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Un grupo de amigas lectoras, nos reunimos en una bonita librería/cafetería de mi ciudad, “La Madriguera“, para hablar de un libro que hemos leído, es una especie de club de lectura pero entre amigas y sin casi normas, solamente leer y comentar.

El primer libro que nos leímos y que nos encantó a todas es “La ridícula idea de no volver a verte” de Rosa Montero y el siguiente que ya lo hemos leído y que nos reuniremos en estos días, es éste que traigo a mi blog.

Tengo que decir que no he leído muchos libros de Saramago y que no es de mis escritores favoritos, pero este libro me ha encantado, me ha divertido  y, como siempre me pasa, he viajado lentamente a lomos de este elefante.

Tiene parte histórica y lo demás lo dejamos a la imaginación del escritor. Salomón es un elefante que no sabemos por qué vive en Lisboa en la Torre de Belén al cuidado de su cornaca Subhro, allí pasan sin pena ni gloria los días, hasta que el rey, de Lisboa, Juan III piensa que debe hacer un regalo a su primo, el archiduque de Austria, Maximiliano, con motivo de su boda con Carlota hija de Leopoldo I de Bélgica.

El elefante, gritó la reina.

Hace más de dos años que ese animal llegó de la India, y desde entonces no ha hecho otra cosa que comer y dormir, el abrevadero siempre lleno de agua, forraje a montones, es como si estuviéramos sustentando a una bestia que no tiene ni oficio ni beneficio.

A Juan III le preocupa el gasto que le producía ese elefante y otra preocupación era el regalo que quería hacer a su primo. Consulta con su mujer y se le ocurre que un regalo muy original sería mandarle el elefante con su cornaca. La idea la pareció fantástica y se ponen manos a la obra.

Salomón no tiene ni idea de lo que le espera, el caballerizo mayor, emisario de su destino, cabalga hacia Valladolid, ya repuesto del mal resultado de la tentativa de dormir a lomos de su caballo y el Rey de Portugal, con su reducida comitiva de secretarios y pajes, está llegando a la playa de Belén, enfrente del monasterio de los Jerónimos. Dando tiempo al tiempo, todas las cosas del universo acabarán encajando.

Así empieza este cuento delirante; empiezan a preparar al elefante, su comida, el agua, la gente que le acompaña y el elefante con Subhro encima, contemplando esta locura. Tenían que llegar hasta Valladolid donde se encontraba Maximiliano y  el viaje hasta Austria sería cosa de ellos.

Alteza, permitidme que os presente al cuidador de Salomón, señor hindú, le presento al Rey de Portugal, Don Juan el Tercero, que pasará a la historia con el sobrenombre de el piadoso, dio orden a los pajes de que entrasen en el vallado e informasen al inquieto cornaca de los títulos y cualidades del personaje de barbas que le estaba dirigiendo una mirada severa, es el Rey.

El viaje se realiza lentamente, todos tienen que ir al paso del elefante. Cuando llegan a Valladolid, todo el mundo sale a ver a ese animal mítico y que nunca habían visto. Así Maximiliano y su esposa se encuentran muy orgullosos del presente que tanta admiración despierta en la gente. Para hacerlo más suyo le cambia el nombre en vez de Salomón se llamará Soliman y al cornaca también le cambia el nombre por Fritz, cosa que no le hace gracia al cornaca.

Así responde  el cornaca a la pregunta de qué iba a hacer en Austria.

Probablemente lo mismo que en Lisboa, nada importante, respondió Subhro, le darán muchas palmas, saldrá mucha gente a la calle, y después se olvidarán de él, así es la ley de la vida, triunfo y olvido. No siempre a los elefantes, y a los hombres siempre, aunque de los hombres yo no debo hablar, no dejo de ser un hindú en tierra que no es suya, pero por lo que sé, sólo un elefante ha escapado de esa ley.

Así nos va llevando esta caravana por tierras castellanas, hasta Italia y de allí a Austria. El camino sirve de reflexión a todos, y de vez en cuando un milagro para darle al elefante ese sentido milagrero.

Al  final del libro nos explican como empezó este libro.

