El último encuentro de Sándor Márai

Historia de una amistad

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Leí hace tiempo “La mujer justa” de Sándor Márai, y me impresionó la forma tan exacta de colocar palabra tras palabra para construir una historia maravillosa, llena de matices y de puntos de vista sobre el tema de ese libro.

Ahora acabo de leerme este otro y me ha vuelto a fascinar esa forma de escribir. No es un libro muy extenso, pero lleno de reflexiones sobre la verdad, la amistad, la infidelidad, temas recurrentes en este escritor.

Henrik y Konrád, se conocen cuando eran jóvenes en la academia donde estudiaban, allí se fragua una gran amistad que duraría en el tiempo hasta que una circunstancia la rompe .

La amistad entre los dos muchachos era tan seria y tan callada como cualquier sentimiento importante que dura toda la vida.  Y como todos los sentimientos grandiosos, también contenían elementos de pudor y de culpa. Uno no puede apropiarse de una persona y alejarla de todos los demás sin tener remordimientos.

Los dos amigos de diferentes capas sociales, Henrik, hijo único de una familia acaudalada, vive en un castillo a los pies de los Cárpatos. Konrád, de familia más humilde pero dedicado a la música, su familia tenía amistad con Chopin. Estos dos amigos, crecen y a pesar de las diferencias, la amistad es una de las claves de esa vida feliz que disfrutan los dos.

Henrik y Konrád, no se permitían broma alguna sobre su relación. Había algo en ella, ternura, seriedad, entrega, algo de fatalidad y todo este resplandor desarmaba hasta a los más bromistas. En toda comunidad humana se tienen celos de este tipo de relaciones. La gente no desea nada con más fervor que una amistad desinteresada.

Cuarenta años esperó Henrik a Konrád, para que a su vuelta de Oriente, venga a cenar con él y allí, en esa cena hablen sobre las circunstancias que les hicieron perder su amistad.

¿Qué quieres decir con todo eso?, dice Konrad. Me fui, y tenía derecho a hacerlo. Quizás haya tenido además mis razones. Es cierto que me fui muy de repente, sin despedirme. Seguramente pensaste y supiste que no había podido hacer otra cosa, que me sentí obligado a obrar así.

¿Qué no pudiste hacer otra cosa?. Mira a su invitado, con ojos penetrantes, como si el otro fuera un objeto. De eso se trata exactamente. Eso es lo que me ha dado que pensar, desde hace mucho tiempo. Desde hace cuarenta y un años, si no me equivoco.

La cena discurre en el comedor del castillo, donde años antes cenaban amigablemente los dos y la mujer de Henrik, Krisztina. Y allí se desarrolla todo. Henrik quiere saber qué pasó el día que fueron a cazar  los dos amigos, por qué Konrád lo apuntó con su fusil y casi lo mata.

Es lo que siente el leopardo cuando se prepara a saltar, la serpiente cuando se yergue entre las rocas, el cóndor cuando desciende de las alturas, y el hombre cuando contempla su presa. Esto mismo sentiste tú, quizás por primera vez en tu vida, cuando en aquel bosque, en aquel punto de acecho, levantaste el arma y apuntaste para matarme

Esa cena, se desarrolla en casi un monólogo, donde Henrik quiere saber todo lo que pasó, y a través de esas preguntas que va desgranando Enrik, vamos conociendo toda esta historia de engaño, infidelidades, y amores.

Éramos amigos, no compañeros, compinches, ni camaradas. Éramos amigos, y no hay nada en el mundo que pueda compensar una amistad. Ni siquiera una pasión devoradora puede brindar tanta satisfacción como una amistad silenciosa y discreta, para los que tienen la suerte de haber sido tocados por su fuerza.

Enrik pregunta y repregunta pero Konrad escucha y no contesta, que pasó con Krisztina, por qué huyó sin despedirse de nadie,  y por qué ha vuelto cuarenta años después para encontrarse con esos lugares que para él fueron toda su vida.

¿Quieres que leamos el mensaje de Krisztina juntos?… pregunta el general.

No, responde Konrád.

¿No quieres, o no e atreves?

