Uno de los barrios que más me gustó de México, en mi primer viaje, fue Coyoacan, lugar de los coyotes, en la lengua Náhualt. Fuimos un día para visitar el museo de Frida Kahlo y disfrutamos enormemente ese recorrido, la comida en un pequeño restaurante en la misma plaza donde están los coyotes y centro de este barrio tan peculiar, en fin que yo quedé asombrada de ese bonito lugar.
He vuelto en este segundo viaje y no me ha decepcionado, al revés, me ha vuelto a encantar. El día era soleado y pudimos pasear largamente por sus bonitas calles arboladas, con sus casas coloniales pintadas de colores y con buganvillas colgando de las fachadas.
Es un barrio situado en el sur de la capital y más parece un pueblo dentro de esa gran urbe. Cuando llegas allí te olvidas de que estás en México DF, es otro mundo, sin muchos coches, sin ruidos y se respira por todos sitios tranquilidad.
Era domingo y estaba lleno de gente paseando, comiendo una cosa muy típica de allí que son los “chicharrones” cortezas de cerdo muy crujientes y con salsa picante por encima, o un rico helado ” nieves de sabores” de mandarina o de frutas tropicales exquisitas.

Mientras paseas puedes ir viendo muchos puestos con artesanía típica, o exposiciones de cuadros al aire libre o, de repente, unos payasos vestidos con trajes de mil colores cantado; algunas mujeres vestidas con trajes típicos vendiendo flores, carritos llenos de dulcerías. Fue un paseo fascinante donde el color lo inundaba todo.
La visita a la casa museo de Frida Kahlo es una delicia, allí está toda su vida, su caballete donde pintaba junto a Diego Rivera, los pinceles con su caja de pinturas,

la habitación donde ella pasó sus días más dolorosos de su enfermedad, la habitación donde durmió León Trotsky cuando llegó a México.
La casa es una delicia y el patio interior ofrece un paseo lleno de frases tanto de Frida como de Ribera.
Comimos en un restaurante con más de 40 años de antiguedad “La Lupita” rica comida mexicana.
Visitamos el Museo de la Acuarela por indicación de una pintora amiga y vecina de mis amigos, Carmen Rosberg.

En este paseo no hay que olvidar las numerosas librerías que tiene este barrio, librerías con libros usados, librería Gandhi, pequeños puestos de libros , una gozada para aprovechar los buenos precios y comprar libros de todo tipo.