Gilda organizó una cena en el restaurante El Elefante en la ciudad de Mozart  para que este escritor pudiera preguntar ¿Qué figuras son esas?  Las figuras eran unas pequeñas esculturas de madera puestas en fila, la primera de ellas, de derecha a izquierda, era la Torre de Belén de Lisboa. Venían a continuación representaciones de varios edificios y monumentos europeos que manifiestamente anunciaban un itinerario. Me dijeron que se trataba de el viaje del un elefante que en el siglo XVI,  exactamente en 1551, siendo Rey Juan III fue conducido desde Lisboa hasta Viena. Presentí que ahí podía haber una historia.

Saramago escribió este libro ya enfermo, pero lo pudo terminar.

20160625_205552Lo primero que me llamó la atención al llegar a Londres fueron los asientos del metro, tapizados con una tela que parecía que estábamos en un cuarto de estar de una casa inglesa. El metro y los autobuses van tapizados así.

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Los autobuses me encantaron, los tomamos varias veces y nos subíamos al segundo piso, así podíamos ver mejor por donde íbamos; así llegamos a Buckingham Palace, el lugar es espectacular, enormes parques verdes, el gran palacio, rodeado de estatuas, una pasada. Los ingleses paseaban por esos inmensos parques, familias  merendando sentados en el césped o tumbadas tomando el sol en hamacas repartidas por todos lados.

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Después cogimos un taxi para ir al barrio de Nothing Hill, famoso por la película del mismo nombre pero famoso por ser un barrio precioso, con calles adoquinadas y casas victorianas, me encantó y eso que no fuimos en sábado para ver sus mercadillos, pero en una pequeña cafetería nos tomamos un rico té con scons, bollitos muy típicos ingleses que yo hago en casa y que me salen buenísimos, pero ellos los hacen especiales.

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El sábado Cesar y yo salimos temprano para hacer el gran recorrido, era el último día para ver tantas cosas, yo salía el domingo a medio día y nos faltaban muchas cosas. En un autobús llegamos al río Támesis, era una mañana luminosa y la vista era muy bonita, allí estaba esa gran noria como un gran ojo que todo lo ve. Nuestra idea era pasear todo ese lado del río y así lo hicimos.

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El Tate museo, me encantó, un gran edificio industrial convertido en museo de las vanguardias y gratis, los museos en Londres son gratis, ponen una vitrina de cristal donde la gente hecha unas libras para su mantenimiento, yo creo que casi todo el mundo deja su propina. Vimos un Picasso  y “la araña” de Bourgeois, entre otras muchas cosas.

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Salimos del museo y un poco más allá la joya de la corona, el museo de Shakespeare, “El Globo“, intentamos pasar pero fue imposible, una gran cola de gente y a las 12 cerraban al público porque empezaba el teatro dentro de este precioso edificio. Aquí se rodó la película de “Shakespeare in love”. Aquí Shakespeare escribió alguna de sus obras, ya digo la joya de la corona.

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Seguimos paseando y viendo ese ambiente de sábado en una gran ciudad, cada vez había más gente, el Támesis ofrece montones de rincones para pasar una mañana llena de actividades en sus alrededores; ya era medio día y nos topamos con un mercado, el olor era fascinante, un montón de puestos de comida de todo el mundo, lleno de gente, nos encantó, después de recorrerlo y tomarnos un zumo de verduras y frutas, decidimos comprar un pastel de carne muy inglés y un postre a base de leche de coco, todo muy rico.

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Mis pies ya iban fatal pero aún nos quedaba ver la catedral de San Pablo y  llegar al British Museum. Antes de dejar el río llegamos a ese precioso puente que le llaman la Torre, por ahí cruzamos al otro lado del río, por cierto nada que ver esa orilla silenciosa y todo cerrado con el bullicio de la orilla de donde veníamos.

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Puente del Millenium

Los puentes sobre el río Támesis tienen su historia; en la ciudad cruzan el Támesis 14 puentes, el más antiguo Richmond fue construido en 1777 y el más moderno construido en el año 2002 y le llamaron Millenium, fue el arquitecto Foster el encargado de construirlo. El más conocido Tower Bridge en 1894. Por este puente cruzamos al otro lado del río, para seguir caminata hasta el British Museum el día nos acompañó luminoso y cálido pero a estas horas de la tarde se iba poniendo el cielo encapotado y nuestra entrada al museo fue corriendo y algo empapados, por un aguacero que nos sorprendió.

