Mi último viaje a México

 

 

Creo que he viajado a México cinco veces, cinco viajes que empezaron hace ya más de ocho años y que concluye con este último, un regalazo que, mis amigos Rafa y Patty me han hecho por mis 70 años. Ya no pensaba hacer viajes tan largos, pero mira por donde, he vuelto a embarcarme de nuevo en un avión y cruzar el océano, para disfrutar unos días en aquel precioso país que, en primavera, todo está lleno de flores, jacarandas, bugambillas y demás plantas, que embellecen todo el paisaje.

Nada más llegar al aeropuerto, Benito Juarez, de México, me esperaban mis amigos y Myrna, allí mismo tomamos algo y allí mismo disfruté la comida méxicana, tan sabrosa y picante.

Yo iba con ganas de ver las jacarandas en flor, que en México son especialmente bonitas y abundantes, llenan calles, avenidas y salpican el paisaje de ese color morado tan bonito. Tuve suerte porque en frente de casa de mis amigos hay una preciosa.

Al día siguiente salimos a pasear al castillo de Chapultepec, una construcción palaciega dentro del bosque del mismo nombre. Es el único Castillo Real en América y ha tenido varios usos, desde polvorín, academia militar, residencia del emperador Maximiliano I de México (1864-1867) y residencia de los presidentes del país entre los años 1884 y 1935. Pero nosotros fuimos a ver una exposición de cerámicas de una prima de mis amigas, Emma, que hace unos platos preciosos con motivos de pájaros. Estando allí paseando por esa terraza inmensa, con vistas a la ciudad, volvimos a disfrutar de las jacarandas,  de las vistas y de toda la historia que encierra ese castillo.

Bajamos  paseando, disfrutando esa mañana luminosa, y como estábamos cerca, no podíamos pasar de lejos sin ir a ver a mi amado, “el dios de la lluvia”, Tláloc, siempre que voy a México paso a verlo. Lo conocí con mi hija María y Javier, en el primer viaje que hice y tengo que decir que fue un autentico flechazo, me encanta su historia y me encanta ese figura inmensa, siempre en el mismo lugar, como guardando la entrada del increíble museo Antropológico de la ciudad de México.

Mis amigas saben de mi amor por los libros y las librerías, y siempre visitamos algunas en mis viajes, es un placer para mi entrar en esas tiendas donde los libros son un lujo para la vista; las librerías en México son preciosas, esta que visitamos está al lado de un lago, toda ella está abierta a la naturaleza y allí nos sentamos para saborear un jugo de guayaba; no hay mejor lugar para tomar algo y charlar tranquilamente viendo a la gente pasear y disfrutar de ese lugar. Librería Porrúa.

Al día siguiente nos fuimos a un lugar llamado Valle de Bravo, allí nos esperaban unos primos de mis amigos, Elda y su marido, José Manuel, que viven en una preciosa casa con vistas al algo. Nos recibieron con tanta amabilidad que yo, que andaba abrumada desde que llegué a México, seguía con ese mismo sentimiento. Elda es una amable anfitriona que no deja a sus invitados ni un momento, siempre con una buena charla o sorprendiéndonos con un gazpacho andaluz con un toque mexicano, para comer.

Charlamos de España y de México, de los problemas que vivimos en cada uno de nuestros países y acabamos hablando de un tío de José Manuel, que fue aviador en la República, se exilió a México y allí vivió hasta su muerte. Siempre que viajo a ese país, me encuentro con alguna historia de españoles que tuvieron que exiliarse de nuestro país y fueron acogidos en México.

El pueblo ubicado a 156 km al suroeste de la capital, fue fundado en 1530 por frailes franciscanos con el nombre de San Francisco del Valle. Nombrado pueblo típico en 1971 y finalmente pueblo mágico en 2005. Sus calles empedradas, sus edificios coloniales, su plaza con su templete y su iglesia. Me encantan esos pueblos y ya conozco algunos.