Se miran fijamente durante largos minutos, por encima del diario que el general ofrece a Konrád, sin que sus manos tiemblen.

Con un movimiento lento, arroja el libro a las brasas. Las brasas empiezan a arder, acogen a su víctima, absorben lentamente la materia del cuaderno, y unas pequeñas llamas se alzan entre las cenizas oscuras.

Muy intenso todo, yo aconsejo leer a este escritor, que en algo se parece a Stefan Zweig. Escritor húngaro que nació en 1900 y muere en California en 1989, y como Stefan Zweig, se suicidó.

Stoner de John Williams

La vida de un hombre honesto

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Sonia, ya me ha recomendado dos libros, este que traigo aquí y “Sidra para Rosie” y los dos han sido un acierto. Me encanta encontrar estas lecturas que, de otra forma, sería difícil dar con ellas. Son pequeñas joyas de la literatura que cuando caen en tus manos, hacen las delicias del lector, en este caso de la lectora.

Los ojos de Sloane regresaron a William Stoner y dijo secamente: “El señor Shakespeare le habla a través de trescientos años señor Stoner ¿le escucha?

Una historia corriente, la vida sencilla de un hombre, William Stoner,  hijo único de una familia de agricultores en Missouri.  Sus padres, con mucho esfuerzo, lo envían a estudiar a la Universidad para que haga una carrera acorde con el trabajo que le esperaba en las tierras de sus padres.

William se dio cuenta de que por unos instantes había estado conteniendo el aliento. Lo expulsó suavemente, siendo entonces consciente de la ropa moviéndose sobre el cuerpo mientras el aliento le salía de los pulmones.

Pero, sus padres no contaban con que en esa universidad, William descubre  la literatura y eso le hará cambiar toda su vida. Deja los estudios de agricultura y, engañando a sus padres, comienza la carrera de literatura. Ahí va a descubrir a los grandes escritores y su vida se enriquece de tal manera que ya no dejará este aprendizaje.

En un año aprendió griego y latín y lo suficientemente bien como para leer textos sencillos. A veces se le enrojecían los ojos y le ardían por la tensión y la falta de sueño y se quedaba atónito por el recuerdo de aquella extraña figura, parda y pasiva como la tierra de la que había emergido. Pensaba en sus padres y le eran casi extraños como el chico que se había criado. Sentía por ellos una mezcla de piedad y amor distante.

Willian termina sus estudios, y obtiene una cátedra en la Universidad donde estudió. Conoce a una chica y se casa. La vida con su mujer no es nada feliz y él, hombre honesto, serio, trabajador y con una vida casi anodina, sigue su rutinaria vida, sin molestar a nadie, aceptando esa vida sin emociones.

A medida que la iba conociendo mejor, supo más de su infancia y advirtió que era la típica chica de la época y circunstancias. Había sido educada bajo la premisa de ser protegida de los graves incidentes que la vida pudiera poner en su camino, así como la de que no tenía otra misión que  ser elegante y cómplice consumada de dicha protección, esto constituía una obligación sagrada.

Tienen una hija, Edith, que hace las delicias del padre. Toda la historia es lineal, a veces te dan ganas de cimbrear a este hombre gris, que no se queja de nada, que su vida entera está dedicada a la literaturas; es ahí donde él encuentra la luz de su vida

Edith nunca les vio intercambiar el calor espontáneo del enfado o del amor. El enfado consistía en días de silencio cortés y el amor en una palabra de cariño cortés. Siendo sólo una niña la soledad fue una de las primeras circunstancias de su vida.

 Contado así, parece que no te dan ganas de leer esta historia, pero la magia está en cómo nos va describiendo, el escritor, a cada uno de estos personajes, sus vidas, sus penas y sus pequeñas glorias, sus frustraciones, y sus pequeñas alegrías, que de vez en cuando la vida les da.

Una tarde de primavera de 1927, William Stoner llegó tarde a casa. El aroma de las flores nacientes flotaba mezclado en el cálido aire húmedo, los grillos cantaban en las sombras, a lo lejos un automóvil levantaba polvo y lo mandaba con estrépito al silencio, organizando un alboroto. Caminaba tranquilo víctima de la somnolencia de la nueva estación, perplejo por los pequeños brotes verdes que crecían a la sombra de arbustos y árboles.

