Viento del este, viento del oeste de Pearl S. Buck

He vuelto a releer este libro que, cuando yo era una jovencita me lo leí y me atrajo desde la primera página. La conmovedora historia de Kwei-Lan me quedó grabada, esa cultura milenaria donde las mujeres estaban al servicio del hombre absolutamente,  que les vendaban los pies, en aras de la belleza y tantas y tantas historias que mantenían a las mujeres sometidas por leyes ancestrales.

Siempre y en todo te he instruido en la necesidad de someterte como una flor se somete a la lluvia y al sol. Pensando en tu marido te enseñé como debes ataviarte, cómo se habla con los ojos y la expresión, pero eso lo comprenderás por ti misma cuando llegue el momento de quedarte a solas con él.

Ahora vuelvo a engancharme a esta historia, pero con ojos más críticos ante las desigualdades de las mujeres ante los hombres, este problema que sigue siendo una lacra en nuestra cultura, en China a principio del siglo XX, esa es la fecha que más o menos la  sitúan, era verdaderamente bárbara.

Conoces el arte de tocar el arpa, ese venerable instrumento cuyas cuerdas han vibrado bajo los dedos de muchas generaciones de nuestras mujeres para deleitar a sus señores. Tus dedos son ágiles, hija mía, y tienes las uñas largas.

Nada más nacer, Kwei-Lan, en una familia acaudalada del centro de China, la prometen en matrimonio con el hijo de unos amigos de la familia. Cuando cumple 17 años, la boda se aproxima y su madre le da los consejos habituales a una joven que tiene que ser una fiel mujer a las ordenes de su marido.

Así me encuentro bastante hermosa y dispuesta para recibir a mi marido. Pero en el instante en que sus ojos se fijan en mí, comprendo que no observa ni mis labios ni mis cejas. Los pensamientos de mi esposo vagan por la tierra, por los mares, por todas partes, excepto donde yo estoy esperándole.

Pero el que será su marido ha recibido una educación muy diferente a ella. Él se marchó a EE.UU para hacer la carrera de médico y vuelve para casarse y así cumplir la promesa que sus padres hicieron cuando nacieron.

No es posible que tú sientas atracción por mi, a quien ves por primera vez, como yo a ti. ¿Acaso no te han obligado, como a mí? Hasta ahora no hemos podido hacer nada, pero a partir de este momento en que nos encontramos solos, podríamos organizar nuestra existencia a nuestro gusto.

El choque cultural  de estas dos personas es el motivo de esta historia que la protagonista nos cuenta en primera persona con una dulzura que no me ha dejado indiferente.

Aquella noche me quité asqueada los collares de jade y los vestidos de seda. Empezaba a comprender que todo lo que me habían enseñado era falso; mi marido no era hombre que se pudiese seducir alegrándole los sentidos con flores y perfumes o con una pipa de opio. La belleza física no bastaba; debía seguir otro camino si quería triunfar. Y recordé las palabras que pronunciara mi madre, con el rostro vuelto hacia la pared, “Los tiempos han cambiado”.

El relato de la vida en su casa, donde su madre convive con las tres concubinas de su padre, la educación que se les da a las mujeres, siempre por debajo de un hombre, el choque cultural con su marido, que ni ella entiende ni él acepta, nos lleva a lo largo de esta novela a entender o, mejor, a conocer esa china ancestral de costumbres terribles para las mujeres.

Me siento la hija de una casa patriarcal china, donde todo es viejo: los trajes, los muebles, las relaciones. ¡Casa tranquila y segura, a la sombra de las viejas paredes entre las cuales se como y vive bien!

Y hete aquí que, por contraste, se me aparece  la imagen de mi esposo sentado solo ante la mesa en la casa extranjera, vestido a la manera occidental y exótico en sus modales. cómo adaptarme a su vida? Él no tenía necesidad de mí…

Pearl Buck, es una escritora estadounidense, pero a los tres meses se fue a vivir a China con sus padres misioneros, allí vivió más de cuarenta años, y su conocimiento de las costumbres en esa sociedad que le tocó vivir son contundentes. Ganó el premio Nobel de literatura en 1938.  Escribió más de 85 obras, tanto novela, como teatro y ensayo.

Patria de Fernando Uramburu

Es el primer libro que leo de este escritor vasco, nacido en San Sebastían en 1959. “Patria”, un libro que entra de lleno en el problema que se vivió en Euskadi en los años de ETA.  Empieza la historia en el momento que se empieza a hablar del fin de la violencia.

