Paseando por Alcalá de Henares

Paseando por Alcalá de Henares

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Fachada de la Universidad de Alcalá de Henares

La semana pasada viajé con mis compañeros de la Universidad de Saramago a Alcalá de Henares, ciudad Patrimonio de la Humanidad, desde 1998, a 30 kilómetros de Madrid.

Lo primero que me llamó la atención al llegar son sus cigüeñas, nidos enormes en los campanarios, en esta ciudad hay por todas partes, se escuchan las campanadas y el repiqueteo de los inmensos picos de estas aves, algo que hace de Alcalá un lugar curioso y muy especial. En la torre del Ayuntamiento hay un gran nido y cuando es tiempo de cría, como ahora, una cámara transmite en directo ese espectáculo.

Pero la ciudad nos depara historias infinitas.

El día era frío, pero nosotros seguimos a la guía por un recorrido magnífico. Empezamos por la Universidad de Alcalá con su maravilloso edificio que ahora alberga el Rectorado. Este edificio donde se celebran los premios Cervantes cada año, es la obra magnífica del Cardenal Cisneros que fundó en 1499.

Esta universidad fue concebida por Cisneros como centro del conocimiento de la España renacentista, por esta universidad pasaron Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, Nebrija y muchos más. Cuando pasamos al Paraninfo, es muy impactante ver esos nombres escritos en las paredes.

Hay una gran obra de Cisneros, la Biblia políglota, durante más de 15 años involucró a los mejores expertos de la época, los textos están en hebreo, judío y griego, el trabajo fue tan complicado que cuando se terminó de imprimir, Cisneros dijo: “Ahora descanso”. Murió unos meses después.

Dicen que Cisneros fue el mejor alcalde de Alcalá.

Hay también en esta villa monasterios de casi todas las órdenes y colegios de ellos, cuyos religiosos no solamente vienen acá para oír  teología, pero convídeles también para ello el saludable cielo y la fertilidad de la tierra. Tiene una plaza bien grande para juegos en medio de la villa, y en ésta  se hallará cualquiera todo lo que es  menester para comer. Al norte de ésta va una calle larguísima en que viven demás oficiales. El palacio del arzobispo está al poniente de la villa, bien antiguo; hay también otras muy buenas casas de ciudadanos dispersas por la villa. (Enri de Cok, 1585-1592)

El Paraninfo de la Universidad, donde se celebran los Premios Cervantes cada año, es una sala pequeña, llena de historia tanto por los estudiantes que pasaron por allí como por los escritores españoles e hispanoamericanos que han sido  galardonados. La primera edición fue en 1976, o sea que llevan 41  premiados de los cuales solamente cuatro mujeres han sido significadas con este premio.

Seguimos paseando por esta ciudad y llegamos a la calle Mayor, calle de la judería, calle porticada a lo largo de casi medio kilómetro, allí está el pulmón de la ciudad, gentes, bares, confiterías, y la casa de Cervantes, casa que se supone fue de la familia, pero merece la pena pasar a ver una casa típica de esa época, frente a la casa dos grandes figuras de D. Quijote y Sancho.

En la iglesia de Santa María, fue bautizado Cervantes con el nombre de Miguel, ya que nació un 29 de septiembre.

En domingo  nueve días del mes de octubre de mil e quinientos e cuarenta y siete años, fue bautizado Miguel, hijo de Rodrigo de Cervantes e su mujer Doña Leonor; fueron sus compadres Juan Pardo; bautízole el Reverendo Señor Bachiller Serrano Cura de Nuestra Señora, testigos Baltasar Vázquez, Sacristán e yo que lo bauticé y firmé de mi nombre. Bachiller Serrano

Hicimos una parada para comer y calentarnos, pero seguimos, había mucho que ver. Pasamos por la catedral donde está el maravilloso sepulcro donde descansan los restos de Cisneros. El cardenal pidió ser enterrado en un sencillo sepulcro, como fraile franciscano que era, pero no se respetó esta petición y el sepulcro es una obra magnífica, realizada por Domenico Fancelli.

Ya íbamos terminand la visita con innumerables historias de los numerosos edificios, capillas y museos, que recorrimos ese día.

