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En 1947 Ramón J. Sender vivía en Albuquerque, Nuevo México, era profesor de la universidad y siempre estaba pendiente de los acontecimientos tanto políticos como literarios que acontecían en España.

Es ese mismo año una escritora poco conocida gana el prestigioso premio literario Nadal con su novela “Nada”, una novela extraordinaria en esos años oscuros del franquismo.

Ramón J. Sender le escribe una carta para felicitarla por su manera de escribir y por su premio. Pero Carmen Laforet no le contesta hasta pasados veinte años.

Me llamo Carmen Laforet. Usted tuvo la generosidad de escribirme cuando yo publiqué mi primera novela hace veinte años. Yo no sabía entonces que era usted escritor. Después he ido no sólo sabiendo sino queriendo conocer su obra hasta este encuentro con ella.

El primer encuentro lo tienen en un viaje que hace Carmen a Los Ángeles y a varias universidades de EEUU, y en una de ellas se encuentran los dos escritores; y así lo relata Ramón  J. Sender en una carta.

Desde que estuvo aquí pensamos mucho en usted. Los estudiantes recordarán siempre el intercambio de elogios entre usted y yo( los suyos de veras generosos) y se harán una idea falsa de la cordialidad de relaciones entre los escritores españoles. Algo salen ganando y bien lo necesitas ¿verdad?.

He enviado notas a mis editores de España, aún no acabo de creer que salen allí mis libros, para que envíen a su casa un ejemplar. Seguiré haciéndolo en el futuro, aunque eso no le obliga necesariamente a leerlos.

Estas cartas se siguen durante diez años. Ramón J. Sender exiliado en EEUU y veinte años mayor que ella le cuenta como se siente, le habla del exilio y de la dureza de no poder volver a su querida España, la nostalgia le inunda. A veces parece que el amor que él siente por ella es real, pero imposible.

Es malo entrar en la vejez, querida Carmen. Tiene uno que tomar cápsulas y tabletas para respirar y luego se pone nervioso, le tiemblan a uno las manos y las ideas sombrías vienen y van, de día y de noche. No es que tenga miedo. Pero mi falta de miedo no hace mejorar las cosas, tú comprendes.

Pero es encantador verte a ti llena de ánimo, planeando la reconquista de América y buscando Pinzones y otros compañeros de viaje.

Parece ser que estas cartas duraron hasta la muerte de Ramón J. Sender, aunque aquí no aparecen. Ramón se siente solo en ese exilio que duró muchos años. Ella le cuenta como está esa España gris y triste.

Muy posiblemente volveré pronto, ya sabes que en España hay una Ley escrita en letras chiquitas en el BOE por la que el Ministerio de la Gobernación, aunque tengas tu pasaporte en regla, pueden detenerte en la frontera sin necesidad de motivo ni justificación alguna

 Regresó a España en 1969 para recoger el Premio Planeta por En la vida de Ignacio Morell . A partir de la muerte de Franco quiso fijar su residencia en su país natal. Pero murió en EE.UU el 16 de enero de 1982

No sabes lo que daría por poderte ver una o dos veces, al menos, por semana. Todas las miserias del llamado exilio desaparecerían y la vida sería un verdadero lujo. Al menos para mí.

Carmen Laforet nació en Barcelona en el año 1921 y falleció en Madrid el 28 de febrero de 2004.

Los libros de cartas siempre me han gustado, es como ver por el ojo de la cerradura la vida de gente especial. Este es un libro extraordinario por lo que tiene de novedad estas cartas. La escritora no fue muy conocida en ambientes de sociedad, y además su vida estuvo siempre un poco al resguardo de la prensa, este libro nos demuestra su sensibilidad, el amor a sus hijos, los problemas que le daba no poder escribir por la falta de tiempo, vamos una vida normal.

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Hay meses que me dedico a ir a Madrid varias veces para cuidar de mi nieta Valentina,  y a la vez pasar una tarde con el mayor, Leo. Pero este mes ha sido intenso en viajes pues también fui a Albacete para quedarme un fin de semana con Frida y Arturo. Para mi es un placer más de la vida poder compartir unos días con ellos. Gracias a esas visitas me olvido un poco de lo que pasa en nuestro país que me parece insufrible, por no decir otras palabras más fuertes.

