Viaje a Canadá, Las Rocosas

Viaje por el Parque de Las Rocosas

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Y llegó el día de salir hacia Las Rocosas, los cinco en un coche lleno de maletas, Sonia al volante, César de copiloto y todos expectantes para ver esos paisajes que tanto deseábamos ver y disfrutar. Yo, antes de ir a Canadá, me leí un montón de informaciones, blogs, guías sobre estos lugares y todos coinciden en una cosa, que la naturaleza nos brinda unos momentos que son incomparables con cualquier otra cosa.

 

Salimos hacía Banff, pueblo muy turístico, al llegar vimos más gente por las calles, aunque en estos lugares nunca te vas a encontrar con aglomeraciones, es verdad que en Banff se nota que hay más turismo. Ya la carretera que tomamos, la 93, nos ofrecía esa inmensidad de paisajes, carreteras amplias y con pocos coches así que el paisaje era todo para nosotros. Atravesamos los parques Kootenay, Banff y Yoho, pues nuestra casa estaba cerca de una población llamada Golden.

 

Creo que no hay palabras, ni fotos que puedan describir lo que nuestros ojos iban viendo. Montañas con nieve en sus cumbres, bosques de abetos maravillosos a lo largo de las carreteras, cascadas por cualquier sitio, ríos serpenteando las llanuras de colores cambiantes, desde el azul claro, al verde, o aguas lechosas, lagos de aguas transparentes, y por si faltaba algo, de vez en cuando aparecía un tren de mercancías tan largo que nunca veíamos el final, por cornisas increíbles, así es el viaje por estos parques que con el de Jasper forman el Parque Nacional de Las Rocosas, nombrado Patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1984.

Fuimos parando para comer, para ver un lago, para admirar una cascada, asomarnos a un mirador, así hasta llegar a nuestra casa en mitad del campo. Nada más llegar, dejamos maletas y salimos a dar un paseo hacia un glaciar. Precioso paseo de unos kilómetros hasta que el bosque se abre y nos ofrece una preciosa vista del glaciar. Mereció la pena a pesar de los mosquitos que dieron buena cuenta en cualquier parte de nuestro cuerpo.

Al día siguiente salimos temprano, teníamos tanto que ver…las horas se pasan volando, pues tienes que ir parando el coche en un mirador, en un lugar inesperado, en fin que las horas no te dan de sí a tanta belleza.

Visitamos el glaciar Stanley y las cataratas Johnstan Canyon. Yo creo que lo mejor de este viaje eran las caminatas que nos hemos dado para  disfrutar todo el camino, hasta llegar al lugar que queríamos ver. La caminata de las cascadas fue preciosa, todo el tiempo viendo diferentes saltos de agua, con una fuerza arrolladora hasta llegar a lo más alto.

Precioso día, pero al día siguiente teníamos un plato fuerte, el lago Louise y subida al glaciar.

El lago Louise, recibe ese nombre en honor a la princesa Luisa Carolina Alberta, cuarta hija de la reina Victoria y esposa del marqués de Lome, que fue Gobernador General de Canadá en los años 1878-1873. Este lago, de no mas de un km de largo, es precioso por sus aguas transparentes de un color maravilloso y todo él rodeado de montañas y glaciares. Lo preside un gran hotel Chateau Lake Louise, uno de los grandes hoteles construidos por la compañía de ferrocarril canadiense.

El día era lluvioso, húmedo y nublado a ratos. Allí mismo iniciamos la subida al glaciar rodeando el lago, preciosa caminata, todos subieron al glaciar y me contaban que las vistas al otro lado eran espectaculares.

 

A la vuelta, con frío y mojados, comimos en ese gran hotel, calentito y comida rica, un día precioso como es costumbre en estos lugares.

Al final del día, no sabíamos que nos había gustado más, porque realmente todo es impresionante. La vuelta en coche, siempre comentando lo que habíamos visto o lo que más nos había gustado, a ratos oíamos música, una canción quedará en mis recuerdos unida a este preciosos viaje.

Ya terminamos estos días en estos parques, y seguimos la ruta hacia el norte,  pasaremos dos días en el Parque Jasper.