Al pasar por una calle vimos una placa en una casa, aquí nació Manuel Azaña, Presidente de la Segunda República española. Fue un broche estupendo a ese paseo intenso por esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz

Tenía este libro en casa hacía unos cuantos años, y ahí permanecía, un día lo saqué de la estantería y lo dejé cerca de mi mesa para en cuanto tuviera un rato, empezarlo. Me encanta este escritor tanto por sus libros como por esos mensajes de paz que siempre nos transmite.

Más viejo que el Islam, el cristianismo y el judaísmo, más que cualquier credo o Estado, el fanatismo, dice el escritor israelí Amos Oz, sigue envenenando el mundo. Sí, raro es el día que no nos asalta la noticia de un atentado, ya sea en Palestina, India, Colombia o Irak… Vivimos rodeados por mil fanatismos opuestos, pero idénticos en la base.

Esto lo dice en su libro, Contra el fanatismo.

Nació en Jerusalén en 1939 y allí vivió toda su infancia con sus padres, hasta que marchó a un Kibbutz a los quince años.

La historia que nos cuenta a lo largo de más de 600 páginas, abarca la vida de sus abuelos, tanto de parte de padre como de parte de madre. Amos estuvo siempre rodeado de libros, de escritores, de gente culta y sensible, toda su infancia estuvo cruzada por ese amor a los libros.

Lo único abundante en casa era los libros: había libros de pared a pared, en los pasillos, en la cocina, en la entrada. Miles de libros en cada rincón de la casa.

Cuando era pequeño quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro. aunque se le elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería  olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reikiavik, Valladolid o Vancouver.

Pero esa vida feliz de este único hijo de la pareja formada por su padre, un hombre aficionado al estudio de la filosofía, trabajador en un biblioteca y siempre alegre y vitalista, chocaba con una madre melancólica, siempre metida en un mundo solitario, pero a la vez le enseñó siempre a contar cuentos e historias y le enseñaba a amar los libros y las palabras.

Una vez, cuando tenía siete u ocho años, mientra íbamos sentados en la última fila del autobús, mi madre me dijo que es cierto que los libros pueden cambiar con los años, igual que las personas cambian con el tiempo, pero que la diferencia pero que la diferencia está en que las personas al final te abandonan a tu suerte, mientras que los libros jamás te abandonan. Tú los abandonas a ellos a veces, pero ellos, los libros aunque los hayas traicionado, jamas  te dan la espalda, durante años te esperan en la estantería.

Esta vida llena de cultura por todos los rincones de la casa se rompe con el final del mandato  británico y la creación de dos estados nuevos, uno judío y otro árabe. Tiempos de incertidumbres, las bombas, la muerte y el desasosiego llena la pequeña casa donde vive la familia. Refugiados que pernoctan por todos sitios, la escasez de alimentos y el racionamiento, llenan los días de la juventud de Amos.

Mi madre, mi padre y yo, dormíamos durante los meses del asedio en un colchón al final del pasillo. A cada rato, con la caída de las bombas, temblaba toda la montaña y con ella se estremecía los edificios de piedra. Mi madre me abrazaba apoyando su cabeza en mi pecho. Esa noche por primera vez, que también yo moriría. Que todos moriríamos. Y nada en el mundo , ni siquiera mi madre, podría salvarme.

Pero lo más dramático que marcará al joven es la enfermedad de su madre, que día a día se va aislando de la vida de todos ellos, de ese mutismo que la llevó durante años a pasar los días en silencio y las noches eternas de insomnio. Algo que, en el libro lo va contando con amor a su madre y el no entender porque los dejaba. Verdaderamente esas páginas están llenas de dulzura, de dolor, de incomprensión, de odio, de todos los sentimientos que un joven de doce años puede sentir ante una madre ausente.

Por las noches, mi padre seguía atento a que la luz de mi habitación se apagara a las nueve en punto. Luego entraba de puntillas en la otra habitación y cubría con un chal los hombros de mi madre, pues el otoño ya estaba en las puertas y las noches empezaban a ser frescas, se sentaba a su lado, le cogía la mano fría con su mano siempre caliente e intentaba despertarla para charlar al menos un rato. Como el príncipe azul de los cuentos intentaba, mi cansado padre, despertar a la bella durmiente. Pero aunque la besara no conseguía despertarla: el hechizo de la manzana no desaparecía. o el beso no era verdadero. o ella, en sus sueños, no esperaba a un charlatán con gafas de intelectual bromeando sin descanso, sino a un príncipe totalmente distinto.

