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Hay lecturas que yo las recomendaria en un verano caluroso como este que estamos pasando, digo esto porque es una lectura agradable, que no te  implica demasiada atención, pero sin embargo es un libro con una historia peculiar y aunque no es de una profundidad inmensa te hace pensar en ese caminar por la vida.

Eso le pasa a Harold, jubilado con una vida tranquila con su mujer en un pueblito al sur de Inglaterra. Pero la vida que no para, le llega una carta de una antigua compañera de trabajo anunciándole que  está enferma de cáncer y que le queda poco tiempo por vivir.

La carta que habría de cambiar todo, llegó un martes, Era una mañana cualquiera de mediados de abril, olía a ropa limpia y césped recién cortado. Harold se había afeitado, se había puesto una camisa limpia y se había sentado a la mesa de la cocina.

Harol le contesta dándole ánimo y sale de su casa para echar esa carta al buzón más cercano.

Harold pensó en lo que había escrito a Queenie, y le pareció tan inadecuado que se avergonzó. Imaginó que volvía a casa, y que la vida transcurría exactamente igual, a no ser porque Queenie se moría en Berwick y se sintió abrumado. El sobre descansaba en la oscura boca del buzón. No podía soltarlo.

No tenía nada que hacer; nada le impedía caminar hasta el siguiente buzón. Dobló la esquina sin darse tiempo a cambiar de opinión.

Y así inicia un camino de muchos kilómetros, desde el sur donde vive hasta el norte. un camino que sin llevar nada encima inicia como algo necesario en su vida para matar la monotonía. Mientras va caminando va haciendo  cuenta de toda su vida, y se va haciendo preguntas de todo tipo.

Harold se preguntó si se habría sentado alguna vez frente al muelle a comer un helado con su hijo David. Estaba seguro de que sí, por más que al tratar de evocar el recuerdo se le resistiría. Debía seguir adelante.

Siempre había sido ella la que firmaba por él ( papá) las cartas y tarjetas de felicitación, incluso quien había buscado la residencia de ancianos para el padre de Harold. Mientras pulsaba el botón del semáforo, no pudo sino preguntarse; si ella lo suplía a todos los efectos, entonces ¿quien era él?.

Me encantó por sus reflexiones, algunas veces profundas llenas de cariño hacia todo, y algunas veces tan poéticas que  el personaje va creciendo a cada página.

Hubo de detenerse para contemplar el paisaje. había tantos tonos de verde que se sintió sobrecogido. Algunos eran casi de un negro aterciopelado, otros tan claros que rayaban en el amarillo. A lo lejos, el sol se reflejaba en un coche que pasaba, quizás una ventanilla, y la luz destelló desde el otro lado de las colinas como una estrella fugaz. ¿cómo era posible que nunca se hubiese fijado en nada de aquello?

Rachel Joyce es una escritora nueva que con este delicado y hermoso libro, nos hace ver las batallas que libramos para ser personas normales y sobre todo a reflexionar sobre las cosas sencillas.

 

Aquel año de 20o1, en el mes de septiembre, yo iba a viajar a Nueva York para pasar unos días con mi hijo Cesar. Por entonces él trabajaba en esa mítica ciudad y yo no la conocía, así que tenía un motivo ineludible para ver a mi hijo y pasear por esa ciudad.

Sucedió el trágico atentado de las Torres Gemelas y yo anulé ese viaje. No puedo olvidar esos días de angustia esa manera de ver TV para no perderme nada de lo que pasaba allí. Cesar estaba bien pero eso no me tranquilizaba. Pasaron los meses y mi hijo me animó a que sacara un billete y volara hasta allí. Así lo hice y en enero de 2002 yo viajaba a Nueva York.

Todos los días me hacía un programa de visitas y a ultima hora quedábamos en algún lugar para cenar y comentar todo lo que había visto esa jornada. El primer día caminé todo el día, quería ver esa 5ª Avenida que tanto me gustó.

Llegando a Rockefeller Center se oía la voz de Pavaroti, me pareció mágico, todas las calles estaban adornadas de Navidad  y la música invadía todo; terminó Pavaroti y empezó a sonar  un maravilloso tango que, mi madre, cantaba siempre cuando andaba por casa, “Por una cabeza”. Cuando se lo conté a mi hijo no se lo podía creer, pero así fue. Así que tengo que decir que mi entrada en esa ciudad fue muy especial.

