Villanueva de Infantes, final del paseo por los Campos de Montiel

Paseando por Villanueva de los Infantes

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Cuando terminamos la visita a Almedina, seguimos camino a Villanueva de los Infantes, las dos poblaciones están a tiro de piedra, paramos a comer y a eso de las cuatro de la tarde nos esperaba un guía, Jose, que nos acompañó esa tarde por su monumental pueblo.

Villanueva de los Infantes tiene unos 5.500 habitantes, es cabeza judicial y capital de la comarca “Campos de Montiel”  y a los habitantes de este precioso pueblo se les llama infanteños y a las mujeres infanteñas.

Casa de la Alhóndiga
Casa de la Alhóndiga

Empezamos el paseo en la Casa de los Estudios, siglo XVI, también conocida como Colegio Menor, allí  impartía estudios Bartolomé Jiménez Patón, que desarrolló su docencia desde  1600 a 1640, natural de Almedina, humanista y gramático. Ahora es una casa de viviendas y guarda impecable su patio lleno de encanto. En ese patio se paseaban los estudiantes escuchando a sus profesores.

Casa de los estudios

Salimos en dirección a la Plaza mayor, pasando por una calle llena de casas solariegas muy típicas de esta villa. La Casa del Arco que data del siglo XVIII, la casa de la Inquisición, La Alhóndiga, edificio donde se guardaba el grano y también sirvió de cárcel. Las columnas del patio están llenas de inscripciones, tanto de los presos como de los que llevaban el grano allí.

Casa del Arco
Casa del Arco

Y ya estamos en la gran Plaza Mayor, siglo XVII, espectacular su monumental Iglesia parroquial, dedicada a San Andrés Apóstol, aunque la patrona de Infantes es la Virgen de la Antigua, dentro de esta iglesia están los restos de Francisco de Quevedo.

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Parece ser que Francisco de Quevedo, encontrándose enfermo, se vino a Torre de Juan Abad, donde su madre tenía una casa, a pasar un tiempo en este clima seco, bueno para sus pulmones, de ahí se vino a Infantes y se quedó en una pequeña celda del convento de los franciscanos y allí terminó su vida.

Hay un poema que parece lo escribió en esos tiempos finales de su vida, sería el año de 1645

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día,
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena,
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar, piadosa, viene
espíritu en miserias añudado?
La calle principal, preciosa, llena de casonas y escudos, a cual más bonita; llegando a una esquina, está la casa del Caballero del Verde Gabán, donde se cuenta, en el Capítulo XVIII de la segunda parte de D. Quijote “De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes”. 
La casona del Caballero del Verde Gaban
La casona del Caballero del Verde Gabán
En Villanueva de los Infantes se pueden visitar unos 50 patios, que los dueños de estas casonas, abren las puertas, un día al año, para que los visitantes puedan gozar de esos preciosos patios manchegos llenos de historia.
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Una parada para tomar unos ricos pastelillos llamados “alfonsines,” nombre en homenaje a la visita que hizo a la localidad D. Alfonso XIII. Seguimos caminando calle arriba admirando sus fachadas, hasta llegar al Convento de los Dominicos, donde murió Francisco de Quevedo. Allí se conserva su despacho, donde escribió sus últimos poemas, y su pequeña celda. En este convento se celebran todos los años el prestigioso premio de poesía “Francisco de Quevedo”.
Una localidad llena de encanto, de cultura y de historia, sí bonita es de día, al atardecer se embellece con sus luces que hacen que la plaza aparezca a los ojos de los visitantes un precioso lugar donde D. Quijote y Sancho tienen un lugar preferente.
Celda donde escribió sus últimos poemas, Francisco de Quevedo
Celda donde escribió sus últimos poemas, Francisco de Quevedo

 

Ya he dicho que este recorrido por los Campos de Montiel me ha encantado, y no tardaré en volver con mi familia.
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Una habitación propia de Virginia Woolf

Ensayo sobre las mujeres que querían ser escritoras

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Después de leer un precioso libros de Virginia Woolf, “Paseando por Londres” he seguido con esta escritora. Me encanta como escribe, tiene una forma muy directa y sobre todo clara en sus ideas.