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron.

¡Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia?

Me ha sorprendido cómo nos cuenta la vida de la gente en un pueblo donde las amistades, terminaban en cuanto uno de los vecinos era señalado por ETA, ahí todo el pueblo le volvía la cara y le retiraban el saludo, muchos por miedo, otros por que apoyaban la idea de luchar por la “libertad”.

A las pocas semanas de enviudar, Bittori se fue a pasar unos días a San Sebastián. Más que nada para perder de vista la acera donde mataron a su marido y para no seguir aguantando las miradas torvas de los vecinos, tantos años amables y luego, de repente, lo contrario; ni tener que pasar por delante de las pintadas en las paredes y ver aquella en el quiosco de la plaza, una delas últimas, la de la diana encima del nombre del difunto, que fue ponerla y a los pocos días, adiós.

Fernando Uramburu nos mete de lleno en ese pueblo y nos hace partícipes de la vida de estas dos familias; Josian y Mire, padres de Joxe Mari, futuro miembro de un comando, y Bittori, mujer de Txato   que será asesinado. Ellas salían un día a la semana a San Sebastián a pasear y tomar café, charlaban de sus problemas y luego volvían al pueblo a seguir sus vidas cotidianas. Los maridos, Joxian y Txato siempre andaban en bicicleta, y eran amigos de toda la vida.

Un sábado iban las dos juntas a una cafetería de la Avenida, el siguiente a una churrería de la Parte Vieja. Siempre a San Sebastián. Decían San Sebastián como decían Donostia. No eran estrictas. ¿San Sebastián? Pues San Sebastián. ¿Donostia? Pues Donostia. Se arrancaban a conversar en euskera, pasaban al castellano, vuelta al euskera y así toda la tarde.

Esto se rompe un día trágico cuando el hijo mayor de Mire, Joxe Mari, se marcha del pueblo para formar parte de un comando de ETA, eso hace que las dos amigas se distancien, ya que Miren se va radicalizando y apoyando a su hijo en la defensa de una Euskal Herria libre.

Las pintadas contra Txato le quitaron a Josian el apetito. Y también lo privaron de su mejor amigo. Porque en una ciudad, pase; pero en el pueblo donde todos se conocen, tú no puedes tener trato con un señalado. Esto lo vino pensando aquel domingo por el trayecto de Zumaya a casa. Había ido con Txato, volvía sin él. ¿Con quien hago yo ahora pareja al mus?

Los hijos de las dos familias, también viven ese momento de maneras diferentes, aunque en el pueblo el control de cada uno de los vecinos es exhaustivo por parte del cura y por el dueño del bar, donde todos se reúnen a tomar unos vinos a diario.

¿No ves que el cura les deja a los chavales los bajos de la iglesia para que guarden allí sus pancartas y banderas y sus botes de pintura? Que eso no tiene nada que ver, dice. Pues claro que tiene que ver. Joxe Mari, que yo sepa, no nació con una pistola. El cura, los amigos, qué se yo, lo llevaron por el mal camino. Y como tiene poco aquí, se señaló con el dedo el centro de la frente, picó.

Ese ambiente se enrarece cuando empiezan a aparecer pintadas contra Txato, el marido de Bittori, dueño de un pequeño negocio de transportes. Esas pintadas arrecian contra él de manera  radical. Él lleva pagando dinero a ETA hace tiempo sin que nadie de su familia lo sepa, pero cuando le piden cada vez más, él se resiste y es cuando las pintadas le amenazan claramente.

Esos ojos, esas orejas enormes, ese gesto amistoso. El amigo de su padre que el compraba helados cuando él era niño. La campana de la iglesia dio la una, aquel sonido familiar, metálico, le sonó igual que la palabra no. No  lo hagas. No lo mates. Se quedaron mudos, el uno delante del otro.

Hasta que un día es asesinado Txato, marido de Bittori, en la puerta de su casa. Ahí es cuando esta historia crece y se ramifica a lo largo de todo el pueblo; el silencio de la gente, el vacío que se le hace a la familia del asesinado, los hijos de las dos familias, que no entienden cómo han asesinado a un hombre bueno e intimo amigo de la otra familia, la duda de que haya sido Joxe Mari.

A estas horas ya habrán limpiado la calle con una manguera para que no quede rastro del crimen. Y mañana habrá murmullos en el aire, pero en el fondo todo seguirá igual. La gente acudirá a la siguiente manifestación en favor de ETA, sabiendo que conviene dejarse ver en la manada. Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados.