Desayunos especiales mexicanos a base de frijoles, chilaquiles, huevos rancheros, sus tacos tan diversos y demás exquisiteces, un poco fuerte para nuestros desayunos pero exquisitos. Yo disfruto mucho la comida de aquel país, es picante, muy sabrosa, con sabores tan diferentes a nuestra comida mediterránea.

Ya de vuelta a la capital, paseamos por las calles centrales donde, las tiendas más especiales hicieron un trabajo precioso, todas sus fachadas estaban adornadas con flores frescas, a cual más bonita e imaginativa, una mañana espléndida viendo la gente pasear y fotografiarse en esas fachadas. Terminado el paseo dimos cuenta de unos taquitos exquisitos en una terraza con vistas a la ciudad.

El tiempo va pasando así que aprovechamos para ir a  San Miguel Allende, ciudad preciosa donde las haya, allí nos esperaban otros primos de mis amigas, disfrutamos de una casa en el campo con un precioso jardín, Rosi y Patricio nos recibieron como familia y su casa fue la mía desde que llegué, desde aquí mi agradecimiento a sus atenciones que fueron múltiples a lo largo de los días que estuvimos allí.

 

San Miguel Allende es una delicia pasearla, sus calles empedradas, sus fachadas de color rojizo, sus artesanías de mil colores, su maravillosa iglesia de color rosado, su zocalito lleno de gente y casi siempre con música en directo, ya digo una delicia.

Visitamos un pueblito, muy cerca de San Miguel, Atotonilco, con una preciosa iglesia, la llaman la sixtina mexicana, debido a los bellos murales. Fue construida entre 1740 – 1748, por iniciativa del devoto  Luis Felipe Neri, que quería evangelizar a los habitantes de aquella zona.

Martinez de Pocasangre, de Querétaro, fue el encargado de pintar todos los murales y techos, sin dejar ni un centímetro de pared sin pintar.

Desde aquí salió el cura Hidalgo con el estandarte de la virgen de Guadalupe para llegar a la iglesia de Dolores Hidalgo y tocar la campana, como inicio de la Independencia mexicana. Por todo esto, la Unesco concedió el título de Patrimonio de la Humanidad a esta Iglesia de Jesus del Nazareno el 8 de julio de 2008.

Días deliciosos con Rosi y Patricio, saboreando, una noche, tortilla de patatas y un buen vino. Las despedidas nunca me han gustado, pero despedirnos de esta familia, de su preciosa casa y de un campo maravilloso, no fue fácil.

Ya de vuelta a México hicimos parada en Qerétaro, acompañadas por Cynthia, visitamos la casa de  la Corregidora, Josefa Ortiz Domínguez, patriota y heroína de la independencia de su país, toda una institución en la ciudad,  recorrimos el precioso zócalo con un guía que nos explicó la historia de cada casona que rodea el mismo. Como siempre comimos en un restaurante de la plaza, disfrutando de la comida y de la música.

Ya en México y con pocos días para mi regreso, nos fuimos a pasear por la colonia Roma, un barrio precioso con casa antiguas, que me recordaron mucho a las calles de Buenos Aires, fue una mañana preciosa, soleada que invitaba a pasearlo. Visitamos la Casa Lamm, una casa transformada en universidad privada.

Seguimos paseando y nos encontramos con esta librería de nombre muy sugerente, para mí y para mis amigas que también conocen esta tierra cervantina, “En un lugar de la Mancha” y como siempre las librerías me sorprenden, abierta a la calle, donde tomamos una rica cerveza, en cada mesa había un libro que podías leer y hojearlo, con un patio interior y muchas citas cervantinas por las paredes.

Voy terminando este relato, que seguro, me dejo muchas cosas, porque fueron días de mucho ajetreo. Cenamos un día en un precioso restaurante, desayunamos en otro cuando viajábamos, esos desayunos enormes y muy ricos y ya como despedida nos fuimos a comer a un pequeño restaurante italiano, La Lanterna, que se conserva  tal como lo inauguraron hace muchos años, parece una casita italiana en el centro de esa inmensa ciudad.