Los diez días que pasé en Nueva York fueron intensos pues quería ver todo y casi siempre lo hacía caminando. La casa de mi hijo estaba muy cerca de Central Park, así que, casi todos los días, iba a pasear por ese bonito parque, lo conocí nevado; en el margen izquierdo visité la casa donde vivía Jhon Lennon y donde fue asesinado, también vi el monumento en Central Park. Visité, una mañana muy fría, el Museo Metropolitano, me sirvió de refugio contra el frío y pude contemplar una colección imponente de joyas indias y una sala llena de Picassos. Subimos a el Empire State,  y pude ver la gran manzana herida con dos grandes boquetes negros; la vista de la ciudad era impresionante.

Me encanto el edificio conocido como Flatiron. Paseamos sus barrios más conocidos, el elegante barrio de Chelsea, el SoHo con sus escaleras de hierro visibles, Tribeca, el barrio de los famosos, ahí tomamos una tarda de queso muy típicas de Nueva Yorck . Cruzamos el puente de Brooklin y comimos pizza en la pizzería más antigua de Nueva York, Juliana´s. Visitamos una de las tiendas de Prada en aquel momento era lo más de lo más, y probé por primera vez Susi.

Cuando llegué a España me compré este libro  y volví a pasear de la mano de Antonio Muñoz Molina esa preciosa ciudad llena de cultura, de mestizaje, de movimiento continuo y, en esos momentos, una ciudad más tranquila y bastante triste pero inmensa y acogedora.

Antonio Muñoz Molina escribió este libro, después del atentado, pero lo que nos cuenta es un paseo amoroso por la ciudad; es una guía para conocer la ciudad mas minuciosamente, el escritor va paseando y te va contando sus lugares preferidos, una placita, un café un lugar donde escuchar música, una maravilla.

Hay lugares de la ciudad que uno descubre por sí mismo en sus caminatas solitarias y otros que le son revelados como un regalo generoso de la amistad o el amor. Se puede regalar lo que uno más ama, cierta perspectiva al fondo de una calle, un parque pequeño junto a un puente, un café, un club de música, hasta un instante de la luz. Ese regalo intangible enriquece a quien lo ha hecho y se vuelve un tesoro enaltecido por el agradecimiento para el que lo recibe, en un recuerdo y también en la posibilidad de otro regalo. En el lugar estará siempre quien nos lo descubrió y el momento de nuestra vida en el que gracias a su mediación lo conocimos. “

Así quien vivió en Manhattan en aquellos días y en las semanas y meses que siguieron se volvía consciente de la frontera tan estrecha que discurre entre la normalidad y el desastre”

Nueva York esconde tantas caras como ventanas exhibe: las de los decorados de los musicales de Broadway, las de los edificios iluminados del otro lado de Central Park, las que cayeron con las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre, las tachadas con tablones en el reverso sombrío del Bronx o de Harlem. La ventana es el marco de una pintura de Hopper, una acuarela de Katz, la presencia ausente en una película de Hitchcock o la literatura de Cheever, el eco del jazz de Duke Ellington o John Coltrane.Como Ardor guerrero y Sefarad, este libro participa a la vez de la novela y del relato de hechos reales: lo que predomina en él es, por una parte, la naturaleza envolvente de un estilo tan sugerente y un timbre de voz tan personal como los que han venido caracterizando al autor desde sus inicios, llevados aquí a una desplegada y soberana madurez, y, por otra parte, una actitud ética y estética ante la pesadilla y maravilla de la gran ciudad que, en la línea del Lorca de Poeta en Nueva York, construye con material verídico una alucinación y una compleja fábula moral.

 

Va Pensiero, del 3º Acto de la ópera Nabuco de Giuseppe Verdi uno de los pasajes corales más impresionantes.

Esta ópera fue estrenada el 9 de marzo de 1842 en la Scala de Milán.

Verdi estaba pasando una época dramática en su vida, su mujer y dos hijos habían muerto y decidió que no iba a componer nunca más. Este libreto le llego a las manos y a regañadientes compuso esta obra que impresionó a todo el mundo.

“Vuela pensamiento en alas doradas”, así dice el coro de los esclavos judíos.

 

Estaba leyendo una entrada en el blog “Confieso que he leído”,  sobre un libro de Ken Robinson “El Elemento” donde ha colocado un vídeo del profesor dando una charla sobre  la capacidad que tenemos todos escondidas y como desarrollarla. La entrada es muy interesante y el vídeo no tiene desperdicio. Al final el profesor lee unos versos que me han encantado.

No conocía a este poeta y dramaturgo irlandés, pero para eso vale el google, he buscado y he encontrado este pequeño poema, que tanto me ha gustado.