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La entrada al  British Museo  es espectacular, y de nuevo gratis, es una pasada, estaba el patio del museo lleno de gente, niños jugando, familias enteras paseando por ese maravillo de patio. Entramos a la sala de Egipto, seguimos por Roma y Grecia; impresionante lo que tiene este museo, es imposible verlo todo, pero la piedra Roseta estaba allí, me recordó a cuando yo pasé al museo de México y vi el calendario azteca, un privilegio.

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La Piedra Rosetta

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Parte del Partenón Griego en Londres

Derrotados por la inmensidad del museo y por la imposibilidad de ver todo, salimos a la calle y nos resguardamos de la lluvia en un pequeño bar, me encantó ese momento, la gente corriendo y la lluvia que no dejaba de caer, mi cabeza llena de cosas tan bonitas que ni el cansancio podía conmigo.

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Homenaje a las mujeres de la segunda guerra mundial

Paseando hacia el Parlamento inglés y poder ver ese precioso edificio y su famosísimo reloj, el Big Ben, vi este monumento a las mujeres, no pude por menos que fotografiarlo. Leí en algún sitio que las mujeres londinensas en la Segunda Guerra Mudial trabajaron en reconstruir todo tipo de edificios y sobre todo reconstruyeron un puente. Aquí dejo el homenaje a esas silenciosas mujeres de todo el mundo.

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Ya escampó y fuimos caminando para el Soho, estaban todas las calles llenas de gente, el “Orgullo Gay” estaba celebrando la fiesta, casi no podíamos pasar, por fin llegamos a un restaurante chino a tomar pato laqueado, nunca lo había probado pero estaba buenísimo. Mi hijo César me descubrió muchos platos ricos que yo nunca había probado, la gastronomía, también, forma parte de un bonito viaje.

Día intenso.

La invitación que, mi hijo César, me hizo para pasar unos días con él, en Londres, tiene para mí un sentido muy especial. Conocer Londres, que yo no conocía, y pasar unas horas en compañía con él, que a lo largo de nuestras vidas han sido escasas, así que todo ha sido muy interesante.

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El primer viaje que hice  con uno de mis hijos fue con Belén, ella empezó a trabajar y con sus primeros ahorros sacó dos billetes rumbo a Venecia, nos recorrimos casi toda Italia, para mí un viaje inolvidable y Venecia mi ciudad favorita; otro viaje que hice con otra de mis hijas, María, fue a México, viaje de descubrimiento de ese precioso país y que desde entonces, viajo una y otra vez. Aquí no puedo decir una ciudad preferida, aquí tengo que decir que es uno de mis países preferidos. Con Fátima, otra de mis hijas, no he viajado, tengo pendiente un viaje con ella, aunque las dos hacemos un viaje de conocimiento casi todas las semanas; ella vive en mi misma ciudad, así que, ella, me soporta, me cuida, me acompaña, me corrige mis escritos, me ayuda en todo lo que le pido, menos en una cosa, que no me deja nunca su coche y, si me lo deja, es a regañadientes. Esto también se puede considerar un viaje permanente.

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Pero ahora me toca contar estos cuatro días en Londres. Llegué al aeropuerto y me estaba esperando mi hijo, Londres me recibió con una lluvia fina y una humedad terrible, como no hacía frío el bochorno era fenomenal. Al salir del metro vi a un chico repartiendo pegatinas de “Im in”, le pedí una y me la coloqué en mi chaqueta. Llegué el día de las votaciones de eso que conocemos como “Brexit”.

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Lleganos a nuestro apartamento en un clásico barrio londinense, casitas bajas muchos jardines y un silencio total. Me gustó mucho ese barrio.