Yo la he disfrutado enormemente, parece que es una novela muy aplaudida pero poco conocida, así que aquí está por si alguien quiere disfrutar de una buena lectura.

Y había querido ser profesor, y lo fue, aunque sabía, siempre lo supo, que durante la mayor parte de su vida había sido uno cualquiera. Había soñado con un tipo de integridad, un tipo de pureza cabal, había hallado compromiso y la desviación violenta de la trivialidad. Se había concedido la sabiduría y al cabo de largos años había encontrado ignorancia. ¿Y qué más? pensó. ¿qué más?

John Williams, escritor americano, nació en una pequeña ciudad texana en 1922 y muere en 1994. Fue profesor de la universidad de Missouri y es muy conocido por esta Novela y por “Los hijos del Cesar”.

Viento del este, viento del oeste de Pearl S. Buck

He vuelto a releer este libro que, cuando yo era una jovencita me lo leí y me atrajo desde la primera página. La conmovedora historia de Kwei-Lan me quedó grabada, esa cultura milenaria donde las mujeres estaban al servicio del hombre absolutamente,  que les vendaban los pies, en aras de la belleza y tantas y tantas historias que mantenían a las mujeres sometidas por leyes ancestrales.

Siempre y en todo te he instruido en la necesidad de someterte como una flor se somete a la lluvia y al sol. Pensando en tu marido te enseñé como debes ataviarte, cómo se habla con los ojos y la expresión, pero eso lo comprenderás por ti misma cuando llegue el momento de quedarte a solas con él.

Ahora vuelvo a engancharme a esta historia, pero con ojos más críticos ante las desigualdades de las mujeres ante los hombres, este problema que sigue siendo una lacra en nuestra cultura, en China a principio del siglo XX, esa es la fecha que más o menos la  sitúan, era verdaderamente bárbara.

Conoces el arte de tocar el arpa, ese venerable instrumento cuyas cuerdas han vibrado bajo los dedos de muchas generaciones de nuestras mujeres para deleitar a sus señores. Tus dedos son ágiles, hija mía, y tienes las uñas largas.

Nada más nacer, Kwei-Lan, en una familia acaudalada del centro de China, la prometen en matrimonio con el hijo de unos amigos de la familia. Cuando cumple 17 años, la boda se aproxima y su madre le da los consejos habituales a una joven que tiene que ser una fiel mujer a las ordenes de su marido.

Así me encuentro bastante hermosa y dispuesta para recibir a mi marido. Pero en el instante en que sus ojos se fijan en mí, comprendo que no observa ni mis labios ni mis cejas. Los pensamientos de mi esposo vagan por la tierra, por los mares, por todas partes, excepto donde yo estoy esperándole.

Pero el que será su marido ha recibido una educación muy diferente a ella. Él se marchó a EE.UU para hacer la carrera de médico y vuelve para casarse y así cumplir la promesa que sus padres hicieron cuando nacieron.

No es posible que tú sientas atracción por mi, a quien ves por primera vez, como yo a ti. ¿Acaso no te han obligado, como a mí? Hasta ahora no hemos podido hacer nada, pero a partir de este momento en que nos encontramos solos, podríamos organizar nuestra existencia a nuestro gusto.

El choque cultural  de estas dos personas es el motivo de esta historia que la protagonista nos cuenta en primera persona con una dulzura que no me ha dejado indiferente.

Aquella noche me quité asqueada los collares de jade y los vestidos de seda. Empezaba a comprender que todo lo que me habían enseñado era falso; mi marido no era hombre que se pudiese seducir alegrándole los sentidos con flores y perfumes o con una pipa de opio. La belleza física no bastaba; debía seguir otro camino si quería triunfar. Y recordé las palabras que pronunciara mi madre, con el rostro vuelto hacia la pared, “Los tiempos han cambiado”.

El relato de la vida en su casa, donde su madre convive con las tres concubinas de su padre, la educación que se les da a las mujeres, siempre por debajo de un hombre, el choque cultural con su marido, que ni ella entiende ni él acepta, nos lleva a lo largo de esta novela a entender o, mejor, a conocer esa china ancestral de costumbres terribles para las mujeres.