Pues, como digo, mis nietos me hacen  reír y pasar unos días en otro mundo. Parecido me pasa con los libros, que cuando ya no puedo más con tanta bazofia, me pongo a leer y me traslado a otros mundos más amables. Es lo que tienen los libros, que, cual bálsamo de Fierabrás, me  hace suavizar el gesto y sumergirme en una nueva historia.

Los viajes en tren son fantásticos para  ir leyendo. En estos días que tanto he ido y he venido, me he distraído con un libro precioso y muy bien escrito, un relato de gente común en la América de finales del siglo XIX; de los europeos que llegaban a Nebraska para buscarse una mejor vida. Llegaban de Bohemia, de Noruega, de Hungría y se instalaban en sus campos.

A la mañana siguiente, temprano, salí corriendo al exterior para explorar los alrededores. Me habían dicho que la nuestra era la única casa de madera al oeste de Black Hawk, hasta llegar al asentamiento de los colonos noruegos, donde había varias. Nuestros vecinos vivían en casas de tierra y en chozas, cómodas, pero no demasiado espaciosas.

El camino que venía de la estafeta de correos pasaba por delante de nuestra puerta, atravesaba el espacio abierto y describía una curva hasta el otro lado del estanque, donde empezaba la pradera, ascendiendo en una suave ondulación y prolongándose ininterrumpidamente hasta el oeste.

Los extranjeros eran más pobres, tenían costumbres diferentes y hablaban un idioma extraño, todo esto hacía que las diferencias entre los nativos y ellos fueran un problema de convivencia. Pero algunas veces esas fronteras se rompían y la amistad surgía.

Así ocurrió entre un joven que vivía con sus abuelos, Jim Burden y Ántonia, hija de de un matrimonio que venía de Bohemia. Esta amistad que duró en el tiempo marcó la personalidad de Jim. Él pudo marcharse del pueblo, estudiar y viajar, pero el recuerdo de Ántonia le sigue durante su vida y por eso escribe un libro “Mi Ántonia” donde describe ese espíritu indomable, a la vez dulce y amable, con un fin muy claro, trabajar y trabajar para mejorar su vidas.

Durante aquel caluroso día en que atravesábamos Iowa, nuestra conversación volvía una y otra vez a centrarse en una figura crucial, una chica de Bohemia a la que ambos habían conocido hacía mucho tiempo. Ella más que ninguna persona a la que recordamos, parecía encarnar el país, las condiciones de vida, la aventura de nuestra infancia. Yo le había perdido la pista por completo, pero Jim había vuelto a verla después de muchos años, y había renovado una amistad que significaba mucho para él.

Un libro delicioso, una historia que trasciende en el tiempo, la amistad fundamental en aquellos momentos duros, las familias, como el puntal donde sostenían la vida y la economía, el trabajo duro, durísimo para poder mejorar sus vidas. Describe muy bien el momento de aquellos pioneros que llegaban a tierras americanas.

Ántonia entró y se acercó a mí: una mujer morena, robusta, de pecho plano, y con algunas canas en los rizados cabellos castaños. Fue una sorpresa, claro está. Siempre resulta extraño encontrarse con gente después de muchos años, sobre todo si han vivido tanto y han tenido que trabajar tan duramente como aquella mujer. Nos miramos a los ojos que me observaban con curiosidad era… sencillamente, los ojos de Ántonia. No había visto otros iguales desde que los contemplara por última vez, pese a que había visto infinidad los rostros humanos. Mientras la miraba, los cambios se hicieron menos evidentes, y su identidad se fortaleció. Estaba allí en todo su vigor de su personalidad, ajada pero no disminuida, mirándome, hablándome con voz ronca y entrecortada que yo recordaba también.

Deliciosas descripciones de los paisajes, de las praderas, de los árboles.

Wilella Sibert Cather nació en Winchester (Virginia) en 1873, y pasó su infancia en Nebraska. Su novela “Uno de los nuestros” recibió el premio Pulitzer en 1922. mi Ántonia se publicó en 1918.

