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Llevo años queriendo viajar a Marrakech, las imágenes de la plaza, con un nombre casi impronunciable para mí, “Dejmaa El Fna”, me atraía particularmente. Recuerdo cuando recibió el título de Patrimonio Intangible de la Humanidad, gracias al empeño del escritor español afincado en esta ciudad, Juan Goytisolo.

Como los deseos, tarde o temprano llegan, esta vez llegaron por parte de unos queridos amigos Blanca y Felix, que nos propusieron este viajecito y allí que nos fuimos.

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Llegamos, mis amigos y yo, muy tarde sobre las 11 de la noche y la impresión no fue muy buena. El taxi nos dejó bastante lejos de nuestro”riad”, que estaba muy cerquita de la plaza, pero tuvimos que ir andando un buen trecho; calles estrechas con poca luz, calles llena de vendedores, callejuelas solitarias, hasta llegar al “riad”, cuando entramos, es como traspasar una puerta de un mundo a otro.

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Salimos a cenar sobre las doce de la noche, aún quedaban barecitos abiertos y gente tomando algo, nos sentamos y pedimos unas brochetas que nos las  cobraron bien, es lo que tiene esto de ser turistas, que si no te das cuenta te sablean en un pis pas. Nos quedamos viendo como van recogiendo todo para dejar la plaza limpia para, al día siguiente, volver a colocar todo en el mismo sitio. Parece que un día tras otro las cosas siguen en el mismo lugar y de la misma forma.

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La visión de esta plaza por la noche es magia pura, a lo largo del día va cambiando y el encanto permanece, pero al caer el sol es un espectáculo viviente. Y este espectáculo no es el fin de semana, esto ocurre todos los días del año.

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La Plaza es inmensa sin una forma que yo pueda explicar, pero eso es lo de menos. Está rodeada de Cafés con terrazas para poder ver ese espectáculo, con un rico té con hierbabuena, escuchar el ruido de la gente, la música de los diversos grupos que cantan y bailan sin parar y a todo eso se añade la llamada al rezo desde la mezquita Koutoubia, la más importante de la ciudad, o las otras que están cerca de la plaza.

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Esta plaza no sería nada sin sus gentes, aguadores con sus trajes llamativos, las mujeres que te pintan con” henna” las manos, los encantadores de serpientes, el hombrecillo viejo sentado en un taburete con un pequeño instrumento, los cuenta-cuentos, los puestos que te venden zumos de frutas recién exprimidas, y en el centro los puestos de comida que te ofrecen las brochetas o pescado allí mismo.

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Además de la plaza hicimos un recorrido por los principales monumentos de la ciudad. La Madersa ben Jossef, o Madrasa precioso edificio que recuerda a la Alhambra, donde vinieron a estudiar más de 900 chicos, que además del Corán recibían estudios superiores.

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Visitamos las tumbas Saadies, XVI donde reposan los restos de la dinastía Saadies, el Sultán Ahmad al-Masur ( El Creador).

La muralla que rodea toda la medina, tiene una longitud de 19 kilómetros, toda de adobe con el color de la arena del desierto, construida  en el siglo XII, esta preciosa muralla deja la ciudad antigua, La Medina, dentro de ella y al otro lado de la muralla la ciudad nueva, que no tiene que ver nada una con otra.

Una tarde pasamos por los Jardines Majorelle, conocidos como de Yves Siant Laurent, al lado del palmeral, el pintor francés Jacques Majorelle construyó allí su casa enamorado de la luz de Marrakech y se rodeó de este precioso jardín.

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En 1980 al modisto Ives Saint Laurent compró esta casa y se instala allí con su pareja, hasta su muerte en 2008.

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Ya no nos quedaba casi tiempo, pero la ultima mañana nos dedicamos al zoco, uno de los más grandes de todo Marruecos, compras y paseos sosegados, nos encantó, porque fue una mañana llena de color y de olores, de paseo por callejuelas llenas de tiendas, más de 2.600, artesanos de la piel, del cuero, tiendas de babuchas de intensos colores, alfombras maravillosas, y cuando ya no podíamos más, encontramos una bonita terraza para sentarnos con un zumo de frutas a contemplar el devenir de la gente.