Me siento la hija de una casa patriarcal china, donde todo es viejo: los trajes, los muebles, las relaciones. ¡Casa tranquila y segura, a la sombra de las viejas paredes entre las cuales se como y vive bien!

Y hete aquí que, por contraste, se me aparece  la imagen de mi esposo sentado solo ante la mesa en la casa extranjera, vestido a la manera occidental y exótico en sus modales. cómo adaptarme a su vida? Él no tenía necesidad de mí…

Pearl Buck, es una escritora estadounidense, pero a los tres meses se fue a vivir a China con sus padres misioneros, allí vivió más de cuarenta años, y su conocimiento de las costumbres en esa sociedad que le tocó vivir son contundentes. Ganó el premio Nobel de literatura en 1938.  Escribió más de 85 obras, tanto novela, como teatro y ensayo.

Distintas formas de mirar el agua de Julio Llamazares

Historia de los pueblos anegados por la construcción de los pantanos

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En 1968  unos cuantos pueblos de la provincia de León fueron anegados de agua, entre ellos Ferreras y Vergamián. El padre de Julio Llamazares era maestro en Vergamián y Julio vivió esa experiencia en primera persona, tuvieron que emigrar de allí para buscarse la vida.

Llamazares nos cuenta qué le pasó a una familia del pueblo de Ferreras, una familia formada por el matrimonio y sus cinco hijos que, como ellos, tuvieron que dejar el pequeño pueblo para volver a empezar en otro lugar.

La familia de Domingo tuvo que abandonar  Ferreras para instalarse en un pueblo de colonización donde siempre se sintieron extraños, allí trabajando duro criaron a sus hijos que todos ellos tuvieron más oportunidades que sus propios padres.

Teresa, que es la mayor, tenía apenas dieciséis años. Fue a la que más le costó dejar atrás nuestra casa y a las gentes de Ferreras para siempre, pues por su edad era la más conscientes de todos. José Antonio y Virginia, más pequeños, permanecieron en silencio varios días, y le ocurrió lo mismo a Agustín.

A la muerte del padre de familia, Domingo, se reúnen toda la familia para llevar sus cenizas al pueblo donde nacieron, ahora anegado por las aguas. Allí hijos, nietos, yernos y demás parientes reflexionan sobre el difunto, la vida que llevaron allí, y sobre todo del destierro que marco la vida de todos ellos.

¿Puedes regresar a un lugar del que nunca te marchaste? La gente no sabe muchas veces lo que debajo del agua se oculta ni la historia que se borró para siempre con la demolición del último de los pueblos que aquí existieron. De ahí que algunos exclamen mientras lo contemplan: ¡Qué bonito! y qué triste, añado yo. 

Durante cuarenta cinco años Domingo nunca volvió a hablar de Ferreras, ni de Valentín un hijo que murió allí y allí quedó. Cada capítulo del libro lleva el nombre de uno de los familiares de Domingo y sus reflexiones.

El mismo me contó como fue su vida desde que, siendo un niño, comenzó a trabajar comenzó a trabajar con sus padres, antes con sus tíos,  en otra aldea cercana que también se anegó, hasta que se fue de aquí con cuarenta y cinco años y cuatro hijos pequeños para empezar una nueva vida en otro lugar. En el medio hubo de todo: el hambre de la posguerra, la mili en África y el regreso al pueblo, la boda con mi suegra y el nacimiento de sus cinco hijos, el mayor de los cuales murió con sólo dos años.

Hablan de las montañas que rodeaban el pueblo, del campo de la naturaleza, de como sus padres no aceptaron nunca el marcharse de allí.

La primera vez que las vi tendría seis o siete años y, como a mis hermanos, me sobrecogió mirarlas. Sabía que eran más grandes, que sus perfiles silueteaban el valle entero pero también el cielo, fundiendo ambos en el embalse, porque mi padre me lo había contado muchas veces, mi madre hablaba de otras cosas: de las casas sumergidas y arruinadas de Ferreras o de la iglesia de Vergamián, cuya torre asomaba en ocasiones mientras se mantuvo en pie. Ni en sueños podría pintar un paisaje como este, tan hermosos y tan desolador a un tiempo. 

