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Me ha encantado ver que el Congreso de los Diputados haya abierto sus puertas a la cultura en el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes.

He disfrutado como niña chica con este vídeo, me he sentido orgullosa de ser manchega y colaborar en lo que puedo a difundir  esta maravillosa obra.

Patty y yo en los molinos

Patty y yo en los molinos

Me ha gustado ver el Congreso lleno de sonrisas, lleno de cultura, parecía que todo funcionaba perfectamente; eso es lo que tiene la cultura, hace que todo se dulcifique, que todo fluya y que todos aprendamos algo, eso espero de la gente que haya escuchado este ratito lleno de mensajes y buenas vibraciones.

https://youtu.be/WDs7jOVfgvk

Tengo que decir que haber leído El Quijote me produjo tranquilidad, era como algo pendiente que tenía hace años y cuando lo lees, piensas que debes volver a esa lectura porque te has quedado con menos de la mitad de lo que Cervantes nos transmite. Así que tengo pendiente volver a esas páginas que tanto me emocionaron y tanto aprendí.

Agustín y yo leyendo el Quijote

Agustín y yo leyendo el Quijote

Creo que he aprendido a amar mi tierra, La Mancha, más si cabe, después de esta lectura. Viajar por estas tierras como Azorín hizo hace más de un siglo, con un pequeño Quijote en la mano hace las delicias de mis amigos que vienen allende los mares. Llegar al Toboso y respirar ese sosegado silencio que tan perfectamente relataba Cervantes a su llegada, encierra todo un misterio.

Molinos en Campo de Criptana

Molinos en Campo de Criptana

Un atardecer en el cerro de los molinos de Campo de Criptana es inigualable, y allí delante de esos gigantes leer el conocido pasaje de la pelea de Don Quijote contra esos gigantones no tiene precio.

Visitar Argamasilla de Alba, llena de referentes cervantinos, La Cueva de Medrano, la Botica de los académicos el retrato de D. Rodrigo Pacheco, donde dicen que Cervantes se inspiró para hacer su personaje más célebre, Don Quijote.

El Toboso

El Toboso

Desayunar un buen café con una rica flor en la Venta de Puerto Lápice, os aseguro que es una experiencia, allí está el de “la triste figura” velando armas, y contemplar este paisaje manchego a través de la portada abierta al campo no tiene igual.

Hay muchos rincones cervantinos en nuestra Mancha, es un gran escenario de una gran obra y desde aquí yo invito a la gente que recorra esos caminos, no le decepcionarán.

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Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer este libro, que no me era fácil encontrarlo. Un día hace años paseando por el Paseo de Recoletos en Madrid había unos cuantos puestos de libros usados, el paseo se tornó mucho más interesante, aunque a mí, el paseo de Recoletos me encanta, de golpe vi este libro, no lo dudé ni un momento y creo que me costó tres euros.

Es una delicia leer estas historias. En la primavera del año 1829,Washington Irving, acompañado de un amigo, miembro de la embajada rusa en Madrid, hicieron un viaje desde Sevilla a Granada. Su gran ilusión era llegar a Granada, siempre había soñado románticamente con esta ciudad de numerosas leyendas.

Para el viajero que siente interés por los temas históricos y poéticos, entretejidos de forma tan inseparables en los anales de la romántica España, la Alhambra es un lugar de veneración tan importante como lo pueda se la “Caaba” para los verdaderos musulmanes.

Salieron de Sevilla con dos caballos y acompañados de  Bautista Serrano, antiguo salteador de caminos.

 Así preparados y atendidos, salimos a buena marcha de la “hermosa ciudad de Sevilla” un hermoso día de mayo, a las seis y media de la mañana. Nuestra ruta pasaba por Alcalá de Guadaira benefactora de Sevilla, a la que surte de pan y agua. Aquí viven los panaderos que envían a Sevilla el delicioso pan que la hace tan famosa; aquí se fabrican aquellas roscas tan conocidas como “Pan de Dios”.