Este libro está basado en dos conferencias que dio la escritora en 1928, sobre “La mujer y la novela”. Un ensayo sobre la mujer y la literatura aunque no se queda ahí solamente, sino que incide en la vida de la mujer al principio del siglo XX y su forma de relacionarse en general con el mundo que les rodeaba.

Conocido es el pensamiento feminista de esta escritora, y por eso ella estudia profundamente el tema de las mujeres y cualquier oficio que quisieran hacer, en este caso la escritura. Empieza el ensayo apuntando ideas un poco deshilachadas, hasta que enfoca el tema y el ensayo fluye.

Había dibujado una cara, una silueta. Eran la cara y la silueta del Profesor Von X entretenido en escribir su obra monumental titulada “La inferioridad mental, moral y física del sexo femenino”. Su expresión sugería que trabajaba bajo el efecto de una emoción que le hacía clavar la pluma en el papel, como si hubiese estado aplastando un insecto nocivo mientras escribía.

Por algún motivo todos aquellos libros, carecían de valor científico, habían sido escritos a la luz roja de la emoción, no a la luz blanca de la verdad. Por tanto debería devolverlos al mostrador.

Las mujeres han sufrido la mirada crítica de los hombres, aunque por otro lado las necesitan para ver la diferencia. Así explica Virginia Woolf esta situación.

Sea cual fuere su uso en las sociedades civilizadas los espejos son imprescindibles para toda acción violenta o heroica. Por eso, tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse. Así queda en parte explicado que a menudo las mujeres sean imprescindibles a los hombres.

Para escribir se necesita una habitación propia y un dinero que harían a las mujeres ser independientes, estas dos cosas eran las que carecían aquellas mujeres y por eso la dificultad y los graves escollos que tenían que sortear para poder escribir.

Las mujeres nunca disponían de media hora…que pudieran llamar suya. Siempre las interrumpían. De todos modos, debió de ser más fácil escribir prosa o novelas en tales condiciones que poemas o una obra de teatro. Requiere menos concentración. Jane Austen escribió así hasta el final de sus días. “Que pudiera realizar todo esto, escribe su sobrino en sus memorias, es sorprendente, pues no contaba con un despacho propio donde retirarse y la mayor parte de su trabajo debió de hacerlo en la sala de estar común, expuesta a toda clase de interrupciones”.

Este libro, que se publicó el 24 de octubre de 1929, lo leí hace mucho tiempo, ahora lo he retomado y la verdad es que lo he leído con gran placer. Pone encima de la mesa las dificultades que tenían las mujeres para poder hacer cualquier cosa, cualquier cosa fuera de lo  cotidiano, todo eran cortapisas y dificultades, por eso son tan extraordinarias algunas mujeres de aquella época que podían escribir y publicar.

Pero no le fueron otorgados, le fueron negados; y debemos aceptar el hecho de que estas buenas novelas, Villette, Emma, Cumbres borrascosas, Middlemarch, las escribieron mujeres sin más experiencia de la vida de la que podía entrar en la casa de un respetable sacerdote; que las escribieron además en la sala de estar común de esta respetable casa respetable y que estas mujeres eran tan pobres que no podían comparar más que unas cuantas manos de papel a la vez para escribir Cumbres borrascosas.

 

El corazón de Ulises de Javier Reverte

Viaje al corazón de los filósofos

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Los libros de viajes tienen algo de evocador, a mi me encantan, junto dos pasiones, la lectura y viajar; en éste, Javier Reverte nos hace un viaje por los lugares donde nacieron, vivieron y pasaron parte de sus vidas los filósofos griegos.

Leyendo los títulos de los capítulos ya te dan ganas de empezar a leer y luego irte a recorrer esos lugares; Javier nos hace un recorrido por esas famosas costas y por  prestigiosas ciudades de Grecia y Turquía, recorriendo esos parajes iluminados por los clásicos griegos.

Primer capítulo: “Donde el silencio habla”; otros capítulos “El sendero de los héroes”, “Mi patria está en el cielo” “En la patria de Ulises”, “La ciudad literaria”, en fin, una delicia, yo me lo leí hace tiempo, pero me lo estoy releyendo de nuevo.

“Feliz quien, como Ulises, ha hecho un bello viaje” dice un famoso verso. ¡Tres veces feliz, pues, quien, como Javier Reverte, lo hizo y comenzó a escribir su crónica en las playas isleñas de la homérica Ítaca, y lo concluyó con una visita a la egipcia Alejandría, la ciudad fantasmagórica y decadente fundada por el gran Alejandro y poetizada por Cavafis y Durrell!.

