Marcos Ana

Muere a los 96 años, Marcos Ana, el preso que más años estuvo en la cárcel.

Lo he tomado del diario “El País”

Se hizo poeta en el lugar más hostil para los versos, una cárcel franquista donde toda la energía se iba en sobrevivir, donde no había paisaje al que mirar. Tituló uno de sus poemas más célebres y su biografía precisamente así: Decidme cómo es un árbol. Marcos Ana, el preso político que más tiempo pasó entre rejas, ha muerto este jueves en Madrid, a los 96 años. Él habría dicho que fue a los 73 porque solía descontarse esos 23 años que habitó las prisiones de la dictadura. Cada cumpleaños hacía esa diferencia: “Tengo 90 años de edad y 67 de vida; tengo 91, es decir, 68….” Nunca aparentó, en cualquier caso, los inviernos que llevaba encima. En una ocasión, a punto de dar una charla en la Cámara de los Comunes, en Londres, le confundieron con su intérprete, un profesor inglés y cojo. Al subir al estrado nadie reaccionó. La gente solo empezó a aplaudir cuando llegó el profesor. El público interpretó que el preso que más tiempo había pasado en las frías celdas del Régimen, el que había estado condenado a muerte, el que había sido torturado… era necesariamente el que caminaba con bastón y no aquel hombre alto que se había plantado en la tribuna en dos zancadas.

Con 15 años se había afiliado, como las 13 rosas, a las Juventudes Socialistas Unificadas. Luego se hizo del Partido Comunista. Quiso ir al frente, pero le mandaron de vuelta a casa por no tener edad suficiente. Ingresó en la cárcel con 19 y salió con 42, en 1961. Le acusaban de tres asesinatos en Alcalá de Henares por los que ya habían sido fusilados otros presos. En prisión se acostó muchas noches pensando que no llegaría a ver el día porque el Régimen había cometido la ridiculez de condenarle no a una, sino a dos penas de muerte. Finalmente, a él le conmutaron la pena, pero dio el último abrazo a muchos compañeros que no tuvieron la misma suerte. Dedico sus años de libertad a rendirles un homenaje permanente. “Marcos Ana no se ha mirado complacido en el espejo. Lo ha roto en mil pedazos para que en cada fragmento se vea el rostro de sus camaradas”, dijo el premio Nobel José Saramago.

Con sus compañeros de celda creó en la cárcel un periódico clandestino llamado Juventud. Daban clases y organizaban tertulias literarias sobre los libros prohibidos, que eran casi todos. Apoyándose en la parte de abajo del plato de la comida, Marcos Ana empezó a escribir poemas. Los sacaba clandestinamente de prisión. A veces, con la ayuda de un guardia. Otras, haciendo que un preso al que quedaban días para salir en libertad, los memorizara. Y empezaron a difundirse gracias a la ayuda de poetas en el exilio como Rafael Alberti, y de los comités de solidaridad con los presos políticos. Ahí fue cuando Fernando Macarro se convirtió en Marcos Ana, el seudónimo que escogió uniendo el nombre de sus padres: Marcos Macarro, que había muerto en un bombardeo en enero de 1937 -él mismo encontró el cadáver sobre la acera-, y Ana Castillo, que falleció en la navidad de 1943, después de que a su hijo le condenaran por segunda vez a muerte.

Y con todo, para Marcos Ana lo más difícil, como explicó muchas veces, fue adaptarse a la libertad. Sus ojos sufrían con la luz. Se mareaba en los espacios abiertos. Y fue al verse en la calle cuando supo que había perdido toda su juventud. Cuando se dio cuenta de que, a los 42 años, jamás había estado con una mujer.