Y así habla su nieta:

Pero, cuando le cogía cariño, era el hombre más generoso del mundo. Te daba todo lo que tenía, y más si eras su nieta, como yo. Y la primera, además. Aunque seguramente el hubiera preferido un nieto para enseñarle a conducir el tractor y a labrar la tierra, conmigo fue un verdadero abuelo, paciente y tierno a la vez.

Un verdadero placer leer esta novela, llena de recuerdos, de nostalgia por una vida perdida, de reencuentros familiares donde permanece el recuerdo del abuelo, un hombre honesto que amaba su tierra hasta el infinito.

¡Cuánto los eché de menos y cuánto añoré aquel pueblo recién construido desde la nada pero que para mí era el mejor del mundo! Y, sobre todo, cuánto añoré a mis padres y especialmente a este hombre al que hoy despedimos aquí y que para mí fue una referencia siempre por su honradez y su laboriosidad.

El libro de los Baltimore de Joel Dicker

Historia de una saga familiar

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Este libro lo estamos leyendo un grupo de amigas, que seguimos quedando en una preciosa librería, de mi ciudad, que se llama La Madriguera. Una librería donde puedes estar charlando y a la vez tomando un café o un refresco, así como escuchar música en directo u oír a un poeta recitar sus versos. Allí nos reunimos a charlar de libros y tengo que decir que me encanta ese rato escuchando opiniones y dándolas.

Este mes hemos elegido leer “El libro de los Baltimore” de Joel Dicker. Del mismo autor leí hace unos años “El extraño caso de Harry Quebert”, libro que me atrapó desde el principio hasta el final. Éste, siendo diferente, me atrapó de la misma forma,su escritura clara, la historia en sí que no te deja, y la intriga que la mantiene hasta la última página.

Marcus Goldman es un escritor de éxito, que 8 años después de un drama acaecido en su familia, se retira a Boca Ratón, Florida, para poder escribir el libro de lo que sucedió.

¿Por qué escribo? Porque los libros son más fuertes que la vida. Son su mejor revancha: Son testigos de la muralla inexpugnable de nuestra mente, de la impenetrable fortaleza de nuestra memoria. Y cuando no escribo, una vez al año, vuelvo a recorrer el trayecto hasta Baltimore.

Esta familia formada por dos hermanos; los Goldman de Montclair, padres de Marcus, que eran una familia media y vivían en Nueva Jersey. La otra familia los Goldman de Baltimore, una familia rica que vivían en una gran casa. Allí iba Marcus a pasar sus vacaciones, el Día de Acción de Gracias y todos los buenos recuerdos que él atesoraba en su cabeza. Allí vivía su querido primo Hillel y un chico que recogieron de un reformatorio que era como otro hijo,llamado Woody. Esos tres chicos formaron una pandilla muy unida, siempre estaban juntos y cuando Marcus se iba a su ciudad, extrañaba enormemente a sus primos.

A veces conseguía convences a mis padres para que me llevaran a La Buenavista temprano.  Woody y Hillel seguían durmiendo. Tío Saul repasaba informes mientras tomaba un café. Tía Anita leía el periódico a su lado. A mí me fascinaba lo serena que era,la capacidad que tenía para ocuparse de todo lo de la casa además de su trabajo.

Marcus envidiaba sanamente a sus tíos, a la vida que tenían, cómo eran los dos, su tío Saul, el hermano de su padre y su tía Anita, cómo lo querían y cómo vivían, en contra de su propia familia que eran menos vistosos.

En la época de gloria de los Goldman-Baltimore, les gustaba ir a Bal Harbor, un barrio periférico fino, al norte de Miami. Allí había un centro comercial al aire libre que sólo tenía tiendas de lujo. A mis padres los horrorizaba el sitio, pero me dejaban ir con mis tíos y mis primos. Cuando me sentaba en el asiento de atrás de su coche, me volvía esa sensación de felicidad insolente que experimentaba cuando estaba solo con ellos. me sentía bien, me sentía un Baltimore.