Nos trasportamos a esos lugares inolvidables de la Ilíada y la Odisea, Las Guerras Médicas y las conquistas de Alejandro Magno. Degustamos con él la rica comida en una pequeña taberna de una isla perdida y nos acerca a los textos de Heráclito o las historias de Heródoto. Una delicia de libro.

Alejandro a su vez, sería el espejo en el que se fijaría los hombres ya muy próximos a nosotros, como Napoleón Bonaparte. Por otro lado, es importante recordar que el maestro de Alejandro no fue otro que Aristóteles, uno de los padres de la filosofía occidental. En uno de sus escritos sobre ética, Aristóteles señalaba: “Quien se sienta impregnado de la propia estimación preferirá vivir brevemente en el más alto goce que una larga existencia en indolente reposo; preferirá vivir un año solo por un fin noble que una larga vida por nada.

Sobre reflexiones de filósofos y viajes entre islas vamos pasando una página tras otra, sin querer que este viaje al corazón de Ulises se termine.

Eran las costas de Asia Menor, las costas donde nació la filosofía, las costas de Heráclito, aquel que vino a decirnos que todo fluye. Era cierto, pensé, porque yo mismo me sentía disuelto en el espacio, y al propio tiempo, más vivo  que nunca marchando en los caminos de la nada. Lo eterno es dejar de ser en el ritmo vertiginoso del incesante cambio. Tenía la impresión de que mi viaje empezaba en esa noche.

Y caminando, viajando, y navegando, hemos llegado a Alejandría, la ciudad literaria. Dicen de ella, “es como Roma, una urbe que se debate, y siempre y todavía, en el sueño de la metrópoli universal”.

El patrimonio cultural de la ciudad se enriqueció más todavía en vida de Cleopatra. Era una mujer  culta y refinada, la única además, de todos los Ptolomeos, que hablaba egipcio. Cuando Marco Antonio se enamoró de ella, le hizo un regalo imponente: los fondos de la biblioteca de Pérgamo pasaron a Alejandría y se instalaron en la biblioteca del Serapion, el templo alzado en honor al dios Serapis.

Javier Reverte empieza a escribir este libro en Ítaca, recorre el Mediterraneo, Grecia, sus islas, pasa a Turquía y termina en Egipto, imposible dejar de leer este bonito libro.

El milagro griego se produjo porque aquellos hombres nunca se sintieron hermanados por los lazos de la sangre, sino por la religión, los juegos deportivos, la poesía, el arte y el pensamiento. Vinculados por el corazón y la razón. Y nos dejaron huérfanos al irse. Para ellos, en los momentos más elevados de su civilización, ser y parecer fuero la misma cosa.

 

 

Paseando por Toledo

Paseando por Toledo

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El otro día nos fuimos a visitar Toledo. Desde la Universidad de mayores “José Saramago” de Ciudad Real, preparamos una excursión a la ciudad de Las Tres Culturas, que no por conocerla y visitarla varias veces, no pierdes un ápice de entusiasmo por volver a pasear sus calles empinadas. Cuando llegamos  hacía un tiempo estupendo, el cielo azul y la temperatura cálida, mejor imposible.

Nos fuimos con el guía a recorrer el valle del Tajo, viendo la ciudad desde abajo, las vistas son impresionantes; el Tajo rodea la ciudad, como un abrazo de agua que le hace aún más impresionante; dos puentes cruzan el río, el puente de Alcántara y el de San martín, aunque se divisan alguna que otra ruina de puentes anteriores.

El de Alcántara a los pies del castillo de San Servando, fue la puerta principal de entrada a Toledo, su construcción data  de la época de los romanos. Fue declarado monumento Nacional en 1991.

El puente de San Martín fue construido  en el siglo XIII, de estilo Mudejar, tomando el nombre de la parroquia a la que pertenece: San Martín, tiene más ojos que el de Alcántara por que el río en ese lugar era más ancho. En 1355, Pedro I de Castilla, parece que prendió fuego a las puertas del puente, y en 1368 volvió a sufrir daños.

