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Asisto como alumna a las clases de la Universidad para mayores, José Saramago, de mi ciudad. Empecé el curso y ya casi finalizándolo tengo que decir que la experiencia ha sido muy buena.

Es un lujo poder asistir a estas clases que nos ofrecen, buenos profesores y clases interesantes, algunas más que otras, según la preferencia de cada uno.

Literatura, historia, derecho, informática, inglés, tres días en semana y unos horarios cómodos por la tarde.

Hoy hemos asistido a un recital de poesía, los de tercer año han elegido poesía de habla española y en el salón de actos han recitado unos cuantos alumnos y alumnas. Una tarde muy agradable llena de palabras armoniosas. Todo un lujo.

Entre los poemas que he escuchado, me ha encantado uno de José Saramago, que no conocía y que nos viene al pelo a todos los que estábamos allí. Sabias palabras del maestro José Saramago ¿Que cuántos años tengo?

 

¿Qué cuántos años tengo?

- ¡Qué importa eso !

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo,

sin miedo al fracaso o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos

y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!

¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo

otros “que estoy en el apogeo”.

Pero no es la edad que tengo,

 ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente

y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios

para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero,

para reconocer yerros viejos,

rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:

¡Estás muy joven, no lo lograrás!…

¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…

Tengo la edad en que las cosas

se miran con más calma,  

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos,

las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada,

ansiosa de consumirse en el fuego

de una pasión deseada.

y otras… es un remanso de paz,

como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados,

mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé

al ver mis ilusiones truncadas..

. ¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta,

sesenta o más! Pues lo que importa:

¡es la edad que siento! Tengo los años

que necesito para vivir libre y sin miedos.

 

Si ha habido un libro que me ha impresionado y que no lo he olvidado ha sido este. Lo leí hace un montón de años, pero sigue siendo uno de los libros más duros y mejor escritos que yo haya leído a lo largo de estos años.

Me gusta casi todo de Mario Vargas Llosa, aún me faltan algunos libros por leer, así que no puedo decir que este sea el mejor, pero si puedo decir que es una obra maestra.

Mario Vargas Llosa nos relata la vida de un sátrapa como fue el dictador de la República Dominicana, Rafaél Leónidas Trujillo, entre los años 1930 hasta su asesinato en el año 1961; treinta y un años de una dictadura feroz, más de 50.000 asesinatos de Estado y un desafío a los derechos humanos que por supuesto no respetó en ningún momento.

A través de Urania Cabrales, hija de un ministro del dictador, que vuelve a Santo Domingo, antes llamada “Ciudad Trujillo,” para estar con su padre que se está muriendo, nos va relatando la historia de aquellos años que ella vivió hasta su huida a EE.UU.

No recuerda que, cuando era una niña y Santo Domingo se llamaba Ciudad Trujillo, hubiera un bullicio semejante en la calle. La ciudad era tres o cuatro veces más pequeña, provinciana, aislada y aletargada por el miedo y el servilismo, y tenía el alma encogida de reverencia y pánico al Jefe, al Generalísimo, al Benefactor, al padre de la Patria Nueva, a su Excelencia el Doctor Rafaél Leónidas Trujillo.

La historia de esta mujer es desgarradora. Por otro lado nos van contando como desde la Universidad empiezan los estudiantes a organizarse para derrocar a este personaje. Las dificultades que tienen para moverse, porque la isla es pequeña y la tiene absolutamente vigilada. En esas organizaciones hay una mujer estudiante de derecho que embarca a sus dos hermanas en esta  revolución. Desgraciadamente estas tres hermanas terminan asesinadas a palos. Las mataron el día 25 de Noviembre del año 1961. En honor a estos tres valientes llamadas, Patria, Minerva y Teresa Miraval, se conmemora cada año el “Día Internacional de la no violencia contra las mujeres”.

Toda la república dominicana se enteró de aquella matanza de la manera veloz y misteriosa en que las noticias circulaban de boca en boca y de casa en casa y en pocas horas llegaba a las extremidades más remotas.

Nos matan a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos. Ahora también a nuestras mujeres. Y, nosotros, resignados, esperando nuestro turno.

La muerte del dictador, liberó rápidamente a la isla y a sus ciudadanos. La familia Trujillo tuvo que huir a París. Después de intentar enterrar al dictador con honores en la isla, no  lo consiguieron. Después de estar en París, parece que Franco los admitió y lo enterraron en el cementerio del pardo.