Las descripciones del paisaje, de las costumbres, de los dichos y de las comidas van salpicando este viaje, que aunque duro por el tiempo lluvioso o el sol calcinante, estos viajeros no se rinden y la ilusión les acompaña todo el camino.

Nuestra cabalgada vespertina nos llevó a través de un empinado y abrupto desfiladero en la montaña, llamado Puerto del Rey;  es uno de los más importantes paso a las tierras de Granada y por el que el rey Fernando trajo a sus tropas. A la puesta del sol, la carretera, bordeando una colina, nos dejó a la vista del famoso pueblito de Loxa, ante cuyos muros fue rechazado Fernando. Su nombre árabe significa “guardián”

El libro está dividido en capítulos, “El palacio de la Alhambra”, “El Trono de Boabdil”, “La leyenda del astrólogo árabe”, “El Generalife”… todas tan llamativas que llaman a la curiosidad del lector que no puede dejar este libro hasta el final.

Pasando bajo un arco árabe, desde el patio de la Alberca, entramos en el famoso “Patio de los Leones”. Ninguna parte del edificio da una idea más completa de su belleza original que ésta, porque ninguna ha sufrido menos la devastación del tiempo. En el centro aparece la fuente, famosa en cantares y romances. Las tazas de alabastro aún esparcen gotas diamantinas; los doce leones que la sostienen, y dan su nombre al patio, aún arrojan cascadas cristalinas como en los días de Boabdil.

En el capítulo “Tras la huella de Boabdil” nos cuenta esto el escritor.

Busqué luego la puerta por la que Boabdil salió por última vez de la Alhambra, a punto de rendir la capital de su reino. Por capricho, fruto de la tristeza de un ánimo abatido o quizá por algún sentimiento supersticioso, pidió a los Reyes Católicos que a nadie, después de él,  le fuese permitido atravesarla. Su ruego, según las viejas crónicas, se aceptó gracias a la compasión de Isabel, y la puerta fue tapiada.

Así se despide Washington Irving de esta ciudad mágica.

El sol poniente arrojaba, como de costumbre, un fulgor melancólico sobre las torres de la Alhmabra. Podía distinguir  débilmente la balconada de la ventana de la Torre de Comares, en la que me había sumido en tatas ensoñaciones deliciosas. El sol doraba intensamente las pobladas arboledas y jardines que rodean la ciudad, todo era maravilloso, pero también emocionante y triste mientras lo contemplaba al despedirme.

“Tengo que alejarme de estos lugares”, pensé, “antes de que se ponga el sol”. Quiero recordarlos revestidos de toda su belleza.

 

 

 

El director del diario El Imparcial, D. José Ortega Munilla, le encargó a Azorín, allá por el año 1905, y coincidiendo con el tercer centenario de la publicación de la  primera parte del  Quijote, que hiciera un viaje a La Mancha y recorriera los pueblos más cervantinos, como Argamasilla de Alba, Ruidera, Alcázar de San Juan, El Toboso y Puerto Lápice.

Todas las cosas son fatales, lógicas, necesarias; todas las cosas tienen su razón poderosa y profunda. Don Quijote de la Mancha había de ser forzosamente de Argamasilla de Alba. Oídlo bien; no lo olvidéis jamás: el pueblo entero de Argamasilla es lo que se llama un pueblo andante. Y yo os lo voy a explicar.

Dicen que al escritor no le hizo mucha gracia, recorrer polvorientos caminos en carro o en mulo, y pasar días en pensiones no muy cómodas. Pero al fin lo convencieron y así empezó un viaje que lo transformó en 15 crónicas para el diario el Imparcial.