Así seguimos por el valle hasta llegar a un punto donde la ciudad se presenta en su mejor imagen. La vista es una de las mejores que el visitante puede disfrutar, la torre de la catedral, San Juan de los Reyes a lo lejos, el inmenso e imponente Alcázar y la ciudad de las tres culturas desparramada por la montaña.

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Terminada la visita nos fuimos a ver la Puerta de Fernando VI y la Puerta de Bisagra. Mira que he ido veces a Toledo, pero este viaje con el guía nos ha hecho descubrir un montón de curiosidades, además de entrar dentro de las puertas y pasear por la muralla.

Esta puerta de Fernando VI estuvo casi tapada de escombros hasta que a mitad del siglo XX, se hicieron las obras de desescombro y así luce esta puerta, llamada anteriormente de La Sagra. El Rey Fernando VI entró por ella a la ciudad recién conquistada. Después de la visita, seguimos calle arriba hasta encontrar la sinagoga del Cristo de la Luz, con una leyenda preciosa.

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Puerta de Bisagra, es imponente,  cuando yo venía a esta ciudad era la puerta que nos daba paso para el centro de la ciudad, ahora no se puede pasar con coches pero sigue dando la bienvenida a los miles de turistas que llegan para disfrutar tantas y tantas cosas que ofrece Toledo.

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Cuando terminamos, subimos caminando a la Plaza de Zocodover y allí nos fuimos a comer. A las cinco en punto nos encontramos con el guía y nos fuimos a recorrer el centro histórico, callejuelas estrechas iluminadas con faroles como candiles antiguos, el rincón de Becquer con su leyenda, la casa del judío, la leyenda de la amante del Greco, los pasadizos, los conventos, en fin un Toledo nocturno lleno de magia.

Mis nietos, que nos acompañaron, no dejaban de escuchar esas leyendas que a los dos les encandilaron.

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El final de esta visita llena de mitos por las calles de la judería,fue la llegada a la Catedral, estaba iluminada y la vista fue espectacular.  Catedral de Santa María o Primada de España, de estilo Gótico. Fernando III el Santo la mandó construir en 1226 y se terminó en 1493 en la época de los Reyes Católicos.

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Paseos por Londres de Virginia Woolf

Un paseo por Londres con Virginia Wolof

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Qué suerte tengo de haber encontrado este delicioso libro. El otro día Mónica una de las amigas que nos juntamos a leer, lo llevaba en el bolso, cuando lo vi no pude más que pedirle que me lo dejara cuando lo terminara. Ya digo una delicia. Virginia Wolf, nació en Londres en el año 1882; después de una enfermedad se suicidó tirándose al río Ouse, cerca de su casa de campo, murió el 28 de marzo de 1941.

Virginia Woolf nació el mismo año en que murió Charles Darwin, 1882, y se suicidó pocos meses antes de que el cielo de Londres volviera a incendiarse con el segundo bombardeo de la Luftwafe, 1941. Cincuenta y nueve años de historia que quedaron gravados en sus libros y diarios. 

Virginia Woolf escribió ensayo y novela. Con su libro “Una habitación propia” reflexiona sobre la condición femenina y la relación de las mujeres con el arte y la literatura.

Este libro que tengo entre manos, como su título dice, es un paseo tranquilo, muy sugerente por su ciudad, Londres, sus calles, sus plazas, la gente que pasea, por los parques.

Oxford Street, huelga decirlo, no es la calle más distinguida de Londres. Sin embargo a medida que se avanza hacia el atardecer y mientras se pasea entre luces artificiales, montones de seda y relucientes ómnibus aumenta la sensación de que una apuesta de sol eterna baña Marble Arch, y la estridente,  vulgar y enorme cinta de Oxford Sreet se muestra fascinante. Es como el lecho pedregoso de un río, cuyos cantos rodados se ven pulidos por un espejeante corriente.

El libro está primorosamente editado, capítulos sobre Londres, frases que recogen de otros libros de Virginia Woolf, contexto histórico de los años en que vivió , fotos de ella y de su entorno, una foto de su habitación, una delicia, ya digo.

Así pues, cuán preciosa es una calle de Londres, con sus islas de luz y sus largas matas de oscuridad, y en una acera tal vez encontremos algunos espacios salpicados de árboles y poblados de hierba, donde la noche se repliega sobre sí misma para dormir plácidamente. Al pasar al lado de la verja de hierro, uno siente esos leves crujidos y susurros de hojas y ramitas que parecen intuir el silencio de los campos de  todo alrededor, el ulular del búho y, muy a lo lejos, el traqueteo de un tren en el valle.