Con sus mejores intenciones, un amigo le llevó una noche a un cabaré, llamó a una chica, le metió 500 pesetas en el bolsillo y le dio las instrucciones: “Para que pases la noche con mi amigo”. “Se llamaba Isabel y era morena, de ojos grandes, hermosísima…”, recordaba a este diario el verano de 2015. Fue incapaz de tocarla. Al final, decidió contarle su historia. Marcos e Isabel pasaron la noche juntos, hablando. Cuando, al volver a casa, descubrió que le había vuelto a meter las 500 pesetas en el bolsillo, Marcos deshizo corriendo el camino hasta ella. Pero antes de llegar a su pensión, decidió que si aquel día pagaba arruinaría para siempre el recuerdo de la noche anterior. Entró en una floristería y pidió 500 pesetas en flores. En la tarjeta escribió: “Para Isabel, mi primer amor”.

Paseos por Londres de Virginia Woolf

Un paseo por Londres con Virginia Wolof

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Qué suerte tengo de haber encontrado este delicioso libro. El otro día Mónica una de las amigas que nos juntamos a leer, lo llevaba en el bolso, cuando lo vi no pude más que pedirle que me lo dejara cuando lo terminara. Ya digo una delicia. Virginia Wolf, nació en Londres en el año 1882; después de una enfermedad se suicidó tirándose al río Ouse, cerca de su casa de campo, murió el 28 de marzo de 1941.

Virginia Woolf nació el mismo año en que murió Charles Darwin, 1882, y se suicidó pocos meses antes de que el cielo de Londres volviera a incendiarse con el segundo bombardeo de la Luftwafe, 1941. Cincuenta y nueve años de historia que quedaron gravados en sus libros y diarios. 

Virginia Woolf escribió ensayo y novela. Con su libro “Una habitación propia” reflexiona sobre la condición femenina y la relación de las mujeres con el arte y la literatura.

Este libro que tengo entre manos, como su título dice, es un paseo tranquilo, muy sugerente por su ciudad, Londres, sus calles, sus plazas, la gente que pasea, por los parques.

Oxford Street, huelga decirlo, no es la calle más distinguida de Londres. Sin embargo a medida que se avanza hacia el atardecer y mientras se pasea entre luces artificiales, montones de seda y relucientes ómnibus aumenta la sensación de que una apuesta de sol eterna baña Marble Arch, y la estridente,  vulgar y enorme cinta de Oxford Sreet se muestra fascinante. Es como el lecho pedregoso de un río, cuyos cantos rodados se ven pulidos por un espejeante corriente.

El libro está primorosamente editado, capítulos sobre Londres, frases que recogen de otros libros de Virginia Woolf, contexto histórico de los años en que vivió , fotos de ella y de su entorno, una foto de su habitación, una delicia, ya digo.

Así pues, cuán preciosa es una calle de Londres, con sus islas de luz y sus largas matas de oscuridad, y en una acera tal vez encontremos algunos espacios salpicados de árboles y poblados de hierba, donde la noche se repliega sobre sí misma para dormir plácidamente. Al pasar al lado de la verja de hierro, uno siente esos leves crujidos y susurros de hojas y ramitas que parecen intuir el silencio de los campos de  todo alrededor, el ulular del búho y, muy a lo lejos, el traqueteo de un tren en el valle.

Londres con sus librerías, la ceremonia del té, el río Támesis, sus grandes monumentos, todo lo que esta ciudad era , Virginia Woolf la amaba y la disfrutaba en esos largos paseos recorriendo parques, calles, librerías o sentándose en un banco a contemplar la gente pasar y escuchar lo que decían.

Olor a madera, tinta y papel, caserones eduardianos, con escaleras quejumbrosas y luminosas claraboyas…, Londres sigue siendo libresco y bibliófilo. Es Claring Cross Road y sus calles adyacentes las que trazan una geografía llenas de tesoros para los amantes de la lectura. 

Los libros de segunda mano son libros salvajes, sin hogar; se han unido como aves de plumas abigarradas, y poseen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de la biblioteca.