Una historia dura pero digna de leerla.

http://youtu.be/81bvCL9rcsY

 

Cuánta falta nos hace gente así, no sé si alguna vez recuperaremos la cordura en este país. Tanta gente trabajando seriamente y tanta gentuza robando sin escrúpulos.

Reivindico la buena gente, la gente que no mira la vida a través del dinero y que es generoso.

Y aquí una entrevista que le hizo Salvados, un programa español. No tiene desperdicio.

 

En el año 2000 viajé a Nueva York, mi hijo Cesar vivía allí y tenía un pequeño apartamento muy cerquita del Central Park. Ese apartamento me sirvió de casa en los días que estuve allí. Fue todo un descubrimiento conocer esa ciudad y muchas otras cosas que descubrí en esos días. Entre ellas un pequeño libro que tenía mi hijo titulado “Robert Capa“, estaba en inglés así que le pregunté y me explicó algo de la vida y obra de este fotógrafo.

Cuando llegué a España en uno de mis fines de semana en Madrid fuimos mi hija María y yo a ver una exposición de fotografías sobre la Guerra Civil española, en el Museo Reina Sofía. Pasamos y nos encontramos con una preciosa foto de Robert Capa y Gerda Taro. No me lo podía creer, pero allí estaban guapos y jóvenes.

La exposición nos impactó, las fotos de la Guerra son de una tristeza inmensa, esas figuras de mujeres con los niños de la mano andando por caminos de tierra, con la mirada perdida, nos partió el corazón. Hombres portando enseres caseros, con pantalones rotos y con la mirada perdida, eran duras de mirar. La famosa foto de la muerte de un miliciano, o niños jugando en la calle ajenos a bombas y tiros.

Y entre foto y foto fuimos leyendo la vida de estos dos fotógrafos, porque tanto fue uno como la otra. La gran fama fue para Robert Capa, ella su compañera en la vida y fotógrafa de muchas fotos que no se sabe si eran de ella o de él, formaban un dúo único, y que duró hasta que ella murió en el frente de Brunete.

Gerda Taro perdió la vida en un accidente durante el repliegue del ejército republicano. Gerda se subió al estribo del coche del general Walter, Brigadas Internacionales. En un momento dado, unos aviones enemigos volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy y Gerda cayó al suelo, tras una pequeña elevación del terreno. En ese momento un tanque republicano entró marcha atrás al camino saltando la elevación tras la que se encontraba Taro y cayó sobre ella.

La oruga del tanque la destripó, por lo que fue trasladada urgentemente al hospital inglés de El Goloso. Allí murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años. Su cuerpo fue trasladado a París, donde recibió todos los honores como una heroína republicana. Sus restos se encuentran enterrados  en París.

Así decía en una crónica del diario el País.

Esta historia comenzó en 1936, el año en el que, a decir de los historiadores, España fue el corazón del mundo. Los militares nacionalistas declararon la guerra al Gobierno de la República y dieron comienzo a un conflicto de tres años que para muchos sintetizó la pugna ideológica mundial entre fascismo, comunismo y democracia. Escritores, periodistas, fotógrafos y voluntarios de todos los continentes vivieron la guerra como una lucha de resistencia y acudieron como voluntarios para apoyar al bando republicano. Para aquella generación de intelectuales entre los que se encontraban Hemingway, Orwell, Neruda o Malraux, el futuro de la humanidad se jugaba en España. “Nunca en la historia ha vuelto a ocurrir algo semejante”, reflexiona Villoro.

Hay varios libros que hablan de este momento histórico y de la vida de Robert Capa, una vida de novela, y la de su pareja Gerda Tarot, de su trabajo y sobre todo de su implicación anti fascista. Yo leí últimamente un libro de Susana Fortes, Esperando a Robert Capa, ella cuenta la relación de los dos y su estancia en Madrid durante la Guerra Civil.

Años después en otra exposición de fotos que fuimos a ver en Madrid nos topamos con una triste foto que nos llamó la atención enormemente, era una tumba y una mujer mayor llorando. Miramos por curiosidad y era la tumba de Robert Capa. Parecía que nos topábamos con la vida y la muerte de Robert Capa.

Vídeo

Dos personajes muy interesantes, sus fotos son de un gran valor histórico. Después de la muerte de Gerda Tarot, Robert se fue a cubrir todas las guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo.

Murió a los 41 años en Vietnan. Se le considera el fotógrafo más importante del siglo XX

 

 

Hace unos meses, Blanca me trajo un libro escrito por el padre de  Berta Lázaro, “El diario del Alcalde de Trévago”. Me lo leí, me encantó y lo puse en mi blog.