Willa Carther

loslibrosdeteresa | 16 octubre, 2014 en 1:16 pm | Categorías: Historia Nov

Leyendo el blog de María, Libros y té, donde nos contaba que estaba leyendo un libro muy especial, y realmente así es; por la historia que nos cuentan, por cómo la hacen, es un libro epistolar, por el humor que destila, dentro de una historia dramática y sobre todo tierna. Por todo esto hace que os recomiende este precioso libro, escrito por Mary Ann Shaffer con la ayuda de una sobrina, Annie Barrows.

Juliet Ashton está buscando historias para poder escribir un libro, es el año 1946 en Londres y después de una guerra hay pocos motivos para casi nada. Pero mira por donde recibe una carta de  Adan Dawsey, un isleño de Guernsey en el Canal de la Mancha. En esa carta además de pedirle la dirección de una librería para poder comprar libros, le cuenta como vivieron la invasión nazi y como sobrevivieron un grupo de gente en esa pequeña isla. Las cartas van desgranado esos días nefastos para todos los habitantes de la isla, pero un grupo de trabajadores se las ingeniaron de una manera muy peculiar.

Una tarde mi vecina, la señora Maugery, me envió una nota.”Ven rápido-decía- y trae un cuchillo de carnicero”. Intenté no hacerme muchas ilusiones, pero salí hacia la casa solariega a grandes pasos. y ¡era cierto! tenía un cerdo, un cerdo escondido, y ¡ me había invitado a unirme al festín con ella y sus amigos!.

Fue el primer encuentro de la “Sociedad Literaria y Pastel de Piel de Patata de Guernsey”, a pesar de que todavía no lo sabíamos. La cena fue singular, ero la compañía fue mejor. Hablando y comiendo no nos dimos cuenta de la hora y del toque de queda.  Saltárselo era un delito grave y quedarse con un cerdo era aún más grave.

Los alemanes nos echaron el alto y nos quedamos paralizados, Pero Elizabeth cogió aire y dio un paso adelante. Nunca oí tantas mentiras. Que sentía mucho haberse saltado el toque de queda. Que veníamos de una reunión de la Sociedad Literaria y que el debate de esa noche sobre “Elizabeth y su jardín alemán” había sido tan agradable que habíamos pedido la noción del tiempo.

Después de esas mentiras, los alemanes quedaron para la próxima reunión literaria para acompañarlos y hablar de libros. Se quedaron sin saber que hacer, pero enseguida se reunieron para repartirse libros y leerlos antes de la próxima reunión. Tengo que decir que todos ellos eran trabajadores del campo en el puerto y lo que nunca hacían era leer, pero se pusieron manos a la obra.

Esa noche, cuando vinieron a mi casa a hacer su selección, aquellos que apenas habían leído nada aparte de las Sagradas Escrituras, catálogos de semillas y la Gaceta del criador de cerdos, descubrieron una nueva forma de leer. Fue aquí donde Dawsey descubrió a su Charles Lamb e Isola se abalanzó sobre Cumbres borrascosas. Por mi parte, escogí los Papeles póstumos del club Pickwick pensando en que me levantaría el ánimo. Y lo hizo.

Así empezaron estas reuniones de nuevos lectores, charlaban sobre lo que iba leyendo, se intercambiaban libros, además de irse conociendo y compartir las pocas y escasas viandas. Esas reuniones les servían para olvidarse de la guerra y de la dureza de los tiempos.

¡Ojala hubiera sabido estas palabras el día en que vi llegar las tropas alemanas, avión tras avión, llenos de soldados, y los barcos desplegándose abajo e el puerto!. Lo único que pude pensar fue “malditos sean, malditos sean”, una y otra vez. Si hubiera podido pensar en el verso. “El luminoso día ha terminado y estamos destinados a la oscuridad”, habría encontrado consuelo de alguna manera y habría estado preparado para ir y enfrentarme a las circunstancias, en lugar de caérseme el alma a los pies.

Podría seguir y seguir poniendo párrafos de este libro, pero espero que con esta selección os enganche a descubrir la vida de estos personajes a cual más interesantes. Deliciosa lectura.