Fernando Uramburu nos describe muchos momentos en que las familias, los vecinos, los hijos y todos los que rodean esta historia sufren en silencio. Un drama que nos sacudió los corazones durante muchos años.

Una novela que habla sin rodeos de toda la problemática que sufrieron cada uno de maneras diferentes, pero todos padecieron el desgarro de esa violencia

Charlotte de David Foenkinos

Charlotte Salomón pintora

Tu voto:

Leí “La delicadeza” de este mismo escritor, un libro dulce con una historia curiosa. Cuando vi la reseña de este libro en un diario, me interesó extraordinariamente la vida de esta chica que intentó salvarse de una vida trágica a través del arte.

Foenkinos cuenta que le fascinó cuando descubrió sus cuadros y se puso a investigar la vida de esta joven alemana que vivió una intensa vida y murió en un campo de concentración a los 26 años. Pero en esos 26 años dejó una gran obra pictórica además de escritos y música.

Charlotte Salomón nace en Alemania, en una familia con tendencia a suicidios.Una tía suya con su mismo nombre se tiró por un puente. Años después la madre de Charlotte también se suicidó. Su padre protegió a esa niña y nunca le dijo como murió su madre.

¿Cuáles son los primeros recuerdos de Charlotte?

¿Olores o colores? Lo más probable es que sean notas. Las melodías que le cantaba su madre.

Franciska tiene voz de ángel y se acompaña al piano. Desde su más tierna edad, a Charlotte le arrulla el piano.  Así transcurren sus primeros años, al compás de la música.

En esa vida de soledad, en Alemania los nazis empezaban a estrechar fronteras, ella huye a Francia y llega a un pueblo del sur donde sus abuelos la acogen. En ese oasis de paz ella pinta sin parar, es su vida, ella plasma todo en los lienzos que guarda con esmero.

Anuncian continuamente nuevas medidas humillantes. En el colegio, piden una partida de nacimiento de los abuelos. Algunas chicas descubren que tienen ascendencia judía.

Tardan una fracción de segundo en convertirse en proscritas. Sangre impura. Hay madres que prohíben a sus hijas tener trato con judías. Otras se indignan. Hay que unirse y oponerse a los nazis, protestan. Pero es peligroso decir eso. Así que lo dicen cada vez más bajo.

Los nazis siguen avanzando por Francia y ella teme por su vida. Conoce a un joven y se casa con él, queda embarazada y se van a vivir a una pequeña casa en el pueblo. El cerco se va haciendo cada vez más estrecho,  y ella teme por su vida y por su obra. El médico de la familia, que es amigo suyo, le guarda toda su obra.

Por el camino de vuelta, respira muy hondo. Ese día nace su obra ¿Vida? o ¿Teatro?.

Mientras anda, piensa en las imágenes de su pasado. 

Para sobrevivir, tiene que pintar su historia. Es la única salida. Se lo repite una y otra vez.

Tiene que devolverles la vida a los muertos. Se detiene en esa frase.

Un chivatazo de un vecino hace que los nazis la encuentren y la lleven al campo de concentración de Auschwitz, allí muere a los 26 años.

Lo único que necesita es un poco más de tiempo. Tiempo para abrirse a la felicidad. Tiempo para admitir que su vida puede llegar a ser dichosa. Con un hombre y un hijo. ¿No es maravilloso?

Impresionante vida. Foenkinos escribe este libro como en verso. Recibió el premio Renaudot y lleva vendido 400.000 ejemplares.

 

 

 

Yo confieso de Jaume Cabré

Historia de Europa

Tu voto:

Cuando terminé de leer este libro, pensaba que me sería muy difícil resumirlo. Casi 900 páginas, llenas de personajes, de intrigas, de emociones, de reflexiones, de pasear por el siglo XX y volver al pasado y recorrer el siglo XV, XVII y XVIII, esto asusta un poco pero, me puse a ello y lo disfruté mucho.  Su lectura te pide mucha atención para ir entendiendo este engranaje espectacular que Jaume Cabré nos presenta.

El protagonista es un niño, Adriá Ardevol, hijo de una familia acomodada catalana, hijo único de una familia fría y sin cariño, Adriá se pasó su infancia en el despacho de su padre lleno de libros o en la tienda de antigüedades de la familia. Su familia tiene un pasado turbio que a lo largo de esta lectura iremos descubriendo.

Hasta anoche, andando por la calles mojadas de Vallcarca, no supe que nacer en semejante familia había sido un error  imperdonable. De pronto entendí que siempre había estado solo, que nunca había podido contar con mis padres ni con un Dios al que encargar la búsqueda de soluciones.