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Y ya nos despedíamos de esta mágica ciudad, nos fuimos con una sonrisa en la cara, pero creo que todos nos íbamos con una gran nostalgia.

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Ivo Andric escritor serbio, nacido en Bosnia en 1892 y muere en Belgrado en 1975. Escribió este emocionado relato en el año 1945 y con él logró el Premio Nobel en 1961.

En torno a la construcción de este precioso puente sobre el río Drina, en la ciudad de Visegrad.  Ivo Andric nos relata la historia de esta parte de Europa tan convulsa. La historia comienza en el siglo XV y termina cuando comienza la Primera Guerra Mudial.

Esta es la obra de Mehmed-Pachá, el más grande entre los prudentes y los grandes de su tiempo. Cumplió el juramento que su corazón había hecho y por su cuidado y sus esfuerzos fue elevado este puente sobre el río Drina

Los turcos robaban niños cristianos para convertirlos a su religión. Así paso con un niño de unos 9 años, la madre siguió suplicando que se lo dejaran, hasta que el río no le dejó seguir. Pasó el tiempo y se niño llegó a ser Gran Visir con el nombre de Mehmed. Tuvo una obsesión construir este puente en memoria de su madre y de los recuerdos que el conservaba.

La primera imagen del puente, todavía vaga y nebulosa, que estaba destinada a tomar cuerpo, pasó como un relámpago por la imaginación de un muchacho de unos diez años del vecino pueblo de Sokolovitchi, en una mañana del año 1516, cuando era conducido por allí desde su pueblo natal a la lejana, brillante y espantosa Estambul.

Este puente fue el centro de la habitantes de la ciudad, en la Kapia, lugar de ensanche del puente, es donde los habitantes del pueblo hacen sus negocios; desde allí se tiró la bella joven que su padre desposó con alguien al que ella no quería. Allí los turcos colgaban las cabezas de la gente que, arbitrariamente, creían sospechosa, o en otras época se ponían los guardias para controlar el paso de gentes de otros sitios.

El puente se alzaba con una contundencia que a través de los siglos permanecía allí, sus piedras cambiaban de color pero ni riadas ni inundaciones, ni enfrentamientos pudo con este hermoso puente.

Mientras duraron las fiestas, así como durante los primeros días, las gentes atravesaron innumerables veces el puente, de una orilla a otra. Los niños cruzaban corriendo y las personas de más edad caminaban despacio, hablando o contemplando, desde todos los puntos, los horizontes completamente nuevos que el puente ofrecía.

Sigue la vida con sus conflictos hasta que un siglo después la casa de Habsburgo conquista estas tierras y crea una gran crisis con los turcos. Los musulmanes de Visegrad ven como van cambiando todo, incrédulos contemplan los cambios que van surgiendo con la llegada de gente nueva, hay rumores de que los austriacos quieren  hundir el puente. Así van pasando los años y los siglos.

La crónica de cinco siglos con dos protagonistas: el puente sobre el río Drina y el pueblo de Visegrad con sus habitantes. Ivo Andric nos va relatando la historia de esta parte de Europa, sus conflictos, sus momentos de crecimiento, las guerras, los relatos, las leyendas y todo eso salpicado sobre ese puente.

Allí aprendieron a adoptar la filosofía inconscientemente de la pequeña ciudad: la vida es un milagro incomprensible; se gasta y se diluye sin cesar, y no obstante, dura y permanece sólidamente “como el puente sobre el Drina”

CAPÍTULO VI

Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero

hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo.

El cual aún todavía dormía. Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los libros autores del daño, y ella se las dió de muy buena gana. Entraron dentro todos, y el ama con ellos, y hallaron más de cien cuerpos de libros grandes muy bien encuadernados, y otros pequeños; y así como el ama los vió, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: tome vuestra merced, señor licenciado; rocíe este aposento, no esté aquí algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten en pena de la que les queremos dar echándolos del mundo. Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego. No, dijo la sobrina, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido los dañadores, mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y hacer un rimero de ellos, y pegarles fuego, y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo. Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos, fue los cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura: parece cosa de misterio esta, porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen de este; y así me parece que como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin excusa alguna condenar al fuego.

