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Siempre es un placer pasar unos días en Madrid, las que vivimos en provincias apreciamos mucho poder ver una bonita exposición, pasear el Madrid de los Austrias, o pasar a ver una exposición de fotos en la Caixa Forum. Para mi es un regalo, porque además de todo esto, allí tengo a dos de mis cuatro nietos, y este es uno de los motivos mejores para visitar esta ciudad. Esto de ser abuela es lo mejor que me ha pasado, todo el tiempo se lo dedicas a ellos, y nada es más importante. Me cuenta mi hija María que Ángel Gabilondo en una entrevista decía más o menos esto. “Que somos abuelos a estas edades porque todo el tiempo nos lo pasamos mirado a los nietos, porque cuando tienes hijos, estas tan ocupado en trabajar …,el tiempo da igual y da igual todo lo demás, nuestro tiempo está dedicado a ellos”. Es una enorme verdad

Bueno, pues además de dedicarles ese tiempo, hemos ido a una interesante exposición al Reina Sofía, una exposición única porque el museo de Basilea, Kustmuseum, que está de obras, ha donado gratuitamente, hasta septiembre, parte de su obra modernista al Reina Sofía; Rothko, Barnett Newman, Much, Picasso, Giacometti y un sinfín de vanguardias. Una exposición intensa, amplia y muy recomendable.

Cuadro negro de Rothko

Cuadro negro de Rothko

Y después del atracón cultural nos fuimos al Matadero a comer. Me encanta el Matadero, mi hija María vive muy cerca y yo paseo mucho por ese lugar al lado del Manzanares. Comimos rica comida en un restaurante,”Sagás” que es una sala de teatro, así que el día fue perfecto.

Al día siguiente Leo jugaba la final de Baloncesto entre colegios. Él pertenece al colegio Arquitecto Gaudí, allí estuvimos como casi todos los años, es emocionante ver un partido entre chiquillos. Juegan fenomenal y aprenden a perder y a ganar, según toque. Esta vez nos tocó perder.

A pesar de la lluvia, el aire y un tiempo otoñal que nos ha acompañado estos días en Madrid, sigo diciendo que es un placer pasear, visitar la tienda de Appel en la puerta del Sol, preciosa, comprar unos dulces en La Mallorquina. Las calles de el barrio de Las Letras, la cuesta de Moyano para echar un vistazo a los libros que nos ofrece. Y como siempre pasar a la librería La Central a ver novedades.

Y ya hoy domingo me tocaba coger el AVE de vuelta a mi casa, pero antes hemos aprovechado a despedirnos con un desayuno clásico en Madrid y en toda España, churros con chocolate en San  Ginés. Recomiendo a los que vayan por Madrid que se pasen por esta Churrería que abre sus puertas todos los días del año. El café bueno, el chocolate muy rico y los churros insuperables, y el precio estupendo, no se puede pedir más.

Sitio mítico en Madrid, donde Valle Inclán iba a tomar churros y en su novela “Luces de Bohemia” habla de este sitio. Un lugar muy especial y muy recomendable.

Me vengo a casa, feliz por esos días de regalo donde yo no tengo casi espacio para mí, los niños llenan todos los lugares y yo les dejo que sea así. Ellos disfrutan y yo también.

Siempre se dice que los libros son mejores que las películas, y es cierto. Pero en este caso la película es una preciosidad y no desmerece nada a este libro. Aquí se da el caso de que el libro es muy bueno y la película también. Gregory Peck hace un brillante papel de ese padre y abogado Atticus Fich.

Hace muchos años que leí este libro, pero no me resisto a traerlo a estas páginas para recordar esta historia que me  emocionó tanto, y por si acaso, alguien no lo ha leído, que no se lo pierda.

Harper Lee escribió este libro y nunca más volvió a escribir otro, dicen que no aguantó el éxito que obtuvo con esta publicación. Fue muy amiga de Truman Capote, le ayudó en la investigación que hizo éste, para su libro “A sangre fría”.

 Atticus, es abogado y vive en un pequeño pueblo de Alabama, Maycomb, con su hijo Jem, su hija Scout, una niña de unos 7 años, rebelde y protestona y la mujer que les cuida, una mujer negra llamada Calpurnia. La vida transcurre serenamente, Scout es la que nos relata el día a día de una vida  tranquila en un pueblo.

