvieron un día, de que era posible encontrármelos, romper la infinita frontera de ausencia que nos separa de aquellos que amamos y que hemos perdido para siempre.

Román Serrano,el autor del libro, ha hecho un merecido homenaje a su abuelo, José Antonio López, y a varios tíos que, sin haber hecho nada execrable, como muchos españoles, fueron fusilados sin juicio y sin el perdón que después de ganar una guerra, se esperaba de los ganadores.

Todos sabían que era un hombre comprometido y muchos recordaban su larga trayectoria  de luchador en el seno del movimiento obrero de Puertollano desde los años en los que se  constituyó la Asociación de Mineros “La Precisa” de la que fue uno de los fundadores y miembro de varias juntas, incluso llegó a ser presidente.

Me ha gustado su relato, me ha interesado el devenir de esa familia que intentaba sobrevivir en un pueblo de La Mancha, donde todos se conocían y era casi imposible poder levantar la cabeza con dignidad para poder restituir la maltrecha vida de todos ellos.

De los pocos trabajos que no necesitan recomendaciones, era el de la mina. Esto hizo posible que Tomás, el mayor de los hermanos, volviera al oficio de minero, pero casado y con un hijo pequeño poca era la ayuda económica que podía aportar a su madre y hermanos. A María y Justa, con veinticuatro y diecisiete años, no se les caían los anillos a la hora de trabajar y aprovechaban  cualquier oportunidad que permitiera ganar unas pesetas: en los meses de cosecha iban a recoger chícharos, por lo que pagaban un pan moreno y cinco pesetas a cada una.

Siempre que leo un libro sobre la guerra civil, quedo impresionada por ese terror que se extendió por todos los pueblos, esas acusaciones de unos a otros, por miedo o por venganzas, ese aire irrespirable que se extendía casa a casa y calle a calle. Román lo describe muy bien con una escritura sin odios ni nada que se le parezca, es un relato hurgando en la verdad y en la investigación seria y machacona durante años, y sobre todo en largas charlas con su madre y un tío que le relataron todo lo que pasó en su familia y cómo a edad avanzada tenían claro todos los acontecimientos vividos en esa casa.

Confiábamos en que los vencedores serían justos, pues mi padre y mis hermanos no habían hecho otra cosa que luchar en defensa de la República, pero teniendo en cuenta lo que estaba pasando fue una ingenuidad esperar justicia de los franquistas. Todavía no me explico cómo pudimos creer en sus promesas de paz y perdón.

En mi casa se respiraba un aire triste y melancólico, como si el dolor anidara en cada uno de los rincones. Mi madre una mujer rota, más muerta que viva, que adolecía del mal de las ausencias.

Me lo leí de una tirada, me enteré de hechos acaecidos que no conocía, como la matanza de seminaristas en la estación de Fernán Caballero, me emocioné leyendo la carta de su tío días antes de su ejecución, viví la vida intensa de una ciudad minera y de sus sindicatos, la lucha de las familias por comer o por buscar trabajo en una España gris, llena de odios donde los perdedores sufrieron doblemente.

Desde la cárcel

Suponiendo mi última hora.

Recuerdo

Querida madre y hermanos: os dirijo mis últimas palabras y letras en la agonía de la muerte, que son arrancadas del corazón ya que la inocencia me obliga porque soy inocente del rencor que me lleva a ella. No puedo deciros más porque la pena me ahoga. Así que muero sin culpa, sépalo VD.

Santiago López.

Una historia más, una historia familiar en un pueblo de La Mancha, como tantas y tantas a lo largo de España, esta es más especial porque lo escribe el nieto, Román Serrano que tuvo la curiosidad de preguntar e informarse de los hechos que sufrieron su familia.

Recuérdalo tú  y recuérdalo a otros.

Luis Cernuda

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

Historia de un periodista en la época del dictador Salazar en Portugal

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Hace años me regalaron este pequeño libro, y el otro día limpiando mi estantería lo encontré, andaba escondido entre libros más grandes, lo ojeé y  volví a releer algunos párrafos de este precioso libro, que para nada, me dejó indiferente, se ve claramente por la cantidad de subrayados que tengo en sus páginas.

En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte.