Me encantan los libros que hablan de libros, de gente que lee o de bibliotecas, no me puedo resistir cuando veo uno donde la palabra “lector”o “libro” está dentro del título, así que éste me llamó la atención y lo compre.

No me equivoqué en nada, es una historia que te hace sonreír a cada rato, un libro culto y con una idea muy original.

La reina Isabel de Inglaterra un día normal en su vida, va detrás de sus perros y se choca con el vehículo de la biblioteca del ayuntamiento, aparcada en las mismas puertas de las cocinas de palacio y allí mismo, un chico, Norman, pinche de cocina, está leyendo muy atentamente un libro.

¿Me recomendaría alguno?

¿Qué le gusta a su Majestad?

La reina vaciló, pues a decir verdad no estaba segura. Nunca le había interesado mucho la lectura. leía, por supuesto, como todo el mundo, pero el gusto por los libros era algo que dejaba a los demás. Era un hobby, y la naturaleza de su trabajo entrañaba no tener hobbies. Las aficiones suponían preferencias y había que evitar las preferencias. Su trabajo consistía en mostrar interés, pero no en interesarse. Y además leer no era hacer algo. Ella hacía cosas. Así que paseó la mirada por la camioneta tapizada de libros y trató de ganar tiempo.

Después de llevarse un libro y leerlo, pero no fue de su agrado, volvió a llamar a Norman para que le eligiese otro. Norma le dio uno de Nancy Mitford, “Amor en clima frío”. La reina lo leyó disfrutando y vio que esa escritora tenía más libros.

Y siguió leyendo..

Leyó la biografía de Ackerley levemente sorprendida al saber que, aunque trabajaba en la BBC, era homosexual, y le pareció que en conjunto, su vida había sido triste. También se sorprendió que la guardia real estuviera tan disponible y por unos honorarios tan razonables como el libro contaba.

Así, poco a poco y asesorada por el joven cocinero Norman, la reina iba cayendo fascinada en la lectura, ya no paseaba por sus jardines, a la primera ocasión, se sentaba en un banco y sacaba un libro ante la extrañeza de su familia y personal del palacio.

En las lecturas también había tristezas, y por primera vez en su vida sintió que se había perdido muchas cosas. Había leído na de las biografías de Sylvia Plath y en realidad estaba muy contenta de no haber tenido muchas de las vivencias de la escritora, pero al leer las memorias de Lauren Bacall no pudo por menos de pensar en que la Bacalll le había tocado una parte mucho más sabrosa del pastel y, ligeramente sorprendida descubrió que la envidiaba un poco.

Un delicioso libro que nos lleva a ver la evolución de la reina de Inglaterra; yo diría de cualquier persona que empieza a leer y se engancha al gusto de la lectura, el cambio que da en la vida es fantástico.

El escritor nos da pistas de escritores y escritoras inglesas para apuntar y buscar esos libros. En sus 120 páginas, encontré humor, cultura y una forma muy divertida de pasar un rato. Un libro muy aconsejable.

 

Este verano me he leído varios libros cortos, de esos que en una tarde calurosa te los terminas. Este ha sido uno de ellos.

Por primera vez me he leído un libro epistolar, pero no de cartas al modo antiguo, que me encantan, este libro está basado en una historia de dos personas que se conocen por internet y se escriben correos electrónicos. Es la nueva forma de cartearse en esta época  informática.

Quiero hacerle un cumplido. Me fascina que pueda interesarse tanto por una persona que no conoce de nada, que no ha visto nunca y probablemente no vea jamás, y de que tampoco tiene nada más que esperar, ya que no puede saber si va a corresponderle.

Me ha encantado, es rápido, muy real, y muy intenso. Daniel Glattauer, escritor y periodista austriaco recibió el premio German Book Prize por esta novela.

Emma  escribe a Leo, por equivocación, un correo donde le dice que se quiere dar de baja de una revista, Leo le  contesta vacilándole un poco de su equivocación. Así empieza una amistad, que sin conocerse, mantienen a lo largo de meses.

¿Has notado que no sabemos absolutamente nada el uno del otro?. Creamos personajes virtuales, confeccionamos irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta. Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro y a seguir alimentándola  al no satisfacerla de manera definitiva. Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y pronto entre letras tal vez.