Estuve en Londres hace unos meses, callejeé sus calles, sus parques y todo lo que la guía me iba diciendo; ahora con este libro he disfrutado serenamente ese mismo viaje de la mano de Virginia Wolf. Se me han quedado muchas cosas sin conocer de esa ciudad que he visto en este libro. Nunca se descarta una segunda vuelta a Londres.

 

El libro de los Baltimore de Joel Dicker

Historia de una saga familiar

Tu voto:

Este libro lo estamos leyendo un grupo de amigas, que seguimos quedando en una preciosa librería, de mi ciudad, que se llama La Madriguera. Una librería donde puedes estar charlando y a la vez tomando un café o un refresco, así como escuchar música en directo u oír a un poeta recitar sus versos. Allí nos reunimos a charlar de libros y tengo que decir que me encanta ese rato escuchando opiniones y dándolas.

Este mes hemos elegido leer “El libro de los Baltimore” de Joel Dicker. Del mismo autor leí hace unos años “El extraño caso de Harry Quebert”, libro que me atrapó desde el principio hasta el final. Éste, siendo diferente, me atrapó de la misma forma,su escritura clara, la historia en sí que no te deja, y la intriga que la mantiene hasta la última página.

Marcus Goldman es un escritor de éxito, que 8 años después de un drama acaecido en su familia, se retira a Boca Ratón, Florida, para poder escribir el libro de lo que sucedió.

¿Por qué escribo? Porque los libros son más fuertes que la vida. Son su mejor revancha: Son testigos de la muralla inexpugnable de nuestra mente, de la impenetrable fortaleza de nuestra memoria. Y cuando no escribo, una vez al año, vuelvo a recorrer el trayecto hasta Baltimore.

Esta familia formada por dos hermanos; los Goldman de Montclair, padres de Marcus, que eran una familia media y vivían en Nueva Jersey. La otra familia los Goldman de Baltimore, una familia rica que vivían en una gran casa. Allí iba Marcus a pasar sus vacaciones, el Día de Acción de Gracias y todos los buenos recuerdos que él atesoraba en su cabeza. Allí vivía su querido primo Hillel y un chico que recogieron de un reformatorio que era como otro hijo,llamado Woody. Esos tres chicos formaron una pandilla muy unida, siempre estaban juntos y cuando Marcus se iba a su ciudad, extrañaba enormemente a sus primos.

A veces conseguía convences a mis padres para que me llevaran a La Buenavista temprano.  Woody y Hillel seguían durmiendo. Tío Saul repasaba informes mientras tomaba un café. Tía Anita leía el periódico a su lado. A mí me fascinaba lo serena que era,la capacidad que tenía para ocuparse de todo lo de la casa además de su trabajo.

Marcus envidiaba sanamente a sus tíos, a la vida que tenían, cómo eran los dos, su tío Saul, el hermano de su padre y su tía Anita, cómo lo querían y cómo vivían, en contra de su propia familia que eran menos vistosos.

En la época de gloria de los Goldman-Baltimore, les gustaba ir a Bal Harbor, un barrio periférico fino, al norte de Miami. Allí había un centro comercial al aire libre que sólo tenía tiendas de lujo. A mis padres los horrorizaba el sitio, pero me dejaban ir con mis tíos y mis primos. Cuando me sentaba en el asiento de atrás de su coche, me volvía esa sensación de felicidad insolente que experimentaba cuando estaba solo con ellos. me sentía bien, me sentía un Baltimore.

Así se va desarrollando la vida de los dos hermanos que forman esas dos familias, donde Marcus es él que va y viene, en esa doble vida que va de  una casa a la otra.

Entra en juego una chica, Alexandra, que enamora a los tres, es la chica deseada, por guapa, buena cantante y amorosa. Los tres firman un acuerdo que ninguno engañaría a los otros, un  pacto que lo mantienen hasta que Marcus se enamora de Alexandra y ocultan esa relación.

Durante los dos años siguientes Alexandra nos iluminó la existencia.