Antonio Tabucchi publicó esta joya en 1995 y ese mismo año se hicieron 5 ediciones y al año siguiente otras tantas, se tradujo a más de 20 idiomas, un gran éxito que le valieron varios premios, el Capiello, Vieraggio y el Premio Europeo Jean Monnet.

Se dirigió al café Orquídea, que estaba allí a dos pasos, pasada la carnicería judía, y se sentó en la mesa, pero dentro del local, porque por lo menos tenían ventiladores, visto que fuera no se podía estar a causa del bochorno. Manuel, el camarero le trajo su limonada y precisamente el periódico el Lisboa.

Pereira es un periodista que lleva la sección de cultura del periódico, El Lisboa, en el año 1938, cuando la dictadura de Salazar hacía estragos en el país vecino. Él no quería saber nada de política, era un viejo viudo, que hablaba con la fotografía de su mujer y paseaba por la Lisboa de esos años.

¿En que mundo vivo? Se pregunta. Y se le ocurrió la extravagante idea de que él, quizá, no vivía, si no que era como si estuviese ya muerto. Desde que había muerto su mujer, el vivía como si estuviera muerto. O, más bien, no hacía nada más que pensar en la muerte, en la resurrección de la carne, en la que no creía, y en la tontería de esa clase, la suya era sólo una supervivencia, una ficción de vida.

De la mano de Pereira recorremos Lisboa y paseamos desde el número 66 de la Rua Rodrigo da Fonseca, donde se encuentra la redacción del suplemento, hasta su casa, en la Rua da Saudade. Seguimos recorriendo esa preciosa ciudad por  Avenida Liberdade, con sus hermosos edificios, después un paseo por do Praço y de allí al castillo. Seguimos paseando con Pereira hasta llegar a su café favorito, El Orquídea, un café literario al que acude casi todos los días y donde  un solícito camarero, Manuel, le informa puntualmente de la actualidad, los rumores y los tejemanejes de las autoridades.

Él se puso a pasear tranquilamente por la acera central y en ese momento, sostiene, comenzó a oír la música. Era una música dulce y melancólica, de guitarras de Coimbra y encontró extraña esa conjunción de música y policía. Pensó que venía de la Praca da Alegría, y efectivamente así era, porque a medida que se acercaba, la música aumentaba de volumen. 

Hasta que un día, un joven periodista, Monteiro Rossi , que escribe necrológicas, entra en la vida de este viejo, obsesionado por la muerte y le hará ver a través de sus ojos, todo lo que la ciudad  está viviendo en esos momentos con la férrea dictadura  y la dramática guerra en el país vecino, España.

Ese chico tiene la política metida en la cabeza y  plantea todo desde el punto de vista político, a decir verdad creo que es su novia la que le mete todas esas ideas, ya sabe, fascismo, socialismo, la guerra civil española y cosas parecidas.

Y ahora me ha surgido una duda, ¿y si esos dos chicos tuvieran razón?. Si ellos tuvieran razón, mi vida no tendría sentido, no tendría sentido haber estudiado Letras en Coimbra y haber creído siempre que la literatura era la cosa más importante del mundo.

Sus reflexiones dan un gran giro, cuando conoce a Cardoso, un médico que, además de cuidarle la salud,  le hace reflexionar sobre su vida anclada en el pasado y a tomar conciencia política de la vida. Pereira escribió un artículo contra la represión que estaban sufriendo en Portugal y tuvo que exiliarse.

“Asesinato de un periodista”. Se llamaba Franceso Monteiro Rossi, era de origen italiano y colaboraba en nuestro periódico con artículos y necrológicas. Escribió textos sobre grandes escritores de nuestra época. Era un muchacho alegre, que amaba la vida pero que se le había encargado escribir sobre la muerte, labor a la que no se negó. Y esta noche la muerte ha venido a buscarle…

 

Deliciosa novela, Tabucchi escribe al final que conoció a un periodista y le contó su historia, la historia que acabamos de leer.

Se hizo una película sobre este libro como  protagonista el gran Marcelo Mastroniani.

El último encuentro de Sándor Márai

Historia de una amistad

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Leí hace tiempo “La mujer justa” de Sándor Márai, y me impresionó la forma tan exacta de colocar palabra tras palabra para construir una historia maravillosa, llena de matices y de puntos de vista sobre el tema de ese libro.