Al día siguiente, amaneció con sol, tengo que decir que el tiempo mejoró notablemente y conocí Londres con sol y 21 grados, excelente para estar todo el día caminando por esa gran ciudad. Mi hijo trabajaba y yo me fui a conocer parte de la ciudad. Bajé por la calle Oxford Street, me encantó esa calle, llena de banderas del “orgullo gay” que se celebraba al día siguiente, sábado. Todos los edificios estaban con la bandera y en algunos habían bajado las de Europa e Inglaterra y solamente ondeaba esta de los mil colores.

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Caminando, caminando, llegué a Piccadilly Circus que más que una plaza es una intersección de las calles más comerciales, Regent street, Piccadilly y Oxford street, pero el ambiente es genial, lleno de gente a todas horas. Viene bien descansar un poco y escuchar a músicos callejeros que siempre amenizan ese ratito.

Un poco más abajo me topé con Trafalgar Square, parte de esa inmensa plaza estaba en obras pero la inmensidad de ese lugar y la altísima columna coronada por el Almirante Nelson da la medida de la importancia de este lugar.

Para una española que sabe bien de esta batalla donde los españoles y franceses fueron derrotados en Trafalgar, Caños de Meca, es todo un símbolo. Esa columna, con el almirante Nelson, mide más de 40 metros de altura fue construida entre los años 1.840 al 1843. Quitando esto de las derrotas, la plaza es preciosa; a un lado está la National Gallery, en otro lado está la Embajada de Sudáfrica, allí se manifestaban, durante los años que Nelson Mandela estuvo en la cárcel, todas las semanas gente pidiendo su liberación.

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Dejo esta bonita plaza llena de historias y me adentro por callejuelas en dirección al río, con el mapa permanentemente abierto para orientarme en esta difícil ciudad, mapa y guía. Pasé por una calle que me sonaba, pero estaba tomada por la policía y muchos periodistas, era la calle Downing street la calle donde está la casa oficial del primer Ministro,  pensé que estaría dando una rueda de prensa, yo no sabía nada de cómo fue el referendum.

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Ya sería tarde y tenía que subir porque había quedado con Cesar, y paseando me encontré con la calle Charing Cross Road, esta calle tiene para mí un significado especial. Un libro precioso que se llama igual que esa calle “84 Charing Cross Road” ;una bonita historia real, que ocurrió entre una escritora neoyorquina y el dueño de una librería, situada en esa dirección, durante la segunda guerra mundial. Para mí los viajes y los libros van muy unidos.

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Pasé por los barrios Covent Garden y el Soho, mis preferidos, aquí encontré el ambiente más inglés, preciosos pub, tiendas de todo tipo, casas preciosas y un ambiente muy festivo. En unos de esos pub maravillosos me paré a comer un “fish and chips”, plato típico que yo quería probar con una rica “pinta”, allí vi en las pantallas de TV a todos los políticos europeos con caras bastantes serias, yo saboreé el plato y ya me fui a encontrarme con mi hijo César que me esperaba en un bar.

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Allí me enteré que el referendum había salido a favor de marcharse de Europa. Allí entendí tantos periodistas y policías en la calle del primer Ministro, pasé por allí en el momento que dimitía. Casualidad.

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Luarca

Vamos camino de Luarca, nos despedimos de Cadavedo con un cielo nublado y plomizo, amenazaba lluvia, pero Asturias es así, amenaza pero luego sale el sol, ese día nos respetó y no llovió nada; todo el camino fuimos acordándonos de ese pueblito tan maravilloso que dejamos Cadavedo,  y pensando que nos depararía esta nueva ruta y el final que sería Luarca.

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Ya las agujetas iban cediendo y el cuerpo estaba preparado para Hacer los kilómetros que nos esperaban, que serían unos 21.

El camino se iba suavizando, ya no teníamos tantas subidas y bajadas, el paisaje se iba amansando y los acantilados y el mar se dejaban ver en casa lugar. Describir el paisaje que íbamos viendo es casi imposible, praderas verdes, casas llenas de color, ríos de aguas cristalinas, en fin la naturaleza en todo su apogeo.