Adriá vivió toda su infancia en solitario, sus amigos inseparables eran Águila Negra y el Sheriff Carson.  A los 23 años se enamora de Sara, una chica judía, y aunque su amor fue intermitente,  él estuvo toda su vida enamorado de ella. Cuando Adriá es mayor y piensa que puede morir empieza a escribirle cartas para contarle esta historia apasionante.

He necesitado sesenta años para verlo. Espero que me entiendas y comprendas lo desamparado y solo que me encuentro y lo muchísimo que te echo de menos. A pesar de la distancia que nos separa, sigo tu ejemplo. A pesar del pánico, ahora ya no acepto tablas de salvación para no hundirme.

Un violín Storioni que guarda en su caja las huellas de un crimen, un inquisidor catalán del siglo XV o un médico del campo de concentración de Auschwitz, así como un entrañable personaje que estará siempre presente en la vida de Adriá, Lola, la mujer que cuidaba la casa y era como una madre para el niño, conforman, entre otros muchos personajes esta inmensa novela.

Me propuse un gran objetivo: descubrir la combinación de la caja fuerte y aprovechar las ausencias de mi padre para estudiar con el Storioni; a nadie le importaría. Y volvería a guardarlo en el estuche y en la caja fuerte con tiempo de sobra para borrar el rastro del crimen. Para que nadie se diera cuenta de nada, me fui a estudiar arpegios y ni siquiera se lo conté al Sheriff ni al gran jefe “arapaho”, que estaban echando la siesta encima de la mesita de noche.

Aquí se combina con maestría la intriga, la maldad del ser humano, el amor, la amistad, el amor por la música, el estudio y la reflexión.

Maestro Zosimo le había enseñado que un buen violín, además de sonar bien, debe ser placentero a la vista y fiel a las proporciones que le dan valor. Sintió satisfacción. Y una sombra de duda, porque todavía no sabía el precio que tendría que pagar por la madera. Pero satisfecho, en efecto. Era el primer violín que empezaba y terminaba él solo y sabía que era muy bueno.

La gran amistad con su amigo Bernat, un  gran violinista y su amigo del alma.

Aunque no reconociese que ignoraba el significado de marica, mi referencia era Bernat, sobre todo después de la muerte de mi padre. Me hacía compañía y me ayudó a encajar mejor la vida. La verdad es que el era un poco raro, diferente de los demás, que peleaban, suspendían, y al menos unos cuantos de quinto y algunos de otro de cuarto sabían fumar y lo hacían a escondidas.

Ya digo, una novela apasionante, con unos personajes que te emocionan. Creo que esta novela merece una lectura más.

 

Las patrias lejanas de Pacho O´Donnell

Intelectuales españoles en Buenos Aires

Tu voto:

 

 

 

A través de la historia de un joven, Rodomiro, que en la guerra civil española sobrevivió en un colegio de curas; cuando pudo escapó y se fue al frente republicano, de allí pasó por el campo de concentración al sur de Francia  Argelés-sur-Mer y  llegó a Argentina en el barco Mendoza con un puñado de intelectuales españoles.

Radomiro fue uno de los dos mil recluidos en los campos de concentración franceses que habían sido seleccionados para viajar a Chile, cuyo presidente, Aguirre Cerdá, junto con Cárdenas de México, fueron los únicos mandatarios latinoamericanos que acogieron a los derrotados de la Guerra Civil.

Es la historia de esos españoles intentando sobrevivir lejos de su patria. En Buenos Aires se reunían en un café en la Avenida de Mayo con el nombre de Café Iberia. Allí esperaban el final de la guerra y la vuelta a España.

El bar era Iberia en la Avenida de Mayo y Salta. Allí se reunían republicanos que hacía ya años que estaban fuera de España, corridos por la miseria, que habían vivido la guerra pegando la oreja a la radio y comprando”Crítica”, a los que se sumaron los que llegaban huyendo de los fusilamientos de Franco y de la guerra mundial. 