Una biografía completa de su familia, de judíos en la segunda Guerra Mundial, de conflictos políticos, pero sobre todo del amor a los libros y de la desgarradora historia de la muerte de su madre.

Me ha gustado mucho, me ha costado leerla bastante tiempo, pues la escritura de Amos Oz es prolija, detallista, llena de anotaciones de libros, de poesía, en fin un libro para no olvidar.

Felices Fiestas y buenas lecturas

Lista de libros

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Cada año, cuando llegan estas fechas, me gusta poner una lista de libros leídos últimamente o hace tiempo, esos forman parte de mis libros preferidos.

Son tiempos de regalos, de encuentros familiares, de excesos en comidas y bebidas, para mí un poco exagerado, pero las fiestas son las fiestas y yo voy a daros un listado de libros que, creo, no os van a decepcionar. Y entre tanto barullo, un buen libro cambia el jaleo por el recogimiento y el disfrute de una buena lectura.

Libros recomendados para este nuevo año

 

Los pacientes del Doctor García de Almudena Grandes

Patría de Fernando Uramburu

Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi

El último encuentro de Sándor Marai

Tú no eres como otras madres de Amgelika Schrobsdorff

Viento del Este, viento del Oeste de Pearl S. Buck

Distintas formas de mirar el agua de  Julio Llamazares

Último tango de Savador Allende de Roberto Ampuero

Sidra con Rosie de Laurien Lee

Una letra femenina azul pálido de Franz Werfel

Paseos por Londres de Virginia Woolf

Mis Viajes con Herodoto de Ryzard Zapuscinski

 

Los pacientes del doctor García, Almudena Grandes

Nuevo episodio de la Guerra Civil española

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Creo que este es el tercer libro que me leo de esta serie que, sobre la Guerra Civil, está tejiendo Almudena Grandes. Me encanta como escribe, y me encanta lo que nos cuenta. Cada uno de estos libros te abre una puerta a historias relacionadas con nuestra contienda, pero siempre desde un punto de vista muy cotidiano, familias, parientes que dejan de verse y luego se reencuentran, momentos muy importantes que sucedieron en esos años; en fin un mosaico muy interesante y tan amplio que cada libro es un episodio a descubrir.

Y aquí sobre todo, con Ángel Viñas, a quien me atrevo a llamar mi maestro, aunque nunca haya sido su alumna, hasta tal punto soy deudora de su monumental obra sobre la diplomacia republicana, las implicaciones internacionales de la presidencia de Negrín y la labor de Pablo Azcárate ante el Comité  de Londres.

En esta novela, de más de mil páginas, el tema central es  la red que se organiza en Madrid para ayudar a los criminales del Tercer Reich, en la Segunda Guerra Mundial, a salir de Alemania. En Madrid la gran organizadora fue, Clara Stauffer, una española-alemana, muy cercana a Pilar Primo de Rivera.

El régimen franquista jamás reconoció oficialmente su relación con la obra de Clara, quien por supuesto tampoco hizo público, en ningún momento, documento alguno relacionado con su misión. La clandestinidad  en la que su red permanece hasta hoy incrementa el mérito de los autores que le han estudiado.

El Doctor  Guillermo García, es médico en Madrid en el momento que la capital de España está sitiada por las tropas de Franco, él aprendió de un médico a hacer transfusiones de sangre y lo practica con los heridos de guerra, salvando así la vida de muchos soldados, entre ellos, un diplomático republicano llamado Manuel Arroyo.

Manuel Arroyo Benítez ya había visto demasiadas lágrimas temblando en los ojos de los asesinos de la República Española. Había escuchado demasiad palabras de amor y promesas fervientes y solemnes compromisos que al cabo no habían resultado más que las reglas de un juego cruel, etapas progresivamente dolorosas de una interminable impostura.

Guillermo García y Manuel Arroyo, se hacen amigos y serán el hilo conductor de esta intensa historia, que al final se transforma en un thriller emocionante, a la vez que el lector va descubriendo esa red de apoyo a los criminales más terribles, con dinero, documentos falsos, y todo lo que necesitaban en esa España, donde los perdedores de nuestra guerra pasaban calamidades tremendas, y estos nazis disfrutaban de la alta sociedad de la capital.