W.B.Yeats, nación en Dublín el 13 de junio de 1865 y muere en Francia el 28 de enero de 1939. Fue galardonado con el Premio Nobel de literatura en 1923.

 

 

 

El desea las telas del cielo

Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
Recamadas con luz dorada y plateada,
Las telas azules y las tenues y las oscuras
De la noche y la luz y la media luz,
Extendería las telas bajo tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Pisa suavemente, pues pisas mis sueños.

Allá en los jardines de Salley

Allá en los jardines de Salley mi amor y yo nos encontramos;
Pasó por los jardines de Salley con pies pequeños, blancos como nieve.
Me dijo que me tomase el amor con naturalidad, como las hojas que crecen en el árbol;
Pero yo, siendo joven y tonto, no estuve de acuerdo con ella.

En un prado junto al río mi amor y yo nos encontrábamos,
Y en mi hombro inclinado ella apoyó su mano, blanca como nieve.
Me dijo que me tomase la vida con naturalidad, como la yerba crece en las presas;
Pero yo era joven y tonto, y ahora estoy lleno de lágrimas.

Leyendo el blog de Juan Cruz, que siempre te da pistas de preciosos  libros, leí que esta pequeña joya él la había recomendado a un montón de amigos y amigas y lo había regalado otro montón de veces, suficientes pistas para buscar el libro y comprarlo.

Me lo leí de una sentada y yo como Juan Cruz lo he regalado y lo he recomendado. Natalia Ginzburg recopiló once artículos que  escribió en un periódico italiano donde ella vivía. Entre el ensayo y  la autobiografía,  cuanta en “Retrato de un amigo”  su amistad con el poeta Cesare Pavese.

A su lado, nos sentíamos a menudo humillados, porque no sabíamos ser, como él sobrios, ni como él modestos, ni como él generosos y desinteresados. A sus amigos nos trataba con modales bruscos y no perdonaba ni uno de nuestros defectos, pero si padecíamos algún sufrimiento o estábamos enfermos, se mostraba de pronto solícito como una madre.

Murió en verano. Nuestra ciudad, en verano está desierta y parece muy grande, clara y sonora como una plaza. El cielo estaba limpio pero no luminoso, tiene una palidez lechosa.

No estaba ninguno de nosotros. para morir eligió un día cualquiera de aquel tórrido agosto, y la habitación de un hotel cerca de la estación.

Tiene una escritura delicada y sonora, me encanta leerlo y volver a leerlo en un tiempo, es un libro íntimo y precioso. habla de la educación de los hijos y lo titula “Las pequeñas virtudes”

Por lo que respecta a la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. no el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia hacia el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad;no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no al deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber.

También habla de su oficio de escritora.

Después nacieron mis hijos. No entendía como conseguiría separarme de ellos para seguir el personaje de un cuento. Había empezado a despreciar mi oficio. De vez en cuando sentía una nostalgia desesperada de él, me sentí aislada pero me esforzaba en despreciarlo y ridiculizarlo para ocuparme únicamente de los niños.

Porque lo que yo sentía por mis hijos era un sentimiento que todavía no había aprendido a dominar. Después lo fui aprendiendo poco a poco. Ni siquiera tardé mucho. Todavía preparaba salda de tomate y sopa de sémola pero iba pensando en lo que iba a escribir.

Un libro precioso, con pensamientos de vida muy actuales, sentimientos, sufrimiento y alegrías, amigos, matrimonio, y una irremediable fuerza que la guió toda la vida, la de escribir.

He leído este libro con verdadera atención, Kapuscinski además de periodista es un escritor reconocido que cada libo que escribe es un tesoro para el lector. Yo me leí anterior a este, Mis viajes con Heródoto, cuando terminé de leerlo me parecía haber bajado de un tren destartalado y llena de emociones.

Ébano es la experiencia vital que tuvo el periodista en sus viaje a este continente que le cambiaría la vida.

He vivido unos cuantos años en África. Fue allí por primera vez en 1957. Luego a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre evitando las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a los camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombroso.

El libro se compone de 29 capítulos, cada uno de ellos es una pequeña historia de su caminar por África, y nadie con él para describirnos la luz de es continente, el olor que destila esa tierra, las grandes miserias que asolan a la gente, la alegría de un niño en esa dura vida o el color de la piel como identidad.

No supe solucionar dentro de mi conciencia el problema de la culpa. A sus ojos, como blanco, yo era culpable. La esclavitud, el colonialismo, los quinientos años de sufrimiento no dejan de ser un turbio asunto de los blancos. ¿De los blancos? Así que también es asunto mío. No lograba despertar dentro de mí ese sentimiento purificador y liberador que consistiría en sentirse culpable.