 Emma está casada, Leo es soltero, así van confesándose  como son sus vidas y como piensan de los temas importantes. Me recordó a la película que vi el invierno pasado, Her.

Así le cuenta a una amiga esta relación.

Esa mujer, le dije, me da la posibilidad de pensar en alguien que no seas tú, Marlene, y aun así sentir algo parecido. Me emociona, me altera, a veces me dan ganas de mandarla a la luna de una patada, pero con las mismas ganas iría a buscarla y me la traería de vuelta. La necesito aquí en la tierra, ella sabe escuchar. Es lista. Es divertida. Y los más importante: está ahí cuando la necesito.

Después de muchos meses piensan en tener una cita. Dan muchas vueltas a ese tema, pero necesitan verse y conocerse. Al final Leo toma una decisión.

También he tomado una decisión. Suena tan duro que me tiemblan los dedos ahora que debo comunicártelo por escrito, inmediatamente después de los dos puntos: voy a interrumpir nuestra relación por correo electrónico.

Necesito quitarte de mi cabeza, Emmi. No es posible que seas mi primer y último pensamiento de cada día hasta el fin de mi vida. Es enfermizo. Tú tienes “compromisos”, tienes familia, obligaciones, desafíos, responsabilidades.

Y respecto a mí: tengo 36 años. No pienso pasarme la vida con una mujer que sólo está disponible para mí en la bandeja de entrada.

 Una historia muy bien contada, con muchos elementos y sobre todo muy ágil. El final es un poco sorprendente pues el escritor avisa que habrá una segunda parte.

http://youtu.be/PvDO_HrEH6A

Lluvia sobre Engelberg

Lluvia sobre Engelberg

 

He mirado la fecha de cuando fuimos un grupo de amigos a Suiza, era agosto de 2005, ya ha llovido desde entonces, ¡nunca mejor dicho!.

Íbamos a pasar una semana para recorrer ese pequeño país, nuestro primer destino era una casa en un pequeño pueblo muy cerca de Lucerna, Engelberg, precioso pueblo arriba en la montaña. Cuando llegamos al aeropuerto de Zurich llovía, y así llegamos con el coche a nuestro destino. Ya el paisaje que recorrimos nos encantaba, Suiza verde y lluviosa.

Como seguía lloviendo, decidimos al día siguiente irnos a  Ginebra, que parecía no llover tanto. Pero fue lo contrario, nos diluvió todo el viaje de ida y de vuelta. A pesar del diluvio hicimos una parada en Berna, la capital política de Suiza, una ciudad, como todas las que visitamos, preciosa. Recorrimos una de las calles importantes porticada, allí mismo vimos un cartel que decía: Aquí vivió Albert Einstein. Efectivamente, Einstein llegó a Suiza en el año 1902 y estuvo allí hasta 1909. Se casó con Mileva y tuvo dos hijos, ademas de trabajar en la teoría de la relatividad.

Berna es Patrimonio de la Humanidad.Engelberg

Cuando llegamos a Ginebra, tengo que decir que casi no pudimos visitar la ciudad, la lluvia ya era un diluvio, así que nos dio un poco de miedo y nos volvimos para llegar con luz a nuestro pueblo. Nos esperaba un viaje bastante accidentado, el río que corría al lado de nuestra carretera iba desbordado y con una fuerza impresionante. Desde el coche veíamos saltar los árboles por la fuerza del agua. Hubo un momento difícil pero salimos y llegamos a un pueblo donde había un puesto de la policía. La información fue que podíamos subir a Engelberg y así lo hicimos.

Bajo la lluvia

Pasamos toda la noche casi sin dormir, el agua caía por todos lados. A la mañana siguiente nos fuimos a pasear por el pueblo, era impresionante ver como caían por la montaña los troncos de árboles arrastrados por la fuerza del agua, y el pueblo se preparaba para la riada que venía.

A media mañana decidimos salir del pueblo para hacer turismo, pero al llegar a la salida la policía nos contó que, la carretera que habíamos usado para subir esa noche al pueblo, se había desplomado y no se podía bajar de ningún modo. La estación del tren inundado y la carretera desplomada. Así empezamos nuestro viaje por Suiza.