En fin, como siempre las despedidas no son mi fuerte, me llevo en la cabeza un montón de momentos muy especiales con toda la gente que conocí, muchas imágenes que solamente están en mi cabeza y que las conservo para siempre. Detalles que me hacen conocer ese país en tantos viajes como he hecho, y casi siempre son pequeños detalles que me fotografían la vida, las costumbres de México y sus pueblos.

 

 

 

 

 

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La uruguaya de Pedro Mairal

 

Este es el último libro que hemos leído en el club de lectura, que formamos un grupo de amigas que, cada mes, nos reunimos en una preciosa librería de mi ciudad “La madriguera”, allí hablamos de libros y de la vida, es lo que tiene reunirse una cuantas amigas, que nos quitamos la palabra de la boca. Pero a todas nos encanta esas reuniones. A mi me enriquecen mucho y creo que a todas nos pasa lo mismo.

Mismo lugar, mismas rutinas, misma alimentación, vida sexual simultánea, estímulos idénticos, coincidencia en temperatura, nivel económico, temores, incentivos, caminatas, proyectos… ¿Qué monstruo bicéfalo se va creando así? Te volvés simétrico con el otro, los metabolismos se sincronizan, funcionas en espejo; un ser binario con un solo deseo. Y el hijo llega para envolver ese abrazo y sellarlo con un lazo eterno.

Elegimos este libro por ser un escritor argentino y por que tenía muy buenas críticas. Así que una vez decidido, lo leímos en un pis pas. Es una lectura rápida, ágil, con un punto de humor y algo de fracaso, que cuando empiezas su lectura no lo puedes dejar, te atrapa absolutamente.

Guerra me mandaba esas cosas y yo quedaba partido, colgado de una emoción que no se disipaba. Eso era Montevideo para mí. estaba enamorado de una mujer y enamorado de la ciudad donde ella vivía. Y todo me lo inventé, o casi todo. Una ciudad Imaginaria, en un país limítrofe. por ahí caminé, más que por la calles reales.

Lucas Pereyra es el protagonista de esta novela, un escritor que no pasa por sus mejores momentos, separado, con un hijo y con la crisis de los cuarenta encima, son los ingredientes para que le pase cualquier cosa.

Es una nueva fragilidad, un lado vulnerable que no conocía. Quizás a los padre más  jóvenes no les pasa. A mi me da terror a veces. Cuando corre hasta la esquina y no lo alcanzo y le pego el grito sin saber si va a frenar. Tendría que haber un curso para criar  hijos.

Lucas viaja a Uruguay para recoger un dinero de un libro que se lo pagan en un banco de ese país, ya que en Argentina no le es posible cobrarlo. Le anima viajar a Uruguay, además de cobrar el dinero que le vendrá muy bien, reencontrarse con una amiga.

¿Cómo se hace para cogerse a una mina llorando y con el perro del novio? Esa es mi primera reacción cuando llora una mujer, mi cerebro se va lo más lejos posible al fondo de mi egoísmo, a la otra punta de la pena y del amor, planeo la fuga, después empiezo a volver, poco a poco, me pongo contenedor, quizá por que el llanto femenino empieza a hacerme el efecto buscado.

El viaje se presenta bien, pero la realidad será otra. Lucas, como cualquier persona que anda metido en esas crisis de identidad, quiere imaginar una vida distinta a la que le espera, pero la realidad será tozuda.

Ojala la muerte sea saberlo todo. Por el momento no queda más remedio que imaginar. Si yo pudiera contar el día exacto de ese perro con todos sus detalles, olores, sonidos, intuiciones, idas y vueltas, entonces sería un buen novelista. Pero no tengo tanta imaginación. Escribo sobre lo que me pasa. Y lo que me pasó fue que el ascensor llegó a nuestro piso.

Hemos paseado por Uruguay con la ilusión de ese reencuentro, con una nueva vida, pero volvemos a Buenos Aires, derrotados y al reencuentro de la realidad.

Esto se acaba. Se termina mi crónica de este martes, la última cuadra la hice entre gemidos y resoplidos. Lo que quedaba de mí llegó a la puerta del edificio. Entré, subí en el ascensor. Mi facha en el espejo era de espanto. No era el mismo que había mañana en el ascensor.