Vamos caminando por ese continente, de un país a otro, pasando calor, calor insoportable para un polaco como él, picaduras de serpientes y algunas veces sed. Pero lo más impresionante es como describe las guerras eternas en Sudán.

Volviendo a Sudán: la guerra, que ha comenzado bajo lemas nobles, como un drama de un país joven, el norte; tenemos que mantener la unidad del país; el Sur: luchamos por la liberación. Con el tiempo degenera y se convierte en una contienda entre diversas castas militares y en contra de su mismo pueblo, en una guerra de hombres armados contra otros indefensos.

Así describe un momento de la vida de la gente de un poblado.

Sale el sol, todo se inunda de luz y ya es hora de ponerse en marcha. Abre la comitiva el rebaño de camellas, conducido por los hombres y los muchachos. Lo siguen las ovejas y las cabras, envueltas en nubes de polvo. Y tras ellas, van las mujeres y los niños. Éste es el orden en que suelen caminar por el desierto los grupos de personas y animales, pero en esta ocasión, al mismísimo final, va también Hamed con un burro y además, yo.

Un libro muy recomendable, lectura amena y unas historias dignas de conocer.

 

Mi primer libro leído de este autor y creo que no será el último. Un libro que llegó a mis manos a través de una amiga, Consuelo, que me suele mandar de vez en cuando alguna joya que yo ni sabía que existía y esta ha sido una de ellas. Mala gente que camina, un título tomado de los versos de Machado, ” mala gente que camina y van apestando la tierra” con este título tan sugerente, Benjamín Prado hace un repaso a la España de la posguerra.

Juan Urbano un profesor de literatura está obsesionado con escribir un libro “La historia de un tiempo que nunca existió” sobre la posguerra española, a la vez está inmerso en un trabajo sobre Carmen Laforet y su libro Nada; durante esa investigación descubre a Dolores Serma, amiga de Carmen Laforet, parece ser que se juntaban en el Ateneo para escribir, Carmen Laforet, “Nada y Dolores Serma “Oxido”. Este descubrimiento hace que el profesor empiece una investigación que lo llevará a  la triste historia de  Dolores Serma y de su hermana Julia. Una novela tremenda de historias de niños robados y de infames que andaban sueltos por las ciudades de España.

¿Quién era Dolores Serma? ¿Por qué su historia estaba hecha de tantas mentiras e identidades inventadas? No sé que pensarán ustedes, pero yo, a esas alturas, ya daba por confirmadas la sospecha que tuve cuando leí “Óxido”: la vida oficial de la autora, su militancia en la Sección Femenina, su trabajo en el Auxilio Social, su adscripción ideológica a la Falange y, casi con toda seguridad, su matrimonio con aquel, que llamó Rainer Lisvano Mann, eran pura ficción, mientras que lo que había contado en su novela era la verdad. Sólo restaba descubrir los pormenores de esa verdad.

Como si de una novela de intriga se tratara, Bejamín Prado, nos sumerge en esa España gris, con un lenguaje suelto, y a veces divertido y bastante cínico que nos hace más llevadera esta triste historia de nuestro país en aquellos horrorosos años de la posguerra.

Yo no quiero escribir esto. No quiero que se sepa lo que voy a contar y sin embargo, por alguna razón aunque sólo sea esta vez, necesito hacerlo. Escribir es hablar para los ojos, y yo voy a hablar para los míos. Sólo para los míos. Qué horrible es vivir en un mundo en el que la verdad puede destruir lo que han salvado las mentiras.

 Dolores Serma, es amiga de la mujer de Onesimo Redondo, trabaja en el Auxilio Social, y por otro lado escribe un libro donde cuenta todo lo que pasaba en las cárceles franquistas con las mujeres y los niños.

Localizar a Julia no fue fácil. Dolores recurrió a todas las instancias posibles para dar con ellas y, con el prestigioso aval de Sanz Bachiller, tuvo acceso a despachos de importancia en el nuevo Régimen, aunque siempre ocurrían lo mismo: obtenía promesas y buenas palabras pero, llegado un punto, a la segunda o tercera visita hacían un gesto de contrariedad o de impotencia y le decían: ” No puede ser. De momento, el caso de su señora hermana está considerado como altamente confidencial.

Una historia llenas de otras historias, muchos nombres conocidos salen en este libro, la España de los años 40 a los 60.

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