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Periodista sevillano nacido en 1897, llegó a Madrid en 1929 y fue redactor jefe del Heraldo de Madrid. Inquieto y muy interesado por todos los acontecimientos que en esa primera mitad del siglo XX se sucedían sin parar en nuestro continente. Pionero en las nuevas tecnologías, viajó en avión y recorrió toda Europa.

El piloto hace su maniobra y yo me amorro prudentemente a mi butacón. Nogales se embarco en un largo viaje por Europa para poder escribir en su periódico las crónicas de nuestro continente, con esa manera de ver los acontecimientos, y de saber de primera mano lo que pasaba, fue un viajero impenitente por esa Europa llena de conflictos. A motor parado, el avión va perdiendo altura para posarse en el pequeño espacio de que disponemos  con la menor violencia posible. Entramos rozando las copas de los árboles que marcan la linde y tocamos tierra violentamente.

Así ve a la mujer en París, un observador de lo que pasa a su alrededor.

La mujer está hoy en todas partes. En un sitio gobierna; en el otro obedece; aquí goza; allí sufre; camarera o dueña, y señora de príncipes, cada cual según su temperamento. Vendedoras ambulantes, mecanógrafas, obreras, intelectuales, madres, esposas, amantes de una hora o amantes de toda la vida. ¡Qué grata para uno, español, esta omnipresencia de la mujer!

Pasa por Ginebra, y visitó la Sociedad de Naciones, no le quedó muy claro qué hacen allí un montón de burócratas en salones lujosamente decorados, mientras los obreros de toda Europa trabajan en condiciones deplorables. De  Ginebra llega a Berlín.

Cada vez soy más fervoroso partidario de la compenetración. Creo que todo lo que se hace en el mundo es producto de fusiones de ideas, sentimientos o fuerzas. Lo peor del mundo es el aislamiento, las fronteras el ignorarse los unos a los otros, el negarse.

En aquellos años, viajar en avión no era muy habitual, él piensa que se ha conseguido una gran proeza.

Volar sobre una ciudad como Berlín durante la noche es el espectáculo más grandioso que nos puede ofrecer la civilización: El espíritu humano lleva muchos siglos maravillándose ante el espectáculo del firmamento durante la noche; los poetas de todos los tiempos han cantado la grandeza del Creador cada vez que consideraban la inmensidad del cielo tachonado de estrellas y puede decirse que el sentimiento de lo sublime en la naturaleza subsistía ya sólo porque el espectáculo de la noche espolvoreada de luz seguía siendo insuperable. Pero esto también ha sido superado.

Después de esperar largos días para conseguir su visado para Rusia. Inicia su gran viaje, diez mil kilómetros de vuelo sobre el territorio ruso. Más de la mitad del libro está dedicado a este viaje por este gran país. Una de las cosas que quería hacer en Rusia era hablar con Trotsky.

La Revolución rusa y el crecimiento del nazismo y fascismo eran dos temas que le preocupaban enormemente.

Aunque la personalidad de Trotsky es una de las cosas que más me interesaban de Rusia, no pude llegar hasta el lugar donde estaba desterrado. Nadie podía llegar hasta él. La vigilancia de la GPU impedía  todo contacto con el creador del Ejercito Rojo.

Trotsky es uno de esos tipos subyugantes, arrebatadores, que ejercen una atracción irresistible sobre quienes le rodean. Compadecidos de su destierro, dos muchachos comunistas, que durante los últimos años le habían servido de secretarios, pidieron ser desterrados con él para poderle auxiliar en sus trabajos.

Considerado uno de los mejores periodistas y escritores de su época, sin embargo su obra fue olvidada durante muchos años. Ahora Asteroides saca todos sus libros y artículos para deleite de los lectores.

Se exilió a Francia cuando la Guerra Civil, y muere en Londres a los 44 años.