Rodolfo Freude no sólo era el hombre más poderoso y el gran protector de la nazis y colaboracionistas que llegaban al país a través del SARE. Era además, un anfitrión espléndido y por eso, aunque Manuel Arroyo Benítez procuraba coincidir con él lo menos posible, Adrián Gallardo no pudo negarle a Clara ese favor.

El doctor, Guillermo García tiene que ocultarse para no ser fusilado, su amigo Manuel Arroyo le ayuda con una identidad falsa, para poder seguir trabajando en cualquier sitio y por la noche ayudando a enfermos. Hasta que un día Manuel le propone infiltrarse en esa red madrileña para saber todo lo que se cuece en la gran evasión de nazis hacia Buenos Aires.

A las once de la noche, Madrid  era una ciudad desierta, con todas las luces apagadas, todas las ventanas cerradas y todas las persianas echadas. En diciembre del 37, ningún visitante de buena voluntad llamaba a la puerta a esas horas para pedir un poco de sal o invitarse  a la última copa. La noche era  el territorio de los enemigos. 

Impresionante lectura, difícil de resumir, como siempre Almudena Grandes no se queda en medias tintas; nombres, direcciones, gente implicada en ese asunto tan turbio, que el franquismo, la iglesia y el Estado estuvieron involucrados para salvar a los nazis más criminales del Tercer Reich.

En el año 1938, Hans Lazar se acredita ante el gobierno de Burgos como corresponsal de la agencia de noticias Transocean, fundada pocos años antes para propagar los ideales de la nueva Alemania en España y Latinoamérica. Tras la victoria de Franco, ocupa el cargo de prensa de la embajada, en la que, a juzgar por los comentarios que circulan por la ciudad, pronto llega a tener más poder que el propio Embajador. 

Si interesante es este episodio, no menos es lo que nos regala Almudena de como fue hilando y buscando información sobre toda esta gente que formaban la red de ayuda a los nazis, y sus conexiones con la Argentina de Perón.

Siempre estaré en deuda con los historiadores españoles que han devuelto a nuestro país a la normalidad al reescribir el relato de la guerra y de la dictadura franquista desde una perspectiva rigurosamente democrática, porque sin ellos jamás habría podido avanzar.

 

 

Patria de Fernando Uramburu

Relato sobre los cuarenta años de ETA

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Cuando un libro es tan alabado, siempre espero algo de tiempo para atreverme a leerlo. Me lo recomendaron por todos lados y ya este verano me puse a ello. Tengo que decir que no me decepcionó nada, me gustó la forma sencilla en que Uramburu nos cuenta esta tremenda historia. Sencillez en todo el relato, cosa que no debe ser fácil pues nos cuenta nada más ni nada menos que cuarenta años de ETA, resumido en un pequeño pueblo y en dos familias.

A Bittori le han matado a su marido Txato y busca respuestas a esa muerte que no encuentra. Así empieza esta historia que realmente terminará sin respuestas, el terrorismo es lo que tiene, que no es comprensible para nadie, menos para los que sufren esa lacra.

Bittori y su marido viven en un pequeño pueblo cerca de San Sebastián, allí vive con su familia, una vida tranquila, donde conviven con sus vecinos, visitan la iglesia, los bares del pueblo, son unos buenos vecinos; su marido, Txato, que tiene una pequeña empresa de transporte, forma parte del club de ciclistas del pueblo.

La otra familia vecina e íntimos amigos de toda la vida, Miren y Joxian. Ellas una tarde a la semana se iban a San Sebastián a pasar la tarde, ellos compartían el ciclismo como deporte, los hijos se conocían desde siempre, la vida cotidiana de un pueblo, rota de vez en cuando por las manifestaciones a favor de ETA en la plaza. Quien no se dejaba ver por esas manifestaciones era fichado, así que todo el mundo acudía a ellas.

El día en que ETA anunció el abandono de las armas, Bittori se dirigió al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txaso, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿ Podrá convivir con quienes le acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia?

La iglesia también fichaba a la gente cuando no iban al entierro de un etarra, el cura tenía buen conocimiento de todos los vecinos y vecinas. Y por último las tabernas, también hacían su labor. Osea que se vivía observados y en los pueblos pequeños era muy fácil que eso se convirtiera en un ambiente asfixiante.

