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FELICES FIESTAS

http://youtu.be/EZXlCUNm9cg

Termina un año lleno de acontecimientos estupendos en mi familia. Nació mi nieta Valentina, ya con eso el año está cumplido. Pero cuando en una familia de cuatro hijos todos están bien, tienen trabajo y peleando, peleando van viviendo estos momentos difíciles que no cejan en el intento de desarmar a los más optimistas, es para estar contenta.

Yo cumplí un año de jubilada y todo ha cambiado, mi forma de vivir y de enfrentar esta nueva etapa, no tengo horarios que cumplir y eso es todo un lujo. Toda mi vida trabajé mañana y tarde y con cuatro hijos ha sido algo complicado, por eso ahora disfruto estos días sin límites.

Pero poco a poco me voy organizando y ya he llenado varias horas con temas que me encantan como es leer.

Seguimos con el club de lectura El Quijote, ya hemos empezado la segunda parte, que por cierto este año se conmemora los cuatrocientos años de la edición de esta segunda parte del Quijote.

Esta lectura es tan amena que yo creo que los que conformamos este club estamos felices de poder leer capítulo a capítulo este magnífico libro. Y lo mejor de todo, además de disfrutar leyendo es comentarlo los lunes, nos falta tiempo para decir todo lo que nos emociona de lo que nos cuenta Cervantes.

La SER de mi  ciudad me invitó a colaborar un día a la semana, todos los miércoles, a las 12’45 horas a comentar un libro. El programa se llama “Libros en el aire”. Vamos paso a paso intentando que la gente lo escuche y sobre todo que lean. Ese es el único interés que yo tengo con este programa.

Y por ultimo, sigo con este blog que cada semana cuelgo algún libro, un viaje, un poema, pero todas las semanas escribo algo. Este mismo blog lo voy colgando en un diario de mi ciudad, DiarioLanza.

Me doy cuenta que ando rodeada de libros por todas partes. No hay nada mejor.

Aquí os dejo un listado de libros que este año me han gustado y he disfrutado con ellos.

Lo que mueve el mundo de Kirmen Uribe

Las Pequeñas Virtudes de Natalia Ginzburg

Mi Antonia de Willa Cather

Puedo contar contigo de Ramón J. Sender y Carmen Laforet

Normas de cortesía de Amor Towles

El balcón de invierno de Luis Landero

El palacio azul de los ingenieros belgas de Fulgencio Arguelles

Los desorientados de Amin Maalouf

Gente mala que camina de Benjamín Prado

El Reflejo de las palabras de Kader Adolah

 

Este escritor me atrapó hace un tiempo con su primer libro “Bilbao-Nueva York- Bilbao“, por el que recibió el premio Nacional de Narrativa 2009. Cuando publicó “Lo que mueve el mundo” no dudé en leerlo, y si el primero me había gustado éste me pareció buenísimo. Tengo que decir que mis preferencias son las novelas que hablan de historias reales que le pasan a las personas normales y esta historia es así.

En mayo de 1937, tras el bombardeo de Gernika, miles de niños y niñas vascos partieron del puerto de Bilbao rumbo al exilio. Entre ellos se encontraba Karmentxu una niña de ocho años que fue acogida en Gante, Bélgica, por el escritor Robert Mussche. La vida de Robert cambiará con la llegada de la niña, su implicación en la resistencia durante la Guerra Civil y el advenimiento de la segunda Guerra Mundial.

Así dice la anotación al principio de esta historia y no cabe duda que ya te pone sobre aviso de lo que te vas a encontrar. No es otra historia más, es una historia del exilio de los niños y niñas de nuestro país.

Kirmen que andaba sin tema para escribir, cuenta en el libro que su amigo Aitzol Aramaio, enfermo de muerte, le dijo que escribiera sobre héroes normales, sobre casos de gente que nadie conoce pero que merece la pena conocer. Y así es como conoce la historia de Robert Mussche.