Así se va desarrollando la vida de los dos hermanos que forman esas dos familias, donde Marcus es él que va y viene, en esa doble vida que va de  una casa a la otra.

Entra en juego una chica, Alexandra, que enamora a los tres, es la chica deseada, por guapa, buena cantante y amorosa. Los tres firman un acuerdo que ninguno engañaría a los otros, un  pacto que lo mantienen hasta que Marcus se enamora de Alexandra y ocultan esa relación.

Durante los dos años siguientes Alexandra nos iluminó la existencia.

Primos míos del alma, si aún estuvierais aquí, recordaríamos juntos como nos subyugó.

Durante el verano de 1994, les supliqué a mis padres que me dejaran pasar dos semanas en Baltimore después de la estancia en Hamptons. Para estar con ella.

Alexandra nos tomó cariño y estábamos siempre metidos en su casa.

Ya no hubo ningún fin de semana sin Alexandra. Era todo con lo que soñábamos: divertida, inteligente, guapa, dulce y soñadora. 

El libro desde el principio te habla de un drama que acontece en la  familia, Goldman-Baltimore, así vas leyendo y conociendo profundamente a estas personas. La historia de Woody, la entrañable amistad de los tres primos; el compañerismo entre los tres; la historia de los dos hermanos, el padre de Marcus y su tío Saúl, los negocios de la familia, la buena vida de esos años tan completos y tan felices.

Pero los años van pasando y la decadencia de esta familia es el punto importante de este libro. Decadencia que va tocando uno a uno a todos los miembros, no se salva nadie.Historia

En contra, la familia de Marcus, se mantiene en pie, en esa vida común y sin estridencias. Marcus escribe sobre esas dos partes, por una la familia potentada a la que él adoraba y su familia que quedaba a un lado según su perspectiva, vista desde la juventud.

No voy a desvelar el final, pero es muy interesante y sobre todo te tiene en tensión hasta la última página.

Hice un alto delante de la puerta principal. Antes de llamar, me saqué del bolsillo la fotografía de Hillel, Woody, Alexandra y yo en Oak Park, en 1995, y la contemplé.

Alexandra llamó al timbre. mi madre abrió. Al verme, se le iluminó la cara.

Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza

Un extraterrestre que llega a Barcelona

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Hace años, mi hijo César que en esa época tenia unos 15 años, tuvo un pequeño accidente y le escayolaron una pierna, tenerlo entretenido era todo un reto y entre las cosas que hacía era leer. Un día fui a la librería y estaba este libro como novedad, leí un poco de que iba y se lo compré. Toda la familia compartimos esta lectura que nos hizo reír en más de una ocasión. Desde entonces lo hemos regalado a un montón de gente y es un pequeño tesoro que aún está por casa.

 Es el diario de un extraterrestre que viene en busca de otro, llamado Gurb.  Un día, Gurb, llegó a la  Barcelona  de antes de las olimpiadas, cuando las obras llenaban las calles de esta ciudad, y la forma que tuvo de integrarse fue tomar el aspecto de Marta Sánchez. A los pocos días se le perdió la pista

 La llegada del amigo de Gurb a la tierra es un tanto aparatosa.

Día 10: hora 07.00

Antes de salir oculto la nave para evitar reconocimiento e inspección de la misma por parte de la fauna autóctona. Consultado el Catálogo Astral, decido transformar la nave en cuerpo terrestre denominado vivienda unifamiliar adosada, calef. 3 dorm. 2 bañs. Terraza. Piscina comunit. 2 plzs. pkng. Máximas facilidades.

o7.30

Decido adoptar apariencia de ente humano individualizado. Consultado Catálogo, elijo el  condeduque de Olivares.

 Así ve  el extraterrestre la ciudad de Barcelona.

Hora 19.00

La ciudad es enorme; el gentío constante; el ruido, mucho. Me extraña  no encontrar los monumentos habituales, para poder orientarme. He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en el Corte Inglés.

Así va conociendo esta ciudad y las costumbres tan raras que tenemos, para un extraterrestre.