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Cadavedo. foto tomada de Internet

Tercera etapa; la verdad que en este día las agujetas son totales, es como que el cuerpo ha llegado a un límite y la caminata se hace pesada; cada cuesta, cuesta más esfuerzo, nunca mejor dicho, teníamos que hacer estiramientos cada rato, algunas, porque otras como si no pasaran los kilómetros por ellas. La fruta y los frutos secos nos ayudaban a seguir y las conversaciones sobre películas, o libros nos hacían olvidar los kilómetros que nos esperaban por delante.

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Así íbamos haciendo la etapa, menos mal que el paisaje de Asturias es como un bálsamo maravilloso; las casas que íbamos viendo eran tan bonitas que no parábamos de hacerles fotos. Nos dimos cuenta que muchas de esas casas diseminadas por todos los pueblitos y algunas en el campo, eran las casas llamadas de “Indianos”. Una historia que nos acompañará todo el camino hasta llegar a Ribadeo.

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Paramos a tomar un café y nos encontramos con una señora mayor en la carretera que nos contó la historia de su casa; en tiempos se la quitaron y fue sede del cuartel de la Guardia Civil, cuando la recuperó, su mirada se iluminaba, se dedico a restaurarla, detrás de ella estaba su preciosa casa azul, toda reconstruida y preciosa.

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La gente asturiana, amable y maravillosa. En otro tramo de la carretera, nos habíamos quedado sin agua, paramos en una casa en  el campo y una señora mayor, con andares muy lentos y pesados, salió  y nos preguntó si necesitábamos algo: – agua, le dijimos. En ese momento tenía una avería en su casa y no tenía ni una gota, pero pasó dentro a por las llaves de un precioso chalet que había enfrente, el de su hija, nos abrió la cancela y nos dio agua fresca.  El agradecimiento fue  completo. La señora reía continuamente y con ese buen humor nos deseó un buen camino y “no os preocupéis ya no os queda casi nada”, nos comentó sonriendo.

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Así íbamos pasando la tercera jornada, sin saber qué nos esperaba al final, un gran premio .

A cinco km de Cadavedo paramos a comer, en un pueblo que se llama Ballota en “Casa Fernando”, ya llovía al llegar y pensamos que si no dejaba tendríamos que llamar a un taxi. Comimos divinamente, los menús del peregrino, a lo largo de todo el camino, son inmejorables, comida reconstituyente, casera y abundante, con dos menús pueden comer cinco personas y a precios estupendos.

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Al final decidimos coger un taxi, eran cinco km y entre el cansancio, la buena comida y la lluvia decidimos que nos llevasen. Consu, la más valiente lo hizo a pie.

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La taxista y alcaldesa de Cadavedo, una mujer joven y dinámica, nos llevo a su pueblo,  pero antes de dejarnos en el Hotel Astur Regal, nos dio un paseo por todas las calles, por su cuenta,  mientras nos iba explicando la historia de esas casas indianas que íbamos viendo a lo largo del camino y, no conforme con eso, nos llevó al acantilado: “no veréis nada tan bonito en todo el camino” nos dijo con entusiasmo; cuando llegamos a una pradera maravillosa con una pequeña ermita en el centro, dedicada a la virgen de La Regalina, extraño nombre, y un impresionante acantilado, nos quedamos sin habla.  La alcaldesa seguía contándonos las fiestas de su pueblo, sacó su móvil y nos enseñó un vídeo con los bailes que se hacen allí en honor de la patrona, se le caían las lágrimas de la emoción y nosotras pensamos que habíamos llegado al paraíso. Nos olvidamos del cansancio y de la dureza del camino.

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Nos fuimos al hotel a dejar los bastones y refrescarnos un poco y sin descansar, Concha y yo, nos fuimos a esa pradera; nos sentábamos en cada banco para contemplar las magníficas vistas que la naturaleza nos estaba brindando, no exagero, creo que fue lo más bonito que hemos visto a lo largo del camino y mira que hemos visto paisajes y acantilados increíbles, pero Cadavedo ha quedado en nuestros corazones.

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Después de un buen rato allí haciendo fotos, llegaron las chicas en el momento que lloviznaba y un inmenso arco iris salió encima del acantilado, nos parecía increíble tanta belleza en ese lugar.