 

 

Museo de La Merced Ciudad Real

Museo de La Merced Ciudad Real

 

 

Ayer asistimos a una tarde preciosa en el museo de La Merced. Miguel Taboada, acompañado por un guitarrista nos deleitó con una selección de poemas a cual más bonitos. El lugar precioso, un pequeño claustro lleno de gente y una hora larga de poemas, no se puede pedir más.

Este recital lo dieron para recaudar dinero para una asociación AFANION, para ayuda a los familiares con niños con cáncer, una buena causa y un buen recital.

Miguel Taboada hizo una selección de poemas muy especiales y emocionante, no es lo mismo leer poesía que oírla por una persona que le pone tanta pasión.

Empezó con  Palabras para Julia de J.A. Goytisolo, Aquí os dejo el poema cantado por Mercedes Sosa

Siguió con IF de R. Kipling

Si…
Si puedes mantener en su lugar tu cabeza cuando todos a tu alrededor,
han perdido la suya y te culpan de ello.Si crees en ti mismo cuando todo el mundo duda de ti,
pero también dejas lugar a sus dudas.Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no te domina el odio
Y aún así no pareces demasiado bueno o demasiado sabio.Si puedes soñar y no hacer de los sueños tu amo;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes conocer al triunfo y la derrota,
y tratar de la misma manera a esos dos impostores.
Si puedes soportar oír toda la verdad que has dicho,
tergiversada por malhechores para engañar a los necios.
O ver cómo se rompe todo lo que has creado en tu vida,
y agacharte para reconstruírlo con herramientas maltrechas.Si puedes amontonar todo lo que has ganado
y arriesgarlo todo a un sólo lanzamiento ;
y perderlo, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón y tus nervios y tus tendones,
para seguir adelante mucho después de haberlos perdido,
y resistir cuando no haya nada en ti
salvo la voluntad que te dice: “Resiste!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
o caminar junto a reyes, y no distanciarte de los demás.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el inexorable minuto,
con sesenta segundos que valieron la pena recorrer…

Todo lo que hay sobre La Tierra será tuyo,

y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.

Invictus de W.Henley

Ha esta altura de la lectura ya el alma estaba tocada, más de una lloraba de emoción. Este poema lo leía Mandela en los duros años que estuvo preso en la cárcel. El público casi no respirábamos.

Y llega Miguel Hernandez con su” Nana de la cebolla”

Sin darnos respiro Miguel Taboada siguió con“Nada te turbe” de Santa Teresa de Jesús. “Oda al Hombre sencillo” de Pablo Neruda. “La Mamadre” de Pablo Neruda.

A mi me emocionaron todas, pero la de Rubén Dario “A Margarita Debayle” especialmente me transportó a mi infancia, porque cuando yo era pequeña este poema me encantaba.Un cuento para terminar.

 

Este libro lo vi  en casa de mi amiga Patty en uno de mis viajes a México, me lo regaló. Yo soy muy aficionada a todas las historias que nos relatan  el descubrimiento de America y si la historia habla de alguna mujer, mi interés se duplica.

Es rarísimo que en las crónicas de esa época hablen de alguna mujer, a no ser que sea la esposa de alguien o de una forma muy lateral. En este libro, Isabel Allende relata la historia de Inés  Suárez, nacida en Plasencia en 1507 y muere en Santiago de Chile en 1580.

Participó en la conquista de Chile y la fundación de la ciudad de Santiago. Tuvo gran influencia política y poder económico. Las hazañas de Inés  Suárez mencionadas por los cronistas de la época,  fueron casi olvidadas por los historiadores durante más de cuatrocientos años. 

Inés Suárez

Isabel Allende novela esta historia y nos cuenta como una joven de treinta años, modista en su pueblo, decide ir en busca de su esposo, Juan de Málaga, que había marchado en uno de tantos viajes que se hacían en aquellos años, para hacer las Américas, y no había vuelto a saber nada de él. Sin pensárselo mucho, se embarcó hacía Perú, porque ella pensaba que él andaba por allí.