Vivíamos en la mayor calle residencial de la población, Atticus, Jem y yo, además de Calpurnia, nuestra cocinara. Jem y yo hallábamos a nuestro padre plenamente satisfactorio: jugaba con nosotros, nos leía y nos trataba con un despego cortés.

Nuestra madre murió cuando yo tenía dos años, de modo que no notaba su ausencia. Yo no la eché de menos, pero creo, que Jem, sí. La recordaba claramente; a veces, a mitad de un juego daba un prolongado suspiro, y luego se marchaba a jugar solo detrás de la cochera. Cuando estaba así, yo tenía el buen criterio de no molestarle.

Atticus ejerce de abogado en un momento donde la segregación racial es un grave problema en el sur de EE.UU. Es un hombre justo que comparte su trabajo con la educación de sus dos hijos, ya que perdió a su mujer cuando estos eran pequeños.

Scout, ¿estás a punto para leer?

El Señor me enviaba más de lo que podía resistir, y me fui al porche de la fachada. Atticus me siguió.

-¿ Te pasa algo Scout?

Yo le dije que no me encontraba muy bien y que, si él estaba de acuerdo, pensaba no volver más a la escuela.

Atticus se sentó en la mecedora y cruzó las piernas. Sus dedos fueron a manosear el reloj de bolsillo; decía que sólo de este modo podía pensar. Aguardó un amistoso silencio, y yo traté de reforzar mi posición.

-Tú no fuiste a la escuela y te desenvuelves perfectamente; por tanto yo también quiero quedarme en casa. Puedes enseñarme tú, lo mismo que el abuelito os enseñó a ti y al tío Jack.

No, no puedo, respondió. Además, si te  retuviera en casa me encerrarían en el calabozo…. Una dosis de magnesio esta noche y mañana a la escuela.

Todo cambia cuando Atticus decide defender a un chico negro, Tom Robinsom, que lo culpan de haber violado a una chica blanca. Aquí la vida de todos cambia, hay gente que no entiende esa defensa y los niños sufren lo que otros compañeros de escuela comentan de su padre. Un día vieron como un vecino escupía y le insultaba al paso de Atticus. Así le explica a su hijo ese momento:

Cuando lo dijo lo decía en serio, -adujo Atticus-. Jem, a ver si sabes ponerte en el puesto de Bob Ewell durante un minuto. En el juicio yo destruí el último vestigio de crédito que mereciese su palabra, tenía que tomarse algún desquite; los de su especie siempre se lo toman. De modo que si el escupirme en la cara consiste en eso, acepto gustoso estas afrentas. Con alguien había de desahogarse, y prefiero que se haya desahogado conmigo antes que con la nidada de chiquillos que tienen en casa. ¿Lo comprendes?

Después de aquello ya no tuvimos miedo. Atticus nos aseguraba que a Tom no le pasaría nada hasta que el tribunal Superior revisara su caso, y que tenía muchas posibilidades de salir absuelto.

Un libro para disfrutar de su lectura, lleno de sensatez. Unos niños que se hacen preguntas ante tanta barbarie y un padre que intenta hacerles reflexionar sobre la vida. Entrañable ver como esos niños ven la vida, y sobre todo como aprenden que el color no diferencia a nadie, y que todos debemos ser respetados.

https://youtu.be/P2yVZRAtaa4

 

 

Qué placer volver a leer a este escritor, me encanta. Me leí hace tiempo”El reflejo de las palabras” y me pareció mágica. Esta nueva historia no sé si es mejor que la anterior, lo que sí sé es que he disfrutado mucho de esta lectura.

Este escritor iraní, afincado en Holanda, escribe desde ese lugar tranquilo, todo lo que pasó en su país con la caída del Sah, la llegada del Ayatolá Jomeini y la salida del país por miedo a ser fusilado. Él vivió todos esos acontecimientos y los vivió en primera persona, por eso su relato es tan creíble y fascinante.

Así le escribe el que cuenta esta historia a su tío Aga Yan

Mi querido Aga Yan, anhelo que llegue el día en que pueda abrir de nuevo la puerta de nuestra casa y entrar. La llave sigue en mi bolsillo.

Usted me enseño a no dejarme vencer por las dificultades, a trabajar con tesón y tener paciencia. He seguido sus consejos.