Esta vida cotidiana se rompe cuando el hijo de su amiga Miren, Joxe Mari, desaparece y nadie sabe donde está, aunque se supone que anda por el monte y luchando por la “patria”, pero de eso no se habla. Su madre lo disculpa y lo apoya, en una palabra, entiende que su hijo luche porque Euskal Herria sea libre.

¿ Y Miren? Pues verás, ahora que me lo preguntas, te diré lo que pienso. En el fondo, y que me perdone el Txato, la comprendo. Comprendo su transformación, aunque no la apruebo. Entre la merienda aquella en la cafetería de la Avenida y la siguiente en la churrería de la Parte Vieja, mi amiga Miren cambió. De repente era otra persona. En una palabra, había tomado partido por su hijo. No tengo la menor duda de que se fanatizó por instinto materno.

Y empiezan las pintadas en el pueblo, contra Txato, al principio Bittori las tapa, pero cada vez son más grandes y más insultantes. Txato paga religiosamente su cuota que le exigen desde ETA, sin rechistar, no quiere problemas, hasta que la extorsión es grande y no puede ni quiere hacer esos pagos.

Una figura joven, ágil, borrosa, surgió de entro dos coches aparcados junto a la acera de enfrente. La  capucha impidió al Txato verle los ojos. Venía hacia él, pero no directamente. ¿Quién? Un individuo de algo más de veinte años, algún chaval del pueblo que se protegía del chaparrón agachando la cara. De un salto alcanzó la acera por detrás de Txato. El Txato siguió su camino y ya le faltaba poco para llegar a la esquina.

Entonces, a su espalda, muy cerca sonó el disparo.

Y después otro

Y otro

Y otro

Una tarde lluviosa, saliendo de su casa, se encuentra con Joxe Mari y le dispara. La vida de toda la familia cambia, se van del pueblo y al cabo de un año, Bittori quiere volver a su casa, y eso es un calvario para ella, nadie la saluda, no la miran, nadie se atreve a hablar con la mujer de un asesinado por ETA.

Salía hasta la calle el típico rumor de voces punteado por  por alguna que otra risotada. ¿Entro o no entro? Entró. Al punto se hizo el silencio. Habría como una docena de clientes. No los contó. Se callaron todos a una, desviando la mirada ¿hacia dónde? Pues hacia donde no estaba ella. Y el chaval que pasaba el trapo entre los platillos  de los pinchos tampoco miraba. Un silencio ¿agresivo, hostil? No, más bien de interrogación, de extrañeza.

En medio de todo esto están los hijos e hijas de las dos familias, cada uno con su visión sobre este tema que tanto les duele y que de alguna manera marca sus vidas.

Ahora todo es hablar del proceso de paz y de que hay que pedir perdón a las víctimas. Perdón ni leches. ¿O es que nosotros no somos víctimas? Cada vez contamos menos, nos han dejado solos. Y si abres la boca, vienen y te llevan por apología del terrorismo.

Tumbado en la cama Joxe Mari miraba el trozo de cielo comprendido en el cuadro de la ventana. Cielo azul de atardecer. Noto que me hundo. Horrible perspectiva: morir aquí de cáncer, sin volver nunca más al pueblo

Muy recomendable, una gran novela sobre un momento en el País Vasco que toda España vivió durante mas de cuarenta años.

 

 

Otro verano en casa de la abuela, 2017

Veranos en casa de la abuela

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Otro verano más disfrutando de mi familia y viendo crecer a mis nietos, todo un lujo que disfruto a lo largo de estos meses con todos ellos.

Un verano caluroso, muy, pero que muy caluroso, empezó temprano, ya en mayo sufrimos olas de calor y así ha seguido sin darnos tregua; en  estos meses no hemos visto ni una nube, ni una gota de lluvia, solamente un calor insufrible. Hoy ya mitad de septiembre, tengo que decir, que parece, que el tiempo baja sus humos y los termómetros bajan sus temperaturas, ¡menos mal! porque ya estábamos bastante preocupados con la sequía, en algunos lugares, o los ciclones que azotan las costas de EE.UU, de India o de cualquier lugar del mundo, pienso que la naturaleza nos está mandando mensajes a un mundo de oídos sordos.