Alberti, su mujer Maria Teresa León, Francisco Ayala, Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Margaritu Xirgu, Rosa Chacel, por citar a algunos que Pacho O´Donnell los recrea en esta interesante novela. Entre la ficción y la realidad nos sitúa en Buenos Aires y en el lejano Madrid, con un océano inmenso que separa las dos ciudades

Rafael Alberti y Mª Teresa León

Los Alberti se reponían en la pampa argentina del azaroso periplo que los había llevado hasta allí: primero el milagroso salvamento en un avión que los recogió en Elda y los condujo a Orán, en Marruecos, con la última gota de combustible, luego algunos meses en París viviendo penosamente como locutores nocturnos en una radio, y por fin la travesía oceánica en el Mendoza amenazada por los submarinos alemanes. Ahora en El Totoral, el campo de Aráoz Alfaro, un aristócrata argentino que se declaraba comunista, lamían las heridas mientras esperaban que sus amigos les consiguieran los papees para poder circular.

El libro está lleno de anécdotas. La relación de estos intelectuales españoles con Borges o Victoria Ocampo. La nostalgia era un síntoma que todos  sufrían. El río de la Plata les servía de balcón para otear el infinito mar y allá su patria lejana.

Victoria Ocampo contó, ante un grupo de invitados a su casa de San Isidro, los avatares iniciales de su relación con Ortega y Gasset.

Fue al final de su primera estadía en Buenos Aires, creo que era 1916. Yo no había asistido a sus conferencias, no me interesaron, estaba en otra cosa. En ese entonces, debo confesarlo, no sentía afición por la literatura española. Los franceses e ingleses me acaparaban, no olviden que soy argentina.

Mi encuentro con Ortega y Gasset, escribía Doña Victoria, tuvo las dimensiones de una revelación. En él descubrí a España. Una España deslumbradora.

Un testimonio muy particular de ese momento y de un puñado de españoles perdidos en Buenos Aires.

 

Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig

Hablar de libros escritos por Stefan Zweig siempre es un placer, además de sentirte muy segura por la calidad de lo leído, por su escritura exquisita y por lo que nos cuenta. A mí nunca me ha decepcionado y ya llevo unos cuantos libros leídos de este escritor. Este libro que traigo hoy  es un ejemplo de lo que digo; 14 pequeñas historias de momentos estelares de nuestro mundo.

Stefan Zweig empieza con Cicerón:

Por segunda vez, Marco Tulio Cicerón ha huido del mundo para refugiarse en su soledad. Ahora se da cuenta definitivamente de que, en una esfera en la que el poder equivale a la ley y en la que se fomenta más la falta de escrúpulos que la prudencia y el espíritu conciliador, él como hombre instruido, como humanista, como garante de la justicia, ha estado desde el principio en un lugar que no le correspondía.

Otro capítulo lo dedica a “La conquista de Bizancio” 29 de mayo de 1453. Esta historia es especialmente conmovedora, y conociendo Estambúl y la Mezquita de Santa Sofía, aún más estremecedora es esta historia.

El espectáculo de aquel día  de diciembre es grandioso. La magnífica basílica, cuyo lujo de antaño en mármoles y mosaicos y excelencias resplandecientes apenas podemos imaginar por la mezquita actual, celebra la gran fiesta de la reconciliación. Rodeados de todos los dignatarios de su imperio, aparece Constantino, para con su corona imperial ser el supremo testigo y garante de la eterna unión. El inmenso espacio iluminado por miles de velas, está lleno a rebosar. Ante el altar celebran misa como hermanos  el legado de la sede de Roma, Isidoro,  y el Patriarca Ortodoxo Gregorio. Por primera vez, esta iglesia volverá a incluir en sus plegarias el nombre del Papa.

Así nos va desgranando los grandes momentos de la humanidad. Sigue con “El descubrimiento del Dorado”, o como se gestó la Marsellesa. Curiosos episodios contados minuciosamente por este escritor que afina sus conocimientos en cada uno de estos episodios.

Uno de las historias que más me han gustado es “Huida hacia la eternidad” El descubrimiento del Océano Pacífico.

En ese momento, Balboa ordena a sus hombres que se detengan. Nadie debe seguirle, pues  esa primera vista del océano desconocido no quiere compartirla con ninguno. Quiere ser el único por toda la eternidad, el primer español, el primer europeo, el primer cristiano que, después de haber cruzado ese otro océano enorme de nuestro universo, el Atlántico, haya divisado por fin éste, aún desconocido, el Pacífico.

Una verdadera delicia leer y releer este magnífico libro plagado de anécdotas históricas, algunas totalmente desconocidas para mi y otras contadas de una manera muy especial. No defrauda en ninguna de ellas, con un criterio que el escritor mantiene en catorce pequeños relatos, nos resume la historia de la humanidad.