 

 

Viaje a Canadá, Calgary, Las Rocosas y Vancouver

Viaje a Calgary

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Calgary

Este año he cumplido 70 años, y por este motivo mis hijos me regalaron un viaje a Canadá. La ocasión era perfecta, mi hijo César, Sonia y Elías iban a recoger a Leo, mi nieto, que cursó un año en un instituto de la ciudad de Calgary, así que me invitaron a ir con ellos.

El viaje duró 15 días y recorrimos gran parte de Las Rocosas, llegamos a la ciudad de Vancouver y a la vuelta a Calgary, pasamos por la zona de los grandes lagos, y El Parque de los Glaciares, en total unos 5.000 km por lugares maravilloso y carreteras impactantes.

Llegamos a Calgary, y lo primero que hicimos fue ir a recoger a mi nieto, no nos esperaba y fue una gran sorpresa al vernos frente a su casa y desde allí nos fuimos a recorrer la ciudad para hacernos idea de cómo era.  Al día siguiente fuimos a conocer el Instituto de Leo, Mckenzie Highlands School, y a despedirnos de los profesores que, durante ese curso, estuvieron con él. Nos encantó ver donde estudió, sus clases, su cancha donde jugó al baloncesto, en fin una visita muy especial.

El tiempo que estuvimos en Calgary aprovechamos para pasear. Una ciudad de un millón de habitantes, la más grande de la provincia de Alberta, situada a unos 80 km de Las Rocosas, bañada por un gran río, el Bow, nos pareció una ciudad tranquila, muy extensa, de barrios donde las casas unifamiliares de madera y rodeadas de jardín es la tónica general. En 1988 acogió los juegos Olímpicos de Invierno, allí la esquiadora española, Blanca Fernández Ochoa, no pudo ganar una medalla Olímpica por una caída a punto de terminar.

Tiene un centro con modernos e impresionantes edificios, el más alto fue construido por el arquitecto inglés, Foster, conocido como The Bow,  esos edificios están comunicados por galerías, para que en invierno la gente circule por ellos, porque alcanzan algunos días los -40 grados. Las calles peatonales con muchas flores adornando fachadas, muchas terrazas donde la gente disfruta unos días de temperaturas cálidas. Paseamos observando la vida tranquila de esta ciudad, donde el coche es la forma más habitual de moverse de un lado a otro.

 Cuando terminamos el viaje, volvimos a Calgary, teníamos pensado pasar un día antes de tomar el avión de regreso y aprovechamos para visitar sus ferias y su famoso “Stampede” rodeos, carreras de carretas, donde todo el mundo va vestido con el sombrero vaquero y sus botas, una fiesta curiosa para unos españoles que pasaban por allí. También visitamos un lugar donde los indios canadienses, los Inuit enseñan sus tipis preciosos, sus bailes y su forma de vida.

La modernidad se mezcla con las  costumbres del “lejano Oeste”, curioso contraste que disfrutamos enormemente recorriendo esa feria llena de diversión para los chicos y llena de emoción viendo montar caballos y toros salvajes en medio del griterío de la gente.

Nos despedimos de Calgary, sobre todo mi nieto Leo que vivió allí durante un curso entero, esa ciudad quedará para siempre en su memoria, y la experiencia también.

Nosotros la disfrutamos con ojos curiosos y esperando salir para Las Rocosas, un paraje que queríamos recorrer sin dejarnos nada o casi nada, cosa imposible por la grandiosidad de sus paisajes y las distancias enormes.

 

Mi ruta cervantina preferida

 

Este fin de semana hemos aprovechado, un grupo de amigos que leemos el Quijote, el excelente tiempo de esta larga primavera, que nos está dejando disfrutar largos días con suaves temperaturas, para recorrer mi ruta cervantina preferida. Es una verdadera experiencia viajar por estos campos llenos de flores, con tonos de verdes diferentes y esos cielos azules adornados con nubes blancas y gordas que amenazan tormenta.

Esta ruta que la llevo haciendo mas de treinta años, y no me canso de ver la evolución que van teniendo los pueblos, las carreteras, la gastronomía, en fin, que se ha hecho un esfuerzo por recuperar la cultura de esta zona, La Mancha, donde Cervantes se inspiró para escribir este magnífico libro de caballería y además de leerlo, es estupendo poder ver esos lugares.

 

Salimos a media mañana, pues teníamos una ruta intensa y teníamos que llegar hasta El Toboso, pasando por Puerto Lápice, Campo de Criptana y a la vuelta hacer una parada en Las Tablas para ver el atardecer.