Cueva de Medrano

Fuera, la plaza está solitaria, desierta; se oye un grito lejano; un viento ligero lleva unas nubes blancas por el cielo. Y salimos de este casino; otra vez nos encaminamos por las anchas calles; en los aledaños del pueblo, sobre las techumbres bajas y pardas, destaca el ramaje negro, desnudo, de los olmos que bordean el río. Los minutos transcurren lentos; pasa ligero, indolente, el galgo gris, o el galgo negro, o el galgo rojo. ¿Qué vamos a hacer durante todas las horas eternas de la tarde? Las puertas están cerradas. Y de nuevo el llano se ofrece a nuestros ojos, inmenso, desmantelado, infinito, en la lejanía. 

Parece que llegó a la estación de Alcázar de S. Juan y de ahí se fue  Argamasilla de Alba, porque él pensaba que en la Cueva de Medrano fue donde realmente Cervantes fue apresado y allí empezó su gran libro.

Él vivía en una pensión en la plaza de Argamasilla y todos los días iba al casino y luego se juntaba con los Académicos en la Botica, que está en una esquina de la misma plaza.

Yo no he conocido jamás hombres más discretos, más amables, más sencillos que estos buenos hidalgos, don Cándido, don Luis, dos Francisco, don Juan Alonso y don Carlos . Cervantes al final de la primera parte de su libro, habla de los Académicos de Argamasilla. Estos se pueden considerar como los actuales académicos de Argamasilla. Son las diez de la mañana; yo me voy a casa de don Cándido. Don Cándido es clérigo; don Cándido tiene una casa amplia, clara nueva y limpia; en el centro hay un patio con un zócalo de relucientes azulejos; todo en torno corre una galería. Y cuando he subido por unas escaleras, fregadas y refregadas por la aljofifa, yo entro en el comedor.

En la Botica se juntaban a charlar sobre lo humano y lo divino y cómo no de Argamasilla y si Cervantes estuvo allí o no.

Dicen ahora los eruditos que no estuvo encerrado en ella Cervantes.

Yo no sé con entera certeza si dicen tal cosa los eruditos; mas el rostro de don Cándido se llena de sorpresa, de asombro, de estupefacción.

¡Jesús! ¡Jesús!, exclama don Cándido llevándose las manos a la cabeza escandalizado. ¡No diga usted tales cosas, señor Azorín! ¡Señor, señor que tenga uno que oír estas cosas tan enormes!  ¡Si se ha dicho que Cervantes era gallego!

¿No, no, por Dios! ¡No, no, Señor Azorín! ¡ Llévese usted a Cervantes; lléveselo usted en buena hora; pero déjeme usted a Don Quijote

La Venta de Puerto Lápice

 Azorín se fue a Puerto Lápice en un destartalado carro y con Miguel, su guía. Me encanta como describe este inmenso paisaje y después de todo el día con el traqueteo llegaron a Villarta de San Juan, allí hicieron noche. Y de Villarta a Puerto Lápice.

Y salimos La venta está situada a la salida del pueblo; casi las postreras casas tocan con ella. Más yo estoy hablando como si realmente la tal venta existiese, y la tal venta, amigo lector no existe.

Sigue la historia que Azorín fue escribiendo a lo largo y ancho de estas tierras cervantinas que mirando  en los años que vino, esta mi tierra, no sería muy agradable pasearla en carro.

 Pero Azorín tenía que pasearlas y escribirlas y así lo hizo. de Puerto Lápice salieron para Ruidera.

Las andanzas y desventuras, calamidades y adversidades de este cronista es posible que lleguen algún día a ser famosas en la historia. Después de las veinte horas de carro que la ida y la vuelta a Puerto Lápice supone, hétenos aquí ya en la aldea de Ruidera, célebre por las lagunas próximas, aposentados en el mesón de Juan, escribiendo estas cuartillas.

Las Lagunas de Ruidera

El Libro es un lujo poder leerlo y disfrutarlo. Si después de esto paseáis por estos pueblos y estos paisajes, creo que La Mancha cervantina os quedará en el corazón. Así pasó con gente muy querida para mí y que después de un paseo por estas tierras, siempre las recuerdas.