Abandoné nuestra casa, pero jamás le dí la espalda. Ahora vivo aquí y sueño con el día que pueda pasear con usted por el canal que hay en frente de mi casa. ¡ Ese día llegará! No puede ser de otro modo: usted me decía que tenía  que soñar y hacer realidad mis sueños. Y eso haré. 

La primera parte del libro es sosegada y va relatando la vida tranquila de una amplia familia que viven en la casa de la mezquita. El patriarca Aga Yan  es muy honesto y pacífico, es un hombre respetado tanto en la mezquita como en el zoco donde tiene una buena tienda de alfombras.

La vida transcurre pacífica, Fabri Sadat es su mujer, la mujer que caza pájaros. Alsaberi es el Iman de la mezquita, Shabal es el que cuenta la historia de la mezquita, así vas conociendo los avatares de esta familia típica de Iran en la época que gobierna el Sah.

Era una fecha señalada, pues se cumplía el aniversario de la noche que murió el santo Alí, el cuarto Califa del Islán. Aquel día fatídico, mientras Alí se hallaba orando en una mezquita acompañado de cientos de fieles, llegó Ibn Mulyam y se situó detrás de él. Rezó con el califa y aguardó hasta que la oración hubo concluido. Entonces desenvainó su espada y la descargó con fuerza sobre la cabeza de Alí, que cayó muerto al suelo. A partir de entonces, el islám quedó escindido en dos facciones: los chiíes y los suníes

La segunda parte del libro es mucho más convulsa e interesante. Ya empiezan las manifestaciones en contra del Sah y las reuniones clandestinas de los Imanes para derrocarlo. Aga Yan vive retirado de todo eso, pero familiares suyos empiezan a moverse.

Los jóvenes que estudian en la Universidad de Teherán son los primeros que se mueven en contra del emperador y ayudan a que vuelva Jomeini.

Por aquel entonces, nadie osaba pronuncia en voz alta el nombre de Jomeini, aunque de vez en cuando corrían rumores sobre él, se distribuían en secreto panfletos y en algunas mezquitas de Qom habían colgado un retrato.

El ayatolá era un enconado opositor al Sah. En el último discurso público que hizo, proclamó: ” El Sah es una humillación. Nos avergonzamos de ese hombre. No es un Sah, sino un siervo de los americanos.

Es muy significativo como cambia la vida de todas las personas que vivían tranquilas. De repente aparece Jomeini y con él las represiones , las matanzas sin juicios, el miedo y la represión. Todo eso va calando en esta familia que aunque es ajena a los acontecimientos, les toca de lleno con la muerte de un hijo, y lo que les acontece día a día.

La pena cayó sobre la casa como un negro velo. nadie hablaba, nadie lloraba, nadie rompía el silencio, pero había alguien que recitaba sin cesar. Él es sabio.

Las plantas se marchitaban por la tristeza, solo quedaban unos pocos pececillos en la alberca y el viejo gato había muerto en el tejado de la mezquita.

Nadie se sentía seguro, y si los vecinos acusaban a alguien de actividades sospechosas, lo arrestaban de inmediato. La gente se escondía y los que podían intentaban escaparse

Preciosa historia, bien contada con ese lenguaje poético que te transporta a ese país. Como un país que vivía , tranquilamente, aunque no estaban de acuerdo con el Sah, y piensan que cambiándolo por el Ayatolá la vida iba a cambiar, triste realidad.

 

 

 

Asisto como alumna a las clases de la Universidad para mayores, José Saramago, de mi ciudad. Empecé el curso y ya casi finalizándolo tengo que decir que la experiencia ha sido muy buena.

Es un lujo poder asistir a estas clases que nos ofrecen, buenos profesores y clases interesantes, algunas más que otras, según la preferencia de cada uno.

Literatura, historia, derecho, informática, inglés, tres días en semana y unos horarios cómodos por la tarde.

Hoy hemos asistido a un recital de poesía, los de tercer año han elegido poesía de habla española y en el salón de actos han recitado unos cuantos alumnos y alumnas. Una tarde muy agradable llena de palabras armoniosas. Todo un lujo.

Entre los poemas que he escuchado, me ha encantado uno de José Saramago, que no conocía y que nos viene al pelo a todos los que estábamos allí. Sabias palabras del maestro José Saramago ¿Que cuántos años tengo?