La primera sorpresa agradable fue el pan blanco: durante la guerra, en Bilbao no podían llevarse a la boca más que pan negro. Otra cosa que les sorprendió gratamente fue el hecho de tener juguetes en casa. Cada uno los suyos; algo así era impensable en el País Vasco. Aquellos juguetes de casa daban a los niños cierta calidez, una especie de seguridad. Para ellos ese fue el cambio más destacado: tenían juguetes; no jugaban en la calle, como en Bilbao, con llantas de hierro oxidado o con pelotas hechas de trapos viejos.

Kirmen Uribe cuenta la historia del exilio de los niños vascos encanada en esta pequeña Karmentxu, pero también quiere contar esa historia menos conocida, la gente que acoge a esos niños, y en este caso la historia real del escritor  Robert Mussech, un escritor comprometido con  la resistencia contra los nazis, que le costó su deportación a un campo de concentración .

Indagando aquí y allí, su mujer logró averiguar el paradero de Robert. Cautivo en la cárcel de Amberes. Pasó allí dos meses en una celda estrecha y húmeda. Durante todo julio y agosto Vic sólo pudo visitar a su marido una vez. Cuando lo tuvo enfrente, su aspecto le impresionó. Había adelgazado, parecía débil y decaído. Tenía moratones en la piel. Con la mirada perdida, encerrado en sí mismo, no escuchaba lo que le decía Vic. La mayor parte del tiempo estuvo callado. Los efectos de la tortura eran evidentes.

Robert se casa con Vic y tienen una niña que le ponen de nombre Carmen, en homenaje a Karmentxu, Carmen es la que le va contando al escritor la historia de su padre.

Lo encerraron en una celda de aislamiento, lo tuvieron colgado de una vigas durante largas horas, le negaron el alimento. Y todo, para dejar claro quien mandaba allí. Robert llegaría a odiar muy profundamente a aquel kapo al que llamaban “el ruso”. Nunca antes había sentido ganas de matar a nadie. Se sorprendía a sí mismo, cómo podía sentirse así, cómo podía estar tan lleno de odio; él que había sido un joven tan culto y amante de la paz. No se reconocía.

Una historia agridulce, una vida llena de contrastes, un escritor que mantuvo durante toda su vida una actitud coherente ante el fascismo, un hombre culto, amigo de hacer el bien,pero que en esos años de guerras nadie se salvaba.

http://youtu.be/_4QDvKgU3MM

Leyendo el blog de Juan Cruz, encontré una entrada donde el escritor hablaba de este pequeño libro, lo hacía con tal entusiasmo que yo, como siempre, apunté el título y en la primera ocasión que tuve me lo compré. Todo lo que contaba Juan Cruz era cierto, es una recopilación de artículos que Natalia escribió en un diario. Así dice la editorial en su contra portada.

A medio camino entre el ensayo y la autobiografía, “Las pequeñas virtudes” reúnen once textos de temas diversos que comparten una escritura instintiva, radical, una mirada comprometida llana y  conclusivamente humana.

La guerra y su mordedura atroz de miedo y pobreza, el recuerdo estremecedor y bellamente sostenido de Cesare Pavese y la experiencia intrincada de ser mujer y madre son algunas de las historias.

En retrato de un amigo, ella recuerda a su querido poeta Cesare Pavese que se suicidó en un hotel de Turín y cortó de raíz la amistad y ese cariño que sentía por él.

Por otra parte, conversar con él nunca era fácil, ni siquiera cuando se mostraba alegre; pero un encuentro con él, aunque hecho de pocas palabras, podía resultar tónico y estimulante como ningún otro. En su compañía nos volvíamos mucho mas inteligentes, nos sentíamos inclinados a poner en nuestras palabras lo mejor y lo más serio que llevábamos dentro, descartábamos los lugares comunes, los pensamientos imprecisos, las incoherencias.

En otro escrito “Invierno en los Abruzos” Allí huyeron la familia al completo huyendo de la persecución nazi. Allí vivieron un tiempo pero al final,su marido de familia judía fue ejecutado con los nazis en 1844.

Mi marido murió en Roma en la cárcel de Regina Coeli, pocos meses después de dejar el pueblo. Ante el horror de la muerte solitaria, ante las angustias alternativas que precedieron a su muerte, yo me pregunto, si esto nos ocurrió a nosotros, a nosotros que comprábamos las naranjas en la tienda de Giró y nos paseábamos por la nieve. Entonces yo tenía fe en un porvenir fácil y alegre, lleno de deseos satisfechos, de experiencias y de empresas comunes. Pero aquella fue la mejor época de mi vida, y solo ahora que ha pasado para siempre, sólo ahora lo sé.