Memoria de unos ojos pintados de Lluis Llach

Relato de cuatro amigos en la guerra civil española en Barcelona

Tu voto:

Empieza un nuevo año y casi me pilla sin enterarme; la Navidad para mí es una fiesta muy rápida, es como que empiezas a pensar a primeros de diciembre en estas fechas llenas de familia, nietos, comidas, regalos y cuando te das cuenta el año nuevo ya está aquí y ya casi estamos a día 10 de enero, el tiempo cada vez pasa más deprisa.

En estas fechas casi no leo, por no decir que no leo nada, mi tiempo está dedicado a cocinar para todos los que van llegando a casa; cocinar es una de las cosas que más me gusta hacer y como para mí no cocino mucho aprovecho cuando llegan estas fechas, aunque ahora se me complica un poco. Frida no puede tomar gluten ni lactosa ni azúcares, Rafa su padre lleva la misma dieta, Fátima no toma harinas blancas ni lactosa, o sea un lío tremendo, de pronto mi casa se llena de alimentos más sanos y sobre todo tengo que pensar en que comidas hacemos para todos y todos llevamos una nueva alimentación, y aquí no termina esto de la nueva cocina porque Valentina, la pequeña de la casa, toma purés de todo tipo así que añadimos un cazo más para su comida.

Pero antes de toda esta vorágine, yo estaba terminando un precioso libro que me ha sorprendido, tanto por el autor, Lluis Llach, que yo no tenía ni idea que escribía, siempre lo admiré como cantante, como por la historia tan bien contada, tan bien escrita y tan emocionante en algunos momentos y durísimos en otros.

La historia está ubicada en Barcelona, en el barrio de la Barceloneta en el final de la segunda República y el comienzo de la Guerra Civil. Germinal ya anciano le va contando a un director de cine la historia que vivieron en su barrio las cuatro familias que conformaban su mundo. David su amigo del alma y sus dos amigas, Joana y Mireia.

Pues sí señor director, la Barceloneta de los años treinta era un escenario magnífico para unos adolescentes como nosotros. Y digo nosotros porque fue una adolescencia coral, a cuatro voces,  cuatro corazones amigos, cuatro para todo lo que pudiera pasar. La pandilla de los cuatro, dos chicas y dos chicos que nacimos casi juntos y con pocos meses de diferencia mientras se escurría el año 1920.

La vida en la Barceloneta, el estraperlo, la búsqueda de la vida, el descubrimiento de la sexualidad, los cuatro amigos iban asumiendo el deterioro que la guerra iba infringiendo en lo cotidiano, el miedo a la guerra que se iba acercando a Barcelona inexorablemente, los primeros bombardeos, el descubrimiento del amor entre los dos amigos, contado con una ternura y una emoción grande.

De todas las cosas bellas que murieron con la República, La Escuela del Mar sería para mí una de las más excepcionales. En medio de aquel caos político, de la combulsión social, de la lucha y el embrollo de valores,alguien creía firmemente que el futuro del país y del mundo se basaba en la educación de los niños.

En mitad de la hecatombe que vivía nuestro país, y que pese a nuestra edad ya intuíamos, mientras la gente se mataba a golpes por la calle, las bombas de los atentados obreros desollaban empresarios, las pistolas de los sicarios de los industriales mataban trabajadores y asesinos institucionalizados ya preparaban el desgarramiento de la República; mientras todo esto pasaba, había unos hombres y unas mujeres que ejercían y daban sentido a una de las palabras más preciosas que se puedan encontrar en el diccionario: magisterio

El emblema de aquella escuela era: “Aprender a Pensar, a Sentir, a Amar”

Germinal y David eran jóvenes y vieron como sus padres se iban al frente, como su amiga se iban al exilio y no volverían a quedar para ver las puestas de sol, como las madres se buscaban la vida para seguir comiendo, sus casas devastadas por los bombardeos, y la terrible batalla del Ebro, donde niños reclutados hacían frente como podían a el miedo insondable de una guerra entre los mismos españoles.

A medida que el ejercito fascista iba cerrando las bolsas, los destacamentos republicanos quedaban entrampados de espaldas al río. Fue entonces, al menos donde yo estaba, cuando el desastre tomó unas dimensiones tan grandiosas como brutales.

El río bajaba cada día más lleno de cadáveres, y eso era el anuncio de que más arriba las cosas iban, también, mal dadas.

La derrota era pavorosa y todo el mundo sabía lo que significaba: a parir de entonces ya sólo podíamos alargar la agonía.

Ya digo que Lluís Llach me gustaba mucho cuando cantaba y ahora ha sido un descubrimiento como escritor.