Javier, el dueño del hotel nos acogió como si fuéramos de la familia,  nosotras veníamos impactadas de lo que habíamos visto pero a él no le parecía nada extraordinario, casi todos los días ven esos paisajes verdes, que unas manchegas admiran tanto.

Después de este día intenso, cenamos en el hotel, precioso y acogedor, con una charla muy agradable con Javier, y ya muertas nos fuimos a dormir.

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Al día siguiente nos esperaba una nueva caminata, el cuerpo ya iba acostumbrándose y las agujetas se suavizaban. Ya habíamos pasado el ecuador de nuestros días. Con nostalgia empezamos a ver que el Camino se nos terminaba.

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Cudillero

Segunda etapa, nos esperaban unos 16 Km, que se transformaron en unos cuantos más porque queríamos pasar por Cudillero, que no estaba en nuestra ruta, así que nos desviamos unos 3 km  para pasar por ese precioso pueblo colgado de la montaña.

Cudillero

Salimos por la mañana camino de Cudillero, paramos en El Pito y nos tomamos un café y desde allí fuimos bajando esa gran cuesta, entre calles, que nos llevó al puerto de Cudillero. Precioso, colorido e increíble donde está colgado ese pueblito.

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Seguimos ruta hacia nuestro lugar donde dormiríamos. La ruta como la primera fue preciosa, Asturias es tan verde, con todas esas casitas diseminadas por el campo, todas ellas pintadas de colores, tan primorosamente cuidadas que el paisaje se nos hace maravilloso.

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Un alto en el camino

La gente que nos cruzamos por esos pueblitos son amables, nos informan a todo lo que preguntamos y nos ayudan en nuestras confusiones de por dónde va el camino. Verdaderamente nuestra impresión de esta comunidad es inmejorable.

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En las largas caminatas, donde muchas veces vamos en silencio, el camino se hace muy especial, realmente es una filosofía de vida, nada mejor que caminar por medio de la naturaleza, vamos pensando, vas contigo misma, es una reflexión continua. En otros momentos charlamos con unas u otras de lo que vamos viendo, o de nuestros problemas; ayuda mucho a reflexionar tranquilamente en medio de esa naturaleza tan magnífica. Otras veces la risa nos hace llorar, por cualquier cosa que nos pasa; esos ratos quedan en nuestra memoria.

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Seguimos caminando, de vez en cuando vemos esa obra tremenda de la Autovía que cruza Asturias de Este a Oeste y nos impresiona que entre esos bosques aparezca esa obra de cemento. El progreso que no para.

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Por el camino, nos encontramos con un peregrino inglés que ya lo conocíamos de otros encuentros y que volveríamos a verlo en Soto de Luiña, bastante contento con varias copas de Rioja en el cuerpo, acompañado de dos mujeres sudafricanas. Es curioso que en estos pueblitos, en medio de la nada, tanta gente de lugares de todo el mundo estemos haciendo todos los mismo,  caminar.

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Llegamos a Soto de Luiña sobre las cuatro, pasamos por nuestros apartamentos “La Hortona”, que nada más ver el edificio nos encantó, con unas vistas  maravillosas y unos apartamentos deliciosos. Nos refrescamos un poco y nos fuimos a un bar grande que había en la plaza a tomar algo. Comimos y nos dijeron que a dos km había una playa bonita. Pues como no habíamos caminado nada, cogimos de nuevo nuestros bastones y allá que nos fuimos. Por eso digo que ese día que era una ruta de 16 km, se transformó en unos 24 km.

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La dueña de La Hortona nos preparó un desayuno maravilloso, en un comedor en medio de un precioso jardín y un lugar entrañable, no lo olvidaremos, pan maravilloso caliente, buen café y zumos, en ese lugar entrañable y acompañadas de una charla con la dueña, sobre la historia del camino; ella forma parte de una asociación del Camino y además de informarnos nos regaló un pequeño libro sobre él.

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Señales en el camino

Salimos de Muros de Luiña con las mochilas cargadas de una rica empanada que compramos en una panadería al lado de “La Hortona”, que desprendía un rico olor.

Las agujetas ya se iban notando, el tercer día es como que el cuerpo está atrofiado y a mí me costo ponerme en forma.