En 1537 me despedí de mi familia, a quien no volvería a ver, y viajé con mi sobrina Constanza a la hermosa Sevilla, perfumada de azahar y jazmín, y de allí, navegando por las claras aguas del Guadalquivir llegamos al bullicioso puerto de Cádiz. Nos embarcamos en la nave del maestro Manuel Martín, de tres mástiles y doscientas cuarenta toneladas, lenta y pesada, pero segura. Vigilé que mis bultos, bien amarrados, fuesen dispuestos en el espacio que el maestro Martín me asignó. Lo primero que hice al instalarme con mi sobrina en nuestra pequeña cabina fue disponer un altar para Nuestra Señora del Socorro.  

Pedro Valdivia

El viaje fue una gran odisea, hambre, tormentas, mareos, el mar era infinito y estas dos mujeres, Ines y su sobrina Constanza, de tierra adentro, no se imaginaban que el viaje iba a ser tan duro y tan largo. Alguna veces se tuvieron que defender de algunos hombres que se querían sobrepasar con ellas, a base de sartenazos. Al fin después de tres largos meses, llegaron a tierra firme.

A la sazón yo me hallaba en Panamá, donde varias personas  me dijeron que habían visto a Juan de Málaga, aguardando noticias de mi marido. Un día hablando con la tripulación me dijeron que Juan había embarcado hacia Perú, como lo hicieron otros españoles al oír las riquezas descubiertas por Pizarro. Volví a vestirme de negro como viuda que busca a su marido y me dejaron embarcarme a Perú.

En la ciudad de Cuzco se entera que su marido había muerto en la batalla de Salinas junto a Hernando Pizarro. Cuando Francisco Pizarro se enteró de que la viuda de Juan andaba por Cuzco quiso conocerla.

Pizarro vestía de terciopelo negro, jubón ajustado, con mangas acuchilladas, una gruesa cadena de oro en el pecho, hebillas también de oro en el calzado y una capa de marta sobre los hombros.

Eso fue todo. Comprendí que si deseaba quedarme en Cuzco más valía que dejara de hacer preguntas. Juan de Málaga bien muerto estaba, y yo era libre. Puedo decir con certeza que ese día empezaba mi vida los años anteriores fueron de entrenamiento para lo que habría de venir.

Allí conoció a Pedro de Valdivia y con él se marcho a la conquista de Chile. Aunque la historia oculta casi siempre estas historias de las mujeres, ella fue una de las personas que ayudó a Pedro de Valdivia en todo ese viaje hasta Chile, defendiéndole, como un hombre, en ese camino lleno de peligros.

Al llegar a Chile nada sabíamos de los mapuches, pensábamos que sería difícil someterlos, como hicimos con pueblos mucho más civilizados, los aztecas y los incas. Nos demoramos muchos años en comprender cuan errados estábamos. A esta guerra no se vislumbraba el fin.

Inés vivía con Pedro de Valdivia, ya fundada la ciudad de Santiago de Chile y asentados en la ciudad, el obispo no veía bien que Valdivia, casado, mantuviera amores con Inés y obligó a que Inés se casara con Rodrigo de Quiroga.  La conquista de Chile fue durísima duró, más de cuatro años, donde los mapuches fueron casi aniquilados, y la ciudad de Santiago sufrió acosos permanentes, padecieron hambre y todas las calamidades.

Al verse perdido, Valdivia quiso negociar con el enemigo, prometiendo que abandonaría las ciudades fundadas en el sur, los españoles se irían a la Araucania para siempre y además les daría ovejas y otros bienes. Los indios se le echaron encima y lo mataron. Entonces ahí empezó el martirio de Valdivia, el más odiado enemigo. 

Nunca encontraron los restos de Valdivia, dicen que los indios devoraron su cuerpo en una ceremonia improvisada.

En mi delirio oía con claridad los alaridos de Pedro Valdivia y su voz despidiéndose de mí por última vez: ” Adiós, Inés del alma mía…”

 

 

Me ha encantado ver que el Congreso de los Diputados haya abierto sus puertas a la cultura en el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes.