 

¿Qué cuántos años tengo?

- ¡Qué importa eso !

¡Tengo la edad que quiero y siento!

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo,

sin miedo al fracaso o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos

y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!

¡No quiero pensar en ello!

Pues unos dicen que ya soy viejo

otros “que estoy en el apogeo”.

Pero no es la edad que tengo,

 ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente

y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios

para gritar lo que pienso,

para hacer lo que quiero,

para reconocer yerros viejos,

rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:

¡Estás muy joven, no lo lograrás!…

¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…

Tengo la edad en que las cosas

se miran con más calma,  

pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,

se empiezan a acariciar con los dedos,

las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,

a veces es una loca llamarada,

ansiosa de consumirse en el fuego

de una pasión deseada.

y otras… es un remanso de paz,

como el atardecer en la playa..

¿Qué cuántos años tengo?

No necesito marcarlos con un número,

pues mis anhelos alcanzados,

mis triunfos obtenidos,

las lágrimas que por el camino derramé

al ver mis ilusiones truncadas..

. ¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta,

sesenta o más! Pues lo que importa:

¡es la edad que siento! Tengo los años

que necesito para vivir libre y sin miedos.

 

Si ha habido un libro que me ha impresionado y que no lo he olvidado ha sido este. Lo leí hace un montón de años, pero sigue siendo uno de los libros más duros y mejor escritos que yo haya leído a lo largo de estos años.

Me gusta casi todo de Mario Vargas Llosa, aún me faltan algunos libros por leer, así que no puedo decir que este sea el mejor, pero si puedo decir que es una obra maestra.

Mario Vargas Llosa nos relata la vida de un sátrapa como fue el dictador de la República Dominicana, Rafaél Leónidas Trujillo, entre los años 1930 hasta su asesinato en el año 1961; treinta y un años de una dictadura feroz, más de 50.000 asesinatos de Estado y un desafío a los derechos humanos que por supuesto no respetó en ningún momento.

A través de Urania Cabrales, hija de un ministro del dictador, que vuelve a Santo Domingo, antes llamada “Ciudad Trujillo,” para estar con su padre que se está muriendo, nos va relatando la historia de aquellos años que ella vivió hasta su huida a EE.UU.

No recuerda que, cuando era una niña y Santo Domingo se llamaba Ciudad Trujillo, hubiera un bullicio semejante en la calle. La ciudad era tres o cuatro veces más pequeña, provinciana, aislada y aletargada por el miedo y el servilismo, y tenía el alma encogida de reverencia y pánico al Jefe, al Generalísimo, al Benefactor, al padre de la Patria Nueva, a su Excelencia el Doctor Rafaél Leónidas Trujillo.

La historia de esta mujer es desgarradora. Por otro lado nos van contando como desde la Universidad empiezan los estudiantes a organizarse para derrocar a este personaje. Las dificultades que tienen para moverse, porque la isla es pequeña y la tiene absolutamente vigilada. En esas organizaciones hay una mujer estudiante de derecho que embarca a sus dos hermanas en esta  revolución. Desgraciadamente estas tres hermanas terminan asesinadas a palos. Las mataron el día 25 de Noviembre del año 1961. En honor a estos tres valientes llamadas, Patria, Minerva y Teresa Miraval, se conmemora cada año el “Día Internacional de la no violencia contra las mujeres”.

Toda la república dominicana se enteró de aquella matanza de la manera veloz y misteriosa en que las noticias circulaban de boca en boca y de casa en casa y en pocas horas llegaba a las extremidades más remotas.

Nos matan a nuestros padres, a nuestros hermanos, a nuestros amigos. Ahora también a nuestras mujeres. Y, nosotros, resignados, esperando nuestro turno.

La muerte del dictador, liberó rápidamente a la isla y a sus ciudadanos. La familia Trujillo tuvo que huir a París. Después de intentar enterrar al dictador con honores en la isla, no  lo consiguieron. Después de estar en París, parece que Franco los admitió y lo enterraron en el cementerio del pardo.

Una historia dura pero digna de leerla.

http://youtu.be/81bvCL9rcsY

 

Cuánta falta nos hace gente así, no sé si alguna vez recuperaremos la cordura en este país. Tanta gente trabajando seriamente y tanta gentuza robando sin escrúpulos.