Llegamos a Puerto Lápice a la hora del desayuno. Siempre es un placer parar en La Venta, y disfrutar un café contemplando el bonito patio, donde Cervantes parece que describió el capítulo III donde Don Quijote fue armado caballero aquella noche.

Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad; y así se dio luego orden como velase las armas en un corral grande, que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas Don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y embrazando su adarga, asió de su lanza, y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo, comenzaba a cerrar la noche.

Una delicia pasear la calle hasta la preciosa plaza, llena de sabor cervantino, allí unos bancos de cerámica nos recuerdan con varios pasajes que esta fue la primera aventura del Hidalgo y no la de los molinos.

Salimos para el Toboso, pues allí teníamos que llegar antes de las dos del mediodía, para poder disfrutar del pequeño museo biblioteca que es una verdadera joya.

Llegamos al Toboso y como dice Cervantes siempre nos espera el pueblo en un “sosegado silencio”, sus calles silenciosas con muy poca gente, turistas que paseamos por todos sus rincones, sus calles, sus callejones y plazuelas, la casa de Dulcinea, o el convento de las Clarisas, y su inmensa iglesia, como digo un pueblo pequeñito, perdido en la planicie Manchega, pero conocido mundialmente por ser la cuna del amor del Caballero de la triste figura.

Dice la leyenda, que cuando las tropas napoleónicas llegaron a esta villa, el comandante mandó alto al fuego, pues no quería que en su “historial pesara la ignominia de haber destruido la cuna de la sin par Dulcinea”.

La biblioteca que fue fundada por Don Jaime Martínez Pantoja, alcalde del pueblo por los años 20, se le ocurrió la brillante idea de escribir a países de todo el mundo pidiendo que le mandaran Quijotes en el idioma del país y firmados. Este llamamiento surtió efecto y la biblioteca tiene más de 700 ejemplares en 70 idiomas diferentes. Muchas curiosidades como un Quijote escrito a mano por los presos de Ocaña en los años 20. Gadafi mandó el “Libro verde de la revolución”, firmado por él. Así nos pasamos largo tiempo curioseando por los estantes. Al final vimos un audiovisual realizado por las mujeres del Toboso, interpretando el capítulo IX de la segunda parte.

Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho:

—Sancho hijo, guía al palacio de Dulcinea: quizá podrá ser que la hallemos despierta.

 

Terminamos la visita y nos fuimos a comer a un restaurante de los que tiene El Toboso, “El Rincón de la Mancha”, buena comida y mejor charla, todos reponiendo fuerzas para seguir la ruta. Después de comer nos fuimos a ver la casa de Dulcinea, la Iglesia, el Convento de la Clarisas, en fin un bonito paseo por la cuna de Dulcinea.

A solamente ocho kilómetros ya estamos en Campo de Criptana, tierra de gigantes, como así dicen sus carteles. Un pueblo en la falda del monte de los famosos molinos, donde Don Quijote los confundió con gigantes. Y la verdad es que la subida a ese monte es precioso, van apareciendo uno, dos , tres, hasta once molinos con sus aspas inmóviles, ¡espectacular la vista!

Al ladito, bajando una pequeña cuesta está el barrio del Albaicín, con sus fachadas blancas y sus zócalos azul-añil, ahí está el cerro de la Paz, una plaza empedrada con un gran molino y al fondo la ermita de la Virgen de la Paz. Preciosa en su silencio y precioso el paisaje que divisamos.

 


En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.

Capítulo VIII, Primera parte

Ya vamos de regreso, el paisaje sigue siendo impactante, las inmensas llanuras, el verde intenso de las parras, el cereal, las amapolas que salpican todo el campo, y en cada colina un molino, donde los molineros de antaño molían la harina para hacer pan, imprescindible en la comida manchega.

 

Y llegamos a las Tablas de Daimiel, ahora rebosando agua, el Guadiana  ese río que se esconde para salir a la luz kilómetros antes de Las Tablas, baja lleno de agua. Una bendición esta primavera tan lluviosa que nos llena los ríos, los pantanos, las lagunas y nos da tranquilidad y sosiego.

 Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre, el cual cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus aguas las referidas lagunas, con las cuales y con otras muchas que se llegan entra pomposo y grande en Portugal. Pero, con todo esto, por dondequiera que va muestra su tristeza y melancolía, y no se precia de criar en sus aguas peces regalados y de estima, sino burdos y desabridos, bien diferentes de los del Tajo dorado; y esto que agora os digo, ¡oh primo mío!, os lo he dicho muchas veces, y como no me respondéis, imagino que no me dais crédito o no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual Dios lo sabe.

Un atardecer en Las Tablas es todo un descubrimiento, en el mirador estuvimos un buen rato observando la naturaleza, escuchando los sonidos que produce. Aprendimos nombres de pajarillos como los vencejos que Dolo nos explicó como volaban o el ruido de las palomas o aves que anidan entre los cañizos de este paraje.

El día tocaba a su fin, recorrer estos pueblos, leyendo de vez en cuando un pasaje del Quijote, acompañada de un grupo de amigos, creo que es un buen regalo que estas tierras cervantinas nos ofrecen y que no debemos dejar de visitar.

 

Mi último viaje a México

 

 

Creo que he viajado a México cinco veces, cinco viajes que empezaron hace ya más de ocho años y que concluye con este último, un regalazo que, mis amigos Rafa y Patty me han hecho por mis 70 años. Ya no pensaba hacer viajes tan largos, pero mira por donde, he vuelto a embarcarme de nuevo en un avión y cruzar el océano, para disfrutar unos días en aquel precioso país que, en primavera, todo está lleno de flores, jacarandas, bugambillas y demás plantas, que embellecen todo el paisaje.

Nada más llegar al aeropuerto, Benito Juarez, de México, me esperaban mis amigos y Myrna, allí mismo tomamos algo y allí mismo disfruté la comida méxicana, tan sabrosa y picante.

Yo iba con ganas de ver las jacarandas en flor, que en México son especialmente bonitas y abundantes, llenan calles, avenidas y salpican el paisaje de ese color morado tan bonito. Tuve suerte porque en frente de casa de mis amigos hay una preciosa.

Al día siguiente salimos a pasear al castillo de Chapultepec, una construcción palaciega dentro del bosque del mismo nombre. Es el único Castillo Real en América y ha tenido varios usos, desde polvorín, academia militar, residencia del emperador Maximiliano I de México (1864-1867) y residencia de los presidentes del país entre los años 1884 y 1935. Pero nosotros fuimos a ver una exposición de cerámicas de una prima de mis amigas, Emma, que hace unos platos preciosos con motivos de pájaros. Estando allí paseando por esa terraza inmensa, con vistas a la ciudad, volvimos a disfrutar de las jacarandas,  de las vistas y de toda la historia que encierra ese castillo.

Bajamos  paseando, disfrutando esa mañana luminosa, y como estábamos cerca, no podíamos pasar de lejos sin ir a ver a mi amado, “el dios de la lluvia”, Tláloc, siempre que voy a México paso a verlo. Lo conocí con mi hija María y Javier, en el primer viaje que hice y tengo que decir que fue un autentico flechazo, me encanta su historia y me encanta ese figura inmensa, siempre en el mismo lugar, como guardando la entrada del increíble museo Antropológico de la ciudad de México.

Mis amigas saben de mi amor por los libros y las librerías, y siempre visitamos algunas en mis viajes, es un placer para mi entrar en esas tiendas donde los libros son un lujo para la vista; las librerías en México son preciosas, esta que visitamos está al lado de un lago, toda ella está abierta a la naturaleza y allí nos sentamos para saborear un jugo de guayaba; no hay mejor lugar para tomar algo y charlar tranquilamente viendo a la gente pasear y disfrutar de ese lugar. Librería Porrúa.

Al día siguiente nos fuimos a un lugar llamado Valle de Bravo, allí nos esperaban unos primos de mis amigos, Elda y su marido, José Manuel, que viven en una preciosa casa con vistas al algo. Nos recibieron con tanta amabilidad que yo, que andaba abrumada desde que llegué a México, seguía con ese mismo sentimiento. Elda es una amable anfitriona que no deja a sus invitados ni un momento, siempre con una buena charla o sorprendiéndonos con un gazpacho andaluz con un toque mexicano, para comer.

Charlamos de España y de México, de los problemas que vivimos en cada uno de nuestros países y acabamos hablando de un tío de José Manuel, que fue aviador en la República, se exilió a México y allí vivió hasta su muerte. Siempre que viajo a ese país, me encuentro con alguna historia de españoles que tuvieron que exiliarse de nuestro país y fueron acogidos en México.