Esta pequeña novela ha recibido el premio Tigre Juan en 2017.

Paseando por Alcalá de Henares

Paseando por Alcalá de Henares

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Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares

La semana pasada viajé con mis compañeros de la Universidad de Saramago a Alcalá de Henares, ciudad Patrimonio de la Humanidad, desde 1998, a 30 kilómetros de Madrid.

Lo primero que me llamó la atención al llegar son sus cigüeñas, nidos enormes en los campanarios, en esta ciudad hay por todas partes, se escuchan las campanadas y el repiqueteo de los inmensos picos de estas aves, algo que hace de Alcalá un lugar curioso y muy especial. En la torre del Ayuntamiento hay un gran nido y cuando es tiempo de cría, como ahora, una cámara transmite en directo ese espectáculo.

Pero la ciudad nos depara historias infinitas.

El día era frío, pero nosotros seguimos a la guía por un recorrido magnífico. Empezamos por la Universidad de Alcalá con su maravilloso edificio que ahora alberga el Rectorado. Este edificio donde se celebran los premios Cervantes cada año, es la obra magnífica del Cardenal Cisneros que fundó en 1499.

Esta universidad fue concebida por Cisneros como centro del conocimiento de la España renacentista, por esta universidad pasaron Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, Nebrija y muchos más. Cuando pasamos al Paraninfo, es muy impactante ver esos nombres escritos en las paredes.

Hay una gran obra de Cisneros, la Biblia políglota, durante más de 15 años involucró a los mejores expertos de la época, los textos están en hebreo, judío y griego, el trabajo fue tan complicado que cuando se terminó de imprimir, Cisneros dijo: “Ahora descanso”. Murió unos meses después.

Dicen que Cisneros fue el mejor alcalde de Alcalá.

Hay también en esta villa monasterios de casi todas las órdenes y colegios de ellos, cuyos religiosos no solamente vienen acá para oír  teología, pero convídeles también para ello el saludable cielo y la fertilidad de la tierra. Tiene una plaza bien grande para juegos en medio de la villa, y en ésta  se hallará cualquiera todo lo que es  menester para comer. Al norte de ésta va una calle larguísima en que viven demás oficiales. El palacio del arzobispo está al poniente de la villa, bien antiguo; hay también otras muy buenas casas de ciudadanos dispersas por la villa. (Enri de Cok, 1585-1592)

El Paraninfo de la Universidad, donde se celebran los Premios Cervantes cada año, es una sala pequeña, llena de historia tanto por los estudiantes que pasaron por allí como por los escritores españoles e hispanoamericanos que han sido  galardonados. La primera edición fue en 1976, o sea que llevan 41  premiados de los cuales solamente cuatro mujeres han sido significadas con este premio.

Seguimos paseando por esta ciudad y llegamos a la calle Mayor, calle de la judería, calle porticada a lo largo de casi medio kilómetro, allí está el pulmón de la ciudad, gentes, bares, confiterías, y la casa de Cervantes, casa que se supone fue de la familia, pero merece la pena pasar a ver una casa típica de esa época, frente a la casa dos grandes figuras de D. Quijote y Sancho.

En la iglesia de Santa María, fue bautizado Cervantes con el nombre de Miguel, ya que nació un 29 de septiembre.

En domingo  nueve días del mes de octubre de mil e quinientos e cuarenta y siete años, fue bautizado Miguel, hijo de Rodrigo de Cervantes e su mujer Doña Leonor; fueron sus compadres Juan Pardo; bautízole el Reverendo Señor Bachiller Serrano Cura de Nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez, Sacristán e yo que lo bauticé y firmé de mi nombre. Bachiller Serrano

Hicimos una parada para comer y calentarnos, pero seguimos, había mucho que ver. Pasamos por la catedral donde está el maravilloso sepulcro donde descansan los restos de Cisneros. El cardenal pidió ser enterrado en un sencillo sepulcro, como fraile franciscano que era, pero no se respetó esta petición y el sepulcro es una obra magnífica, realizada por Domenico Fancelli.

Ya íbamos terminand la visita con innumerables historias de los numerosos edificios, capillas y museos, que recorrimos ese día.