Primos míos del alma, si aún estuvierais aquí, recordaríamos juntos como nos subyugó.

Durante el verano de 1994, les supliqué a mis padres que me dejaran pasar dos semanas en Baltimore después de la estancia en Hamptons. Para estar con ella.

Alexandra nos tomó cariño y estábamos siempre metidos en su casa.

Ya no hubo ningún fin de semana sin Alexandra. Era todo con lo que soñábamos: divertida, inteligente, guapa, dulce y soñadora. 

El libro desde el principio te habla de un drama que acontece en la  familia, Goldman-Baltimore, así vas leyendo y conociendo profundamente a estas personas. La historia de Woody, la entrañable amistad de los tres primos; el compañerismo entre los tres; la historia de los dos hermanos, el padre de Marcus y su tío Saúl, los negocios de la familia, la buena vida de esos años tan completos y tan felices.

Pero los años van pasando y la decadencia de esta familia es el punto importante de este libro. Decadencia que va tocando uno a uno a todos los miembros, no se salva nadie.Historia

En contra, la familia de Marcus, se mantiene en pie, en esa vida común y sin estridencias. Marcus escribe sobre esas dos partes, por una la familia potentada a la que él adoraba y su familia que quedaba a un lado según su perspectiva, vista desde la juventud.

No voy a desvelar el final, pero es muy interesante y sobre todo te tiene en tensión hasta la última página.

Hice un alto delante de la puerta principal. Antes de llamar, me saqué del bolsillo la fotografía de Hillel, Woody, Alexandra y yo en Oak Park, en 1995, y la contemplé.

Alexandra llamó al timbre. mi madre abrió. Al verme, se le iluminó la cara.

Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza

Un extraterrestre que llega a Barcelona

Tu voto:

Hace años, mi hijo César que en esa época tenia unos 15 años, tuvo un pequeño accidente y le escayolaron una pierna, tenerlo entretenido era todo un reto y entre las cosas que hacía era leer. Un día fui a la librería y estaba este libro como novedad, leí un poco de que iba y se lo compré. Toda la familia compartimos esta lectura que nos hizo reír en más de una ocasión. Desde entonces lo hemos regalado a un montón de gente y es un pequeño tesoro que aún está por casa.

 Es el diario de un extraterrestre que viene en busca de otro, llamado Gurb.  Un día, Gurb, llegó a la  Barcelona  de antes de las olimpiadas, cuando las obras llenaban las calles de esta ciudad, y la forma que tuvo de integrarse fue tomar el aspecto de Marta Sánchez. A los pocos días se le perdió la pista

 La llegada del amigo de Gurb a la tierra es un tanto aparatosa.

Día 10: hora 07.00

Antes de salir oculto la nave para evitar reconocimiento e inspección de la misma por parte de la fauna autóctona. Consultado el Catálogo Astral, decido transformar la nave en cuerpo terrestre denominado vivienda unifamiliar adosada, calef. 3 dorm. 2 bañs. Terraza. Piscina comunit. 2 plzs. pkng. Máximas facilidades.

o7.30

Decido adoptar apariencia de ente humano individualizado. Consultado Catálogo, elijo el  condeduque de Olivares.

 Así ve  el extraterrestre la ciudad de Barcelona.

Hora 19.00

La ciudad es enorme; el gentío constante; el ruido, mucho. Me extraña  no encontrar los monumentos habituales, para poder orientarme. He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en el Corte Inglés.

Así va conociendo esta ciudad y las costumbres tan raras que tenemos, para un extraterrestre.

Hora 18,07

Examino sigilosamente le salón. Está amueblado con gusto exquisito. Me siento en el sofá, cruzo las piernas: es elegante y cómodo. Me siento en una butaca de cuero y cruzo las piernas: es elegante y cómodo. Me siento en una butaca tapizada de lana. Antes de que pueda cruzar las piernas, la butaca me muerde la pantorrilla. Error de apreciación: no era una butaca, sino un mastín, que dormía hecho un ovillo.