Así reflexiona sobre la educación de los hijos.

Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; No a la prudencia, sino al coraje y al desprecio por el peligro; no a la astucia, sino a la franqueza y el amor por la verdad, no la diplomacia, sino el amor al prójimo y a la abnegación; no al deseo del éxito, sino al deseo de ser y de saber.

Es un libro maravilloso, si lo regalas estoy segura que no falla. Natalia Ginzburg, está considerada una de las mejores escritoras del pasado siglo en Italia.

Una nueva entrada de “Libros en el aire”

https://www.dropbox.com/s/2omi9o1iymipdr2/LIBROS%20EN%20EL%20AIRE%20-%20PUEDO%20CONTAR%20CONTIGO.mp3?dl=0

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Este miércoles protagonizó la charla Mil jóvenes y un Quijote, en la que habló sobre la edición que ha hecho para la Real Academia Española con el objetivo de facilitar la lectura de la Biblia de la literatura en castellano.

Pérez-Reverte, presentado por la periodista mexicana Gabriela Warkentin, también quiso dejar claro que El Quijote no es un paseíto sencillo sino una obra de arte exigente que hay que administrarse con tino. “Es un libro difícil, hay que leerlo despacio, no nos engañemos. Una lectura ‘apasionada’ es imposible e incluso peligrosa. Pero leyéndolo poco a poco estaréis alimentándoos con él”.

Aquí el artículo entero. Muy bueno.

Hace meses me encontré a Tomás Ballesteros en el tanatorio, acompañando a unos amigos por la muerte de su madre. Allí nos tomamos un café y empezó a hablar de las investigaciones que hizo sobre un familiar suyo, Adrián Escudero, vecino de Torre de Juan Abad y de cómo esa investigación parte de una foto que vio en casa de su familia.

¡Cuántas vidas silenciadas!, cuántas historias preciosas vamos conociendo gracias a esta gente que investiga y saca a la luz vidas de hombres y de mujeres que vivieron la república y después pasaron la guerra civil padeciendo las miserias de esta terrible contienda.

Adrián Escudero tuvo una vida apasionantemente agitada. Jornalero, tejero en un pequeño pueblo del Campo de Montiel, minero en Puertollano, y la Carolina. Viajó a Madrid y se incorporó voluntario al Ejercito, fue condecorado  en la Guerra de Marruecos. Ingresó en una Logia Masónica, editó un periódico clandestino, lo encarcelaron por dar cobijo a uno de los asesinos del Presidente Dato, pero nunca se pudo demostrar, miembro de la ejecutiva socialista madrileña, pasó por los campos de concentración en el sur de Francia y finalmente se exilió a México. Además se casó tres veces.

Hay una foto preciosa donde se ve a toda la familia sentados en el patio de la tejera, allí esta el padre con sus siete hijos, la madre había muerto de una insolación cuando trabajaba en el campo. Para mejorar un poco la precaria vida se van a vivir a Valdepeñas.

A partir de su marcha a Madrid, Adrian siempre estuvo colaborando con la UGT, con el Partido Socialista, esta dedicación a trabajar para mejorar la vida, le costó pasar por los campos de concentración de Francia y posteriormente el exilio cuando las tropas franquistas terminan por ganar esa infame guerra.

Para comer empezaron a darnos una rebanada de pan y algunos trozos de nabos o de apio nadando en un cazo de agua caliente. Sin embargo, la solidaridad internacional se volcó en víveres y en ropa en favor de los refugiados. Pero todo se perdía por el camino y más de un gendarme se hizo rico. Un sindicado sueco nos envío una vez, dos millones de kilos de mortadela, esos botes llegaron abiertos y llenos de arena y piedras.

Adrián llegó a México a bordo del Ipanema, parece que la travesía fue dura, con un barco deteriorado, pero llegaron al puerto de Varacruz, donde fueron recibidos con los brazos abiertos. A partir de la llegada a México se sabe poco de Adrián, y casi se pierde la pista. Se sabe que se fue a trabajar a la capital y se volvió a casar.