Londres con sus librerías, la ceremonia del té, el río Támesis, sus grandes monumentos, todo lo que esta ciudad era , Virginia Woolf la amaba y la disfrutaba en esos largos paseos recorriendo parques, calles, librerías o sentándose en un banco a contemplar la gente pasar y escuchar lo que decían.

Olor a madera, tinta y papel, caserones eduardianos, con escaleras quejumbrosas y luminosas claraboyas…, Londres sigue siendo libresco y bibliófilo. Es Claring Cross Road y sus calles adyacentes las que trazan una geografía llenas de tesoros para los amantes de la lectura. 

Los libros de segunda mano son libros salvajes, sin hogar; se han unido como aves de plumas abigarradas, y poseen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de la biblioteca.

Estuve en Londres hace unos meses, callejeé sus calles, sus parques y todo lo que la guía me iba diciendo; ahora con este libro he disfrutado serenamente ese mismo viaje de la mano de Virginia Wolf. Se me han quedado muchas cosas sin conocer de esa ciudad que he visto en este libro. Nunca se descarta una segunda vuelta a Londres.

 

Puebla y sus pueblos mágicos.

Catedral de Puebla

Seguimos conociendo México y sus preciosas ciudades. Esta vez tocó Puebla una ciudad colonial con un centro histórico impresionante y muy bien conservado, es Patrimonio de la Humanidad desde 1987; merecidísimo nombramiento a ese conjunto arquitectónico formado por la Catedral, la capilla del Rosario en el templo de Santo Domingo, el palacio del Ayuntamiento, la Casa de los Muñecos, el Templo de la Compañía, el Edificio Carolino, o La Casa del Alfeñique, entre otros muchos edificios que conforman ese centro maravilloso de Puebla de Zaragoza, que ese es su nombre.

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Paseando por El Zócalo

Llegamos a esta preciosa ciudad Patty, Myrna, Cynthia y yo; todo el camino íbamos pendientes de ver los dos volcanes el Popocatépetl y el Iztaccíhualtl, los dos volcanes conocidos popularmente como el “Popo” y “La Mujer Dormida”, pero no hubo forma de verlos, durante los días que estuvimos allí las nubes no nos dejaron contemplar esa maravillosa vista, pero como hay fotos, nos conformaremos.

Esta es la historia de estos dos volcanes; la leyenda dice que hace muchos años el Popocatépetl, joven apuesto de 25 años, y la Iztaccíhuatl, muchacha morena de 16 años, bella y de hermosos ojos negros, estaban enamorados, y pidieron a sus tíos el Tiotón (hoy Teotón) y a sus tías Santa María Tecajete y Santa María Zapoteca, que los fueran a pedir en matrimonio al Cuatlapan, ofreciendo flores y panes al mismo. Pero su matrimonio fue desaprobado por los dioses, quienes los encantaron y los convirtieron en cerros y volcanes.

Fueron días preciosos, llenos de paseos de un lado a otro, caminar por esas calles llenas de historia y llenas de edificios maravillosos me hacían recordar la España de siglos pasados, una ciudad tranquila donde los poblanos se reúnen en su Zocalito a tomar cualquier platillo o a contemplar la gente que pasea.

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El barrio de los artistas, callejuelas llenas de tienditas donde los pintores o artesanos venden sus productos de todo tipo, una artesanía llenas de colores como es México. El barrio de la Dulcería, una calle llena de tiendas de dulces, increíbles esa cantidad de golosinas a cual más ricas y llamativas.

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Restaurantes preciosos, casonas convertidas en comedores donde te ofrecen “El Mole Poblano” salsa muy reconocida en todo México, pero que aquí es de donde sale. Cuando se aproxima el 15 de septiembre, día de la Independencia, se cocina en todo México el “Chile en nogada”, exquisito plato que nosotras lo degustamos en casa de un matrimonio; ella, Emma, prima de mis amigas y él, Sergio, hermano de la conocida escritora mexicana, Ángeles Mastretta. Charla en el jardín escuchando a Sergio hablar de la vida de su familia, que él había relatado en un libro que nos regaló, y que yo leí con verdadera curiosidad, o Emma contándonos sus investigaciones sobre la cerámica de Talavera que en Puebla es la cerámica más conocida.