En Navidad Berta Lázaro me regalo y me lo dedicó, este pequeño libro que ha traducido junto con Isabel Alquézar. Traducido por primera vez en España.

Un curioso libro publicado en 1870 en Estados Unidos. Un análisis agudo, lúcido y crítico de la situación de las mujeres en la sociedad del siglo XIX.

Berta hace una interesante introducción, “Tras los pasos de Anníe Denton Cridge”, donde cuenta su llegada a Nueva York, la búsqueda y rastreo de los escritos de Annie en la Biblioteca Pública de Nueva York.

Anníe Denton imagina en sus sueños una sociedad en la que los papeles de hombres y mujeres están invertidos. Son ellas las que son educadas, dirigen los negocios y ejercen todos los oficios, mientras los hombres, privados de instrucción y expectativas, se encargan de las tareas domésticas, el cuidado de los niños y de muchos trabajos que esclavizan. Las mujeres se dedican a la ciencia, la literatura, las leyes y las profesiones liberales, mientras que  que la máxima aspiración de los limitados varones, a los que les preocupara en exceso la moda, los vestidos y las apariencias, es encontrar un buen partido, una mujer con la que casarse, que les mantenga y les proteja.

El libro tiene nueve capítulos que ella los llama “Sueños”, y en esos sueños la escritora nos hace ver a los hombres como si fueran mujeres. Me ha sorprendido que una mujer en el siglo XIX se plantease esta historia, cuando aún era incipiente los movimientos feministas.

Conforme observaba a estos hombres-criados y señores-amos de casa me dije a mí misma: Qué extraño estos hombres tan encorvados y con esas voces débiles y quejumbrosas, carecen de todo atractivo. Descubrí que no solo la cocina era territorio exclusivo de los hombres, sino también el cuidado de los niños.

Era el día de la colada. Primero en el lavadero, mientras los niños dormían, luego lavando al mismo tiempo que mecía la cuna, después preparando la comida y corriendo de acá para allá, sin dejar de dar vueltas en su aturullada cabeza a la costura todavía pendiente y de que también se ocuparían sus manos.

Es tan patético ver este cambio de rol, pero tan real que duele leerlo. La escritora lo hace con humor y a veces raya lo ridículo de las situaciones. Hay un movimiento de hombres a favor del sufragio, pero también hay hombres que se oponen con ridículas ideas:

Por que la extensión de ese derecho sería igualmente lesiva para la institución del matrimonio, ya que habría dos cabezas de familia en lugar de una, y aquellos que nunca se habría casado, salvo por razones de conveniencia, ahora exigirían la disolución de esa unión sagrada.

Habla de la prostitución, del trabajo alienante del hogar, de la no colaboración en las tareas domésticas, del sometimiento, en este caso de los hombres,  de la educación y deja muy claro que la única solución a estos problemas de desigualdades es la educación.

Lo he disfrutado, el tema de la igualdad entre hombres y mujeres siempre está encima de la mesa, pasan lo siglos y aún no lo tenemos solucionado del todo. Pienso que la educación es el arma letal contra las desigualdades.

 

Capítulo IV 

De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta

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La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped acerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, en especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería. Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo. No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo: gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante, donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos: estas voces sin duda son de algún menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda: y volviendo las riendas encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían; y a pocos pasos que entró por el bosque, vió atada una yegua a una encina, y atado en otra un muchacho desnudo de medio cuerpo arriba, de edad de quince años, que era el que las voces daba y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprensión y consejo, porque decía: la lengua queda y los ojos listos. Y el muchacho respondía: no lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato. Y viendo Don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza, (que también tenía una lanza arrimada a la encina, adonde estaba arrendada la yegua) que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.

 

Parad los relojes

Parad los relojes, descolgad los teléfonos,
impedid que el perro ladre dándole un hueso jugoso.
Silenciad los pianos, y al compás de amortiguados tambores,
sacad fuera el féretro, y dejad que entren los amigos.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje: “Él ha muerto”,
poned cintas de luto en los blancos cuellos de los cisnes,
y que los guardias se pongan sus guantes negros de algodón.

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música,
pensé que el amor era eterno: estaba equivocado.

No quiero estrellas ahora, haced negra la noche,
retirad la luna, oscureced el sol,
vaciad los océanos y talad los bosques,
porque ahora ya nada podría hacerme ningún bien.

W. H. Auden.

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