Hora 18,07

Examino sigilosamente le salón. Está amueblado con gusto exquisito. Me siento en el sofá, cruzo las piernas: es elegante y cómodo. Me siento en una butaca de cuero y cruzo las piernas: es elegante y cómodo. Me siento en una butaca tapizada de lana. Antes de que pueda cruzar las piernas, la butaca me muerde la pantorrilla. Error de apreciación: no era una butaca, sino un mastín, que dormía hecho un ovillo.

Hora 18,09

Recorro el resto de la casa a gran velocidad perseguido por el mastín. Decido abandonar todo sigilo.

Un pequeño libro, lleno de humor, con una lectura vibrante.

Una letra femenina azul pálido de Franz Werfel

Historia de una carta

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El otro día llevé este pequeño libro para comentarlo, en el programa de radio, de la cadena SER “Libros en el aire” en el que cada semana comento un libro; lo compré en el año 1994, ¡ya ha pasado el tiempo! y lo compré porque el título me gustó, claro que no solamente compro libros por los títulos, leyendo la contraportada me convenció esta preciosa historia.

Situada en Viena en el año 1936, León, un alto funcionario del Ministerio de Educación, casado con una rica y bella dama, vive los años más esplendorosos de su vida.  Él viene de una humilde familia y con su esfuerzo ha llegado a un puesto importante, no se puede quejar, es más, está satisfecho con su vida sin mirar para atrás.

Qué agradable, pensó León, iré andando a la oficina. Y volvió a sonreír. Pero esta vez fue una sonrisa extrañamente ambigua, entusiástica y burlona a la vez. Siempre que estaba contento y lo sabía, dejaba aflorar esa sonrisa. Como muchos hombres que ya han alcanzado una elevada posición en la vida, individuos sanos, bien proporcionados y hasta hermosos.

Esa plácida vida se resquebraja un día normal, que entre las cartas que recibe diariamente hay una que llama su atención, una carta con una letra conocida y de un calor azul pálido. La mira y sin que su mujer le vea se la mete en el bolsillo.

León no tenía la menor idea de cual podría ser el aspecto de Vera. Pero aún ni siquiera recordaba cómo era por entonces, en la época del único arrebato de amor auténtico de toda su vida. No lograba evocar ni la mirada de sus ojos, ni el brillo de sus cabellos, ni tampoco su rostro o su figura.

La carta es de Vera un antiguo amor. Hace veinte años la conoció y vivieron durante tres meses un amor, ” mi único amor verdadero” según piensa León. Pero ese amor fue engañado por parte de él de una manera vil. Se despidió de ella y no volvió a verla nunca más.

Todo sucedió muy discretamente y con el más trivial de los gestos; oculté mi alianza matrimonial. La primera mentira arrastró necesariamente tras de sí  a la segunda y a las cien siguientes. Pero ahora viene el autentico meollo de mi culpa. Todos aquellos embustes y la candorosa credulidad de la engañada agudizaron mi voluptuosidad hasta extremos inimaginables. Con el más fervoroso de los entusiasmos pinté a Vera nuestra futura vida en común. 

Esa carta le lleva a recordar ese engaño y cuando la lee, ve que ella no le pide nada, solamente ayuda para un joven estudioso que necesita salir de Alemania y estudiar en Viena, en esos momentos convulsos de entre-guerras.

Todo ese castillo de naipes que tiene montado, esa vida tan segura que lleva en Viena, esa sociedad burguesa donde tanto valen las apariencias, todo se le viene abajo pensando en Vera y sobre todo pensando en que ese chico puede ser su propio hijo.

Hay un hijo de por medio, un muchacho de diecisiete años. Acabo de enterarme hoy día, te lo juro. Por favor Amelie, no hables por hablar ni tomes decisiones precipitadas, fruto de la ira. Voy a salir de esta habitación ahora mismo. Te dejaré sola para que medites con tranquilidad. Sea cual sea tu decisión con respecto a mi persona, tendré que hacerme cargo de este muchacho.

Este relato apasionante, con sutiles toques psicológicos de los personajes, con una escritura precisa, te atrapa desde la primera página hasta la última, porque el final no es lo que parece.

Franz Werfel nació en Praga en 1890, se exilió a Estados Unidos donde murió en 1945. Esta novela la publicó ya en su exilio en 1941.