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Chile en nogada. Casa de Emma y Sergio

Pasamos unos días deliciosos acompañados por Emma y Sergio, nos pasearon por barrios que un turista no llegaría; un barrio humilde de casas bajitas donde los vecinos han pintado todas sus fachadas con dibujos de colores en los que cuentan historias de la gente que allí vive, el barrio está transformado en una galería de arte al aire libre; nos hicieron de guías muy divertidos y con mucho conocimiento del lugar. No olvidaré ese día en la casa de los Mastretta, llena de recuerdos, de cerámicas de libros y de amabilidad.

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En el jardín de Emma y Sergio

Con ellos fuimos a visitar dos pueblos mágicos, Acatepec, visitamos la  iglesia de San Francisco que data del siglo XVI, empieza su construcción en 1560 y la fachada termina en 1760. La fachada es de cerámica de Talavera, increíble el colorido y el trabajo realizado. Según nos contaba Emma hasta allí llegaron, desde Talavera de la Reina, una familia y así iniciaron en esta zona el trabajo de la cerámica, muy cotizadas en todo México.

Sobre la fachada de esta Iglesia el maestro Manuel Toussaint mencionó:20160902_193754

“la magnificencia de la fachada sea tal que, parece un templo de porcelana digno de ser guardado bajo un capelo de cristal”

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Seguimos camino y muy cerquita paramos en otro pueblo mágico, Tonantzintla, nombre que viene a decir “Lugar de nuestra Señora Madre” cuando llegaron los españoles le añadieron de La Virgen María. Se inicia la construcción en el siglo XVI hasta el XVII. Pero siguieron las obras de construcción y decoración hasta finalizarla en el siglo XIX.

Dentro nos espera una gran sorpresa, toda la iglesia está decorada con el estilo barroco indígena, de un colorido increíble, angelitos con rasgos indígenas y penachos de hojas en la cabeza. No hay un trozo de pared que no esté decorada. Parece mentira que tanta belleza se encuentre en una pequeña iglesia.

Una curiosidad es que la iglesia está cuidada por familias del pueblo durante todo el año, las veinticuatro horas del día, los familiares se turnan día y noche durante el tiempo que les corresponde. El día que nosotros visitamos la iglesia, estaba una señora que nos hizo de guía por el módico precio de una propina, esa propina va para el cuidado de la capilla.

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Terminamos nuestra visita dando un paseo por el pueblo donde nos encontramos un pequeño mercado, una chica batía el chocolate con agua, delicioso.

México siempre me sorprende, la gente encantadora que tengo la suerte de conocer, la amabilidad de los mexicanos, esos pueblitos maravillosos con tanta historia que la cuidan y mantienen con mimo, qué decir de la comida con esos sabores picantes y llenas de color, no se puede pedir más a un viaje.

 

Paseando por Londres, museos, barrios y pub

Viaje a Londres

Tu voto:

20160625_205552Lo primero que me llamó la atención al llegar a Londres fueron los asientos del metro, tapizados con una tela que parecía que estábamos en un cuarto de estar de una casa inglesa. El metro y los autobuses van tapizados así.

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Los autobuses me encantaron, los tomamos varias veces y nos subíamos al segundo piso, así podíamos ver mejor por donde íbamos; así llegamos a Buckingham Palace, el lugar es espectacular, enormes parques verdes, el gran palacio, rodeado de estatuas, una pasada. Los ingleses paseaban por esos inmensos parques, familias  merendando sentados en el césped o tumbadas tomando el sol en hamacas repartidas por todos lados.

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Después cogimos un taxi para ir al barrio de Nothing Hill, famoso por la película del mismo nombre pero famoso por ser un barrio precioso, con calles adoquinadas y casas victorianas, me encantó y eso que no fuimos en sábado para ver sus mercadillos, pero en una pequeña cafetería nos tomamos un rico té con scons, bollitos muy típicos ingleses que yo hago en casa y que me salen buenísimos, pero ellos los hacen especiales.