Hora 18,09

Recorro el resto de la casa a gran velocidad perseguido por el mastín. Decido abandonar todo sigilo.

Un pequeño libro, lleno de humor, con una lectura vibrante.

“AHORA VIENEN POR MI, PERO ES DEMASIADO TARDE” de Bertolt Brecht.

Ahora vienen por mí

Tu voto:

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“AHORA VIENEN POR MI, PERO ES DEMASIADO TARDE”

«Primero se llevaron a los judíos,
pero como yo no era judío, no me importó.
Después se llevaron a los comunistas,
pero como yo no era comunista, tampoco me importó.
Luego se llevaron a los obreros,
pero como yo no era obrero, tampoco me importó.
Mas tarde se llevaron a los intelectuales,
pero como yo no era intelectual, tampoco me importó.
Después siguieron con los curas,
pero como yo no era cura, tampoco me importó.
Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde.»

Bertolt Brecht.

Sofía o el origen de todas las historias de Rafik Schami

Salman vuelve a Siria después de cuarenta años exiliado

Tu voto:

 

 

Este verano un amigo me comentó que estaba leyendo este libro y que lo estaba disfrutando mucho. Aprovechando una visita de mis hijos, Cesar y Sonia, que me regalaron un libro y, claro, yo elegí éste.

La paciencia y el humor son dos camellos con los que se puede atravesar cualquier desierto.

Me encantan los escritores árabes, ellos tienen una forma de narrar que a mí me gusta mucho; cuentan historias como si fueran pequeños cuentos, con un lenguaje sencillo pero muy poético, la nostalgia se mezcla con la historia, los amores sublimes, la amistad, la familia, las tradiciones, la política, las religiones, todo eso y más está dentro de este precioso libro.

Escrito en pequeños capítulos que son como pequeñas historias, que se remontan a cuando Salman vivía en Damasco allá por 1970 o vuelve al 2010 a su vida en Roma, y vuelve otra vez al momento del exilio. Cada capítulo empieza con una frase, muchas de ellas de escritores como Cervantes, Antoine de Saint-Exupéry, Oscar Wilde…

Montar en bicicleta. Era mi sueño de niña. Envidiaba a mis hermanos, a sus amigos y a todos los chicos del barrio por flotar  ligeros como plumas, pero cuando se me ocurrió contárselo a mi madre, se puso a gritar, enfadada, como siempre que tenía miedo. Ya podía quitarme esa idea de la cabeza. Las mujeres se quedaban en casa y ahí no necesitaban ninguna bicicleta.  

Salman, nacido en una familia cristiana, se exilió a Alemania, allí comienza su nueva vida, es donde estudia filosofía, y conoce a una estudiante italiana, Stella,  después de un noviazgo se casan y se van a vivir a Roma. La vida de los dos es armoniosa y llena de éxitos personales tanto en el trabajo como en sus vidas personales. Todo parece que funciona. Tienen un hijo después de muchos años y eso colma la felicidad de los dos.

Sin embargo, Salman tenía una importante razón para volver a Damasco, aunque sólo fuera de visita. Pero no se la confío a nadie, ni a sus padres ni a Stella. Se trataba de la humillación que había supuesto para él estar exiliado de su ciudad. Era una herida que no podía curar pese a sus éxitos en el extranjero, y siempre que recibía invitados de Damasco o conocidos que viajaban hacia allí, la cicatriz se abría y volvía a sangrar.

Ya han pasado 40 años desde que Salman salió de su país y empieza a pensar en su regreso como turista para ver su ciudad, Damasco, visitar a sus padres ya mayores y volver a pasear por las calles de su ciudad, poder chalar con sus amigos y tomarse un café en los muchos lugares que salpican sus calles.