Así se expresaba el presidente mexicano Lázaro Cárdenas sobre el exilio español.

Y al llegar ustedes a esta nuestra tierra, entregaron su talento y sus energías a intensificar el cultivo de los campos, a aumentar la producción de las fábricas, a avivar la claridad de las aulas, a edificar y honrar sus nuevos hogares, y a hacer,  junto con nosotros, más grande a la nación mexicana. En esta forma habéis hecho honor a nuestra hospitalidad y a vuestra patria.

La historia de Adrián Escudero es muy interesante, pero tengo que destacar la investigación que hace Tomás Balleteros. Él forma parte de un proyecto “Todos los nombres de la represión de posguerra en la provincia de Ciudad Real” en la que un grupo de antropólogos e historiadores trabajan en el análisis de la represión franquista. Desde luego es un trabajo minucioso y serio.

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Este pequeño libro me lo leí en un suspiro. No había leído nada de esta escritora islandesa, creo que no conozco ningún escritor de ese país, pero me ha encantado. Con esta novela ha cosechado más de cinco premios; se ha traducido a un montón de idiomas y yo no pude resistirme a este título, me lo compré y ha sido una delicia leerlo.

Es, aparentemente, una sencilla historia de un joven islandés, Lobbi, que se marcha a un monasterio en el centro de Europa para cultivar una rosa muy especial, “la rosa cándida”.

Los dos callamos un rato mientras disfruto de la tierra de la que me estoy despidiendo. Más tarde, cuando hemos tomado la desviación que lleva al faro, papá se empeña en charlar un poco de mis perspectivas de futuro, de lo que pienso hacer con mi vida. No le agrada demasiado mi interés por la jardinería.

Es difícil explicárselo a papá; el jardín y las rosas del invernadero eran un interés que yo compartía con mamá.

Mamá me habría comprendido.

Deja en el pueblo a su padre, un hermano y a su hija que nació de una esporádica relación.

Lobbi se marcha y empieza una nueva vida en un lugar lejano. Vive solo y trabaja en un monasterio donde diseña un jardín especial.

Yo no soy como papá, que es esposo de nacimiento, no va nunca sin corbata al garaje y el destornillador de estrella y la llave inglesa nunca están lejos.

Yo no soy manitas como los hombres de la familia, que entre todos saben hacer de todo; poner aceras, conectar un cable eléctrico, fabricar puertas…

Canto más pienso en la posibilidad de fundar un hogar, tanto más claro veo que eso no es para mí. Otra cosa sería el jardín, podría pasarme tardes y noches enteras yo solo en el jardín.

Es una delicia este personaje, es el anti hombre, es el nuevo hombre. El libro está lleno de reflexiones sobre azar o la predestinación, la nueva masculinidad, una nueva forma de vivir y ser responsable de su trabajo, su hogar y su hija.

Luego me incliné sobre la niña y la levanté con mucho cuidado, no estaba nada, con un pelele de felpa, y me tumbé lentamente sobre la almohada del sofá, la niña en brazos, la coloqué lo mejor que pude encima de mi vientre y la cubrí con la manta. Tenía las piernas recogidas, en posición fetal. La acaricié suavemente la espalda hasta que se durmió, yo tuve todo el cuidado del mundo para no quedarme dormido.

Así habla del jardín del monasterio que él va a cuidar.

Paseamos por el jardín, hay cosas que me sorprende: el jardín parece incluso mayor de lo que había imaginado. Y aunque haya que reconstruirlo prácticamente desde cero, veo que no es imposible, y sé como salvarlo. La mayoría de las especies de rosas siguen en su sitio. No puedo evitar la tentación de tocar las plantas, de acariciar las suaves hojas verdes.

Rosa de ocho pétalos. hay ocho pétalos que crecen juntos, luego otros ocho por encima de ellos, en tres capas, en total veinticuatro pétalos que forman el capullo, que está siempre empapado de rocío. Se asemeja a la Rosa Cándida, aunque no es blanca.

Una delicada lectura, sobre una forma nueva de vivir la masculinidad, una forma de entender la vida.

 

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