El lunes pasado, por la mañana, nos fuimos a ver esta preciosa retrospectiva de Kandinsky que nos ofrecían en el Centro Cibeles. Nos fuimos mi hija y yo temprano y estaba lleno, me sorprendió la cantidad de gente que había, pero la calidad de la exposición lo merece.

Por un módico precio vimos y escuchamos las explicaciones con el audio guía que iba incluido con el precio, no se puede pedir más.

Casi un centenar de obras magníficas, fotografías del pintor, su historia y algunos vídeos muy interesantes, nos permitió seguir la extraordinaria aventura artística de este artista considerado uno de los mejores y más importantes del siglo XX.

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Casi al final del recorrido pudimos ver algunas obras acompañadas por música clásica que nos regalaron unos momentos muy especiales.

Mis días en Madrid no solamente se componen de ver exposiciones, también estuve viendo un partido de baloncesto de mi nieto Leo. Siempre que puedo o coincide me encanta ir a verlo jugar, es muy emocionante ver como los padres y madres de este grupo de chicos se emocionan, animan y los siguen en este deporte.

Esta vez ganaron así que  doble emoción.

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Como el tiempo ha estado revuelto, los cielos de Madrid se nublaron y con la lluvia se limpió toda esa capa de polución que cubría los cielos de la capital.

Una mañana me fui con mi nieta Valentina a pisar charcos, un deporte que le fascina a la pequeña, ataviada con su impermeable y sus botas”katiuskas” disfrutó de lo lindo de charco en charco y yo volviéndome niña en cada salto.

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Así transcurren estos días de vacaciones en Madrid, una delicia.

Otra tarde nos fuimos a ver el primer programa de Andreu Buenafuente, como público. Toda una experiencia que yo nunca hubiera ido, pero que mi hija todo lo prepara y allí que nos fuimos. Nos recogieron en la Plaza de España para ir a Tres Cantos, allí en unos estudios nos esperaban con una copita de champán, y después de explicarnos el método y hacernos reír, entramos en plató. El ambiente magnífico, lleno de energía y buen humor.

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Duró una hora y no paramos de reír y de aplaudir. Buenafuente es todo un cómico que a mi me encanta. Entrevista a Almodóvar, un poco bajo de tono, música en directo, monólogo estupendo… qué decir de estos programas con inteligencia que nos hacen reír y reflexionar, se nos pasó rápido. Me encantó.

A la salida un buen bocadillo de jamón y de vuelta a casa.

Finalmente también fuimos a ver una estupenda exposición en la Caixa-Forum, con el sugerente nombre de “Mujeres en Roma”. Una colección del museo parisino del Louvre.

Dice así:” Mujeres de Roma. Seductoras, maternales, excesivas” y creo que es muy acertado. Una visita que hay que hacerla con tiempo porque es muy amplia. Las mujeres y su vida en aquella antigua civilización. Sus enseres, sus peinados, sus costumbres.

Una parte importante está dedicada a los mitos y leyendas, donde la mujer ocupaba un papel importante. Venus y su belleza, Minerva y Diana defensoras de la virtud, mujeres generadoras de vida o Medea forjadoras de desastres.

Pasamos una mañana estupenda y salimos de esta exposición con ganas de volver para verla un poco más tranquilas.

Ya digo, estos días en Madrid son para mí, que vivo en una capital de provincia, un lujo para la vista, para las emociones y para romper la monotonía del día a día.

 

 

Llevamos varios años pasando el día 24 y 25 de diciembre en casa de mis hijos que viven en Madrid. Este año lo hemos hecho en casa de Maria, Javier y mi nieta Valentina.

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Siempre aprovechamos para pasear o conocer algún lugar nuevo en Madrid, aunque con Valentina no es muy fácil, aún así nos fuimos al Retiro la mañana del día 25, parecía una primavera cálida, la gente paseaba en mangas cortas. Porque tenemos esa preocupación tan enorme del cambio climático, si no sería  para disfrutar este invierno luminoso.

Yo no conocía el Palacio de Cristal y fue una bonita sorpresa. Un paseo delicioso hasta llegar a ese lugar con un pequeño lago lleno de árboles, patos y gansos.