Sus callejuelas ya no llevaban el nombre de Misk, que significaba “almizcle”, sino de un escritor libanés. “Las dictaduras no destacan por sus grandes ideas”, pensó y siguió avanzando por el pasaje hasta la calle principal, Bab Tuma. Desde allí paseó lentamente por el barrio cristiano. En éste las calles casi no habían cambiado, pero todo era más ruidoso y colorido.

Sus padres  le piden a un sobrino, Elías,  que trabaja en el gobierno, para que les diga sí su hijo ya puede volver, sin peligro de que cuando llegue al aeropuerto lo puedan meter en la cárcel. Estamos en el 2010 un poco antes del comienzo de esta guerra civil que está aniquilando Siria.

Delante del mostrador de control de pasaportes ya se había formado una larga cola de espera. Salman sonrió. Hacer cola contradecía desde cualquier punto de vista la mentalidad del árabe, pero, tras tantos años de dictaduras, las colas de espera sirias parecían tan ordenadas.

Por todas partes se veían retratos del superpadre El Asad y del hijo Bashar, por todos sitios había soldados armados de rostros pétreos. 

Puede volver y así lo hace, llega a Damasco y ahí empieza esta bonita historia del hijo pródigo, que llega a su ciudad y se da cuenta de lo lejano que él se encuentra de todo lo que le rodea, a pesar de todo, son días felices de reencuentros, de volver a ver a sus padres mayores y envejecidos, de conocer historias, y de pasear y enseñarnos a los lectores, Damasco. Hasta que una mañana tomando un café ve su foto en un periódico con el titular de “se busca”. Aquí el escritor nos describe el estado policial asfixiante que existe en su país. La novela empieza a ser una novela con mucha intriga.

Todo aquello le resultaba rematadamente absurdo, pero los últimos acontecimientos le habían demostrado que ya no conocía aquella sociedad. Quizá el estado funcionaba de tal manera que distintos centros de poder disponían de de diversas áreas de protección. Cuarenta años de dictadura habían creado, como en una película de ciencia ficción, un nuevo país. Los sirios estaban dirigidos por varias organizaciones secretas. Los ministros y los funcionarios importantes sólo servían de tapadera. La gente seguía hablando árabe por la calle, pero no comprendían su lengua, y el ya no entendía la suya. 

Sudeil  Fadei es el nombre verdadero de este escritor, Rafik Sachmí, su seudónimo, significa “amigo de Damasco”, nació en 1946, el mismo año que Siria  se independizó de Francia. Escribe desde los 19 años. Es un escritor muy reconocido en Alemania.

Damasco

Toledo, Madrid, familia, concierto y exposiciones

La semana pasada celebramos el cumpleaños de Rafa, mi yerno. Desde hace unos meses viven, toda la familia, en Toledo, así que ahora es una delicia ir a visitarlos. Nos reunimos casi toda la familia, faltó Leo y Elías, no es fácil reunir a todos, pero lo pasamos muy bien. Yo me quedé unos días para estar con mis nietos, les acompaño al colegio, paseamos o les leo un cuento al final del día. img-20161023-wa0014

Una mañana, después de dejarlos en el colegio, Belén y yo salimos a pasear y visitar el casco antiguo de esa preciosa ciudad, Toledo, Patrimonio de la Humanidad desde 1986, “la ciudad de las tres culturas”con un patrimonio tan impresionante que habría que visitarla varias veces para entender toda su historia. En ello estamos.

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Esa mañana paseamos sin rumbo por las callejuelas estrechas hasta llegar a la Catedral, tomamos un café, charlamos y compramos algunas cosas, y ya fuimos bajando para llegar a recoger a los niños en la escuela. Un paseo delicioso que pienso repetir de vez en cuando.