He disfrutado como niña chica con este vídeo, me he sentido orgullosa de ser manchega y colaborar en lo que puedo a difundir  esta maravillosa obra.

Patty y yo en los molinos

Patty y yo en los molinos

Me ha gustado ver el Congreso lleno de sonrisas, lleno de cultura, parecía que todo funcionaba perfectamente; eso es lo que tiene la cultura, hace que todo se dulcifique, que todo fluya y que todos aprendamos algo, eso espero de la gente que haya escuchado este ratito lleno de mensajes y buenas vibraciones.

https://youtu.be/WDs7jOVfgvk

Tengo que decir que haber leído El Quijote me produjo tranquilidad, era como algo pendiente que tenía hace años y cuando lo lees, piensas que debes volver a esa lectura porque te has quedado con menos de la mitad de lo que Cervantes nos transmite. Así que tengo pendiente volver a esas páginas que tanto me emocionaron y tanto aprendí.

Agustín y yo leyendo el Quijote

Agustín y yo leyendo el Quijote

Creo que he aprendido a amar mi tierra, La Mancha, más si cabe, después de esta lectura. Viajar por estas tierras como Azorín hizo hace más de un siglo, con un pequeño Quijote en la mano hace las delicias de mis amigos que vienen allende los mares. Llegar al Toboso y respirar ese sosegado silencio que tan perfectamente relataba Cervantes a su llegada, encierra todo un misterio.

Molinos en Campo de Criptana

Molinos en Campo de Criptana

Un atardecer en el cerro de los molinos de Campo de Criptana es inigualable, y allí delante de esos gigantes leer el conocido pasaje de la pelea de Don Quijote contra esos gigantones no tiene precio.

Visitar Argamasilla de Alba, llena de referentes cervantinos, La Cueva de Medrano, la Botica de los académicos el retrato de D. Rodrigo Pacheco, donde dicen que Cervantes se inspiró para hacer su personaje más célebre, Don Quijote.

El Toboso

El Toboso

Desayunar un buen café con una rica flor en la Venta de Puerto Lápice, os aseguro que es una experiencia, allí está el de “la triste figura” velando armas, y contemplar este paisaje manchego a través de la portada abierta al campo no tiene igual.

Hay muchos rincones cervantinos en nuestra Mancha, es un gran escenario de una gran obra y desde aquí yo invito a la gente que recorra esos caminos, no le decepcionarán.

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Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer este libro, que no me era fácil encontrarlo. Un día hace años paseando por el Paseo de Recoletos en Madrid había unos cuantos puestos de libros usados, el paseo se tornó mucho más interesante, aunque a mí, el paseo de Recoletos me encanta, de golpe vi este libro, no lo dudé ni un momento y creo que me costó tres euros.

Es una delicia leer estas historias. En la primavera del año 1829,Washington Irving, acompañado de un amigo, miembro de la embajada rusa en Madrid, hicieron un viaje desde Sevilla a Granada. Su gran ilusión era llegar a Granada, siempre había soñado románticamente con esta ciudad de numerosas leyendas.

Para el viajero que siente interés por los temas históricos y poéticos, entretejidos de forma tan inseparables en los anales de la romántica España, la Alhambra es un lugar de veneración tan importante como lo pueda se la “Caaba” para los verdaderos musulmanes.

Salieron de Sevilla con dos caballos y acompañados de  Bautista Serrano, antiguo salteador de caminos.

 Así preparados y atendidos, salimos a buena marcha de la “hermosa ciudad de Sevilla” un hermoso día de mayo, a las seis y media de la mañana. Nuestra ruta pasaba por Alcalá de Guadaira benefactora de Sevilla, a la que surte de pan y agua. Aquí viven los panaderos que envían a Sevilla el delicioso pan que la hace tan famosa; aquí se fabrican aquellas roscas tan conocidas como “Pan de Dios”.

Las descripciones del paisaje, de las costumbres, de los dichos y de las comidas van salpicando este viaje, que aunque duro por el tiempo lluvioso o el sol calcinante, estos viajeros no se rinden y la ilusión les acompaña todo el camino.