Y el verano se paralizó, porque se nos heló la sangre, con el atentado en Las Ramblas de Barcelona, ese día, tantas preguntas sin respuestas, tanto dolor causado en unos minutos, tanta gente joven con tanto odio, en fin, el verano parece que se oscureció a partir de esa noticia.

Pero como la vida sigue, y así debe ser, en mi casa empezaba a ir y venir mi familia y como la vida tiene estos momentos terribles también tiene otros momentos maravillosos; mi hija María espera su segundo hijo, Darío, que nacerá en el mes de octubre, así que ha pasado varios días por casa, donde ha descansado y ha disfrutado con su familia del patio y de la piscina.

Cuando se juntas los primos y así ha sido en algunos momentos de este verano, es lo mejor, porque ellos se reencuentran y los días no tienen horas para jugar, disfrazarse, inventar y sobre todo pasar horas en la piscina.

Frida se pasó por aquí una semana, ella sola, que es lo que más le gusta, así podemos hacer las dos lo que queremos; por las mañanas aprovechábamos para irnos al centro y ver tiendas, en esta época del año hay muchas rebajas y se puede comprar a buen precio, ir a tomar un helado o aprovechar para ir al cine, así hemos pasado estos días y por la tarde en la piscina. Siempre aprovechamos esos ratos para leer, este año yo le dejé “Juan Salvador Gaviota”.

Arturo, el hermano de Frida se vino este año por primera vez, solo a pasar una semana conmigo; la verdad es que se portó muy bien y como compartió unos días con su prima Valentina, lo pasaron genial. Una de las cosas que les gustan a todos ellos es que les compre unos sobres sorpresas que venden en los quioscos, no es nada especial, pero a ellos abrir esos sobres les parece fascinante, así que una mañana con un sol de justicia sobre nuestras cabezas, nos fuimos de quioscos, al paso de los riegos en los jardines se iban refrescando hasta quedar empapados, así el paseo fue más llevadero.

Los fines de semana coincidimos todos, varias veces, esos días son de un jaleo extraordinario, pero Fátima que nos organiza fenomenal, y sus hermanas son las encargadas de que todo funcione. Es raro coincidir todos, así que cuando eso pasa, los primos conviven y los hermanos se reencuentran.

Va pasando el mes de julio y ya todos se van de vacaciones a diferentes lugares, hasta que a mitad de agosto vuelve María y su familia, unos días más para descansar y disfrutar de esta ciudad pequeña, donde parte de sus vidas transcurrieron aquí, se ven con amigos y disfrutan de una vida sin ajetreos. Como empezaba la feria, una noche nos fuimos a disfrutar con Valentina, ella era la primera vez que iba ¡y como lo disfrutó! y nosotros con ella, se montó en los cacharritos, todo le gustaba, ya al finalizar la noche le compré una barita mágica llena de luces,me recordaba cuando yo y mis hermanas éramos pequeñas y mis padres nos llevaban a la feria, ¡qué recuerdos!

Así, entre calores, y diversión la vida pasa en mi casa, nunca somos ajenos al dolor que sabemos y sentimos que nos rodea, pero los niños son la magia de esta vida y yo quiero disfrutarla año a año. 

Finalmente nos fuimos todos a Madrid, mi nieto Leo se marcha a Canadá todo este curso y su padre y Sonia le hicieron una fiesta sorpresa con sus amigos y su familia; está tan mayor… él fue el primero que vino a pasar unos días en el verano a mi casa, aquí aprendió a nadar, hizo amigos y amigas, jugaban todo el día en el patio y disfrutaba enormemente esos  días en casa de la abuela, ahora ya se marcha a vivir una gran experiencia, un año entero fuera de su familia, realmente una gran aventura.

Y como siempre, cuando estamos en Madrid aprovechamos para hacer algo, no nos dio mucho tiempo, pero antes de coger el tren de vuelta a casa, nos fuimos a pasear al Retiro, un paseo estupendo con buenas temperaturas y disfrutando de esos jardines preciosos.

Y ya de vuelta a casa, ahora sí parece que el verano termina, cada uno de mis nietos se preparan para el colegio y de nuevo a empezar un nuevo curso lleno de novedades para todos ellos. Yo espero hasta el verano que viene para revivir estos momentos familiares y veraniegos.

Miguel Hernández

 

La nana de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.