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El viaje de Toledo a Madrid es una delicia, una media hora, y estas en la capital, Madrid. Me esperaban mi hija María y Valentina, nos fuimos a casa porque al día siguiente yo tenía que ir a hacer unas cuantas cosas. Por la mañana llevé a Valentina al colegio. Hacía un día primaveral así que me puse a caminar; calle Delicicias arriba hasta la Estación de Atocha, al pasar por la “Cuesta de Moyano” no pude reprimir darme un paseo por las librerias de viejo; seguí ruta por el Paseo del Prado y al llegar a la Caixa Forum me senté un rato a descansar y contemplar ese jardín vertical tan precioso, estaba anunciada una exposición de la “Edad Media en Europa”.

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En la Plaza de Neptuno paré a tomarme un café y seguí por la Carrera de San Jerónimo, por cierto que estaba lleno de periodistas, se acercaba el nombramiento de Rajoy  como Presidente del Gobierno, ¡uff!. Pero yo seguí caminando y llegué a la Puerta del Sol, allí pasé a la tienda de Apple a comprarle a mi hija Fátima un cable para su Ipad, la tienda es preciosa pero los precios son de infarto, 50 euros el cablecito con el adaptador. De Sol seguí caminando  por la calle del Carmen, llena de gente, como siempre, me encanta ver las calles así de animadas, gente que va y viene; llegué a la Plaza de  Callao, no pude reprimirme y pasar a la librería “La Central” ¡me pierden las librerías!, de ahí, ya bastante cansada y con las piernas un poco perjudicadas, seguí por la Gran Vía, Plaza de España y Princesa. Un buen paseo por el centro de Madrid que siempre me encanta hacer.

Quedé con mi nieto Leo, nos fuimos a comer sushi, es la comida que más nos gusta, los dos solos, así que me llevó a un restaurante donde dimos cuenta de esa rica comida. Después nos fuimos de compras, su regalo de cumpleaños. Un día completo, ya para volver a casa de mi hija María, tomé el metro, aun me quedaba ver a Valentina y descansar.

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Al día siguiente me esperaba una gran sorpresa, mis hijas me habían preparado todo para que asistiera al concierto de Serrat, Ana Belén, Victor Manuel y Miguel Ríos, “El Gusto es nuestro”en el Palacio de deporte, creo que ahora se llama “Barclaycard Center”, tiene guasa. Yo no sabía nada así que fue  muy emocionante. Me acompañó Fadia, así que pasamos tres horas largas escuchando las canciones que toda la vida me han acompañado. El recinto estaba lleno a reventar, bailamos, cantamos y yo lloré más de una vez. Increíble ver a esos cantantes, ya con sus años y dándolo todo en el escenario. Volver a escuchar tantas y tantas canciones que hacía años no escuchaba, me emocionaron. Tengo que agradecer a mis hijas esos detalles que siempre me sorprenden.

Ya iba terminando estos días tan llenos de familia, nietos y ocio, para despedirnos  mi hija nos invitó  un rico sushi, en un restaurante en la misma puerta de Alcalá,  buenísimo. Ya al atardecer nos fuimos a ver la exposición en la Caixa Forum, “Los Pilares de Europa”, me encanta ese lugar, me gusta el edificio y sus escaleras, así que casi siempre me paso por allí. La exposición nos pareció un poco escasa.

El sábado intenté comprar el billete de vuelta a mi casa pero los trenes iban llenos, el puente de “Todos los Santos” era el motivo de no encontrar un asiento. Por fin pude tener uno a las cuatro de la tarde y como era la una, nos fuimos a tomarnos un bocadillo de calamares a “El Brillante”, bar típico y muy conocido por esos bocadillos, que yo, tengo que decir, nunca los había probado. Una tarde deliciosa, sentadas las tres en la terraza de la plaza donde está el museo Reina Sofía, degustando una rica cerveza y los calamares. De pronto una orquesta de unas ocho personas que irrumpen en la plaza, Valentina quiere ir a verlos, así que pagamos y nos fuimos, como ellos iban caminando por las calles, nosotras detrás de ellos, fue un momento muy divertido, y yo pensando, perderé el tren. Pero esos momentos me encantan, lo disfrutamos como niñas.

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