Paisaje 17

Como los suizos son tan ordenados y meticulosos, ya habían preparado la evacuación de todos los turistas que andábamos por allí. Hoteles abiertos por si hacía falta, comida, y un helicóptero para ir sacando a todos de la montaña. Así salimos todos de Engelberg, para poder seguir nuestros días de turismo. Pero ese pueblo y lo que vivimos allí no se nos olvidará a nadie.

La belleza de los paisajes, el ruido del agua, la inundación de esas preciosas calles,como la gente sale de sus casas y cada uno hace trabajos para la comunidad, una experiencia preciosa, aunque algo agitada.

Berna

Berna

 

Mi amiga Sole me prestó los dos libros que conforman las memorias de Pablo Neruda, “Confieso que he vivido” y “Para nacer he nacido”, me los  leí de una tirada, son amenos, muy entretenidos y llenos de anécdotas muy curiosas. El poeta va relatando sus recuerdos, tanto su vida como poeta sin olvidar su vida como político y sobre todo como hombre comprometido con el socialismo y con su país.

Pasó su infancia en Temuco, allá en el sur de Chile, aunque él nació en  un pueblito llamado Parral, allí nació un 12 de julio de 1904 y un mes después moría su madre. Su padre, conductor de tren, volvió a casarse con  Trinidad Canda Marverde, una mujer que cuidó y amó siempre al niño Pablo.

Mi padre se había casado en segundas nupcias con Doña Trinidad Canda Marverde, mi madrastra. Me parece increíble tener que dar este nombre al ángel tutelar de mi infancia. Era diligente y dulce, tenía sentido de humor campesino, una bondad activa e infatigable.

Así cuenta  Pablo Neruda la llegada de una nueva directora del Liceo de niñas.

Por ese tiempo llegó a Tamuco una señora alta, con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del liceo de niñas, Venía de nuestra ciudad austral, de las nieves de Magallanes. Se llamaba Gabriela Mistral.

Yo la miraba pasar por la calles de mi pueblo con sus ropones talares, y le tenía miedo. Pero cuando me llevaron a visitarla la encontré buenamoza. Puedo decir que Gabriela me embarcó en esa seria y terrible visión de los novelistas rusos y que Tolstoi, Destines, Chejov, entraron en mi más profunda predilección. Siguen acompañándome.

Lo nombraron embajador en Singapur, y en el año 1933 fue nombrado embajador en Buenos Aires, donde conoció a Federico García Lorca que estrenaba, en la ciudad, Bodas de sangre. El poeta escribió Oda Federico García Lorca.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

En el año 1934 se trasladó a Barcelona y poco después fue a vivir a Madrid. Allí conoció a los grandes poetas españoles uno de ellos fue Miguel Hernández

Miguel era tan campesino que llevaba un aura de tierra en torno a él, Tenía una cara de terrón o de papa que se saca de entre las raíces y que conserva frescura subterránea. Vivía y escribía en mi casa. mi poesía americana, con otros horizontes y llanuras, le impresionó y lo fue cambiando.

Los elementos mismos de la poesía los vi salir de sus palabras, pero alterados ahora por una nueva magnitud, por un resplandor salvaje, por un milagro de la sangre vieja transformada en un hijo. En mis años de poeta errante, puedo afirmar que en la vida no me ha dado contemplar un fenómeno igual de vocación y de eléctrica sabiduría verbal.

El último capítulo lo dedica a su patria ” Patria dulce y dura”

Me paso todo el año 1969 en Isla Negra. Desde la mañana el mar adquiere su fantástica forma de crecimiento. Parece estar amasando un pan infinito. Es blanca como la harina la espuma derramada, impulsada por la fría levadura de la profundidad.

El invierno es estático y brumoso. A su encanto territorial le agregamos cada día el fuego de la chimenea. La blancura de las arenas en la playa nos ofrece un mundo solitario…

Pablo Neruda con Matilde Urrutia en Isla Negra

En 1971 recibió el premio Nobel de Literatura. Aquí os dejo su discurso

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