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El sábado Cesar y yo salimos temprano para hacer el gran recorrido, era el último día para ver tantas cosas, yo salía el domingo a medio día y nos faltaban muchas cosas. En un autobús llegamos al río Támesis, era una mañana luminosa y la vista era muy bonita, allí estaba esa gran noria como un gran ojo que todo lo ve. Nuestra idea era pasear todo ese lado del río y así lo hicimos.

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El Tate museo, me encantó, un gran edificio industrial convertido en museo de las vanguardias y gratis, los museos en Londres son gratis, ponen una vitrina de cristal donde la gente hecha unas libras para su mantenimiento, yo creo que casi todo el mundo deja su propina. Vimos un Picasso  y “la araña” de Bourgeois, entre otras muchas cosas.

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Salimos del museo y un poco más allá la joya de la corona, el museo de Shakespeare, “El Globo“, intentamos pasar pero fue imposible, una gran cola de gente y a las 12 cerraban al público porque empezaba el teatro dentro de este precioso edificio. Aquí se rodó la película de “Shakespeare in love”. Aquí Shakespeare escribió alguna de sus obras, ya digo la joya de la corona.

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Seguimos paseando y viendo ese ambiente de sábado en una gran ciudad, cada vez había más gente, el Támesis ofrece montones de rincones para pasar una mañana llena de actividades en sus alrededores; ya era medio día y nos topamos con un mercado, el olor era fascinante, un montón de puestos de comida de todo el mundo, lleno de gente, nos encantó, después de recorrerlo y tomarnos un zumo de verduras y frutas, decidimos comprar un pastel de carne muy inglés y un postre a base de leche de coco, todo muy rico.

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Mis pies ya iban fatal pero aún nos quedaba ver la catedral de San Pablo y  llegar al British Museum. Antes de dejar el río llegamos a ese precioso puente que le llaman la Torre, por ahí cruzamos al otro lado del río, por cierto nada que ver esa orilla silenciosa y todo cerrado con el bullicio de la orilla de donde veníamos.

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Puente del Millenium

Los puentes sobre el río Támesis tienen su historia; en la ciudad cruzan el Támesis 14 puentes, el más antiguo Richmond fue construido en 1777 y el más moderno construido en el año 2002 y le llamaron Millenium, fue el arquitecto Foster el encargado de construirlo. El más conocido Tower Bridge en 1894. Por este puente cruzamos al otro lado del río, para seguir caminata hasta el British Museum el día nos acompañó luminoso y cálido pero a estas horas de la tarde se iba poniendo el cielo encapotado y nuestra entrada al museo fue corriendo y algo empapados, por un aguacero que nos sorprendió.

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La entrada al  British Museo  es espectacular, y de nuevo gratis, es una pasada, estaba el patio del museo lleno de gente, niños jugando, familias enteras paseando por ese maravillo de patio. Entramos a la sala de Egipto, seguimos por Roma y Grecia; impresionante lo que tiene este museo, es imposible verlo todo, pero la piedra Roseta estaba allí, me recordó a cuando yo pasé al museo de México y vi el calendario azteca, un privilegio.

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La Piedra Rosetta

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Parte del Partenón Griego en Londres

Derrotados por la inmensidad del museo y por la imposibilidad de ver todo, salimos a la calle y nos resguardamos de la lluvia en un pequeño bar, me encantó ese momento, la gente corriendo y la lluvia que no dejaba de caer, mi cabeza llena de cosas tan bonitas que ni el cansancio podía conmigo.

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Homenaje a las mujeres de la segunda guerra mundial

Paseando hacia el Parlamento inglés y poder ver ese precioso edificio y su famosísimo reloj, el Big Ben, vi este monumento a las mujeres, no pude por menos que fotografiarlo. Leí en algún sitio que las mujeres londinensas en la Segunda Guerra Mudial trabajaron en reconstruir todo tipo de edificios y sobre todo reconstruyeron un puente. Aquí dejo el homenaje a esas silenciosas mujeres de todo el mundo.

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Ya escampó y fuimos caminando para el Soho, estaban todas las calles llenas de gente, el “Orgullo Gay” estaba celebrando la fiesta, casi no podíamos pasar, por fin llegamos a un restaurante chino a tomar pato laqueado, nunca lo había probado pero estaba buenísimo. Mi hijo César me descubrió muchos platos ricos que yo nunca había probado, la gastronomía, también, forma parte de un bonito viaje.

Día intenso.