Así habla Cervantes de las Lagunas de Ruidera en el libro

La cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años; y, aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros: solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un río llamado de su mesmo nombre; el cual, cuando llegó a la superficie de la tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no es posible dejar de cudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale y se muestra donde el sol y las gentes le vean.

 

 

 

 

CAPÍTULO IX

Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron.

 

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo26. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recibí cuando llegó a mis oídos el título del libro, y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente  y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.

 

 

 

 

Leo en la prensa que hoy, día 6 de abril, hace 73 años que se publicó este pequeño libro.

Así dice en la Wikipedía:

La obra fue publicada en abril de 1943, tanto en inglés como en francés. Está incluido entre los mejores libros del siglo XX. El Principito se ha convertido en el libro en francés más leído y más traducido. 

 La novela fue traducida al español por Bonifacio del Carril y su primera publicación en dicho idioma fue realizada por la editorial argentina Emecé en septiembre de 1951. Desde entonces, diversos traductores y editoriales han realizado sus propias versiones.

Con esta presentación ya sabemos que estamos ante una pequeña obra, de tamaño, unas cien páginas, pero grande en su filosofía y ternura. Yo lo acabo de releer y me ha dejado tan buen sabor que creo que este libro lo deben leer los niños y niñas como un cuento, luego ya lo entenderán en toda su grandeza.

Pues no me gusta que se lea mi libro a la ligera. ¡Me apena tanto relatar estos recuerdos! Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Si intento escribirlo aquí es para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo.

Las personas mayores no entienden nunca nada por sí mismas, y es cansador, para los niños, darles una y otra vez explicaciones.

Antoine Saint-Exupéry, destaca en este libro el valor de la amistad, la responsabilidad, el heroísmo, la ensoñación, la fabulación. Hace un crítica a los adultos que pierden la sensibilidad y sobre todo  ensalza la inteligencia de los niños, su mirada limpia ante cualquier problema.

No supe comprender nada entonces. Debo haberla juzgado por su actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás!. Debí haber adivinado su ternura, detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven pasa saber amarla.

El narrador es un aviador, como lo era en su vida Antoine Saint-Exupery, parece que él mismo nos relata la vida como la ve o como quiere que sea.

El Principito vive en un  planeta pequeño con tres cráteres, dos volcanes en actividad  y uno extinguido y una flor. Emprende un viaje por siete planetas donde va encontrando a un rey autoritario, al vanidoso, el farolero, al bebedor, al hombre de negocios y por último al geógrafo.

Yo poseo las estrellas porque jamás, nadie antes que yo, soñó con poseerlas.

Es verdad, dijo el Principito, ¿ Y qué haces tú con las estrellas?

Las administro.Las cuento y las recuento, dijo en hombre de negocios, Es difícil. ¡Pero soy un hombre serio!

Yo si poseo un pañuelo, puedo ponérmelo alrededor del cuello y llevármelo. Yo si poseo una flor, puedo cortarla y llevármela. ¡Pero tú no puedes cortar las estrellas.

No pero puedo depositarlas en el banco.

¿Qué quiere decir eso?

Quiere decir que escribo en un papelito la cantidad de mis estrellas. Y después cierro el papelito, bajo llave, en un cajón.

Después de darse cuenta que los mayores son muy extraños va a visitar el último planeta, La Tierra.

Podría seguir poniendo frases y frases de este libro, pero termino con esta reflexión.

Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, y luego desapareció .

Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste! Escribidme en seguida , decidme que el principito ha vuelto…

 Antonie Saint-Exupery, nació en Lyón en 1900 y muere en el año 1944. Fue aviador  y escritor.

Manolo Tena ha muerto a los 63 años.

 

 

Chus Lampreave, acriz cómica.

 

CAPÍTULO VIII

Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en  la espantable y jamás imaginada aventura  de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de feliz recordación.

Aquellos que allí ves, respondió su amo, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas. Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino. Bien parece, respondió Don Quijote, que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla. Y diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes iba diciendo en voces altas: non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete. Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por Don Quijote, dijo: pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

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