Ahora acabo de leerme este otro y me ha vuelto a fascinar esa forma de escribir. No es un libro muy extenso, pero lleno de reflexiones sobre la verdad, la amistad, la infidelidad, temas recurrentes en este escritor.

Henrik y Konrád, se conocen cuando eran jóvenes en la academia donde estudiaban, allí se fragua una gran amistad que duraría en el tiempo hasta que una circunstancia la rompe .

La amistad entre los dos muchachos era tan seria y tan callada como cualquier sentimiento importante que dura toda la vida.  Y como todos los sentimientos grandiosos, también contenían elementos de pudor y de culpa. Uno no puede apropiarse de una persona y alejarla de todos los demás sin tener remordimientos.

Los dos amigos de diferentes capas sociales, Henrik, hijo único de una familia acaudalada, vive en un castillo a los pies de los Cárpatos. Konrád, de familia más humilde pero dedicado a la música, su familia tenía amistad con Chopin. Estos dos amigos, crecen y a pesar de las diferencias, la amistad es una de las claves de esa vida feliz que disfrutan los dos.

Henrik y Konrád, no se permitían broma alguna sobre su relación. Había algo en ella, ternura, seriedad, entrega, algo de fatalidad y todo este resplandor desarmaba hasta a los más bromistas. En toda comunidad humana se tienen celos de este tipo de relaciones. La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada.

Cuarenta años esperó Henrik a Konrád, para que a su vuelta de Oriente, venga a cenar con él y allí, en esa cena hablen sobre las circunstancias que les hicieron perder su amistad.

¿Qué quieres decir con todo eso?, dice Konrad. Me fui, y tenía derecho a hacerlo. Quizás haya tenido además mis razones. Es cierto que me fui muy de repente, sin despedirme. Seguramente pensaste y supiste que no había podido hacer otra cosa, que me sentí obligado a obrar así.

¿Qué no pudiste hacer otra cosa?. Mira a su invitado, con ojos penetrantes, como si el otro fuera un objeto. De eso se trata exactamente. Eso es lo que me ha dado que pensar, desde hace mucho tiempo. Desde hace cuarenta y un años, si no me equivoco.

La cena discurre en el comedor del castillo, donde años antes cenaban amigablemente los dos y la mujer de Henrik, Krisztina. Y allí se desarrolla todo. Henrik quiere saber qué pasó el día que fueron a cazar  los dos amigos, por qué Konrád lo apuntó con su fusil y casi lo mata.

Es lo que siente el leopardo cuando se prepara a saltar, la serpiente cuando se yergue entre las rocas, el cóndor cuando desciende de las alturas, y el hombre cuando contempla su presa. Esto mismo sentiste tú, quizás por primera vez en tu vida, cuando en aquel bosque, en aquel punto de acecho, levantaste el arma y apuntaste para matarme

Esa cena, se desarrolla en casi un monólogo, donde Henrik quiere saber todo lo que pasó, y a través de esas preguntas que va desgranando Enrik, vamos conociendo toda esta historia de engaño, infidelidades, y amores.

Éramos amigos, no compañeros, compinches, ni camaradas. Éramos amigos, y no hay nada en el mundo que pueda compensar una amistad. Ni siquiera una pasión devoradora puede brindar tanta satisfacción como una amistad silenciosa y discreta, para los que tienen la suerte de haber sido tocados por su fuerza.

Enrik pregunta y repregunta pero Konrad escucha y no contesta, que pasó con Krisztina, por qué huyó sin despedirse de nadie,  y por qué ha vuelto cuarenta años después para encontrarse con esos lugares que para él fueron toda su vida.

¿Quieres que leamos el mensaje de Krisztina juntos?… pregunta el general.

No, responde Konrád.

¿No quieres, o no e atreves?

Se miran fijamente durante largos minutos, por encima del diario que el general ofrece a Konrád, sin que sus manos tiemblen.

Con un movimiento lento, arroja el libro a las brasas. Las brasas empiezan a arder, acogen a su víctima, absorben lentamente la materia del cuaderno, y unas pequeñas llamas se alzan entre las cenizas oscuras.

Muy intenso todo, yo aconsejo leer a este escritor, que en algo se parece a Stefan Zweig. Escritor húngaro que nació en 1900 y muere en California en 1989, y como Stefan Zweig, se suicidó.