Soto de Luiña

Alan Sillitoe, nació en la pequeña ciudad de Nottingham, en 1928 y muere en Londres en 201o. Esta novela la empezó a escribir en Mallorca donde vivió unos años. Parece que el protagonista de esta historia está inspirado en su padre, que además de trabajar en una fabrica de bicicletas y beber pintas de cerveza, maltrataba a sus hijos.

Todo me da igual, me da igual… dijo en respuesta a las preguntas que le venían a la mente, y que tenían que ver con acostarse con una mujer casada con marido y con dos hijos, con emborracharse como una cuba gracias a  siete ginebras y un número indeterminado de  pintas, y con caerse por las escaleras y vomitar luego encima de una señora.

Publicó esta novela en 1958.

Arthur Seaton es el protagonista de esta historia, ubicada en Nottingham en el periodo de entre guerras. Arthur trabaja en una fabrica de bicicletas, de lunes a viernes, trabaja duro para sacarse un buen sueldo, que le permite pasarse el fin de semana en los bares de la ciudad, bebiendo pintas de cerveza hasta caerse redondo al suelo.

Vete ya, siseo Brenda, viendo a su marido abrir la verja y atravesar el patio.

Arthur accionó la cerradura y tiró hacia dentro, respirando el aire fresco de una luminosa mañana de domingo, como si estuviese decidiendo si el día era lo suficientemente bueno como para aventurarse a abordarlo. Lo era. Cerró la puerta tras de sí y dirigió sus pasos hacia la calle mientras Jack, el marido de Brenda, abría la puerta de atrás y entraba a casa por el lavadero.

Joven rebelde de unos 22 años que no quiere compromiso ninguno con nadie ni con nada, quiere vivir la vida sin nada que le ate; eso sí, visita asiduamente a las mujeres de algunos amigos suyos, sobre todo tiene una relación con Brenda, la mujer de Jack, compañero de trabajo.

El que fue rebelde una vez, lo será siempre. No se puede evitar. Nadie puede negarlo. Y es mejor ser rebelde, más que nada para demostrarle a la gente que no merece la pena intentarlo, jugártela. 

Las fábricas te hacen sudar la gota gorda, en las oficinas de empleo te matan con sus soporíferas charlas y las delegaciones de Hacienda te ordeñan el dinero de tus pagas y si te descuidas te roban hasta las pestañas.

Solamente piensa en divertirse; después de una dura semana de trabajo y si la ocasión se presta puede irse a la cama con la hermana de Brenda que está casada con un militar.

Esa vida de mentiras y de componendas llega al límite, y una noche le dan una paliza que lo dejan magullado por fuera y por dentro.

Este libro retrata muy bien la vida de los jóvenes obreros, en esa época donde no se sabe si va a estallar otra guerra, donde nada les da confianza, ni los sindicatos, ni la política y,  por supuesto, ni la iglesia. En este ambiente se mueve este joven guapo, alto y que se gasta un montón de dinero en ropa. Su motivo en la vida es ligar con una chica y beber pintas de cerveza.

Se acostó; los ojos le ardían de dolor y sentía la cabeza como si tuviera los sesos expuestos al aire. Pensar le acrecentaban os dolores, pero ahora no podía dejar de darle vueltas al coco. Tenía la sensación de que, aunque lo único  que había ocurrido era que dos tipos le habían golpeado, nada del otro mundo, se sentía como un barco que nunca se hubiera apartado del muelle y que de pronto se encontraba perdido en alta mar, luchando por mantenerse a flote.

Pero esa paliza que recibió una noche, no le ha dejado indiferente, y es un punto de inflexión en su vida.

Muy bien ambientada en ese pueblo pequeño, lluvioso y frío, donde la única diversión es ir al pub. Al principio la novela no me enganchaba, pero luego poco a poco este personaje que no tiene nada dentro, te va interesando más que nada por saber como va a terminar.

En fin, eso no es para mi. Yo llevaré una buena vida: mucho trabajo, alcohol y cada mes levantar unas cuantas faldas y así hasta que tenga noventa años. Brenda y Winnie quedaban ya fuera de mi alcance cercado por Jack y Bill, pero había más chicas en el mundo. 

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