Al pasar por una calle vimos una placa en una casa, aquí nació Manuel Azaña, Presidente de la Segunda República española. Fue un broche estupendo a ese paseo intenso por esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz

Tenía este libro en casa hacía unos cuantos años, y ahí permanecía, un día lo saqué de la estantería y lo dejé cerca de mi mesa para en cuanto tuviera un rato, empezarlo. Me encanta este escritor tanto por sus libros como por esos mensajes de paz que siempre nos transmite.

Más viejo que el Islam, el cristianismo y el judaísmo, más que cualquier credo o Estado, el fanatismo, dice el escritor israelí Amos Oz, sigue envenenando el mundo. Sí, raro es el día que no nos asalta la noticia de un atentado, ya sea en Palestina, India, Colombia o Irak… Vivimos rodeados por mil fanatismos opuestos, pero idénticos en la base.

Esto lo dice en su libro, Contra el fanatismo.

Nació en Jerusalén en 1939 y allí vivió toda su infancia con sus padres, hasta que marchó a un Kibbutz a los quince años.

La historia que nos cuenta a lo largo de más de 600 páginas, abarca la vida de sus abuelos, tanto de parte de padre como de parte de madre. Amos estuvo siempre rodeado de libros, de escritores, de gente culta y sensible, toda su infancia estuvo cruzada por ese amor a los libros.

Lo único abundante en casa era los libros: había libros de pared a pared, en los pasillos, en la cocina, en la entrada. Miles de libros en cada rincón de la casa.

Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro. aunque se le elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería  olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reikiavik, Valladolid o Vancouver.

Pero esa vida feliz de este único hijo de la pareja formada por su padre, un hombre aficionado al estudio de la filosofía, trabajador en un biblioteca y siempre alegre y vitalista, chocaba con una madre melancólica, siempre metida en un mundo solitario, pero a la vez le enseñó siempre a contar cuentos e historias y le enseñaba a amar los libros y las palabras.

Una vez, cuando tenía siete u ocho años, mientra íbamos sentados en la última fila del autobús, mi madre me dijo que es cierto que los libros pueden cambiar con los años, igual que las personas cambian con el tiempo, pero que la diferencia pero que la diferencia está en que las personas al final te abandonan a tu suerte, mientras que los libros jamás te abandonan. Tú los abandonas a ellos a veces, pero ellos, los libros aunque los hayas traicionado, jamas  te dan la espalda, durante años te esperan en la estantería.

Esta vida llena de cultura por todos los rincones de la casa se rompe con el final del mandato  británico y la creación de dos estados nuevos, uno judío y otro árabe. Tiempos de incertidumbres, las bombas, la muerte y el desasosiego llena la pequeña casa donde vive la familia. Refugiados que pernoctan por todos sitios, la escasez de alimentos y el racionamiento, llenan los días de la juventud de Amos.

Mi madre, mi padre y yo, dormíamos durante los meses del asedio en un colchón al final del pasillo. A cada rato, con la caída de las bombas, temblaba toda la montaña y con ella se estremecía los edificios de piedra. Mi madre me abrazaba apoyando su cabeza en mi pecho. Esa noche por primera vez, que también yo moriría. Que todos moriríamos. Y nada en el mundo , ni siquiera mi madre, podría salvarme.

Pero lo más dramático que marcará al joven es la enfermedad de su madre, que día a día se va aislando de la vida de todos ellos, de ese mutismo que la llevó durante años a pasar los días en silencio y las noches eternas de insomnio. Algo que, en el libro lo va contando con amor a su madre y el no entender porque los dejaba. Verdaderamente esas páginas están llenas de dulzura, de dolor, de incomprensión, de odio, de todos los sentimientos que un joven de doce años puede sentir ante una madre ausente.