El pueblo ubicado a 156 km al suroeste de la capital, fue fundado en 1530 por frailes franciscanos con el nombre de San Francisco del Valle. Nombrado pueblo típico en 1971 y finalmente pueblo mágico en 2005. Sus calles empedradas, sus edificios coloniales, su plaza con su templete y su iglesia. Me encantan esos pueblos y ya conozco algunos.

Desayunos especiales mexicanos a base de frijoles, chilaquiles, huevos rancheros, sus tacos tan diversos y demás exquisiteces, un poco fuerte para nuestros desayunos pero exquisitos. Yo disfruto mucho la comida de aquel país, es picante, muy sabrosa, con sabores tan diferentes a nuestra comida mediterránea.

Ya de vuelta a la capital, paseamos por las calles centrales donde, las tiendas más especiales hicieron un trabajo precioso, todas sus fachadas estaban adornadas con flores frescas, a cual más bonita e imaginativa, una mañana espléndida viendo la gente pasear y fotografiarse en esas fachadas. Terminado el paseo dimos cuenta de unos taquitos exquisitos en una terraza con vistas a la ciudad.

El tiempo va pasando así que aprovechamos para ir a  San Miguel Allende, ciudad preciosa donde las haya, allí nos esperaban otros primos de mis amigas, disfrutamos de una casa en el campo con un precioso jardín, Rosi y Patricio nos recibieron como familia y su casa fue la mía desde que llegué, desde aquí mi agradecimiento a sus atenciones que fueron múltiples a lo largo de los días que estuvimos allí.

 

San Miguel Allende es una delicia pasearla, sus calles empedradas, sus fachadas de color rojizo, sus artesanías de mil colores, su maravillosa iglesia de color rosado, su zocalito lleno de gente y casi siempre con música en directo, ya digo una delicia.

Visitamos un pueblito, muy cerca de San Miguel, Atotonilco, con una preciosa iglesia, la llaman la sixtina mexicana, debido a los bellos murales. Fue construida entre 1740 – 1748, por iniciativa del devoto  Luis Felipe Neri, que quería evangelizar a los habitantes de aquella zona.

Martinez de Pocasangre, de Querétaro, fue el encargado de pintar todos los murales y techos, sin dejar ni un centímetro de pared sin pintar.

Desde aquí salió el cura Hidalgo con el estandarte de la virgen de Guadalupe para llegar a la iglesia de Dolores Hidalgo y tocar la campana, como inicio de la Independencia mexicana. Por todo esto, la Unesco concedió el título de Patrimonio de la Humanidad a esta Iglesia de Jesus del Nazareno el 8 de julio de 2008.

Días deliciosos con Rosi y Patricio, saboreando, una noche, tortilla de patatas y un buen vino. Las despedidas nunca me han gustado, pero despedirnos de esta familia, de su preciosa casa y de un campo maravilloso, no fue fácil.

Ya de vuelta a México hicimos parada en Qerétaro, acompañadas por Cynthia, visitamos la casa de  la Corregidora, Josefa Ortiz Domínguez, patriota y heroína de la independencia de su país, toda una institución en la ciudad,  recorrimos el precioso zócalo con un guía que nos explicó la historia de cada casona que rodea el mismo. Como siempre comimos en un restaurante de la plaza, disfrutando de la comida y de la música.

Ya en México y con pocos días para mi regreso, nos fuimos a pasear por la colonia Roma, un barrio precioso con casa antiguas, que me recordaron mucho a las calles de Buenos Aires, fue una mañana preciosa, soleada que invitaba a pasearlo. Visitamos la Casa Lamm, una casa transformada en universidad privada.

Seguimos paseando y nos encontramos con esta librería de nombre muy sugerente, para mí y para mis amigas que también conocen esta tierra cervantina, “En un lugar de la Mancha” y como siempre las librerías me sorprenden, abierta a la calle, donde tomamos una rica cerveza, en cada mesa había un libro que podías leer y hojearlo, con un patio interior y muchas citas cervantinas por las paredes.

Voy terminando este relato, que seguro, me dejo muchas cosas, porque fueron días de mucho ajetreo. Cenamos un día en un precioso restaurante, desayunamos en otro cuando viajábamos, esos desayunos enormes y muy ricos y ya como despedida nos fuimos a comer a un pequeño restaurante italiano, La Lanterna, que se conserva  tal como lo inauguraron hace muchos años, parece una casita italiana en el centro de esa inmensa ciudad.