Nuestra cabalgada vespertina nos llevó a través de un empinado y abrupto desfiladero en la montaña, llamado Puerto del Rey;  es uno de los más importantes paso a las tierras de Granada y por el que el rey Fernando trajo a sus tropas. A la puesta del sol, la carretera, bordeando una colina, nos dejó a la vista del famoso pueblito de Loxa, ante cuyos muros fue rechazado Fernando. Su nombre árabe significa “guardián”

El libro está dividido en capítulos, “El palacio de la Alhambra”, “El Trono de Boabdil”, “La leyenda del astrólogo árabe”, “El Generalife”… todas tan llamativas que llaman a la curiosidad del lector que no puede dejar este libro hasta el final.

Pasando bajo un arco árabe, desde el patio de la Alberca, entramos en el famoso “Patio de los Leones”. Ninguna parte del edificio da una idea más completa de su belleza original que ésta, porque ninguna ha sufrido menos la devastación del tiempo. En el centro aparece la fuente, famosa en cantares y romances. Las tazas de alabastro aún esparcen gotas diamantinas; los doce leones que la sostienen, y dan su nombre al patio, aún arrojan cascadas cristalinas como en los días de Boabdil.

En el capítulo “Tras la huella de Boabdil” nos cuenta esto el escritor.

Busqué luego la puerta por la que Boabdil salió por última vez de la Alhambra, a punto de rendir la capital de su reino. Por capricho, fruto de la tristeza de un ánimo abatido o quizá por algún sentimiento supersticioso, pidió a los Reyes Católicos que a nadie, después de él,  le fuese permitido atravesarla. Su ruego, según las viejas crónicas, se aceptó gracias a la compasión de Isabel, y la puerta fue tapiada.

Así se despide Washington Irving de esta ciudad mágica.

El sol poniente arrojaba, como de costumbre, un fulgor melancólico sobre las torres de la Alhmabra. Podía distinguir  débilmente la balconada de la ventana de la Torre de Comares, en la que me había sumido en tatas ensoñaciones deliciosas. El sol doraba intensamente las pobladas arboledas y jardines que rodean la ciudad, todo era maravilloso, pero también emocionante y triste mientras lo contemplaba al despedirme.

“Tengo que alejarme de estos lugares”, pensé, “antes de que se ponga el sol”. Quiero recordarlos revestidos de toda su belleza.

 

 

 

El director del diario El Imparcial, D. José Ortega Munilla, le encargó a Azorín, allá por el año 1905, y coincidiendo con el tercer centenario de la publicación de la  primera parte del  Quijote, que hiciera un viaje a La Mancha y recorriera los pueblos más cervantinos, como Argamasilla de Alba, Ruidera, Alcázar de San Juan, El Toboso y Puerto Lápice.

Todas las cosas son fatales, lógicas, necesarias; todas las cosas tienen su razón poderosa y profunda. Don Quijote de la Mancha había de ser forzosamente de Argamasilla de Alba. Oídlo bien; no lo olvidéis jamás: el pueblo entero de Argamasilla es lo que se llama un pueblo andante. Y yo os lo voy a explicar.

Dicen que al escritor no le hizo mucha gracia, recorrer polvorientos caminos en carro o en mulo, y pasar días en pensiones no muy cómodas. Pero al fin lo convencieron y así empezó un viaje que lo transformó en 15 crónicas para el diario el Imparcial.

Cueva de Medrano

Fuera, la plaza está solitaria, desierta; se oye un grito lejano; un viento ligero lleva unas nubes blancas por el cielo. Y salimos de este casino; otra vez nos encaminamos por las anchas calles; en los aledaños del pueblo, sobre las techumbres bajas y pardas, destaca el ramaje negro, desnudo, de los olmos que bordean el río. Los minutos transcurren lentos; pasa ligero, indolente, el galgo gris, o el galgo negro, o el galgo rojo. ¿Qué vamos a hacer durante todas las horas eternas de la tarde? Las puertas están cerradas. Y de nuevo el llano se ofrece a nuestros ojos, inmenso, desmantelado, infinito, en la lejanía. 