Por las noches, mi padre seguía atento a que la luz de mi habitación se apagara a las nueve en punto. Luego entraba de puntillas en la otra habitación y cubría con un chal los hombros de mi madre, pues el otoño ya estaba en las puertas y las noches empezaban a ser frescas, se sentaba a su lado, le cogía la mano fría con su mano siempre caliente e intentaba despertarla para charlar al menos un rato. Como el príncipe azul de los cuentos intentaba, mi cansado padre, despertar a la bella durmiente. Pero aunque la besara no conseguía despertarla: el hechizo de la manzana no desaparecía. o el beso no era verdadero. o ella, en sus sueños, no esperaba a un charlatán con gafas de intelectual bromeando sin descanso, sino a un príncipe totalmente distinto.

Una biografía completa de su familia, de judíos en la segunda Guerra Mundial, de conflictos políticos, pero sobre todo del amor a los libros y de la desgarradora historia de la muerte de su madre.

Me ha gustado mucho, me ha costado leerla bastante tiempo, pues la escritura de Amos Oz es prolija, detallista, llena de anotaciones de libros, de poesía, en fin un libro para no olvidar.

Felices Fiestas y buenas lecturas

Lista de libros

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Cada año, cuando llegan estas fechas, me gusta poner una lista de libros leídos últimamente o hace tiempo, esos forman parte de mis libros preferidos.

Son tiempos de regalos, de encuentros familiares, de excesos en comidas y bebidas, para mí un poco exagerado, pero las fiestas son las fiestas y yo voy a daros un listado de libros que, creo, no os van a decepcionar. Y entre tanto barullo, un buen libro cambia el jaleo por el recogimiento y el disfrute de una buena lectura.

Libros recomendados para este nuevo año

 

Los pacientes del Doctor García de Almudena Grandes

Patría de Fernando Uramburu

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

El último encuentro de Sándor Marai

Tú no eres como otras madres de Amgelika Schrobsdorff

Viento del Este, viento del Oeste de Pearl S. Buck

Distintas formas de mirar el agua de  Julio Llamazares

Último tango de Savador Allende de Roberto Ampuero

Sidra con Rosie de Laurien Lee

Una letra femenina azul pálido de Franz Werfel

Paseos por Londres de Virginia Woolf

Mis Viajes con Herodoto de Ryzard Zapuscinski

 

Los pacientes del doctor García, Almudena Grandes

Nuevo episodio de la Guerra Civil española

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Creo que este es el tercer libro que me leo de esta serie que, sobre la Guerra Civil, está tejiendo Almudena Grandes. Me encanta como escribe, y me encanta lo que nos cuenta. Cada uno de estos libros te abre una puerta a historias relacionadas con nuestra contienda, pero siempre desde un punto de vista muy cotidiano, familias, parientes que dejan de verse y luego se reencuentran, momentos muy importantes que sucedieron en esos años; en fin un mosaico muy interesante y tan amplio que cada libro es un episodio a descubrir.

Y aquí sobre todo, con Ángel Viñas, a quien me atrevo a llamar mi maestro, aunque nunca haya sido su alumna, hasta tal punto soy deudora de su monumental obra sobre la diplomacia republicana, las implicaciones internacionales de la presidencia de Negrín y la labor de Pablo Azcárate ante el Comité  de Londres.

En esta novela, de más de mil páginas, el tema central es  la red que se organiza en Madrid para ayudar a los criminales del Tercer Reich, en la Segunda Guerra Mundial, a salir de Alemania. En Madrid la gran organizadora fue, Clara Stauffer, una española-alemana, muy cercana a Pilar Primo de Rivera.

El régimen franquista jamás reconoció oficialmente su relación con la obra de Clara, quien por supuesto tampoco hizo público, en ningún momento, documento alguno relacionado con su misión. La clandestinidad  en la que su red permanece hasta hoy incrementa el mérito de los autores que le han estudiado.

El Doctor  Guillermo García, es médico en Madrid en el momento que la capital de España está sitiada por las tropas de Franco, él aprendió de un médico a hacer transfusiones de sangre y lo practica con los heridos de guerra, salvando así la vida de muchos soldados, entre ellos, un diplomático republicano llamado Manuel Arroyo.

Manuel Arroyo Benítez ya había visto demasiadas lágrimas temblando en los ojos de los asesinos de la República Española. Había escuchado demasiad palabras de amor y promesas fervientes y solemnes compromisos que al cabo no habían resultado más que las reglas de un juego cruel, etapas progresivamente dolorosas de una interminable impostura.