En fin, como siempre las despedidas no son mi fuerte, me llevo en la cabeza un montón de momentos muy especiales con toda la gente que conocí, muchas imágenes que solamente están en mi cabeza y que las conservo para siempre. Detalles que me hacen conocer ese país en tantos viajes como he hecho, y casi siempre son pequeños detalles que me fotografían la vida, las costumbres de México y sus pueblos.

 

 

 

 

 

La uruguaya de Pedro Mairal

 

Este es el último libro que hemos leído en el club de lectura, que formamos un grupo de amigas que, cada mes, nos reunimos en una preciosa librería de mi ciudad “La madriguera”, allí hablamos de libros y de la vida, es lo que tiene reunirse una cuantas amigas, que nos quitamos la palabra de la boca. Pero a todas nos encanta esas reuniones. A mi me enriquecen mucho y creo que a todas nos pasa lo mismo.

Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionas en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlo con un lazo eterno.

Elegimos este libro por ser un escritor argentino y por que tenía muy buenas críticas. Así que una vez decidido, lo leímos en un pis pas. Es una lectura rápida, ágil, con un punto de humor y algo de fracaso, que cuando empiezas su lectura no lo puedes dejar, te atrapa absolutamente.

Guerra me mandaba esas cosas y yo quedaba partido, colgado de una emoción que no se disipaba. Eso era Montevideo para mí. estaba enamorado de una mujer y enamorado de la ciudad donde ella vivía. Y todo me lo inventé, o casi todo. Una ciudad Imaginaria, en un país limítrofe. por ahí caminé, más que por la calles reales.

Lucas Pereyra es el protagonista de esta novela, un escritor que no pasa por sus mejores momentos, separado, con un hijo y con la crisis de los cuarenta encima, son los ingredientes para que le pase cualquier cosa.

Es una nueva fragilidad, un lado vulnerable que no conocía. Quizás a los padre más  jóvenes no les pasa. A mi me da terror a veces. Cuando corre hasta la esquina y no lo alcanzo y le pego el grito sin saber si va a frenar. Tendría que haber un curso para criar  hijos.

Lucas viaja a Uruguay para recoger un dinero de un libro que se lo pagan en un banco de ese país, ya que en Argentina no le es posible cobrarlo. Le anima viajar a Uruguay, además de cobrar el dinero que le vendrá muy bien, reencontrarse con una amiga.

¿Cómo se hace para cogerse a una mina llorando y con el perro del novio? Esa es mi primera reacción cuando llora una mujer, mi cerebro se va lo más lejos posible al fondo de mi egoísmo, a la otra punta de la pena y del amor, planeo la fuga, después empiezo a volver, poco a poco, me pongo contenedor, quizá por que el llanto femenino empieza a hacerme el efecto buscado.

El viaje se presenta bien, pero la realidad será otra. Lucas, como cualquier persona que anda metido en esas crisis de identidad, quiere imaginar una vida distinta a la que le espera, pero la realidad será tozuda.

Ojala la muerte sea saberlo todo. Por el momento no queda más remedio que imaginar. Si yo pudiera contar el día exacto de ese perro con todos sus detalles, olores, sonidos, intuiciones, idas y vueltas, entonces sería un buen novelista. Pero no tengo tanta imaginación. Escribo sobre lo que me pasa. Y lo que me pasó fue que el ascensor llegó a nuestro piso.

Hemos paseado por Uruguay con la ilusión de ese reencuentro, con una nueva vida, pero volvemos a Buenos Aires, derrotados y al reencuentro de la realidad.

Esto se acaba. Se termina mi crónica de este martes, la última cuadra la hice entre gemidos y resoplidos. Lo que quedaba de mí llegó a la puerta del edificio. Entré, subí en el ascensor. Mi facha en el espejo era de espanto. No era el mismo que había mañana en el ascensor.

Esta pequeña novela ha recibido el premio Tigre Juan en 2017.

Paseando por Alcalá de Henares

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Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares

La semana pasada viajé con mis compañeros de la Universidad de Saramago a Alcalá de Henares, ciudad Patrimonio de la Humanidad, desde 1998, a 30 kilómetros de Madrid.