Reivindico la buena gente, la gente que no mira la vida a través del dinero y que es generoso.

Y aquí una entrevista que le hizo Salvados, un programa español. No tiene desperdicio.

 

En el año 2000 viajé a Nueva York, mi hijo Cesar vivía allí y tenía un pequeño apartamento muy cerquita del Central Park. Ese apartamento me sirvió de casa en los días que estuve allí. Fue todo un descubrimiento conocer esa ciudad y muchas otras cosas que descubrí en esos días. Entre ellas un pequeño libro que tenía mi hijo titulado “Robert Capa“, estaba en inglés así que le pregunté y me explicó algo de la vida y obra de este fotógrafo.

Cuando llegué a España en uno de mis fines de semana en Madrid fuimos mi hija María y yo a ver una exposición de fotografías sobre la Guerra Civil española, en el Museo Reina Sofía. Pasamos y nos encontramos con una preciosa foto de Robert Capa y Gerda Taro. No me lo podía creer, pero allí estaban guapos y jóvenes.

La exposición nos impactó, las fotos de la Guerra son de una tristeza inmensa, esas figuras de mujeres con los niños de la mano andando por caminos de tierra, con la mirada perdida, nos partió el corazón. Hombres portando enseres caseros, con pantalones rotos y con la mirada perdida, eran duras de mirar. La famosa foto de la muerte de un miliciano, o niños jugando en la calle ajenos a bombas y tiros.

Y entre foto y foto fuimos leyendo la vida de estos dos fotógrafos, porque tanto fue uno como la otra. La gran fama fue para Robert Capa, ella su compañera en la vida y fotógrafa de muchas fotos que no se sabe si eran de ella o de él, formaban un dúo único, y que duró hasta que ella murió en el frente de Brunete.

Gerda Taro perdió la vida en un accidente durante el repliegue del ejército republicano. Gerda se subió al estribo del coche del general Walter, Brigadas Internacionales. En un momento dado, unos aviones enemigos volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy y Gerda cayó al suelo, tras una pequeña elevación del terreno. En ese momento un tanque republicano entró marcha atrás al camino saltando la elevación tras la que se encontraba Taro y cayó sobre ella.

La oruga del tanque la destripó, por lo que fue trasladada urgentemente al hospital inglés de El Goloso. Allí murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años. Su cuerpo fue trasladado a París, donde recibió todos los honores como una heroína republicana. Sus restos se encuentran enterrados  en París.

Así decía en una crónica del diario el País.

Esta historia comenzó en 1936, el año en el que, a decir de los historiadores, España fue el corazón del mundo. Los militares nacionalistas declararon la guerra al Gobierno de la República y dieron comienzo a un conflicto de tres años que para muchos sintetizó la pugna ideológica mundial entre fascismo, comunismo y democracia. Escritores, periodistas, fotógrafos y voluntarios de todos los continentes vivieron la guerra como una lucha de resistencia y acudieron como voluntarios para apoyar al bando republicano. Para aquella generación de intelectuales entre los que se encontraban Hemingway, Orwell, Neruda o Malraux, el futuro de la humanidad se jugaba en España. “Nunca en la historia ha vuelto a ocurrir algo semejante”, reflexiona Villoro.

Hay varios libros que hablan de este momento histórico y de la vida de Robert Capa, una vida de novela, y la de su pareja Gerda Tarot, de su trabajo y sobre todo de su implicación anti fascista. Yo leí últimamente un libro de Susana Fortes, Esperando a Robert Capa, ella cuenta la relación de los dos y su estancia en Madrid durante la Guerra Civil.

Años después en otra exposición de fotos que fuimos a ver en Madrid nos topamos con una triste foto que nos llamó la atención enormemente, era una tumba y una mujer mayor llorando. Miramos por curiosidad y era la tumba de Robert Capa. Parecía que nos topábamos con la vida y la muerte de Robert Capa.

Vídeo

Dos personajes muy interesantes, sus fotos son de un gran valor histórico. Después de la muerte de Gerda Tarot, Robert se fue a cubrir todas las guerras y conflictos a lo largo y ancho del mundo.

Murió a los 41 años en Vietnan. Se le considera el fotógrafo más importante del siglo XX

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