Guillermo García y Manuel Arroyo, se hacen amigos y serán el hilo conductor de esta intensa historia, que al final se transforma en un thriller emocionante, a la vez que el lector va descubriendo esa red de apoyo a los criminales más terribles, con dinero, documentos falsos, y todo lo que necesitaban en esa España, donde los perdedores de nuestra guerra pasaban calamidades tremendas, y estos nazis disfrutaban de la alta sociedad de la capital.

Rodolfo Freude no sólo era el hombre más poderoso y el gran protector de la nazis y colaboracionistas que llegaban al país a través del SARE. Era además, un anfitrión espléndido y por eso, aunque Manuel Arroyo Benítez procuraba coincidir con él lo menos posible, Adrián Gallardo no pudo negarle a Clara ese favor.

El doctor, Guillermo García tiene que ocultarse para no ser fusilado, su amigo Manuel Arroyo le ayuda con una identidad falsa, para poder seguir trabajando en cualquier sitio y por la noche ayudando a enfermos. Hasta que un día Manuel le propone infiltrarse en esa red madrileña para saber todo lo que se cuece en la gran evasión de nazis hacia Buenos Aires.

A las once de la noche, Madrid  era una ciudad desierta, con todas las luces apagadas, todas las ventanas cerradas y todas las persianas echadas. En diciembre del 37, ningún visitante de buena voluntad llamaba a la puerta a esas horas para pedir un poco de sal o invitarse  a la última copa. La noche era  el territorio de los enemigos. 

Impresionante lectura, difícil de resumir, como siempre Almudena Grandes no se queda en medias tintas; nombres, direcciones, gente implicada en ese asunto tan turbio, que el franquismo, la iglesia y el Estado estuvieron involucrados para salvar a los nazis más criminales del Tercer Reich.

En el año 1938, Hans Lazar se acredita ante el gobierno de Burgos como corresponsal de la agencia de noticias Transocean, fundada pocos años antes para propagar los ideales de la nueva Alemania en España y Latinoamérica. Tras la victoria de Franco, ocupa el cargo de prensa de la embajada, en la que, a juzgar por los comentarios que circulan por la ciudad, pronto llega a tener más poder que el propio Embajador. 

Si interesante es este episodio, no menos es lo que nos regala Almudena de como fue hilando y buscando información sobre toda esta gente que formaban la red de ayuda a los nazis, y sus conexiones con la Argentina de Perón.

Siempre estaré en deuda con los historiadores españoles que han devuelto a nuestro país a la normalidad al reescribir el relato de la guerra y de la dictadura franquista desde una perspectiva rigurosamente democrática, porque sin ellos jamás habría podido avanzar.

 

 

Patria de Fernando Uramburu

Relato sobre los cuarenta años de ETA

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Cuando un libro es tan alabado, siempre espero algo de tiempo para atreverme a leerlo. Me lo recomendaron por todos lados y ya este verano me puse a ello. Tengo que decir que no me decepcionó nada, me gustó la forma sencilla en que Uramburu nos cuenta esta tremenda historia. Sencillez en todo el relato, cosa que no debe ser fácil pues nos cuenta nada más ni nada menos que cuarenta años de ETA, resumido en un pequeño pueblo y en dos familias.

A Bittori le han matado a su marido Txato y busca respuestas a esa muerte que no encuentra. Así empieza esta historia que realmente terminará sin respuestas, el terrorismo es lo que tiene, que no es comprensible para nadie, menos para los que sufren esa lacra.

Bittori y su marido viven en un pequeño pueblo cerca de San Sebastián, allí vive con su familia, una vida tranquila, donde conviven con sus vecinos, visitan la iglesia, los bares del pueblo, son unos buenos vecinos; su marido, Txato, que tiene una pequeña empresa de transporte, forma parte del club de ciclistas del pueblo.