Parece que llegó a la estación de Alcázar de S. Juan y de ahí se fue  Argamasilla de Alba, porque él pensaba que en la Cueva de Medrano fue donde realmente Cervantes fue apresado y allí empezó su gran libro.

Él vivía en una pensión en la plaza de Argamasilla y todos los días iba al casino y luego se juntaba con los Académicos en la Botica, que está en una esquina de la misma plaza.

Yo no he conocido jamás hombres más discretos, más amables, más sencillos que estos buenos hidalgos, don Cándido, don Luis, dos Francisco, don Juan Alonso y don Carlos . Cervantes al final de la primera parte de su libro, habla de los Académicos de Argamasilla. Estos se pueden considerar como los actuales académicos de Argamasilla. Son las diez de la mañana; yo me voy a casa de don Cándido. Don Cándido es clérigo; don Cándido tiene una casa amplia, clara nueva y limpia; en el centro hay un patio con un zócalo de relucientes azulejos; todo en torno corre una galería. Y cuando he subido por unas escaleras, fregadas y refregadas por la aljofifa, yo entro en el comedor.

En la Botica se juntaban a charlar sobre lo humano y lo divino y cómo no de Argamasilla y si Cervantes estuvo allí o no.

Dicen ahora los eruditos que no estuvo encerrado en ella Cervantes.

Yo no sé con entera certeza si dicen tal cosa los eruditos; mas el rostro de don Cándido se llena de sorpresa, de asombro, de estupefacción.

¡Jesús! ¡Jesús!, exclama don Cándido llevándose las manos a la cabeza escandalizado. ¡No diga usted tales cosas, señor Azorín! ¡Señor, señor que tenga uno que oír estas cosas tan enormes!  ¡Si se ha dicho que Cervantes era gallego!

¿No, no, por Dios! ¡No, no, Señor Azorín! ¡ Llévese usted a Cervantes; lléveselo usted en buena hora; pero déjeme usted a Don Quijote

La Venta de Puerto Lápice

 Azorín se fue a Puerto Lápice en un destartalado carro y con Miguel, su guía. Me encanta como describe este inmenso paisaje y después de todo el día con el traqueteo llegaron a Villarta de San Juan, allí hicieron noche. Y de Villarta a Puerto Lápice.

Y salimos La venta está situada a la salida del pueblo; casi las postreras casas tocan con ella. Más yo estoy hablando como si realmente la tal venta existiese, y la tal venta, amigo lector no existe.

Sigue la historia que Azorín fue escribiendo a lo largo y ancho de estas tierras cervantinas que mirando  en los años que vino, esta mi tierra, no sería muy agradable pasearla en carro.

 Pero Azorín tenía que pasearlas y escribirlas y así lo hizo. de Puerto Lápice salieron para Ruidera.

Las andanzas y desventuras, calamidades y adversidades de este cronista es posible que lleguen algún día a ser famosas en la historia. Después de las veinte horas de carro que la ida y la vuelta a Puerto Lápice supone, hétenos aquí ya en la aldea de Ruidera, célebre por las lagunas próximas, aposentados en el mesón de Juan, escribiendo estas cuartillas.

Las Lagunas de Ruidera

El Libro es un lujo poder leerlo y disfrutarlo. Si después de esto paseáis por estos pueblos y estos paisajes, creo que La Mancha cervantina os quedará en el corazón. Así pasó con gente muy querida para mí y que después de un paseo por estas tierras, siempre las recuerdas.

Así habla Cervantes de las Lagunas de Ruidera en el libro

La cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y, aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros: solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre; el cual, cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de cudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean.

 

 

 

 

CAPÍTULO IX

Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.

 

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo26. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recibí cuando llegó a mis oídos el título del libro, y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente  y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.

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