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El palacio de cristal se construyó en 1887 por Ricardo Velazquez Bosco con motivo de una exposición de Filipinas en Madrid.

Así quedó reflejado en un periódico de la época la impresión que causó este precioso edificio

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Es el Palacio de Cristal como una catedral de vidrio, de clásicas proporciones, sobre una colina de césped. Sus paredes y muros son inmensas y transparentes vidrieras sostenidas por jónicas columnas de hierro, dispuestas en tres naves sobre una traza de forma de trébol y coronadas por una inmensa cúpula, cuya altura alcanza 22,60 metros, que cubre un magno pilón destinado a las plantas acuáticas. Alrededor, y en las naves laterales, de 14,61 de elevación, han de cobijarse las flexibles gramíneas y elevadas palmas características de la flora tropical de Filipinas. Su majestuosa portada, de gusto clásico y estilo griego, cae sobre una terraza circundada por elegante balaustre, y mira al lago , que se extiende a sus pies como un espejo donde han de mirarse los esbeltos troncos, las verdes frondas y las pintadas corolas que aguarda el Palacio.

Construido en 1968, conforma uno de los parques más importantes de Madrid. Tiene una extensión de 118 hectáreas y está formado por varios monumentos.

Los jardines tienen su origen entre los años 1631 y 1640, cuando el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, le regaló al rey unos terrenos para el recreo de la Corte en torno al Monasterio de los Jerónimos.

El Rey Clarlos III abrió el parque a los madrileños  para su uso y disfrute de los jardines “siempre que fueran limpios y aseados”.

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Faro del cabo de Trafalgar

En el puente de la Constitución nos fuimos cuatro amigas a la casa de una de ellas, en Barbate; siempre es un placer pasar unos días con buenas amigas y en Cadiz, una de las provincias que más me gusta, por su clima, sus playas, por su comida, por su luz y por tantas cosas que ofrece esta parte del sur de España.

Yo creí también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra era siempre porque alguna de estas naciones querían quitarnos algo, en lo cual no iba del todo desencaminado. Parecíame, por tanto, tan legítima la defensa como brutal la agresión; y como había oído decir que la justicia triunfaba siempre, no dudaba de la victoria.

El tiempo nos acompañó, nada de aire en este invierno que parece una larga primavera cálida; así salimos a recorrer los alrededores, Vejer, Caños de Meca, Zahara de los Atunes el faro de Trafalgar y Cadiz.

Cuando leí de nuevo este libro de Benito Pérez Galdós, recordé cuando en el bachiller nos mandaban leerlo y a mí no me gustaba  nada, eso de los Episodios Nacionales me sonaba a algo viejuno.

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Nada que ver en esta segunda lectura donde descubrí un Benito Pérez Galdós maravilloso, con ese humor andaluz aunque él nació en Canarias.

Disipose por un momento la densa penumbra, ¡pero de qué manera tan terrible! Detonación espantosa, más fuerte que la de los mil cañones de la escuadra disparando a un tiempo, paralizó todo, produciendo general terror. 

Ahí mismo en las costas gaditanas, se dirimió la gran batalla entre las flotas franco-española e Inglesa el 21 de octubre de 1805.

Vino la noche, y con ella aumentó la gravedad y el horror de nuestra situación. Parecía que la Naturaleza había de sernos propicia después de tantas desgracias; pero, por el contrario desencadenáronse con furia los elementos, como si el cielo creyera que aún no eran bastante grande el número de nuestras desdichas.  

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El 21 de octubre comienza la batalla. En el horizonte aparecen treinta y tres barcos ingleses. Muchos barcos  son apresados y entre ellos el Santísima Trinidad, que ha quedado tan maltrecho que tendrá que ser abandonado a toda prisa.

Eran las doce menos cuarto el terrible instante se aproximaba. La ansiedad era general, y no digo esto juzgando por lo que pasaba en mi espíritu, pues atento a los movimientos del navío en que se decía estaba Nelson, no pude por un buen rato darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor.

Galdós nos cuenta en boca de un joven, Gabriel, esta tremenda parte de la historia naval española; él con su mirada ingenua nos cuenta con cierta sorna esta batalla y nos hace partícipe de sus reflexiones.