La otra familia vecina e íntimos amigos de toda la vida, Miren y Joxian. Ellas una tarde a la semana se iban a San Sebastián a pasar la tarde, ellos compartían el ciclismo como deporte, los hijos se conocían desde siempre, la vida cotidiana de un pueblo, rota de vez en cuando por las manifestaciones a favor de ETA en la plaza. Quien no se dejaba ver por esas manifestaciones era fichado, así que todo el mundo acudía a ellas.

El día en que ETA anunció el abandono de las armas, Bittori se dirigió al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txaso, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿ Podrá convivir con quienes le acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia?

La iglesia también fichaba a la gente cuando no iban al entierro de un etarra, el cura tenía buen conocimiento de todos los vecinos y vecinas. Y por último las tabernas, también hacían su labor. Osea que se vivía observados y en los pueblos pequeños era muy fácil que eso se convirtiera en un ambiente asfixiante.

Esta vida cotidiana se rompe cuando el hijo de su amiga Miren, Joxe Mari, desaparece y nadie sabe donde está, aunque se supone que anda por el monte y luchando por la “patria”, pero de eso no se habla. Su madre lo disculpa y lo apoya, en una palabra, entiende que su hijo luche porque Euskal Herria sea libre.

¿ Y Miren? Pues verás, ahora que me lo preguntas, te diré lo que pienso. En el fondo, y que me perdone el Txato, la comprendo. Comprendo su transformación, aunque no la apruebo. Entre la merienda aquella en la cafetería de la Avenida y la siguiente en la churrería de la Parte Vieja, mi amiga Miren cambió. De repente era otra persona. En una palabra, había tomado partido por su hijo. No tengo la menor duda de que se fanatizó por instinto materno.

Y empiezan las pintadas en el pueblo, contra Txato, al principio Bittori las tapa, pero cada vez son más grandes y más insultantes. Txato paga religiosamente su cuota que le exigen desde ETA, sin rechistar, no quiere problemas, hasta que la extorsión es grande y no puede ni quiere hacer esos pagos.

Una figura joven, ágil, borrosa, surgió de entro dos coches aparcados junto a la acera de enfrente. La  capucha impidió al Txato verle los ojos. Venía hacia él, pero no directamente. ¿Quién? Un individuo de algo más de veinte años, algún chaval del pueblo que se protegía del chaparrón agachando la cara. De un salto alcanzó la acera por detrás de Txato. El Txato siguió su camino y ya le faltaba poco para llegar a la esquina.

Entonces, a su espalda, muy cerca sonó el disparo.

Y después otro

Y otro

Y otro

Una tarde lluviosa, saliendo de su casa, se encuentra con Joxe Mari y le dispara. La vida de toda la familia cambia, se van del pueblo y al cabo de un año, Bittori quiere volver a su casa, y eso es un calvario para ella, nadie la saluda, no la miran, nadie se atreve a hablar con la mujer de un asesinado por ETA.

Salía hasta la calle el típico rumor de voces punteado por  por alguna que otra risotada. ¿Entro o no entro? Entró. Al punto se hizo el silencio. Habría como una docena de clientes. No los contó. Se callaron todos a una, desviando la mirada ¿hacia dónde? Pues hacia donde no estaba ella. Y el chaval que pasaba el trapo entre los platillos  de los pinchos tampoco miraba. Un silencio ¿agresivo, hostil? No, más bien de interrogación, de extrañeza.

En medio de todo esto están los hijos e hijas de las dos familias, cada uno con su visión sobre este tema que tanto les duele y que de alguna manera marca sus vidas.

Ahora todo es hablar del proceso de paz y de que hay que pedir perdón a las víctimas. Perdón ni leches. ¿O es que nosotros no somos víctimas? Cada vez contamos menos, nos han dejado solos. Y si abres la boca, vienen y te llevan por apología del terrorismo.

Tumbado en la cama Joxe Mari miraba el trozo de cielo comprendido en el cuadro de la ventana. Cielo azul de atardecer. Noto que me hundo. Horrible perspectiva: morir aquí de cáncer, sin volver nunca más al pueblo

Muy recomendable, una gran novela sobre un momento en el País Vasco que toda España vivió durante mas de cuarenta años.