Lo primero que me llamó la atención al llegar son sus cigüeñas, nidos enormes en los campanarios, en esta ciudad hay por todas partes, se escuchan las campanadas y el repiqueteo de los inmensos picos de estas aves, algo que hace de Alcalá un lugar curioso y muy especial. En la torre del Ayuntamiento hay un gran nido y cuando es tiempo de cría, como ahora, una cámara transmite en directo ese espectáculo.

Pero la ciudad nos depara historias infinitas.

El día era frío, pero nosotros seguimos a la guía por un recorrido magnífico. Empezamos por la Universidad de Alcalá con su maravilloso edificio que ahora alberga el Rectorado. Este edificio donde se celebran los premios Cervantes cada año, es la obra magnífica del Cardenal Cisneros que fundó en 1499.

Esta universidad fue concebida por Cisneros como centro del conocimiento de la España renacentista, por esta universidad pasaron Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, Nebrija y muchos más. Cuando pasamos al Paraninfo, es muy impactante ver esos nombres escritos en las paredes.

Hay una gran obra de Cisneros, la Biblia políglota, durante más de 15 años involucró a los mejores expertos de la época, los textos están en hebreo, judío y griego, el trabajo fue tan complicado que cuando se terminó de imprimir, Cisneros dijo: “Ahora descanso”. Murió unos meses después.

Dicen que Cisneros fue el mejor alcalde de Alcalá.

Hay también en esta villa monasterios de casi todas las órdenes y colegios de ellos, cuyos religiosos no solamente vienen acá para oír  teología, pero convídeles también para ello el saludable cielo y la fertilidad de la tierra. Tiene una plaza bien grande para juegos en medio de la villa, y en ésta  se hallará cualquiera todo lo que es  menester para comer. Al norte de ésta va una calle larguísima en que viven demás oficiales. El palacio del arzobispo está al poniente de la villa, bien antiguo; hay también otras muy buenas casas de ciudadanos dispersas por la villa. (Enri de Cok, 1585-1592)

El Paraninfo de la Universidad, donde se celebran los Premios Cervantes cada año, es una sala pequeña, llena de historia tanto por los estudiantes que pasaron por allí como por los escritores españoles e hispanoamericanos que han sido  galardonados. La primera edición fue en 1976, o sea que llevan 41  premiados de los cuales solamente cuatro mujeres han sido significadas con este premio.

Seguimos paseando por esta ciudad y llegamos a la calle Mayor, calle de la judería, calle porticada a lo largo de casi medio kilómetro, allí está el pulmón de la ciudad, gentes, bares, confiterías, y la casa de Cervantes, casa que se supone fue de la familia, pero merece la pena pasar a ver una casa típica de esa época, frente a la casa dos grandes figuras de D. Quijote y Sancho.

En la iglesia de Santa María, fue bautizado Cervantes con el nombre de Miguel, ya que nació un 29 de septiembre.

En domingo  nueve días del mes de octubre de mil e quinientos e cuarenta y siete años, fue bautizado Miguel, hijo de Rodrigo de Cervantes e su mujer Doña Leonor; fueron sus compadres Juan Pardo; bautízole el Reverendo Señor Bachiller Serrano Cura de Nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez, Sacristán e yo que lo bauticé y firmé de mi nombre. Bachiller Serrano

Hicimos una parada para comer y calentarnos, pero seguimos, había mucho que ver. Pasamos por la catedral donde está el maravilloso sepulcro donde descansan los restos de Cisneros. El cardenal pidió ser enterrado en un sencillo sepulcro, como fraile franciscano que era, pero no se respetó esta petición y el sepulcro es una obra magnífica, realizada por Domenico Fancelli.

Ya íbamos terminand la visita con innumerables historias de los numerosos edificios, capillas y museos, que recorrimos ese día.

Al pasar por una calle vimos una placa en una casa, aquí nació Manuel Azaña, Presidente de la Segunda República española. Fue un broche estupendo a ese paseo intenso por esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz

Tenía este libro en casa hacía unos cuantos años, y ahí permanecía, un día lo saqué de la estantería y lo dejé cerca de mi mesa para en cuanto tuviera un rato, empezarlo. Me encanta este escritor tanto por sus libros como por esos mensajes de paz que siempre nos transmite.