Cuando advertí  el gozo y la satisfacción que les causaba haber apresado al más grande y glorioso barco que hasta entonces surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que ésta le habría confiado la defensa de su honor; me pareció que en aquella tierra, para mí misteriosa, que se llamaba Inglaterra, habían de existir, como es España, muchas gentes honradas, un rey paternal y las madres, las hijas, las esposas, las hermanas de tan valientes marinos, los cuales, esperando con ansiedad su vuelta, rogarían a Dios que les concediera la victoria.

Termino recomendando una visita a este lugar mágico, dunas infinitas, playas inmensas de arenas finas, el mar azul, donde parece que nunca pasó nada, si además leéis, Trafalgar de Benito Pérez Galdos, hemos hecho algo magnífico.

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Siempre que termina un año me gusta recordar qué pasó durante esos 365 días, y casi siempre encuentro cosas estupendas.  Familiarmente no me puedo quejar, hay de todo como en botica, pero el resumen es bueno. Mi familia tiene salud y ya con eso no importa casi nada, si encima los veo que van caminando en sus vidas, en sus trabajos, y sobre todo van creciendo como personas, yo  no pido nada más.

Hemos terminado el año con una bonita boda, mi hijo Cesar se casó con Sonia el 28 de noviembre, no hay cosa mejor que celebrar un acontecimiento de amor y éste fue así. Nos juntamos casi todos,  bailamos y charlamos durante todo el día.

No está mal este final este final de año.

Y nos queda celebrar el segundo cumpleaños de mi nieta Valentina. Si a esto añadimos que  Frida cumplió 9 años y  canta en un coro, que su hermano Arturo cumplió 5 años y juega al baloncesto, que mi nieto mayor Leo ha terminado el colegio y ha pasado al Instituto, y que el hijo de Sonia, Elias, ha pasado a formar parte de esta familia, cinco años y con todo por aprender, pues el año es redondo.

Pero como no vivo aislada en la burbuja familiar, este año ha sido bastante desgraciado y lo peor es que seguirá en el tiempo.

Los refugiados me han conmovido hasta el infinito, no puedo con las imágenes de niños llorando y sin futuro, y eso visto por televisión en una casa confortable, ¡no puedo! Y lo peor es que a esta Europa “confortable” no se le mueve un pelo.

El terrorismo de ISIS, creado por los errores del primer mundo y ahora queriendo solucionarlo a bombazos me deprime absolutamente y no veo que nuestros dirigentes vean más allá.

En fin un año intenso con buenas y malísimas noticias, pero la vida es seguir caminando y mejorando en lo que cada uno pueda en su entorno.

Yo me ocupo de ese entorno y donde puedo hablo de libros, de poesía y de música, que no es baladí, creo que crecer significa eso, aprender y yo aprendo de muchas fuentes pero una muy importante son los libros.

Este año me han ayudado a crecer alguno de estos libros

D. Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

Lo he leído en un club de lectura y ha sido la mejor experiencia que he tenido en lecturas. Después de este libro no creo que lea algo mejor. Lo aconsejo a todos, leerlo despacio y aprenderéis qué es la buena literatura.

Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg

Delicioso libro para releerlo de vez en cuando. Reflexiones sobre las cosas de la vida; el amor, la amistad, la familia , el dinero.

Cien años de soledad Gabriel García Marquez

Lo he vuelto a leer este verano, descubrir de nuevo esta inmensa historia ha sido estupendo.

Angulo de reposo de Wallace Stegner

Una de las historias preferidas, bien escrita y una historia fascinante.

La casa de la mezquita de Kader Abdolah

La familia que vive en la casa de la mezquita. Irán y su historia. Muy poético.

Memoria de unos ojos pintados de Lluis Llach

Me impactó este libro, además de descubrir a LLuis Llach como escritor. Una historia dura.

Lo que mueve el mundo de Kirmen Uribe

Kirmen Uribe  es un joven escritor que me encanta. Una historia real de los niños refugiados de la Guerra Civil. Preciosa historia.

Viajes con Herodoto de Ryszard Kapuscinski

Grande este periodista y escritor y este viaje imprescindible.

Pondría otro montón de libros, pero con estos me conformo.

Feliz año y que al menos mejore algo para los que lo están pasando peor.

 

 

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