Más viejo que el Islam, el cristianismo y el judaísmo, más que cualquier credo o Estado, el fanatismo, dice el escritor israelí Amos Oz, sigue envenenando el mundo. Sí, raro es el día que no nos asalta la noticia de un atentado, ya sea en Palestina, India, Colombia o Irak… Vivimos rodeados por mil fanatismos opuestos, pero idénticos en la base.

Esto lo dice en su libro, Contra el fanatismo.

Nació en Jerusalén en 1939 y allí vivió toda su infancia con sus padres, hasta que marchó a un Kibbutz a los quince años.

La historia que nos cuenta a lo largo de más de 600 páginas, abarca la vida de sus abuelos, tanto de parte de padre como de parte de madre. Amos estuvo siempre rodeado de libros, de escritores, de gente culta y sensible, toda su infancia estuvo cruzada por ese amor a los libros.

Lo único abundante en casa era los libros: había libros de pared a pared, en los pasillos, en la cocina, en la entrada. Miles de libros en cada rincón de la casa.

Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro. aunque se le elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería  olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reikiavik, Valladolid o Vancouver.

Pero esa vida feliz de este único hijo de la pareja formada por su padre, un hombre aficionado al estudio de la filosofía, trabajador en un biblioteca y siempre alegre y vitalista, chocaba con una madre melancólica, siempre metida en un mundo solitario, pero a la vez le enseñó siempre a contar cuentos e historias y le enseñaba a amar los libros y las palabras.

Una vez, cuando tenía siete u ocho años, mientra íbamos sentados en la última fila del autobús, mi madre me dijo que es cierto que los libros pueden cambiar con los años, igual que las personas cambian con el tiempo, pero que la diferencia pero que la diferencia está en que las personas al final te abandonan a tu suerte, mientras que los libros jamás te abandonan. Tú los abandonas a ellos a veces, pero ellos, los libros aunque los hayas traicionado, jamas  te dan la espalda, durante años te esperan en la estantería.

Esta vida llena de cultura por todos los rincones de la casa se rompe con el final del mandato  británico y la creación de dos estados nuevos, uno judío y otro árabe. Tiempos de incertidumbres, las bombas, la muerte y el desasosiego llena la pequeña casa donde vive la familia. Refugiados que pernoctan por todos sitios, la escasez de alimentos y el racionamiento, llenan los días de la juventud de Amos.

Mi madre, mi padre y yo, dormíamos durante los meses del asedio en un colchón al final del pasillo. A cada rato, con la caída de las bombas, temblaba toda la montaña y con ella se estremecía los edificios de piedra. Mi madre me abrazaba apoyando su cabeza en mi pecho. Esa noche por primera vez, que también yo moriría. Que todos moriríamos. Y nada en el mundo , ni siquiera mi madre, podría salvarme.

Pero lo más dramático que marcará al joven es la enfermedad de su madre, que día a día se va aislando de la vida de todos ellos, de ese mutismo que la llevó durante años a pasar los días en silencio y las noches eternas de insomnio. Algo que, en el libro lo va contando con amor a su madre y el no entender porque los dejaba. Verdaderamente esas páginas están llenas de dulzura, de dolor, de incomprensión, de odio, de todos los sentimientos que un joven de doce años puede sentir ante una madre ausente.

Por las noches, mi padre seguía atento a que la luz de mi habitación se apagara a las nueve en punto. Luego entraba de puntillas en la otra habitación y cubría con un chal los hombros de mi madre, pues el otoño ya estaba en las puertas y las noches empezaban a ser frescas, se sentaba a su lado, le cogía la mano fría con su mano siempre caliente e intentaba despertarla para charlar al menos un rato. Como el príncipe azul de los cuentos intentaba, mi cansado padre, despertar a la bella durmiente. Pero aunque la besara no conseguía despertarla: el hechizo de la manzana no desaparecía. o el beso no era verdadero. o ella, en sus sueños, no esperaba a un charlatán con gafas de intelectual bromeando sin descanso, sino a un príncipe totalmente distinto.

Una biografía completa de su familia, de judíos en la segunda Guerra Mundial, de conflictos políticos, pero sobre todo del amor a los libros y de la desgarradora historia de la muerte de su madre.

Me ha gustado mucho, me ha costado leerla bastante tiempo, pues la escritura de Amos Oz es prolija, detallista, llena de anotaciones de libros, de poesía, en fin un libro para no olvidar.